Salto al vacío: Los héroes de Wim Wenders y Yves Klein levitan | CHRISTINA GRAMMATIKOPOULOU

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Yves Klein, Leap into the void, 1960

¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados”.
Milan Kundera, La insoportable levedad del ser

Berlín. Estoy esforzándome por subir los 285 escalones de la Columna de la Victoria, ya que quiero acercarme al sitio donde se encontraban los ángeles de Wim Wenders en “El cielo sobre Berlín”. Cuando salgo al balcón y miro la ciudad desde arriba, mis piernas empiezan a temblar, mi respiración se para: vértigo. Doy mi espalda a la vista y abrazo la pared para sentir que estoy a salvo. Pero el vacío sigue gritando su presencia detrás de mi espalda. Demasiado inmenso para mi mente, demasiado amenazador para mi cuerpo.

¿Que es el vacío? Normalmente lo identificamos con el aire que rodea las cosas, que no contiene nada sólido. Pero, ¿es vacío de verdad?

En realidad el aire lleva mensajes -fuegos lejanos, mares, hormonas, descomposición, ruidos- de los cuales unas veces somos conscientes mientras que otras veces entran en nuestra mente sin que los percibamos, como señales de peligro o llamadas eróticas. Hoy el aire está cargado de informaciones aún más complejas: olas electromagnéticas que llevan conversaciones de teléfono, imágenes de satélites, flujo de datos de Internet.

Es decir, el vacío está lleno de significados e informaciones. Aún así, es difícil trazar su mapa con la lógica o sentirlo con el cuerpo. ¿Qué nos queda?

Palparlo con el arte.

El salto al vacío es un tema recurrente en el cine de Wenders[1]. Los ángeles en “El cielo sobre Berlín” y en “¡Tan lejos, tan cerca!” vuelan sobre Berlín -dividido en la primera película, reunido en la segunda-, escuchan los pensamientos de la gente y registran todo. Es su manera de entender la experiencia humana; un conductor que grita “¡Tierra de Fuego!” en la estación Zoo; un hombre que antes de suicidarse pega sellos en sus cartas de despedida; un niño que escucha recitar de Odisea y deja de parpadear; actos inexplicables si los mira alguien desde el prisma de la eternidad, de lo imperecedero, de la certeza.

Su deseo de sentir y entender el mundo se convierte en algo urgente, como revelan las palabras del ángel Damiel en el “Cielo sobre Berlín”:

“A veces estoy harto de mi existencia espiritual. En vez de flotar para siempre, querría sentir un cierto peso. Acabar mi eternidad y atarme a la tierra. En cada paso, en cada ráfaga de viento, querría poder decir: ‘¡Ahora! ¡Ahora! y ¡Ahora!’ Y no volver a decir: ‘Desde siempre’ y ‘Para siempre’ “.

Su perspectiva cambia cuando “se cae” a propósito y se convierte en un ser humano. Conoce el calor, el frío, los colores, el amor. Al contrario, la caída del ángel Cassiel en “¡Tan lejos, tan cerca!”, que ocurre por casualidad, le lleva al lado oscuro de la vida: al abandono, la pornografía, la explotación, la violencia, la marginación social.

El salto al vacío no se presenta como un acto de desesperación, sino como una fuente de sabiduría: la experiencia y el conocimiento, la felicidad y la desesperación -la vida entera.

La caída de Tom Tom desde el tejado de “Million Dollar Hotel” tiene un carácter similar. Es interesante que cuando alguien salta al vacío, no dicen que se suicida, sino que “se vuelve aéreo ” [2]-es decir, se une con el aire, se inmaterializa[3]. En contraste con los héroes de Kassovitz, para él lo importante no es el aterrizaje, sino la caída[4]. El héroe no se abandona a la fuerza de gravedad; corre como un atleta para lanzarse al vacío y abre sus manos como si pudiera volar. El vacío no es vacuo, sino que está lleno de información, tal como percibe Tom Tom cuando “se vuelve aéreo”. Entonces, la caída da al héroe una perspectiva nueva que le ayuda entender la vida -justo antes de que la pierda.

Tom Tom hace el recorrido opuesto al de los ángeles: mientras ellos lanzándose al vacío pierden un parte de su sustancia espiritual y conocen la materia[5], él se inmaterializa y adquiere una dimensión espiritual. El vacío ayuda a los héroes de Wenders a avanzar a una condición nueva y a conocer el mundo en su entidad. El salto al vacío se presenta como un chapuzón en el conocimiento, la experiencia, la vida.


