Solo la antropofagia nos une! 50 años de Teatro Oficina | LUCILA VILELA

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Macumba Antropófaga Urbana de Sampã,
Teatro Oficina Uzyna Uzona, 2011.

La elección del Manifesto Antropófago como tema de la pieza que celebra los 50 años del Teatro Oficina Uzyna Uzona, no podía ser mas adecuada. Escrito por Oswald de Andrade y publicado en 1928, el Manifesto Antropófago es el marco del movimiento Antropofágico brasileño, uno de los más importantes en la cultura del país. Desestructurando las raíces de la historia brasileña, el movimiento acentúa la contradicción entre las culturas primitiva (amerindia y africana) y latina (de herencia cultural europea), propone la deglución crítica del legado europeo y la digestión y transformación en el arte brasileño. No aceptar, sino devorar lo civilizado/moderno asumiendo una  actitud salvaje. Una crítica a la historia del Brasil y al sistema burgués patriarcal impuesto por las colonizaciones europeas. En un país formado por la mestizaje, el movimiento modernista aglutinaba ideas asumiendo la mezcla de culturas y recreando el arte brasileño. “Tupi or not tupi, that’s the question”[1].

Todo eso está impregnado en la historia del Teatro Oficina y en el apetito voraz del director José Celso Martinez Corrêa. La pieza “Macumba Antropófaga” inicia al público en una especie de ritual: la formación de una corriente humana hace alusión a la figura de la serpiente y conduce las personas a un paseo en el barrio del Bixiga. En la melodía que sigue, el coro de actores invita: “Entra en la rueda cobra grande”[2]. Al pasar por la Casa de Dona Yayá, por la fachada del Teatro Brasileño de Comedia (TBC) y por la Calle Ricardo Batista, donde Oswald escribió “Un hombre sin profesión”, acontecen escenas como Cacilda Becker incorporando Tarsila do Amaral y la presencia de una cabra en plena calle de São Paulo. La interacción con los moradores del barrio y el clima de fiesta instaurado por las calles envuelve al público; y el cortejo sigue su camino hasta atravesar una pequeña puerta que da en un terreno baldío donde una “Oca de Bambú”[3] abriga una de las escenas de seducción entre Oswald y Tarsila. Luego, los actores y el público se desplazan a la “Oficina de Floresta de Selva de Jardines”, donde transcurre la mayor parte de la función.

Oswald de Andrade: Manifesto Antropófago, 1928

Conocida por sus largas duraciones, las piezas dirigidas por Zé Celso poseen un tiempo extendido. “Macumba Antropófaga” dura cuatro horas y parece que necesita de este tiempo justamente para envolver al público en esa variación de rito teatral. En este sentido, es posible notar una cierta naturaleza ritualística que acompaña las piezas del Oficina. Según Johan Huizinga, “el ritual es un dromenon, o sea, una cosa que se hace, una acción. La materia de esta acción es un drama, o sea, una vez más, un acto, una acción representada en un escenario.”[4] Hay algo de sagrado que se hace presente en las escenificaciones de la compañía. Desde su inicio, en 1958, el Teatro Oficina pasó por varias fases, enfrentando mudanzas socio-culturales y políticas, y consiguió mantener un teatro crítico e investigativo donde la vida es celebrada. La palabra celebrar, de hecho, ya apunta el sentido de fiesta que el grupo conduce. La representación sagrada, dice Huizinga, “es ejecutada en el interior de un espacio circunscrito bajo la forma de fiesta, o sea, dentro de un espíritu de alegría y libertad. En su intención se delimita un universo propio de valor temporal.”[5] Se trata de interrumpir la vida cotidiana y llevar a las personas a otra esfera existencial.

La inmersión del público por tanto contribuye a la atmósfera de ritual colectivo. La interacción es un tema siempre muy delicado en términos artísticos. En el caso del Teatro Oficina no hay interacción, hay integración. La libertad se consigue  respecto a un ambiente acogedor. Justamente porque libertad es también poder decir no. Para aquellos que se dejan llevar por la vivacidad dionisíaca del grupo, el desnudo es aceptado y deseable. El espíritu libre se consigue sin constreñimientos. En un montaje de “Las Bacantes”, de Eurípedes (1994) las actrices desnudaron en escena el cantante y compositor Caetano Veloso. Un encuentro de “tropicalistas” en puro teatro antropofágico. El desnudo y el sexo son temas constantes en los montajes de Zé Celso. En “Macumba Antropófaga”, el manifiesto deja claro: “Lo que atropellaba la verdad era la ropa, lo impermeable entre el mundo interior y el mundo exterior. La reacción contra el hombre vestido.”[6]

"Macumba Antropófaga" reúne cerca de 40 músicos, actores y actrices, bailarines y video makers. Una parte de las canciones fue compuesta por el propio Zé Celso, otras fueran compuestas colectivamente. Los tambores conducen las danzas que acompañan movimientos indígenas y africanos. Georges Didi-Huberman cuando habla del poder transformador de la danza no deja dudas: “se baila casi siempre para estar juntos. Se baila entre varios. Los cuerpos se acercan unos a otros, van y vienen sin orden previo. Se rozan, se frotan, se desean, se divierten, se desatan. Una fiesta. Una variante de cortejo sexual.”[7] Los cuerpos llenan las escenas y el espectáculo funciona como un musical con muchas referencias, personajes y hechos que aluden a diversos momentos históricos.

