Modelos colaborativos y Saberes compartidos. Redes, Creatividad e Interculturalidad | HERMAN BASHIRON MENDOLICCHIO

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El creciente interés en los modelos colaborativos, las prácticas participativas y los aspectos sociológicos de las Redes, se vincula y forma parte de un más amplio proceso global de transformación cultural, social y económica.

El modelo colaborativo de las Redes, más allá de su estética participativa e interconectada, se está afirmando también gracias a la actual crisis – o replanteamiento, reformulación – económica y a la consiguiente reestructuración sistémica de nuestra existencia. Compartir se convierte en una fórmula de ahorro, de redistribución, de exploración y explotación inteligente y sostenible de recursos, materiales, relaciones y conocimientos.

El sistema-red – y su evolución – está evidentemente vinculado a diversos aspectos tecnológicos, pero hablar de redes hoy no significa enfocarse exclusivamente hacia los elementos técnicos y comunicativos que las conforman o definen, sino más bien significa hablar de personas, de individuos y de colectivos, del desarrollo de las relaciones humanas y de los lazos económicos, políticos, sociales y culturales que comparten.

El avance social y comunicativo hacia un modelo abierto, plural y compartido se desarrolla gracias a las inmensas posibilidades de establecer relaciones y contactos (profesionales, personales, etc.), de forma inmediata y cómoda, a través de Internet y de sus múltiples herramientas online.

El “estar conectado” parece que se ha convertido en la condición universal más imprescindible del planeta. Como afirma el profesor Juan Martín Prada: “Es evidente que, en nuestras sociedades, estar conectado casi de forma permanente y ser usuario de las plataformas y redes sociales está dejando de ser una opción para convertirse en un estado necesario, en una condición para la no exclusión” [1].

El dilema sobre si la participación virtual en las redes produce un estado real de inclusión o más bien de exclusión social; la cuestión si estamos ante el gran auge de la pluralidad o ante un profundo e insondable panorama de individualidades; las preguntas sobre los efectos de las nuevas formas comunicativas sobre la identidad y el ser en la era digital, etc., quizás todavía necesiten un tiempo y una distancia para ser elaboradas y analizadas correctamente. En todo caso existen respuestas múltiples y al mismo tiempo, sobre estas cuestiones, nos podemos encontrar con muchos aduladores y detractores, con muchos tecnofílicos y tecnofóbicos.

Según el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky: “El individuo parece cada vez más descompartimentado y móvil, fluido y socialmente independiente. Pero esta volatilidad significa en mayor medida desestabilización del YO que afirmación triunfante de un sujeto dueño de sí mismo” [2].

La condición de fuerza y/o de debilidad del individuo en la sociedad contemporánea, la especificidad del “sujeto conectado” y su efectiva o supuesta libertad a la hora de navegar y comunicar a través de la red Internet, son indudablemente cuestiones abiertas que hay que tener presente en toda investigación sobre la relación entre cultura, sociedad y las tecnologías de la información y de la comunicación.

Los códigos, a veces invisibles, que predefinen las comunicaciones online y la enorme influencia de empresas, multinacionales y aparatos del capitalismo en la construcción de los nuevos modelos sociales, constituyen otros aspectos a considerar de fundamental importancia. Tal y como comenta el profesor Prada: “Y si en la expansión de la conectividad las posibilidades de comunicación y contacto se han incrementado enormemente, al mismo tiempo esas posibilidades están siendo fuertemente condicionadas por unos pocos modelos y patrones de intervención diseñados y gestionados por un cada vez más reducido número de empresas. De ahí que, para muchos, todo ello haya conformado un orden tecno-social caracterizado por la generación de fuertes dependencias de los nuevos sistemas y dispositivos tecnológicos, así como por procesos de inflación comunicativa que tomarían cuerpo a través de formas prediseñadas de interacción social y afectiva” [3].

