Sensaciones Aumentadas. Entrevista a Scenocosme | MARISA GÓMEZ

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Desde 2003, los artistas franceses Grégory Laserre y Anaïs met den Ancxt, trabajan juntos como Scenocosme. Sus instalaciones interactivas, sus objetos y performances han dado la vuelta al mundo, cautivando con su lenguaje poético a los espectadores y a la crítica.

Anaïs y Grégory nos han hecho un hueco en su apretada agenda para que podemos saber más sobre su trabajo. Esto es lo que nos han contado.

Marisa Gómez: Vuestro trabajo se basa fundamentalmente en la interactividad a través de las intersecciones entre arte, tecnología, sonido y arquitectura. Os interesáis por la experiencia y la sensorialidad. Me gustaría saber más sobre vuestro background. ¿Cómo una antropóloga con formación en bellas artes y diseño y un informático llegan a trabajar juntos y a interesarse por este tipo de prácticas?

Scenocosme: Estudiamos cada uno diferentes disciplinas sin por ello ser científicos, especialistas en un dominio particular. Nuestras trayectorias enriquecieron nuestras miradas artísticas, nuestras sensibilidades, nuestras competencias, en el caso de Anaïs, a través de la antropología y las Bellas Artes, en el de Grégory, a través de la electrónica y los estudios multimediales. Nuestras competencias se reúnen entorno al mismo universo artístico y poético. Nuestras obras, impregnadas de tecnología y de elementos naturales, interrogan nuestra relación con el entorno, ya sea natural y social. Para nosotros, la cuestión de la interactividad pasa por una atención particular a la interacción, donde entra en juego la noción de comportamiento, en el seno de un espacio dramatúrgico definido, que estimula los intercambios y los encuentros entre los espectadores.

MG: A modo de presentación, me gustaría preguntaros también por el nombre de vuestro colectivo, Scenocosme. ¿De dónde viene? ¿Qué significa para vosotros?

SC: Nuestro nombre artístico “Scenocosme” nació a consecuencia de nuestra primera instalación interactiva SphèrAléas. Ésta está constituida por una semi-esfera de 5 metros de diámetro, donde se invita a los espectadores a sentarse en círculo alrededor del espejo hemisférico. Como en una orquesta, y guiados por un director de orquesta, juntos componen universos visuales y sonoros activando los receptores sensoriales. Estos universos son unos “microcosmos” que nacen y mueren bajo la interacción de los espectadores. Dentro de la palabra “Scenocosme” está también la palabra “escenografía”, porque le damos una gran importancia al espectador en nuestras obras. Asociando “escenografía” y “microcosmo”, “Scenocosme” puede traducirse también como “escenografiar pequeños mundos”.

“SpherAleas”. Scenocosme, 2003.

 

MG: En cierta medida, vuestro trabajo se basa en generar nuevas relaciones con el entorno, lo energético, lo biológico. La luz, y especialmente el sonido, juegan un papel importante en vuestro trabajo. Imagino que sois reacios a las etiquetas, pero ¿cómo definirías lo que hacéis, más allá de la “instalación interactiva”? ¿Os sentís próximos a la experimentación sonora, al Light art…? ¿Cuáles son vuestros referentes?

SC: En cuanto a obras interactivas, nos situamos entre la instalación plástica y el espectáculo en vivo. Una instalación interactiva habla ante todo de relaciones, ya sean visuales o sonoras. Más allá de una relación frontal con la obra, procuramos provocar relaciones, intercambios entre los espectadores. Nuestras obras son formas de pequeñas puestas en escena intimistas que privilegian el encuentro entorno a experiencias sensoriales extraordinarias. Por otra parte, consideramos algunas de nuestras obras como “mediadoras” entre los espectadores: obras que viven del encuentro entre ellos. Es, por ejemplo, el caso de Lights Contacts: es un ritual de encuentros que se vive entre dos o más. Con una persona sola, no pasaría nada. El espectador necesariamente debe invitar alguien más a tocar su cuerpo con el fin de crear sonidos y luces que evolucionarán en función de la intensidad energética generada.

