Je Vous Salue Sarajevo: Pre-ensayo o Notas sobre la barbarie | CAROLINA VOTTO

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Je vous salue Sarajevo – Jean-Luc Godard (1993)

“Los hombre están tan privados de historia que deben inventar, deben hacer guerras. Sólo los hombres hacen guerras. Sólo un hombre puede tener la idea de ponerse una mochila a la espalda, un casco en la cabeza y disparar a su vecino”[1]

  1. Pre-ensayo

La cultura es la regla. El arte la excepción. ¿Cual es el principio ético-estético que plantea Godard al anunciar Je Vous Salue Sarajevo? Entre la apropiación de fragmentos literarios y el montaje secuencial de fragmentos de la serie de fotografías tituladas Blood and Honey (Bijeljina, Bósnia, 1992) del fotógrafo norte-americano Ron Haviv, es posible preguntarse: ¿qué mundo es este en que vivimos? El sadismo del soldado serbio empuñando un rifle y casi pateando el rostro de alguien que no posee la mínima condición de defensa. Ya en la primera secuencia del vídeo, un narrador casi silencioso anuncia fragmentos sobre el miedo extraídos de la pieza Dialogue des Carmelites, adaptada en 1949 por el escritor francés Georges Bernanos: “En cierta forma, el miedo es el hijo de Dios (…) Vela por la agonía de toda la humanidad, intercede por ella”. En la pieza de Bernanos, una religiosa enclaustrada reivindica la idea de que el miedo, como flaqueza, no es ofensivo a Dios; al contrario, el miedo la volvería “hermana de Cristo en su agonía”.

La imagen congelada de un soldado serbio empuñando un rifle y apuntando hacia un civil, una mujer tirada en el suelo, inmovilizada por el pie del soldado. Son dos, o tal vez tres mujeres, son tres soldados, la escena típica de un escenario urbano de guerra. Uniformes de la ley, cuando en estado de guerra, ésta se pierde. Una fotografía – alguien registró el pie sobre la cabeza de una mujer, un individuo impotente ante el armamento bélico. ¿Quien estaba detrás de aquella lente? ¿Qué fue lo que le motivó a pensar en el registro? ¿Qué sería más importante: registrar la guerra o interferir en ella?

Je Vous Salue Sarajevo podría no ser una película que trate sobre la barbarie, pero está expuesta: una pieza de “vídeo-arte” producida por el director franco-suizo Jean Luc Godard en 1993 y presentada en la 29ª Bienal de Arte de São Paulo en 2010. Esta obra de 1993 evidencia y pone en boga una vez más los criterios ético-estéticos que envuelven el hacer del arte, su relación íntima con la política y su tradición. El fotógrafo registra y yo, Godard, y algunos nos preguntamos: ¿cómo se inserta el artista en el mundo de la vida?

“Por dónde podemos empezar? Creo que por el  11 de septiembre. Cuando el mundo entero decía: “¿Nadie pensó en algo así?” Si. Pero no se puede esperar que la palabra “pensar” sea entendida del mismo modo. Al contrario. Si se aprende la palabra “pensar”, y se sabe como usarla, pero dependiendo de las circunstancias, no se la puede describir. Pida que alguien mire y diga si ve duda o placer y entonces que olvide el rostro y se fije sólo en la mirada. Los ojos parecen concentrar toda la expresión. Se sorprendería al constatar cuan susceptible es la expresión… a las más variadas interpretaciones. Ve emociones…tristeza, una falsa alegría, aborrecimiento. Pero no se puede concluir. No es la apariencia la que cambia, es la INTERPRETACIÓN![2] (Godard – cortometraje Liberté et Patrie -Libertad y Patria- realizado para la Exposición Nacional Suiza em 2002.)”

Si lo que cambia es la interpretación y el arte es la excepción, y la cultura es la regla, la guerra es una de las formas más antiguas en que las civilizaciones luchan por algo, olvidando muchas veces el motivo. O reformulando la cuestión: ¿cuales son las “racionalizaciones” que vuelven comprensibles los actos de guerra? Sin embargo, el siglo XX despliega una iconografía espectacular de las masacres producidas por los y hacia los civiles. En uno de sus últimos ensayos de 2004 titulado Ante el dolor de los demás, la ensayista norte-americana Susan Sontag construye una incómoda iconografía de los registros de guerras y la relación de la fotografía con la espectacularización del dolor, así como de la amplitud de registros acerca del sufrimiento. Sontag infiere: ¿Quiénes son el «nosotros» al que se dirigen esas fotos que conmocionan?. Ese «nosotros» incluiría no únicamente a los simpatizantes de una nación más bien pequeña o a un pueblo apátrida que lucha por su vida, sino a quienes están sólo en apariencia preocupados —un colectivo mucho mayor— por alguna guerra execrable que tiene lugar en otro país. Las fotografías son un medio que dota de «realidad» (o de «mayor realidad») a asuntos que los privilegiados o los meramente indemnes tal vez prefieren ignorar.[3]

¿Cómo convivir con el caos que carga dentro de sí? Godard prefirió no ignorar el rostro de aquella mujer bosnia siendo aplastado por un rifle. El corto es un montaje de una única fotografía del artista Ron Haviv, que evidencia la crueldad de la Guerra en los Balcanes a principios de la década de los noventa del siglo pasado. Je vous Salue Sarajevo – Sea bienvenido a Sarajevo.