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El vacío es el campo marginal en el que se encuentran fuerzas contrapuestas: espiritualidad y corporalidad. Materialidad e inmaterialidad.

Todo y nada.

“Primero no hay nada, después hay un nada profundo, después una profundidad azul”[6]:

Las palabras de Gaston Bachelard colorean los lienzos de Yves Klein y sus esponjas, los cuerpos de sus modelos y la Victoria alada de Samotracia con un azul uniforme, el I.K.B. (International Klein Blue). Klein, iniciado en la filosofía japonesa que considera el vacío como uno de los elementos básicos del mundo -junto con el agua, el fuego, la tierra y el aire- lo incorpora en su arte como un medio de expresión básico. Pero sigue siendo escurridizo. Él sueña con mares, campos, explosiones nucleares, Francia entera pintada azul, I.K.B. Pero, otra vez, el vacío se le escapa.

Inicialmente intenta conquistarlo restando el contenido de la forma: pintura sin líneas, luego sin color, después ausencia de lienzo y de los cuadros como objetos. Llega a presentar una exposición donde el espacio de la galería se queda vacío, para obligar al espectador a enfrentarse a él. Como un alquimista, consigue fabricar oro de la nada: vende a coleccionistas siete Zonas de Sensibilidad Pictórica e Inmaterial, es decir, nada en absoluto a cambio de oro; después destroza las facturas y dispersa el oro para volver a la nada otra vez.

Pero el vacío queda inmenso y inexplorado. Propone teatro sin obra teatral, con las puertas cerradas y los actores sin guión, compone música con una nota y sinfonías sin sonido, organiza un Festival del Vacío y lo propaga a través de la edición especial de un periódico; en la portada hay una imagen del mismo Klein saltando al vacío.

“¡El pintor del espacio salta al vacío!” es el título de la imagen, y debajo hay una declaración de Klein: “Soy el pintor del vacío. No soy un pintor abstracto sino, al contrario, un artista figurativo, y un realista. Seamos sinceros, para pintar el espacio, tengo que estar en posición. Tengo que estar en el espacio”[7].

De alguna manera lo consiguió; en vez de caerse se quedó suspendido en el aire, en una imagen que contiene todo el dinamismo del salto al vacío. Desafiando a las leyes de la física, se quedó levitando en una imagen falsificada. El salto de Klein al vacío se convierte en el símbolo de un intento valiente del artista de conocer el mundo profundamente y de transformarlo por completo.

Aquí el aterrizaje tampoco tiene importancia[8]; lo importante es la caída o la levitación en el vacío -y cualquier tipo de experiencia o de conocimiento que resulta de ello.

En mi mente la voz del vacío ya suena más suave.


El color Ι.Κ.Β.

FILMOGRAFÍA:
Der Himmel über Berlin (Cielo sobre Berlín), dir.: Wim Wenders, 1987
In weiter ferne, so nah! (¡Tan lejos, tan cerca!), dir.: Wim Wenders, 1993
Million Dollar Hotel, dir.: Wim Wenders, 2000
Yves Klein: La révolution bleue, dir.: François Levy-Kuentz, 2006

NOTAS DE PIE

[1] Victor da Rosa, “Un único angel”, Interartive #3, October 2008.

[2] En inglés: “to go aerial”.

[3] Monika Bakke, “Air is information”, in: Monika Bakke (ed.), Going aerial, Air, art, architecture, Maastricht, 2006, p.10.

[4] La idea a la que se recurre en la película de Mathieu Kassovitz “La haine” (El Odio, 1995) es “l’important, c’est pas la chute c’est l’atterrissage”, es decir, “Lo importante no es la caida sino el aterrizaje”.

[5] Eric Mader-Lin, “Angels and the Modern City”, http://www.wim-wenders.com/news_reel/2003/jun-angels-and-the-modern-city.htm

[6] Gaston Bachelard, Air and dreams, Dallas 1988, p.168. Este libro tuvo un gran impacto sobre Yves Klein.

[7] Yves Klein, Overcoming the problematics of art: The writings of Yves Klein, Putnam 2007, p.106.

[8] El “aterrizaje” se da en 1996, a través de una fotografía de otro artista, Pierre Yves Clouin, titulada “Yves Klein descansa, 6 Junio 1962” (es la fecha de la muerte de Yves Klein), donde se ve a un hombre cayendo a la calle.