Un lienzo redescubierto: sobre el Molino y la Cruz | LUCILA VILELA

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Flandes, 1564. Un tableaux vivant presenta la escena de la pintura “El Camino al Calvario”, de Peter Brueghel. El inicio de la película “El Molino y la Cruz” (The Mill and the Cross), de Lech Majewski anuncia la inmersión en un lienzo de fuerte impacto político en una época en que la laboriosa monotonía de la vida cotidiana fue interrumpida por amargos episodios de la invasión española. En la película, así como en el lienzo, los personajes se distribuyen en diferentes planos creando una noción de profundidad en el escenario. Puestos en escena, sostienen segundos de un paisaje que está presto a abrigar una silenciosa tragedia.

Brueghel era un agudo observador de costumbres y al contrario que muchos artistas de su época que asumían una postura celestial pintando escenas vistas por encima, él no abdicaba de su humanidad y retrataba momentos del día a día como si fuese un mero vagante a pocos metros de distancia de cada escena presenciada. Y es con la misma mirada observadora que Majewski elabora las imágenes de su película. El director consigue transmitir al espectador la sensación de estar inserto dentro del lienzo, como si lo transportase de súbito al paisaje, observando al lado del artista la creación y elaboración de la obra.

Las dificultades de transponer la pintura en película exigieran un intenso trabajo técnico de exhaustiva precisión digital. En “El Camino al Calvario”, Brueghel combina siete perspectivas diferentes en una única pintura. De esta manera Majewski refleja sobre la perspectiva y observa en una entrevista[1] que “nuestra mirada no es la mirada de una cámara. (...) nuestros ojos son mucho más vivos, parpadean, se mueven, corren en el espacio, focalizan puntos próximos y distantes (...) además es como una serpiente que saca la lengua para percibir todo lo que está alrededor, en el espacio. Es lo que la mirada hace. Nosotros no vemos el espacio estático, con la visión única de una lente. Nuestros ojos son activos y consiguen combinar la perspectiva así como miramos y observamos el espacio.”

Majewski rodó gran parte de su película en Polonia, en una región llamada Jura donde las piedras de calcio se parecen a las del paisaje de Brueghel. Sin embargo, el director llegó a viajar a Nueva Zelanda para captar formaciones de nubes en una isla llamada por los Maoríes “Isla de la Nube Larga”. En las nubes del lienzo de Brueghel, el director, que también es artista visual, pintó una extensión tratando de hacerlas encajar con las nubes captadas en Nueva Zelanda. La superposición de imágenes  contribuyó en una composición minuciosa en la que cada detalle es tratado con precisión. Otros elementos como las piedras, el molino y la tela de araña fueran trabajados en la fase de pos-producción con efectos tridimensionales, una tarea elaborada con backgrounds de la pintura original de Brueghel.

“The Mill and the Cross” tuvo su estreno en 2011, tras años de intenso trabajo. La motivación vino del libro “The Mill & the Cross”, de Michael Francis Gibson, que sitúa la historia de la Pasión de Cristo en Flandes, en el año 1564, coincidiendo con la fecha de la pintura de Brueghel. Esa fusión entre la violenta historia de la Pasión de Cristo y la brutal ocupación española intensifican el lado más oscuro de la raza humana. Como observa con repudio Aldous Huxley “esa impaciente, trémula, lasciva sed de sangre y brutalidad que en estos días más civilizados sólo podemos satisfacer, apartados de la realidad, con las páginas de los periódicos, se complacía con mayor franqueza e inmediatez en los tiempos de Brueghel. La ingenua bestia que anida en todo hombre era menos sofisticada, se le daba más cuerda, y con alegría podía ladrar y mover su cola mientras acorralaba a la víctima elegida.“[2] En la película ese aspecto es abordado lentamente dentro de la naturalidad de la vida cotidiana, acentuando la sensación de impotencia popular ante el poder.

Brueghel distribuyó cerca de 500 personajes en una composición de carácter teatral posibilitando destacar diferentes grupos y diversos acontecimientos en un mismo campo de visión. Todos esos personajes o su mayoría reaccionan en la película con letárgica resignación, movidos por el ocio y por la curiosidad ante los incidentes. Algún pormenor, sin embargo, narra el lamento de las Marías, cargadas de espiritualidad y calladas durante siglos. La figura de María, interpretada por Charlotte Rampling, presenta un pensamiento solitario que evoca el instinto de protección herido y la lucidez ante los hechos. Osar expresarse, para cualquier persona en esta época, principalmente para una voz femenina, era correr un serio riesgo de ejecución pública, así como muestra la fuerte escena de una mujer siendo enterrada viva.

En la película de Majewski, existen pocos diálogos, todos ocurren entre el personaje de Peter Brueghel (Rutger Hauer) y su amigo Nicolaes Jonghelinck (Michael York), un rico comerciante y mecenas de la ciudad. Cuando él se dirige a su mujer, abrigado en su confort, ella apenas lo oye. Tal vez no por casualidad percibimos la presencia del lienzo “Torre de Babel”, de Brueghel (1563), en la pared del salón. ¿Quién lo oye? A pesar de entrever la situación con extrema lucidez, Nicolaes se lava las manos y lamenta la condición del tiempo: "si por lo menos pudiésemos pararlo, podríamos combatir ese instante sin sentido hasta el final". En la secuencia, la presencia de una oveja no deja de sugerir su simbología: es bajo la tolerancia y mansedumbre que el personaje se somete a la injusticia ante sus ojos.

