La Bienal de Curitiba vista por su director, Luiz Ernesto Meyer Pereira | MARISA GÓMEZ

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La Bienal de Curitiba – uno de los eventos fundamentales de arte contemporáneo en Brasil, que este 2015 ha cumplido 22 años – cerrará sus puertas este próximo 6 de diciembre. Bajo el título  Luz do Mundo, ha estado dedicada precisamente al tema de la luz y, dentro de este contexto, ha rendido homenaje a la trayectoria del artista argentino Julio Le Parc.

El Museo Oscar Niemeyer (MON) ha ejercido una vez más como sede central del evento, acogiendo la exposición de Le Parc en su gran ojo y la muestra principal del curador general de la Bienal, Teixeria Coelho. A este icónico museo se han sumado otros seis espacios expositivos centrales – entre ellos la Catedral, la estación Rodoferroviária, el centro comercial Pátio Batel, el Palacete dos Leões o el Museo Municipal de Arte (MUMA)  – y varios circuitos que han incluido el de museos, el de galerías, el Universitario-CUBIC o el Festival de Cine, además de la «Bienal Abierta», una serie de eventos independientes organizados por diversos agentes culturales de Curitiba coincidiendo con la Bienal. En total, más de 100 espacios en los que aproximarse al trabajo de más de 150 artistas de los cinco continentes.   

Además de visitar la Bienal, durante su desarrollo, tuve ocasión de reunirme con su director, Luiz Ernesto Meyer Pereira, para saber más sobre el evento y conocer su visión sobre la edición actual. Gracias a su enorme disposición, nuestro encuentro, más allá de ser una simple entrevista, se convirtió en una ocasión para acercarse a la Bienal desde dentro y para explorar algunos de los aspectos y proyectos quizás menos conocidos de la misma. Ahora que la Bienal termina, es el momento de hacer balance.
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01. Carlo-Bernardini

Vista del Museo Oscar Niemeyer, sede principal de la Bienal de Curtiba,
con la instalación de Carlo Bernardini
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La Bienal en Contexto

La Bienal de Curitiba tiene una historia ciertamente larga. La región de Paraná ha tenido una amplia trayectoria de difusión artística, que – me explica Luiz Ernesto Meyer – se remonta a los años 40, cuando se realizó la primera edición del «Salón Paranaense» como un primer proyecto de exhibición de arte contemporáneo. Pero será en los años 90, con el establecimiento de la «Mostra de Gravura», la Bienal de Fotografía y la «Mostra VentoSul» – germen de la actual Bienal – cuando Curitiba despegue como eje artístico del sur de Brasil.

De hecho, en 1993 se celebra la primera «Mostra VentoSul», curada por Miguel Briante y Ticio Escobar, que entonces tenía lugar en diferentes ciudades de Paraná y se centraba en la presentación de artistas del Cono Sur. Poco a poco, el foco de VentoSul se fue abriendo internacionalmente y así, en la edición de 1995, de nuevo de la mano de Ticio Escobar, se incluyeron artistas de Uruguay y Chile; en la edición de 1997, la muestra se presentó también en Sao Paulo y Rio de Janeiro, incluyendo a artistas de más países latinoamericanos y un amplio equipo de curadores invitados. En 2007, la muestra contó ya con la presencia de siete países (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Paraguay) y se presentó bajo el tema «Narrativas Contemporáneas», mientras que en 2009 – con el tema «Auga Grande: Os Mapas Alterados» – el evento se presentaba ya como Bienal VentoSul y mostraba el trabajo de artistas de diferentes continentes.