En cualquier caso, además de reconocer y tener en cuenta las necesarias preguntas y controversias útiles para entender y cuestionar la transformación de la identidad y del individuo en la era digital, es evidente la enorme apertura hacia un mundo de nuevas posibilidades que nos proporcionan las TICs, Internet y las numerosas herramientas digitales contemporáneas. Nuevas formas creativas, nuevos intereses, nuevos conocimientos e intercambios culturales, nuevas prácticas colaborativas e interactivas, forman parte de un paisaje horizontal y universal, ligado a la cibercultura, donde se producen cada vez más nuevos saberes compartidos. Como afirma la investigadora Margarita Rodríguez Ibáñez: “La aparición de la Web como lugar de sinergia intercultural va estrechamente unida al concepto de cibercultura, en la medida en que es el nuevo espacio cibernético el que proporciona no sólo nuevos intereses culturales, sino la capacidad de conectar al usuario con algunas disciplinas en las que no tenía interés activo, pero que, al crearse nexos de unión entre ellas, se facilita el desarrollo de nuevos vínculos y con ello una cultura más extensa y participativa. El ciberespacio hace conectar diferentes pensares, uniendo a personas que no tienen más que algún interés como elemento «yuntivo», creando una fuerza acumulativa de saber para la humanidad” [4].

La evolución de este nuevo espacio de acción engendra un cambio radical de modelo que afecta a las formas, las prácticas y la esencia del conocimiento, que estimula la interculturalidad, que impulsa la creación participativa – o co-creación –, que favorece el intercambio y la difusión del saber y promueve nuevos paradigmas de colaboración. Según afirma Jesús Martín-Barbero: “La convergencia digital introduce en las políticas culturales una profunda renovación del modelo de comunicabilidad, pues del unidireccional, lineal y autoritario paradigma de la transmisión de información, hemos pasado al modelo de la red, esto es, al de la conectividad y la interacción que transforma la forma mecánica de la comunicación a distancia por la electrónica del interfaz de proximidad. Nuevo paradigma que se traduce en una política que privilegia la sinergia entre muchos pequeños proyectos, por sobre la complicada estructura de los grandes y pesados aparatos tanto en la tecnología como en la gestión” [5].

En el ámbito de la cultura y de las prácticas contemporáneas vinculadas al arte, es interesante reconocer y analizar la multiplicación de casos y proyectos sin duda innovadores y originales.

La influencia de las nuevas aplicaciones y herramientas tecnológicas, la curiosidad que desde siempre han provocado y desatado en el imaginario de los artistas y la infinita proyección que prometen en el proceso de creatividad, ha empujado y sigue empujando a los artistas y a los diversos profesionales de la cultura a que investiguen y aprendan las capacidades y las funciones de los nuevos dispositivos. El empleo de los nuevos medios más que un objetivo es una necesidad: la necesidad de ampliar los horizontes y liberar toda la imaginación creativa a través de todas las herramientas posibles.

La experimentación en las intersecciones entre nuevas técnicas, nuevos medios y arte – como por ejemplo la que hacían diversos miembros de la vanguardia futurista con la radio – se ha ido multiplicando en las últimas décadas hasta incluir en la creatividad artística todos los elementos típicos de la comunicación. Tal y como explica el crítico de arte italiano Germano Celant: “La fuerza dominante de las técnicas emergentes en el curso del siglo XX, como la fotografía y la radio, el teléfono y el fonógrafo, la grabadora y la televisión, el cine y las computadoras, halla hoy su propio tiempo “natural” que las hace convivir y entrelazar sin ningún problema. De hecho, lo que fue considerado por las vanguardias históricas, desde el futurismo hasta el surrealismo, el futuro, o sea la “decodificación” del territorio de lo imaginario, consecuencia de la caída de todos los límites y fronteras entre las artes y técnicas, se ha convertido en el siglo XXI en un sistema establecido y reconocido. En el “cuerpo” del arte, o mejor dicho de la creatividad, pueden entrar todos los elementos comunicativos y discursivos” [6].

Yolanda Domínguez, Pose Nº5, 2013

La creación de obras, performances y acciones artísticas colectivas ha sin duda renovado su fuerza y su carácter debido al poder de llamamiento, confluencia, plasmación y difusión propio de las nuevas herramientas digitales. El vídeo Pose Nº5, de la artista Yolanda Domínguez, se inserta en este espacio de acción creativa, deriva de la reflexión sobre el poder de lo colectivo y abarca no solo la dimensión estética del arte sino también su capacidad de crítica y participación social. El proyecto, tal como lo define la misma artista, es un: “Vídeo de acción colectiva dirigido por Yolanda Domínguez en el que mujeres anónimas de distintas partes del mundo reproducen la pose de campaña de Chanel 2013 para evidenciar lo ridícula, artificial y despectiva que resulta la imagen de la mujer en las editoriales de moda” [7]. Además de la crítica central de la obra sobre el sistema de la moda y su fábrica de representaciones discutibles, el trabajo apela a la creación colaborativa como modelo muy atractivo de éxito: “Creo sinceramente que hay algo mucho más interesante en el éxito de la colectividad conectada que en el éxito individual, en el alcance de un proyecto cuando trasciende a la propuesta del creador” [8].