Tal vez aquí la indignación expuesta por Godard en 1993 al toparse con las fotografías de la Guerra en los Balcanes resalte una enorme dificultad de “consentirnos” – con-sentir- ante el otro, sentir junto al otro. Aristóteles en su obra Ética a Nicómaco cita la importancia del amigo como aquel individuo con quien es posible sentir juntos. La propia existencia de la amistad es motivo de alegría de vivir. En la guerra, los amigos desaparecen, y la vida deja espacio a la muerte.

 

  1. El arte de vivir o Notas sobre la barbarie

Ya en la primera escena del corto un narrador omnipresente advierte: “En cierta forma, el miedo es la hija de Dios, redimida en la noche de Viernes Santo. No es hermosa…y es burlada, maldecida y despojada de todo. Pero no nos equivoquemos, vela por la agonía de toda la humanidad, intercede por ella”. En este procedimiento de montaje, Godard extrae de la pieza Diálogo de las Carmelitas, adaptada en 1949 por el ya citado escritor que residió en Brasil en la década de los treinta del siglo pasado, Georges Bernanos. Ésta es una adaptación de la obra La última del cadalso de la escritora alemana Gertrud Von Le Fort (1876 – 1971). La pieza trata sobre la ejecución de 16 religiosas del Carmelo de Compiégne asesinadas por “revolucionarios franceses” que las llevaron a guillotina el día 17 de julio de 1794.

El narrador prosigue: “Todos hablan de la regla: los cigarrillos, la computadora, las camisetas, la televisión. Turismo, guerra. Nadie habla de la excepción…No se dice, se escribe: Flaubert, Dostoiévski. Se compone: Gershwin, Mozart. Se pinta: Cézanne, Vermeer. Está filmado: Antonioni, Vigo. O se vive, y allí está el arte de vivir: Srebenica, Mostar, Sarajevo. La regla desea la muerte de la excepción. Así es que la regla de la Cultura Europea está organizando la muerte del arte de vivir, el cual aún se mantiene floreciente.” Si el arte es la excepción, ¿cómo es que no tiene complicidad con la barbarie o la decadencia? ¿El arte tendría la potencia de transfigurar la regla? Inventar la vida ante el dolor es una excepción para quien convive con la destrucción. En un mundo constituido a base de imágenes, Godard parece ironizar sobre la fragilidad de la lente del fotógrafo norte-americano: es necesario coraje para llevar a cabo el registro y no interferir en la trama. El arte de vivir – esa excepción que pone en juego el pensamiento, el querer-artista como algo peligroso – ya que se contrapone a la regla, entendida en tanto que dominación o tipo de poder.

Deleuze rescata la noción de acontecimiento de las filosofías de vida de la antigüedad helénica para resaltar que aquello que acontece es sólo lo que tenemos, y el gesto a imputar en el acto es lo único que refleja importancia significativa. Es decir, la aceptación del acontecimiento es inventar la vida cuando ésta se presenta. No hay cálculos o prolegómenos para consolarnos. Ante eso, podríamos cuestionarnos: ¿cual es la chispa de coraje que nos hace actuar en los momentos en que las cosas suceden? Aceptar el arte de vivir pasa por la aceptación de la vida en nuestros diferentes infortunios y una condición ético-estética pasa por ese camino, sea éste pintado, escrito o compuesto. No se conforma con los des-caminos construidos por la decadencia de la cultura moderna. El cineasta perpetúa nuevas imágenes del pensamiento cuando apunta hacia el arte en tanto que excepción y nombra algunos artistas canónicos de la tradición moderna de la literatura, música o las artes visuales, incidiendo en sujetos que produjeron una diferencia, dejaron un rastro en la cultura dominante.