Acorde con su trayectoria e historia – explica también Meyer – esta Bienal establece un modelo diferente al de otras de referencia, como la de São Paulo – que ocurre fundamentalmente en torno a un único espacio de la ciudad – y trata de integrarse con el tejido cultural y urbano ocupando diversas localizaciones. Con esta vocación de seguir extendiéndose local e internacionalmente, y de consolidarse como referente del arte contemporáneo en el sur de latinoamérica, en 2013 la Bienal VentoSul se convertía definitivamente en la Bienal Internacional de Curitiba, repitiendo en la curaduría con Escobar y contando ya con Teixeria Coelho.
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02. Lars Nilsson

Detalle de la instalación/grupo escultórico Fantasmas de Lars Nilsson, en el MON
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La Bienal de 2015…

Como evento de arte contemporáneo, en cantidad y calidad, la Bienal de Curitiba puede resultar abrumadora. Le pregunto a Luiz Ernesto Meyer por aquello que la caracteriza, por las principales iniciativas, espacios y proyectos implicados en esta edición de la Bienal.

Me explica que la edición de este año ha querido poner énfasis en la relación con el espacio público. El programa ha incluido performances en diferentes espacios de la ciudad, y por ejemplo, se han ideado proyectos como el desarrollado en la Rodoferroviária: curado por Daniel Rangel, en él, el artista Tom Mais Amor – en colaboración con otros artistas locales y en varias fases de desarrollo durante la duración de la Bienal – ha ido ocupando con sus coloridas pinturas murales distintos espacios de tránsito de la estación. Como explica Meyer, la estación es un lugar por el que pasan varios miles de personas al día, y ésta es la mejor forma de acercar el arte contemporáneo a todo el mundo. Lo mismo habría ocurrido con la exhibición de la obra Quimera de Regina Silveira – una instalación que metaforiza sobre la luz y su opuesto, la sombra – en plena fachada del centro comercial Pátio Batel. También para el espacio público – en este caso, los exteriores del MON – se concibió la pieza de Carlo Bernardini Invisible Dimensions, una instalación de fibra óptica que, aunque por el día ha podido pasar desapercibida, ha iluminado las noches de la Bienal creando un delicado juego de reflejos en el estanque del museo, en diálogo con su particular arquitectura.

Con esta vocación de llegar a un público amplio, la Bienal también ha contado con un programa educativo fuerte y una serie de visitas guiadas con rutas a pie, en bicicleta o en autobús.

Los circuitos también tienen para Meyer una importancia fundamental. Entre ellos podríamos destacar el Circuito Universitario-CUBIC, que en esta Bienal ha celebrado su segunda edición. Con una muestra también distribuida en tres espacios diferentes de la ciudad – Paço da Liberdade, Memorial de Curitiba y Deartes – este circuito ha reunido los trabajos de jóvenes artistas en formación. Como nos explica el director de la Bienal, la selección de artistas partió de una convocatoria pública y, a partir de la curaduría de Angelo Luz y Stephanie Dahn, el CUBIC2 ha buscado mostrar las distintas facetas del arte emergente de la ciudad. La idea de este circuito no es sólo dar a conocer el trabajo de futuros profesionales del arte, sino también abrir espacios de diálogo, generar encuentros con otros artistas o curadores en los estos jóvenes artistas puedan seguir ampliando su formación.

Luiz Ernesto Meyer transmite verdadero entusiasmo cuando habla de la Bienal y de sus posibilidades para la ciudad. No es sólo una cuestión económica – aunque evidentemente un evento de estas características activa la economía local a muchos niveles. Es mucho más una cuestión de cómo el arte se vincula con la ciudad y los ciudadanos, y cómo a través de estos artistas y los proyectos que proponen, en muchos casos se llega también a conocer aspectos desconocidos de la propia cultura local.
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03. Rodoferroviaria

Intervención de Tom Mais Amor en las escaleras de la estación
Rodoferroviária de Curitiba durante la Bienal 2015. Foto: Levy
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Luz do Mundo

Como ya hemos señalado, la luz ha sido la protagonista de esta edición de la Bienal de Curitiba: «arte de la luz, el arte como luz, arte hecho de luz y que tiene en la luz su materia, su material y contenido», dice Teixeira Coelho en el texto curatorial de la Bienal.

