Diálogo entre el político y el artista (Homenaje a Luciano) | RAFAEL PINILLA

Político: Que te sean propicios los Dioses, amigo mío; ¿porqué vas por ahí con tan mala cara y con esos amigotes que hacen tanto ruido? ¿Acaso buscáis algo…?

Artista: ¿Amigo? Cuidado con lo que dices: nos hemos reunido para alzar nuestra sonora voz y acabar de una vez con tanto abuso… Esto no puede seguir así; no hacéis nada por resolver los problemas del reino y para colmo de males vuestros negocios desangran las arcas públicas; no se pueden esperar loas mientras favorecéis a los que más tienen y despojáis al resto de lo poco que les queda… Aléjate de aquí no vaya ser que empiece antes de tiempo tu ruina…

Político: ¡Mide tus palabras, deslenguado…! ¿No conoces aquello de no morder la mano del que te da de comer…? Parece mentira que siempre andéis refunfuñando; no os costaría nada ser algo más amables… aunque sólo sea para dar una alegría a aquellos que tienen tan poco y que no dudan en escuchar vuestra música (algo que, por otra parte, diría que necesitáis más que nosotros esos negocios a los que te refieres…).

Artista: ¡Cuanto cinismo! (sin duda aquel huraño que vivía en un tonel y no respetaba ley alguna era más digno de alabanza…). Esto no puede seguir así… con nuestras artes pondremos en evidencia lo que todos sospechan; lo proclamaremos a los cuatro vientos para que día a día crezca el malestar en el reino y con ello vuestro miedo. Sentiréis nuestra amenaza allá dónde vayáis: tenemos en nuestras filas a los mejores para que pinten sin contemplaciones vuestras injustucias…

Político: De eso no me cabe la menor duda; desde hace tiempo habéis encontrado un buen filón con el que comerciar. Me consta que de eso vivís y por eso mismo se os paga (unas veces buenos dineros, otras no tanto, lo reconozco): pero no lo olvides, tenemos un acuerdo que siempre se ha respetado.

Artista: ¿Acuerdo? Aquí nadie ha acordado nada: nosotros vamos a lo nuestro y no nos sometemos a vuestros dictados. Tenemos que comer, es cierto; pero si podemos utilizamos vuestros favores para poneros en la picota…

Político: Y me llaman a mí cínico… ¿En la picota? Yo no tendría tantas pretensiones si fuera artista (como político es harina de otro costal: por eso trabajo duro en ello). Por lo pronto ya sabéis que nos conviene esa bilis que gastáis; de hecho, es otra buena manera de llegar a acuerdos: os dejamos hacer siempre y cuando se haga lo que vosotros negociáis que es arte. Además, un poco de ruido -o si se tercia mucho- siempre será bienvenido en nuestros reinos…

Artista: No nos subestimes tan a la ligera: tu palabrería huera nada tiene que ver con la nuestra. ¿Acaso no sabes (como decía un poeta amigo) que somos los intermediarios de los Dioses?

Político: ¡Ja! Siempre igual, no tenéis medida… y eso que hasta hace bien poco érais esclavos… Os creéis elegidos, tocados por el poder divino del Demiurgo; pero los Dioses os ignoran (en los jardines de aquel sabio se habló de esa verdad que todo el mundo sabe). Siempre con vuestra cháchara trascendente, y si en un gesto de humildad os olvidáis de ella, vais por ahí diciendo que los políticos no están a la altura de las tareas que exigen los tiempos…

Artista: ¿Acaso no es verdad que no estáis a la altura? ¿Acaso no lo saben hasta los locos que vuestra mediocridad nos llevará a la ruina? ¡No lo niegues maldita sea…!

Político: Cuidado; no te encolerices tanto, que no es propio de tu condición (siempre habéis cuidado las formas de manera ejemplar: la cólera en vuestras artes, no en vuestras personas). Sin embargo te responderé lo siguiente a lo que dices: lo que a todas luces es evidente en los que mandan, rige igualmente en aquellos que no mandan… ¿Quizás sois de otra especie? ¿acaso sois cuadrúpedos o escupís fuego? Me temo que la misma nave nos lleva a todos por los mismos mares. Siempre con vuestra cantinela… ¿Porqué no os dedicáis a la política…?

Artista: ¡Eh, alto ahí!: lo nuestro también es política. ¿No recuerdas las palabras de aquel otro sabio (ahora yo también me dirijo a las viejas autoridades) que nos cerró en las narices las puertas de su reino? Precisamente porque nuestras artes podían ponerlo en peligro; por eso también nuestra tarea es política. Además, es mucho más digna que la vuestra, porque habla con las palabras justas… Y cuando hay que callar, sabemos callar como tumbas… ¡Vámonos de aquí, amigos…! No permitamos que este nos continúe mojando la oreja. A lo nuestro; queda mucho por hacer y no podemos perder el tiempo en sórdidos asuntos. Que sepas que nunca nos llevaréis al redil: tenemos mil artimañas para que acabéis rindiendo cuentas: tarde o temprano terminarán vuestros privilegios…

Político: ¡Os conviene que sea tarde…! Ya sabéis que los que vengan luego tendrán sus favoritos y a lo mejor tenéis que andar mendigando…O partir al exilio… Ea, yo a lo mío; que hay que cerrar tratos importantes en este reino de desagradecidos… Por todos los Dioses, no hay manera de entenderse con estos artistas; y eso que al final acabamos comiendo en la misma mesa… siempre discutiendo de lo mismo… ¡Bah…! ¿Será porque tanto ellos como nosotros -inconfesable verdad que algunos disimulan con sus quejas- queremos gobernar con los nuestros al vulgo…? Eso de ser sólo los acompañantes en semejante arte no los deja vivir tranquilos…

¡Ah! Se me olvidaba… ¡Eh…! ¡Amigo…!: ¡no olvides de acudir hoy al banquete que organizo…! ¡Y trae compañía, que como siempre, invito yo…!