Efectivamente, trabajamos mucho con el sonido y la luz, a través de los que componemos lenguajes sensibles. Con Akousmaflore por ejemplo, compusimos un lenguaje vegetal. Cada planta reacciona al contacto del cuerpo humano mediante un sonido, una voz. Significan un carácter, una identidad sonora particular, un comportamiento que tiene un feedback, una influencia sobre la reacción, la emoción y el enfoque del espectador. La instalación Lights Contacts prolonga esta reflexión; en ella los sonidos y las luces se generan por el contacto entre cuerpos humanos. Proponemos una experiencia sensorial mediante la que hacemos audibles y luminosos nuestros contactos energéticos (electrostáticos) con el otro. Este espacio amistoso genera tiempos de intercambio, de divisiones y de encuentros extraordinarios. Las vibraciones luminosas y sonoras se nos aparecen entonces frágiles, dependen sólo de intercambios electrostáticos del contacto entre los espectadores. Las texturas sonoras evolucionan con arreglo al enfoque y a la intensidad energética de los cuerpos. Nos interesamos así por la manera en la que el sonido puede influir sobre las relaciones entre los espectadores. Exploramos su poder de feedback sobre la manera de aprehender al otro y de tocarlo: de la caricia a la sensación de tocar el cuerpo como si fuese, por ejemplo, un instrumento musical.

MG: Lo tecnológico es también un aspecto fundamental de vuestra obra. ¿Cómo es el trabajo técnico para desarrollar una obra como, por ejemplo, Akousmaflore? Supongo que hay mucha experimentación, mucha investigación y pruebas acerca de cómo “traducir” la energía que se genera entre nosotros y las plantas en algo perceptible. ¿Cuál es vuestra metodología de trabajo? ¿Colaboráis con otros técnicos, ingenieros, programadores, etc. o todo el trabajo técnico recae también sobre vosotros?

SC: La mayoría de las veces somos autónomos sobre nuestras creaciones. Pero para cada una de ellas invertimos mucho tiempo en la búsqueda, la experimentación y la reflexión sobre la escenografía y la interactividad. Comparamos nuestras intenciones artísticas con experimentos tecnológicos que abren caminos inexploradas. A menudo asociamos tecnología y elementos naturales, es por ejemplo el caso, para Akousmaflore (plantas), Kymapetra (piedras), Fluids (agua), Ecorces (madera). Desviamos la tecnología con el fin de extraer de ella un gesto, una fibra poética. Lo que nos interesa es descubrir el carácter de lo imprevisible de una obra. Ésta se vuelve interesante cuando escapa a nuestro control, cuando vive por sí misma, ayudada por la tecnología. Además de las interrelaciones sensibles que les proponemos a los espectadores, nuestras obras adquieren así sus propios sentidos aumentados viviendo por mismas, con la tecnología, y con las reacciones que voluntariamente escapan a nuestro control.

MG: Supongo que hay cierta intencionalidad en confrontar/reunir lo tecnológico-artificial con lo biológico-vivo-natural. Además, vuestras obras discurren por el ámbito de los sueños, de lo energético… sugieren en muchos casos (pienso, por ejemplo, en Kymapetra) un contexto íntimo, de meditación y sensaciones táctiles en el que ese componente tecnológico resulta casi invisible. ¿Cómo os planteáis esta relación entre lo tecnológico, lo biológico y lo “casi espiritual”? ¿Entendéis las tecnologías simplemente como un medio para vuestro trabajo o su papel va más allá?

SC: La tecnología nos permite aumentar nuestros sentidos y dejar sentir las vivencias donde menos lo esperamos. Así, centramos la atención sobre el intercambio invisible que tenemos con el medio ambiente y los seres vivos. Cuando hablamos de lo invisible, nosotros evocamos la metáfora de la nube, en su forma incierta, en constante metamorfosis y que escapa a nuestra percepción. Es así como el cuerpo se rodea de una micronube, compuesta por calor, agua, energía electrostática. Esta sombra en movimiento toca continuamente nuestro entorno social y natural, en una escala que va más allá de nuestra percepción. Es en esta reunión tan sutil donde nos inventamos los lenguajes que hacen que las diversas interacciones sean sensibles, audibles. Nuestras sensaciones resultan así aumentadas.