Por supuesto, el arte hecho con luz tiene su representación en la obra del Le Parc, pero también en la de Anthony McCall, Dan Flavin, la artista coreana Jeongmoon Choi, Carlo Bernardini, Iván Navarro o Bill Viola, entre otros que la usan directamente como medio. Sin embargo, y con el referente europeo de los festivales de la luz – en algunos de los cuales luz y tecnología se hacen inseparables en técnicas como el mapping o en estéticas interactivas – me ha sorprendido – y así lo comento con Meyer – que la inmensa mayoría de las obras de la muestra trabajen con la luz mucho más como contenido, como tema, como objeto indirecto de reflexión, y no como medio. Para Meyer se trata de una cuestión que atañe más bien a los diferentes curadores. La luz es un tema amplísimo, y se han querido explorar dimensiones menos literales o evidentes. Por ejemplo, dentro de la muestra oficial, el espacio del MUMA (Museo Municipal del Arte) ha estado enteramente dedicado a pensar la luz en relación a la espiritualidad, como metáfora de la misma. Así, vemos cómo en las obras elegidas por los cuatro curadores que han intervenido en este espacio, en general, la luz ha quedado en un segundo plano, apenas sugerida, y se ha convertido en un pretexto para dejar verdadero protagonismo a lo espiritual.
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04. Helga Griffiths

Identity Analysis de Helga Griffiths en el MON. Foto: Guilherme Artigas
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La elección del tema de la Bienal coincidió con la institución del 2015 como «Año de la Luz» en el campo de la ciencia y la tecnología por parte de la UNESCO. Pero, en términos generales ¿quién y cómo se elige el tema de la Bienal?

Meyer me explica que la elección del tema, en este caso y en otros, surge de una propuesta del curador general, evaluada y consensuada por la comisión de la Bienal, y que va tomando su forma definitiva en el trabajo conjunto con los curadores invitados y otros actores implicados en la organización. La elección del artista invitado habría seguido también al mismo procedimiento: entre varias propuestas de artistas de renombre se eligió a Julio Le Parc, puesto que además de ser un pionero en este ámbito de la luz y una artista ampliamente reconocido, pertenece al contexto latinoamericano que la Bienal quiere impulsar. Habiendo conocido el trabajo de Yamil LeParc, se le invitó a hacer una propuesta como curador invitado y, así, a partir del trabajo conjunto y el cruce de propuestas, se materializó la propuesta de artista invitado y se articuló la exposición final.

En este contexto, la pregunta parece obvia: ¿Quién y cómo se ha elegido al curador general y los invitados de esta edición? Meyer aclara que hay diferentes casos. Por ejemplo, desde 2013 la Bienal estableció el «Prêmio Jovens Curadores» y los ganadores de esta año, Ana Rocha y Goura Nataraj, han participado como comisarios en diferentes espacios en colaboración con otros curadores invitados. Meyer muestra un gran interés por crear conexiones y que haya una retroalimentación, una continuidad, del trabajo de unas ediciones en otras, como parte de esa vocación de crecer y echar raíces que persigue la Bienal. En esta línea, en otros casos, se trata de curadores o críticos de amplia experiencia que ya estaban vinculados al proyecto o que son invitados por el curador general, quien a su vez – aunque Meyer no utiliza estas palabras – es designado directamente. En este sentido, el proceso parece no ser tan transparente y equitativo como en el caso de los jóvenes curadores y plantea una vez más una pregunta general que es fundamental a la hora de construir políticas culturales: ¿quién cura a los curadores?
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05. Bill Viola

Vídeo Three Women de Bill Viola en la catedral de Curitiba
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Visiones Críticas

En el tiempo que pasé visitando la Bienal y en contacto con agentes culturales independientes de Curitiba, detecté algunos aspectos cuestionables que quería compartir con Luiz Ernesto Meyer. En primer lugar, y a pesar de esa vocación de conectar con los ciudadanos, mi percepción fue precisamente la de una cierta falta de información y accesibilidad: las localizaciones de la Bienal no siempre aparecían señalizadas, el personal de las instituciones participantes no siempre era capaz de ofrecer información de los eventos y, sin duda, en las calles de la ciudad – y entre muchos ciudadanos de a pie – había muy poco rastro de que se estuviese celebrando un evento de semejantes dimensiones.