Inquieto, Nicolaes cuestiona a Brueghel preguntando si él cree que consigue realmente expresar la escena que ve. El pintor entonces señala hacia el molino. El molino en su lienzo ocupa el lugar de Dios: es de la parte más alta desde donde tiene la visión más amplia y de donde proviene el alimento. El personaje que está en el molino, al señalar de vuelta al artista inmoviliza la escena en una clara alusión al poder que tiene la pintura para congelar el tiempo. Cuando las aspas del molino retoman el movimiento, todo vuelve a ser como antes. María no ve claridad y Dios -personaje del molino- luego cierra los ojos. Esa escena ocurre más tarde, después del calvario, cuando el cuerpo del padre de familia, torturado como Jesús, es retirado de la cruz y después enterrado. Anochece y los relámpagos funcionan como flashes fotográficos. Al día siguiente, todo recomienza, los niños juegan y los españoles atacan nuevamente. Un poco más adelante sigue la danza campesina, tema recurrente en los lienzos de Brueghel.

La crueldad mezclada con la espontaneidad de la vida cotidiana acentúa la potencia del lienzo/película. Brueghel retrata escenas de juegos infantiles, animales, música, sexo, comida y transacciones de mercado que en la película aparecen en medio de doce historias de vida que se entrelazan. Para Wolfgang Stechow, el arte de Brueghel “ tiene por universo el país en donde vivió, con sus paisajes y sus gentes, estas con sus ocupaciones características, sus alegrías y sus penas siempre renovadas, sus tradiciones antiguas, su cordura y su tontería. Y esto se aplica igualmente a sus pinturas de inspiración bíblica, pues para él, más que para ningún otro artista, los personajes de la Biblia fueron sus contemporáneos  y sus compatriotas.”[3] De hecho, con fuerte influencia de Hieronymus Bosch, Brueghel retrató escenas alegóricas en el campo, paisajes y narrativas que abordan el lado flaco, loco y ridículo de la humanidad.

La claridad pictórica y la precisión de los dibujos hacen que su armoniosa composición disimule los sórdidos acontecimientos. Huxley repara que “así, recubierta con esta confitura de pura estética, la píldora amarga de su narratividad debería resultar más fácil de tragar.”[4] O sea, el encadenamiento de tareas agudamente observados no disimulan los hechos, sino que colocan todos en un mismo nivel. En un diálogo entre Brueghel y Nicolaes presente en la película, el artista habla sobre su composición mientras realiza un esbozo. El lienzo debe ser grande lo suficiente para abarcar muchas vidas. En él, el artista tiene la intención de esconder el personaje principal de la pintura exactamente porque él es el más importante. Y es a través de la observación de una tela de araña que surge la idea de la composición. Un sistema creado a partir de un centro motor donde todas las acciones se producen a su alrededor. Stechow percibe que “Para Brueghel, el hombre no era el individuo libre del Renacimiento – se comprende por ello que nunca pintara retratos - sino que dependía por encima de todo de alguna fuerza de la naturaleza, de una tradición, una creencia o una casta.”[5] “El Camino al Calvario” fue el mayor lienzo concebido por Brueghel, mide 1,70 X 1,24m, y hoy se encuentra en el Kunsthistorisches Museum en Viena.

Hacer una película centrada en ese lienzo es una tarea extremadamente compleja que Lech Majewski realizó con maestría. Con gran sensibilidad, el director consiguió alcanzar la sensación de habitar el lienzo, aproximando la mirada del espectador a la mirada del pintor. Además, trae a la pantalla la fusión entre una narrativa histórica, una bíblica y la elaboración de un lienzo. La pintura en cine hace que la reflexión sobre el tiempo intensifique la relación entre lo estático y lo dinámico, la muerte y la vida, paralelo recurrente en “El Molino y la Cruz”. En el inicio de la película, la preparación para la muerte, con el árbol siendo cortado por los españoles, es intercalada con la preparación para la vida, en las escenas de sexo y nacimiento. El lento proceso de construcción de la cruz va gradualmente transformando la escultura en un instrumento de muerte. Los niños se alimentan del pan y celebran la vida. Al final, la rutina del pueblo contrasta en la suave danza de los campesinos con la áspera ocupación de los españoles. Y el molino continua girando.

Saliendo de la escena, vemos la panorámica del museo donde se encuentra el lienzo que acabamos de ver . Nos apartamos de la pantalla como quien sale de una inmersión de buceo en profundidad. Como bien dijo Huxley, “Brueghel hizo consideraciones sobre la humanidad que aún hoy siguen siendo relevantes.”[6] Peter Brueghel, el Viejo, fue uno de los pintores más importantes del Cinquecento renacentista flamenco y “El Camino al Calvario” fue pintado cinco anos antes de su muerte. Lech Majewski construyó una línea tenue entre la pintura y el cine y creó un tiempo intermedio entre los dos lenguajes. El director pone en la pintura de Brueghel una mirada contemporánea y llama la atención sobre las sutilezas de la vida. En la cuenta de los siglos, el comportamiento humano todavía asusta y la supervivencia hace que el tiempo siga corriendo desapercibido.


[2] HUXLEY, Aldous. Brueghel, el Viejo. Madrid: Casimiro, 2011, p.21

[3] STECHOW, Wolfgang. Brueghel, el viejo. Barcelona: Timun Mas, 1962, p.12

[4] HUXLEY. Ibdem, p.12

[5] STECHOW, W. Ibdem, p. 12-13

[6] HUXLEY, A. Ibdem, p.13

The Mill and the Cross (El Molino y la Cruz)
Suecia/Polonia , 2011 - 92 minutos
Dirección: Lech Majewski
Guión: Michael Francis Gibson, Lech Majewski
Elenco: Rutger Hauer, Michael York, Charlotte Rampling, Joanna Litwin