Es necesario ir a los lugares de incomodidad del pensamiento, allí se localizan las verdades que necesitamos pensar, que muchas veces duelen, desentonan entre los aprendizajes meramente conocidos. Como resalta el filósofo francés – no pensaremos mientras no seamos forzados a pensar – es necesario dejarse conducir hasta verdades que producen y ejercen fuerzas en el pensamiento, haciéndolo activo y afirmativo. Esto no nos conduce a un método, una paideia, una formación, una cultura. Pues el método, en general, es un medio para evitarnos ir hasta el lugar, o pudiendo alejarnos de la posibilidad de salir, como un hilo tendido en el laberinto.[4]

En la perspectiva nietzscheana, lo ético-estético resuena a partir de un prisma ético que inserta la vida en tanto que valor: la vida posee valor y lo estético en tanto que transfigurativo presupone inventar posibilidades de existencia. Y aquí se produce una diferencia de pensamiento, mayor que los elementos filosóficos que hacen del arte una categoría importante del pensamiento moderno, llevando la obra de arte a producir sensaciones de catarsis, o sea de utilidad, como en la lectura aristotélica de la tragedia griega [5] o kantiana – como fuente desinteresada de lo sublime producido por el genio. La lectura de Nietzsche inserta lo estético en la vida, es decir: una estética de la existencia que presupone estrategias de pensamiento que lleven a las fisuras más profundas de uno mismo, se puede transferir hacia una cultura que interrogue su tiempo y reforme la vida conforme a la necesidad.

Tal vez Godard, Sontag, Barthes apunten hacia una arqueología del vivir juntos que se pierde ante la muerte, siendo la barbarie un elemento presente en nuestra cultura. La expresión tan proclamada por Benjamin a principios del siglo XX sobre los males de las guerras – la historia humana es la historia de la barbarie –  lo mucho que empobrece la guerra cualquier tipo de experiencia o de cómo nos volvemos más pobres en experiencias comunicables, lo que no puede ser de otro modo, plantean: ¿cómo comunicar una vida extirpada por el poder? ¿Por la ganancia? Donde lo que permanece en medio las tecnologías del combate es el “frágil cuerpo humano”, así Godard hace su gesto: cuerpos que se tiran y cuerpos estirados. Da para reflexionar sobre cómo el arte de vivir surge de los lugares nefastos de dolor. Sarajevo, Serbia, Bosnia, una guerra que ocurrió entre 1992 y 1995 en la región de la Bosnia-Herzegovina, reflejos de la Guerra fría, espectros de las máculas producidas por el capitalismo, por un país joven del sur de Europa que intentó resistir y permanecer multicultural e independiente. No es en vano que Godard cita un fragmento de Louis Aragon en Le Créve-Coeur de 1941: “Cuando sea hora de cerrar el libro, no tendré ningún pesar. He visto a tantos vivir tan mal, y a otros morir tan bien”.

Y para finalizar ese procedimiento de montaje de casi dos minutos y medio, el director franco-suizo elige una imagen de alguien en estado de recogimiento, desolación, cabizbajo, una mujer. Una imagen extraída de la pieza Ghost Trio de Samuel Beckett, una obra escrita para la televisión, más específicamente para el canal británico BBC en 1973. Ghost trio o “Los tres fantasmas” narra la historia de tres personajes; tres situaciones: pre-acción, acción y re-acción; tres personajes: V, la voz femenina, F, la figura masculina y un chico, como si fuesen los tres fantasmas. ¿Qué pretende Godard? ¿Sería la cultura una narrativa de fantasmas que se repiten? Primero el miedo, después el cristianismo, las formas de lenguaje, los dolores existenciales de la historia, hasta los intempestivos artistas evidenciando que el arte es lo inactual, en la permanencia de la transitoriedad que es el vivir. Debes tener cuidado de jugar a los fantasmas.

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[1] GODARD. Jean-Luc. GODARD Jean-Luc. – Rio de Janeiro: Livraria Taurus Editora, 1985, p.82.

[2] (Godard – curta-metragem Liberté et Patrie” (Liberdade e Pátria) realizou para a Exposição Nacional Suíça, em 2002.” Disponível em:

[3] SONTAG, Susan. Diante da dor dos outros. Companhia das letras. – Rio de Janeiro, 2004, p.06.

[4] DELEUZE, Gilles. Nietzsche e a filosofia. – Porto: Rés-Editora. p.66.

[5] Decir sí a la vida, mismo en sus problemas más duros y raros; a la voluntad de vida, alegrándose de la propia inesgotabilidad en el sacrifício de sus más elevados tipos – a esto llamé Dionisíaco, esto entendí como la puente para la psicologia del poeta trágico. No para liberarse del pavor y de la compasión, no para purificarse de un peligroso afecto mediante una veemente descarga -así lo entendió mal Aristóteles – pero para,mas allá del pavor y de la compasión, ser en sí mismo lo eterno placer del venir a ser – ese placer que trae em sí también el placer de destruir. NIETZSCHE, Friedrich. Ecce Homo como alguém se torna o que é.- São Paulo: Cia das letras, 1995, p. 67.