La relación entre arte, información y comunicación, sobre todo en su función de crítica social y política, es cada vez más estrecha; y lo ético y lo estético se funden, muy a menudo, en la misma investigación artística. El arte es entonces un territorio híbrido e ilimitado, que se puede relacionar con múltiples ámbitos distintos. Como afirma Jesús Martín-Barbero: “La convergencia entre servicios tradicionales y nuevos, que introducen las redes virtuales, debe ser asumida como desafío a la vez pedagógico y ciudadano, ya que en ella se juega la estratégica relación entre información, interacción creativa y participación social” [9].

Los modelos colaborativos presentes en tantas creaciones artísticas se desplazan y reproducen en los más dispares ámbitos de la cultura y de las demás disciplinas del conocimiento humanístico y científico. En el ámbito de las prácticas curatoriales es interesante mencionar el proyecto de investigación #opencurating realizado por el equipo curatorial Latitudes. Partiendo de una reflexión sobre la Web 2.0, sobre las prácticas del “periodismo abierto” y sobre la creciente demanda de participación y transparencia en las esferas políticas, sociales y culturales de nuestro tiempo, “#OpenCurating indaga cómo los proyectos de arte contemporáneo pueden funcionar más allá del tradicional formato ‘exposición y catálogo’, de modo que puedan formar parte de la red de información que existe en el mundo de hoy. #OpenCurating se enfoca en las nuevas formas de interacción entre los públicos – sean seguidores en red o visitantes físicos – con obras de arte, su producción, exhibición y su contexto discursivo” [10]. A través de una serie de diferentes estrategias conversacionales (una discusión en Twitter, una serie de diez entrevistas y un encuentro-conversación público) el equipo de Latitudes ha querido analizar los nuevos comportamientos en el arte y en la comunicación, el modelo de producción compartido de saber y su circulación.

Otro ejemplo en el ámbito curatorial que explora los modelos colaborativos propios de la red es el proyecto “Exposición expandida” [11]. Promovido por diferentes bloggers culturales que, gracias a su constante presencia en las redes sociales y su conocimiento de los lenguajes de la comunicación online y del arte contemporáneo, han transformado sus espacios virtuales en un proyecto experimental de comisariado colectivo. Un claro modelo colaborativo que utiliza las redes y las herramientas digitales para crear y vehicular conocimientos compartidos.

La fascinación por las redes, por la fluida circulación de saberes y por los nuevos modelos colaborativos, ha llegado también a tener una clara influencia en el contexto de las ferias de arte. Un ejemplo nuevo, y ya bien conocido, es el proyecto ARCO bloggers, impulsado desde 2013 por la feria ARCOmadrid y concebido cada año por diferentes profesionales del sector. Para la edición 2014 del proyecto, titulada ARCO(e)ditorial y desarrollada por Martí Manen, se pretende reflexionar sobre “qué significa trabajar con texto, imagen y movimiento desde la red en relación al arte contemporáneo” [12].

En el ámbito museístico, académico y de investigación existen también muchos proyectos que reflexionan sobre la innovación en cultura, sobre las nuevas formas de conocimiento en red y sobre las diferentes relaciones y sinergias entre disciplinas y saberes. En esta línea – orientados hacia el contexto de la ciudad de Barcelona – hay que mencionar los proyectos del CCCB Lab [13]; la serie de encuentros “Nuevas Fronteras de la Ciencia, el Arte y el Pensamiento”, en sus últimas fases coordinados por el que fue el ámbito de Ciencia del Arts Santa Mònica dirigido por Josep Perelló; y el proyecto colaborativo Sistemes Oberts. Experimentalitat artística i creativitat científica, impulsado por el MACBA, el Instituto de Educación del Ayuntamiento de Barcelona y la Universitat de Barcelona. Un proyecto dirigido a profesores, alumnos, artistas y científicos para descubrir y examinar colaborativamente la hibridación y la convergencia entre las prácticas artísticas y científicas [14].