La nube es también una proyección virtual y poética de lo invisible en todo lo que surge como un misterio: una especie de velo continúo entre el cuerpo y el mundo. Lo que significa que todas las cosas no son completamente inteligibles y que, como en una nube, es imposible describir sus contornos precisos. De hecho, no usamos la tecnología para diseñar los contornos precisos de estas nubes. Los sugerimos, dejando la interpretación lo más abierta posible para los espectadores. Dejamos mucho espacio a lo imaginario, comparable al “misterio continuo” evocado por John Ruskin: “el misterio no es solamente eso parcial y variable a lo que las nubes o la niebla sirven tan bien, sino también eso continuo y permanente que corresponde, en todos los espacios, a la infinidad de las cosas ” [1]. Esto sirve, tanto para lo infinitamente grande como para lo infinitamente pequeño; lo invisible se desliza indefinidamente a un nivel cada vez más inaccesible. Entre lo que es y lo que se nos hace perceptible hay siempre un punto ciego que estimula la imaginación. Las tecnologías nos permite inventar relaciones sensoriales aumentadas, pero nuestras obras guardan una parte de reacciones vivas que voluntariamente escapan de nuestro control. Confrontando a los espectadores con los elementos naturales, los interrogamos sobre sus relaciones con el entorno y los seres vivos. Son sus propias historias y creencias las que alimentan cada una de nuestras obras.

MG: Echos, aunque no está en la línea de investigación sobre la interactividad que suele caracterizar vuestro trabajo, personalmente me interesa mucho por su sencillez y su carga poética. ¿Conocéis Years de B. Traubeck?. Cuando conocí esta obra, pensé inmediatamente en la vuestra… Esto me hizo pensar en cómo, con intenciones, medios, miradas y resultados estéticos tan diferentes, se están construyendo tantas reflexiones similares… Parece como si, en nuestra época, las tecnologías nos incitasen a revelar la poética oculta de la naturaleza… ¿Lo veis así?

SC: Cuando comenzamos a crear obras en 2003, muy rápidamente nos pusimos a trabajar sobre las relaciones entre naturaleza y tecnología. Esto viene, ante todo, ligado a nuestra sensibilidad común; jamás pensamos relacionarnos con una tendencia artística.

Nos hablaron de esta obra hace poco, y efectivamente debimos crearla en el mismo momento, animados posiblemente por la misma intuición. Son los azares de la creación artística y ciertas ideas parecen estar en el aire del tiempo. Para Echos, utilizamos un captador piezo situado sobre la cabeza de lectura del tocadiscos. Proponemos así “leer” la escritura del tiempo pasado, ritmada por las surcos de la morera. Amplificando e interpretando sus vibraciones sonoras, Echos se convierte en una obra contemplativa, incluso hipnótica por su ciclo y sus ritmos infinitos. Tiene también algo de humano en su forma, que recuerda un corazón o un cerebro, recorrido por estratos de memorias que jamás desaparecen completamente de nuestro presente.

Cada vez más, nos interesamos por la relación entre el cuerpo humano y la madera. Ecorces es la continuación de esta reflexión. Esta instalación interactiva propone una interrelación sensorial con los materiales del boque. El calor del cuerpo, de la mano o la respiración descubren progresiva y lentamente la intimidad de la materia, de manera visual y sonora. Esta intimidad revelada virtualmente es el espejo del envoltorio interior y psicológico propio de cada individuo. Ecorces hace así referencia a la piel del árbol como la del cuerpo, ambas constituidas por envoltorios sucesivos, ya sean físicos o simbólicos. Sus capas luminosas y vibrantes recuerdan la combustión y la fluidez de la materia, cuyos movimientos escapan a nuestra percepción. Esta materia parece congelada, pero continúa moviéndose bajo la influencia de los cambios de temperatura o de humedad. Creamos también una forma de hogar efímero, poniendo en contacto el calor humano y la madera.

MG: Volviendo a la cuestión de lo táctil que trabajáis tanto, pienso ahora por ejemplo en Light Contacts, que incita a relacionarse físicamente con otras personas. ¿Hay algo de recuperar la conciencia de materialidad en una realidad cada vez más virtualizada?

SC: El tacto es, en efecto, una forma de conocimiento del mundo real. Por otra parte, en su libro El Sabor del mundo, una antropología de los sentidos, el antropólogo David Le Breton dice que “el hombre está en el mundo por su cuerpo. Perder el tacto de los otros es perder el mundo, ser de nuevo el objeto (o más bien el sujeto) de un contacto, es encontrarlo.” Cita también a Merleau-Ponty: “Tocar, es tocarse […] las cosas son la prolongación de mi cuerpo y mi cuerpo la prolongación del mundo que me rodea […]. “[2]

Es verdad que, espontáneamente, orientamos nuestro paso artístico hacia obras que crean un lazo físico, ya sea con los elementos naturales o con otros espectadores. Dibujamos espacios intimistas que favorecen el encuentro físico entre los espectadores ofreciendo experiencias sensoriales que recuerdan estas relaciones frágiles y necesarias que mantenemos con el otro y el entorno. Tanto SphèrAléas como Lights Contacts generan espacios-tiempos particulares, donde el encuentro con el otro es esencial en el funcionamiento de la obra.