La macumba acentúa el carácter de ritual y la fuerza del batuque evoca de forma irónica una explícita reivindicación política: la conocida lucha de terrenos entre el Teatro Oficina y el grupo económico Silvio Santos tuvo su momento de protagonismo. "Nosotros, oswaldianos, y todos bichos humanos. Cambiemos terrenos entre nosotros, seres terrenos, cambiemos seres y entidades que creamos"[8], recita una actriz. El terreno donde iba a ser construido un centro comercial fue prestado al Teatro Oficina para la realización de la pieza. La “Oca de Bambú” que funciona como restaurante después del espectáculo, recibe el nombre de “Cambio  de terrenos.” El concepto de la macumba está arraigado en la cultura popular brasileña, la palabra en general es utilizada para designar los cultos sincréticos afro-brasileños derivados de practicas religiosas y divinidades de los pueblos africanos que fueron traficados como esclavos al Brasil. Así, la macumba se practica apuntando a la obtención de algo. En este caso, Zé Celso evoca la pose de su lugar sagrado. La delimitación de un lugar sagrado, dice Huizinga, es característica de todo acto de culto y “el culto es la forma más alta y más sagrada de seriedad”[9].

José Celso Martinez Corrêa

La relación del Teatro Oficina con el barrio del Bixiga, en São Paulo, es antigua. Su historia enfrenta varias tormentas, entre ellas un incendio en el edificio, la resistencia a la dictadura militar y posteriores conflictos judiciales. En las palabras del director: “nosotros re-existimos”. El actual edificio fue construido por la arquitecta Lina Bo Bardi y es tenido como patrimonio histórico. Hoy, hay un conflicto acerca de los terrenos y de la lucha para impedir la ocupación del barrio por la alta burguesía. El Bixiga ubicado en la región de la Bela Vista, surgió cerca de 1870 y fue poblado por inmigrantes italianos que se desplazaron al Brasil. Fue donde la samba paulistana hizo historia y el teatro ganó fuerza. Con “Macumba Antropófaga”, el Teatro Oficina celebra sus 50 años en el barrio del Bixiga.

Con la intención de sensibilizar a la actual presidente Dilma Rousseff para erradicar la miseria del barrio y resolver la historia polémica de los terrenos, el público, en un determinado momento, es invitado a tuitear, a través de sus móviles, un mensaje a la presidente (@dilmabr). El bárbaro tecnificado de Oswald de Andrade gana voz a través de la tecnología. Además del uso de iPad, Twitter, proyecciones, y cámaras en el espectáculo, la pieza cuenta con un streaming gratuito que transmite la obra en vivo y sin cortes.

Padre Antônio Vieira surge con un iPad bajo el brazo y se junta al coro de Tupinambás; en escena, se encuentran Pagu, Oswald y Tarsila, aparecen Dom Pedro I, Curupira, Napoleón, Freud y Rousseau; Amy Winehouse llega con vino, vienen Obama, Montaigne, Maiakovski, Buñuel; Iracema ofrece sus labios de miel y Lucifer en poco tiempo consigue seducir al diós Zé Celso. Todos en el mismo barco, en la única ley del mundo. En la antropofagia de Oswald, proclama el Oficina: “Nunca fuimos catequizados. Hicimos el Carnaval”[10].

 

 


[1] DE ANDRADE, Oswald. Manifesto Antropofágico. 1928. El autor hace un juego de palabras con la conocida frase de Hamlet y el idioma extinto de los indios brasileños: el “tupi”.

[2] Fragmento musical de la pieza MACUMBA ANTROPÓFAGA URBANA DE SAMPÃ, Teatro Oficina Uzyna Uzona. 2011.

[3] La palabra Oca, en portugués, tiene su origen en el idioma tupi (oka=casa). Es una casa cubierta de ramas, en general de forma circular, utilizada por los indios.

[4] HUIZINGA, Johan. Homo Ludens. Ed.Perspectiva, São Paulo: 2008, p.18

[5] Ibdem, p.17

[6] DE ANDRADE, Oswald. Manifesto Antropofágico. 1928.

[7] DIDI-HUBERMAN, Georges. El bailaor de soledades. Ed. Pré-textos. Valencia: 2008, p.13

[8] trecho de la pieza MACUMBA ANTROPÓFAGA URBANA DE SAMPÃ. Op. Cit.

[9] HUIZINGA, Johan. Op. Cit., p.21

[10] DE ANDRADE, Oswald. Manifesto Antropofágico. 1928.