Los ejemplos aquí brevemente descritos, nos presentan un panorama en constante transformación. Los ámbitos de la creación artística, del comisariado, los museos, las instituciones públicas, las entidades privadas, etc., están adoptando cada vez más modelos colaborativos y participativos, capaces de estimular nuevos intereses, de difundir nuevos saberes compartidos y de abrir nuevas puertas y nuevas posibilidades creativas y profesionales. Como afirma Jesús Martín-Barbero: “Las redes digitales no son únicamente un lugar de conservación y difusión de los bienes culturales y artísticos, sino un espacio de experimentación y creación estética” [15].

La investigación sobre las redes y su alcance intercultural e interdisciplinar, la exploración de modelos colaborativos y participativos, así como la formulación y circulación de saberes compartidos, constituyen un fascinante desafío que abarca no sólo los ámbitos de la comunicación, el arte y la cultura, sino la entera composición y estructura del conocimiento.

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NOTAS:

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[1] PRADA, Juan Martín. Prácticas Artísticas e Internet en la Época de las Redes Sociales. Ediciones Akal. Madrid, 2012. Pág. 25-26.

[2] LIPOVETSKY, Gilles. Los tiempos hipermodernos. Editorial Anagrama. Barcelona, 2006. Pág. 88.

[3] PRADA, Juan Martín, op. cit., pág. 26.

[4] RODRÍGUEZ IBÁÑEZ, Margarita. Cómo la Red ha cambiado el arte. Ediciones Trea. Gijón, 2012. Pág. 75.

[5] MARTÍN-BARBERO, Jesús. “Convergencia digital y diversidad cultural”, en: DE MORAES, Dênis (ed.), Mutaciones de lo Visible. Comunicación y procesos culturales en la era digital. Paidós. Buenos Aires, 2010. Pág. 153-154.

[6] Traducción libre al español. Texto original en italiano: “La forza dominante di tecniche emergenti, nel corso del ventesimo secolo, come la fotografia e la radio, il telefono e il grammofono, il registratore e la televisione, il cinema e il computer, trova oggi un suo tempo “naturale” che le fa convivere e intrecciarsi senza alcun problema. Di fatto quanto era considerato dalle avanguardie storiche, dal futurismo al surrealismo, il futuro, cioè la “decodificazione” del territorio dell’immaginario, risultato della caduta di tutti i limiti e I confini, tra le arti e le tecniche, è diventato nel ventunesimo secolo un sistema affermato e riconosciuto. Nel “corpo” dell’arte, o meglio della creatività, possono entrare tutti gli elementi comunicativi e discorsivi”. CELANT, Germano. Artmix. Flussi tra arte, architettura, cinema, design, moda, musica e televisione. Feltrinelli. Milán, 2008. Pág. 6.

[7] Yolanda Domínguez, Pose Nº5, 2013. En línea: http://www.yolandadominguez.com/es/pose-n-5-2013.html [Consulta: 30 Octubre 2013].

[8] Ibidem.

[9] MARTÍN-BARBERO, Jesús, op. cit., pág. 159.

[10] Investigadores: ‘#OpenCurating’, BCN Producció 2012, Barcelona, junio 2012–april 2013. En línea: http://www.lttds.org/projects/opencurating/ [Consulta: 30 Octubre 2013].

[11] En línea: http://laexposicionexpandida.net [Consulta: 30 Octubre 2013].

[12] En línea: http://arcobloggers.com [Consulta: 30 Octubre 2013].

[13] En línea: http://blogs.cccb.org/lab/es [Consulta: 30 Octubre 2013].

[14] En línea: http://sistemesoberts.wordpress.com [Consulta: 30 Octubre 2013].

[15] MARTÍN-BARBERO, Jesús, op. cit., pág. 160.

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* Artículo publicado previamente en: VV.AA. Innovaciones Artísticas y Nuevos Medios: Conservación, Redes y Tecnociencia. Universitat de Barcelona. Barcelona, 2013. ISBN: 978-84-695-9407-0

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