La interacción no está únicamente ligada al tacto, sino a la proximidad del cuerpo y de su nube. Hablamos de la influencia del cuerpo en el espacio incluso más que del contacto físico. Acercándonos a algunos centímetros de una planta de Akousmaflore, ésta reaccionará con un sonido grave, pero si la tocamos realmente, el sonido será mucho más agudo. La nube del cuerpo se manifiesta así en su espesor energético. En Lights Contacts, las nubes energéticas de los espectadores toman la forma de “nubes proxémicas”, que, volviéndose sensibles, palpables, permiten jugar con las distancias entre los cuerpos. Las luces y las texturas sonoras evolucionan así según la proximidad y la intensidad energética.

MG: Imagino – también a partir de mi propia experiencia y reacción ante las obras con las que he tenido ocasión de interactuar – que os interesa mucho la respuesta del público ante vuestro trabajo. ¿Qué tipo de reacciones os encontráis?

SC: Eso es lo más importante. Sin la interacción de los espectadores, la obra no existe. No sólo concebimos las obras como puestas en escena intimistas, sino que aprendemos mucho con los espectadores. En función de las culturas, los espectadores no reaccionan de la misma manera. Nuestras creaciones Akousmaflore o Lights Contacts generan espacios-tiempos transgresivos donde las distancias de proximidad tal como se viven en la vida cotidiana se rompen temporalmente. Los espectadores crean cadenas humanas, interpretan las sonoridades metiéndose en escena, sobreactúan o provocan otras interpretaciones sonoras nuevas. Los espectadores hacen la obra, la realizan. Las reacciones son nuestro “regalo”. Pasamos mucho tiempo observándolos meterse en escena, para contar historias.

MG: Actualmente tenéis muchas obras en exposición por todo el mundo y desde 2004 habéis participado en muchísimas otras exposiciones y festivales. Contáis también con múltiples premios. ¿Dónde creéis que radica el éxito de vuestro trabajo? Personalmente, creo que va más allá de la novedad o la originalidad, pero me gestaría saber vuestra opinión…

SC: En que proponemos ante todo experiencias, relaciones fuertes y emocionales con los espectadores. Colocamos siempre lo humano en el corazón de la obra. Es nuestra fuente de inspiración. Cuando creamos una obra por primera vez, pasamos muchísimo tiempo observando y escuchando a los espectadores. Esta atención es fundamental. Siempre tenemos algo que aprender del feedback del público.

MG: Vuestra producción también es muy amplia. Más allá de las instalaciones interactivas trabajáis o habéis trabajado en el ámbito de la performance, la escultura, los objetos, los ambientes… ¿Qué os planteáis para el futuro? ¿Creéis que los rápidas transformaciones tecnológicas que estamos viviendo podrían suponer cambios importantes en lo que hacéis y cómo lo hacéis?

SC: Nos apasiona desviar la utilización clásica de la tecnología en nuestras creaciones. Deseamos poder conseguirlo siempre de manera adecuada e imaginativa. Experimentamos mucho, y de esta experimentaciones nacen las ideas y los gestos poéticos. Creamos recientemente un espectáculo de baile titulado Escales Tactiles con la compañía K-Danse. Se realizó como continuación a nuestra creación Lights Contacts, abordando la cuestión de la proximidad, del contacto físico. Específicamente creamos una escenografía y ropa interactiva. Esta experiencia nos dio ganas de colaborar con otras disciplinas artísticas, particularmente el teatro, la danza, etc. con el fin de enriquecer nuestra visión de la puesta en escena y de proponer nuevas experiencias y relaciones a los espectadores.

Referencias:

[1] Hubert Damisch, Théorie du nuage, pour une histoire de la peinture, Ed du Seuil, Paris, 1972. Ver también: John Ruskin, Sur Turner, Ed. Jean-Cyrille Godefroy, 1983

[2] David Le Breton, El Sabor del mundo, una antropología de los sentidos, Eds. Nueva Visión, Buenos Aires, 2010.

Más información sobre Scenocosme en: http://www.scenocosme.com/