Durante nuestra conversación, Meyer me hizo saber que algunos de estos problemas logísticos se debían a los recortes presupuestarios que está enfrentando el país y que, evidentemente, han afectado directamente a esta edición de la Bienal. Por este motivo, en el momento de mi visita, la edición de la guía de bolsillo – que debía funcionar como hoja de ruta integral y manejable (más allá de la web) de todos los espacios y eventos – todavía no se había podido completar, igual que la distribución de los catálogos. Evidentemente, nos dice Meyer, un evento de esta magnitud conlleva infinidad de problemas. Por ejemplo, me cuenta que poder exponer la obra de Bill Viola en la catedral fue un proceso costoso, que implicó numerosas negociaciones hasta que todas las partes estuvieron de acuerdo con las condiciones. Pero estas negociaciones son necesarias y valen la pena para que la obra haya podido estar ahí. A pesar de todas las dificultades, la Bienal ha hecho enormes esfuerzos por anunciarse en espacios públicos y también por desarrollar un programa educativo inclusivo – que se hacía evidente, en el momento de nuestra conversación, en la cantidad de grupos escolares que llegaban al MON para visitar las exposiciones de la Bienal.

La segunda cuestión, que ha sonado entre artistas y en instituciones culturales independientes, e incluso participantes en la Bienal, es la de su relación tensa con el tejido cultural de la ciudad, bajo la impresión de que la Bienal fagocita y supedita el resto de la vida artística. Meyer manifestó  – a pesar de ser consciente de que ante algo tan grande no se puede contentar a todo el mundo – un firme compromiso – que creí en su momento y que me consta que ha cumplido – de dialogar con todo el mundo. Y, sobre todo, una voluntad de rectificar para mejorar. Por ejemplo, me explicaba que en la edición de 2013, la convocatoria de artistas para el Circuito Universitario-CUBIC recibió numerosas críticas. La cuestión central era que la convocatoria estaba abierta únicamente a universitarios estudiantes de arte, dejando fuera a gran cantidad de jóvenes que, sin estar directamente vinculados a estos estudios, estaban desarrollando un trabajo artístico relevante. Las críticas se tuvieron en cuenta y la convocatoria de este año se abrió a todos los estudiantes universitarios, independientemente de su ámbito de formación.
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06. Le Parc

Vista general de la exposición de Julio Le Parc en el MON
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07. Le Parc

Continuel Mobile Inox de Julio Le Parc en el MON
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Lo mejor de la Bienal…

¿Cual ha sido, para Luiz Ernesto Meyer, la obra o el proyecto más interesante de la Bienal? ¿Ha habido una obra o artista favorito de esta edición? A falta de uno, Meyer, me enumera una lista de cinco proyectos.

En primer lugar, la muestra de Julio Le Parc. Coincido con él en que se ha tratado de una retrospectiva excelente del artista, en la que – en línea con la propia propuesta de Le Parc – ha sido posible enfrentarse a una realidad alterada a través de la luz. La experiencia de las máquinas y artilugios de Le Parc, en el escenario oscurecido de la gran sala del MON, ha sido – también a mi parecer – uno de los platos más fuertes de la Bienal de 2015.

En segundo lugar, Meyer elige la instalación Between You and I de Anthony McCall, que ocupa el espacio del Palacete dos Leões. Sin duda, la inmersión en ese espacio articulado por el humo y los rayos geométricos de luz constituyen una experiencia inmersiva única para todo el que haya tenido ocasión de visitar la instalación.

El vídeo Tres Mujeres de Bill Viola también ocupa un lugar destacado entre las preferencias de Meyer. Se trata de una pieza en la que, en el ciudado estilo visual del artista – que explora un tiempo expandido – tres mujeres de diferentes edades recorren el camino de ida y vuelta a través de una cortina de agua – elemento también omnipresente en el trabajo de Viola. La poética de la imagen y el discurso, sumada a los efectos visuales en juego entre el color y el banco y negro – y sin duda, al espacio simbólico creado en su exhibición en el interior de la catedral – han hecho que fuese, seguramente, una de las piezas con más capacidad de emocionar.

Otro proyecto que Meyer destaca es el de Jeongmoon Choi, una instalación de hilo que, a través de la iluminación con luz negra, convierte el espacio de una de las salas de MON en una red de cables que crean la falsa impresión de estar iluminados y que podemos atravesar para experimentar su geometría cambiante desde diferentes ángulos.

Un último proyecto que Meyer destaca – a pesar del interés que ha mostrado por otros, como los ya mencionados de Regina Silveira o Carlo Bernardini- es el Café Bueno del catalán Antoni Miralda, que es precisamente el mejor ejemplo de cómo la Bienal dialoga con la cultura local, dándole visibilidad, incluso para propios los habitantes de curitiba.
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08. McCall

Between You and I de Anthony McCall. Vista de la Instalación
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….Y la Cultura Local

El proyecto de Miralda es resultado de una investigación presencial del artista sobre esa cultura local, que le llevó hasta la figura de María Bueno – una santa popular de Curitiba a la que se atribuyen milagros y a la que muchos curitibanos rinden culto. Meyer reconoce que él, como tantos otros, había oído hablar del fenómeno, pero nunca había tomado conciencia de sus dimensiones hasta el proyecto de Miralda.

Meyer me ofreció la posibilidad de ser partícipe de ese fenómeno de la santa, y antes de llevarme a visitar la exposición del MUMA sobre espiritualidad y a conocer directamente la instalación de Miralda, nos detuvimos en en cementerio de la ciudad. Sin saber muy bien qué esperar, le seguí hasta llegar a la tumba de María Bueno, donde todo lo que me había explicado durante nuestra charla se materializó en algo que sólo entonces entendí realmente. Alrededor del mausoleo de la santa – presidido por su figura y visitable a ciertas horas del día – cientos de placas de los devotos, extendidas por los muros adyacentes, agradecen directamente a la santa la concesión de alguna «gracia». Independientemente de las creencias de cada uno – comentábamos con Meyer – la experiencia de estar en ese espacio – que en el tiempo que permanecimos allí recibió la visita de jóvenes y mayores, haciendo ofrendas y peticiones – hace que uno se cuestione la fuerza de estas creencias y hasta dónde tienen algo de real.

Al llegar al MUMA, la instalación de Miralda – ese rincón del museo convertido en Café Bueno, con su menú diseñado a medida para y a partir de la «leyenda» de María Bueno, inspirado en la santa – adquirió una profundidad que no sé si habría sabido apreciar igual sin la experiencia previa. Aunque me quedé con las ganas de probar el menú, ya que sólo se servía a ciertas horas, también considero que el de Miralda – aunque mucho menos mediático que otros de proyectos aquí mencionados – es sin duda uno de los trabajos a destacar en esta edición de la Bienal.
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11. Maria Bueno

Placas de agradecimiento a Maria Bueno en el cementerio de Curitiba

09. Cafe Bueno

Vista del Menú en el Café Bueno de Antoni Miralda
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El Futuro

En nuestra conversación pregunté a Meyer por su visión de futuro de la Bienal, considerando que el modelo ha sido ampliamente cuestionado en los últimos años. Muy consciente de esas críticas que ha recibido el sistema de Bienales, y contrariamente a quienes lo consideran un formato agotado, Meyer cree que, precisamente, la Bienal de Curitiba es un ejemplo de que todavía le queda mucha vitalidad. Me explicó que la Bienal de Curitiba está en pleno proceso de expansión, y no sólo por si misma. Su coincidencia con la 10º Bienal de Mercosur en Porto Alegre, y desde este año, con la recién nacida y también vecina Bienal de Asunción (Paraguay), establece un eje estratégico de difusión en el Cono Sur que parece llamado a seguir consolidando este tipo de eventos.

Esperamos que así sea, y que el cierre de esta edición de la Bienal sea sólo el comienzo de  lo que vendrá en 2017.
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12. Jeongmoon Choi

Vista de la instalación In.Visible de Jeongmoon Choi
en el MON. Foto: Guilherme Artigas
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Más información: http://bienaldecuritiba.com.br
Agradecimientos a Luiz Ernesto Meyer y Gabriel Castro.