Hacer su tiempo! Más allá de la ubiquidad del presente (PARTE I) | VANIA BALDI

italiano

 

“Dime cómo tratas al presente y te diré que filósofo eres”

Charles Péguy

 

“Recuerdo aquel mes de enero en Tokio, o más bien recuerdo las imágenes que filmé en enero en Tokio. Han sustituido a las demás en mi memoria. Son mi memoria. Me pregunto cómo la gente recuerda las cosas que no filman, ni fotografían, ni graban. ¿Cómo lo ha hecho la humanidad para recordar?”

Chris Marker

 

“La rêverie creadora anima al futuro”

Gaston Bachelard

 

 

Estrategias tácticas en la era de la emergencia

Michel de Certeau, en La invención de lo cotidiano, distinguía los comportamientos y las prácticas sociales en dos tipologías fundamentales: las “estrategias” y las “tácticas”. Las primeras son las que establecen las instituciones, las autoridades políticas, las empresas y los organismos sociales que persiguen objetivos conformes con la reproducción de un sistema determinado. A la segunda tipología pertenece una clase heterogénea de individuos que, aunque se muevan dentro de espacios y de coordenadas predeterminadas por las estrategias, persiguen necesidades y tendencias diferentes e irreductible a las pautas dadas por las primeras. Las estrategias disponen y predisponen y, sobretodo, necesitan de tiempos largos para desarrollar proyectos y realizarlos. Las tácticas por el contrario negocian y simulan el cumplimiento de las expectativas más altas, pero se basan en tiempos cortos, aquellos vinculados a la rehabilitación de lo local y las prácticas contingentes de lo cotidiano.[1] En la comparación de estos comportamientos, de Certeau quiere mostrar la creatividad que subyace al “arte de hacer”, y que opera en los intersticios del tiempo y del espacio hegemónico. Se trata, por tanto, de una clara distinción entre las razones prácticas que se mueven entre lo macro y lo microsocial.

Sin embargo, treinta años después de la publicación de este libro se considera cada vez más borrosa la distinción representada por el erudito francés. No tanto en términos de distribución y jerarquía de poderes, sino más bien en términos de fenomenología, la cual muestra una superposición entre las dos orientaciones. Las tácticas, con sus tiempos cortos, parecen ser las prácticas y los instrumentos cada vez más adoptados por las nuevas estrategias. A través de la figura de la “emergencia” los comportamientos estratégicos se visten de tácticos, por lo menos esa es la impresión que tenemos cuando tratamos de vislumbrar su racionalidad.

¿Qué papel tiene la relación con el tiempo en este escenario? Las tramas de las relaciones de poder, haciéndose (en palabras de Michel Foucault) cada vez más “acéfalas”, trasforman el tiempo invisible en una nueva materia prima de la experiencia social.

 

Brechas del tiempo

El escenario político y cultural que se ha determinado en los últimos años ha redefinido el tiempo presente como una insignia identitaria. Algunos de los eventos más creativos e imaginativos de los últimos años representan una confirmación emblemática de ésta actitud. En el cine, por ejemplo, películas como Memento, Abre los ojos, Vanilla Sky, Eternal Sunshine of the Spotless Mind y otras, despidieron el siglo pasado con una pregunta inquietante acerca de nuestra relación con el tiempo y la memoria. Las sombras de estas historias dan testimonio de la importancia que alcanza la temporalidad, de las preocupaciones que la rodean, así como del intento de manipular su orden. Por medio de paradoxales distorsiones patológicas y debido al complejo entramado del largo plazo, se muestra una tendencia a sufrir y remover aquellas experiencias que llevan a complejas historias de vidas. En estas historias el tiempo, con sus vaivenes, se representa como insostenible, como algo que tiene que ser exorcizado, comprándolo, vendiéndolo y reajustándolo.

¿Qué hace que estos síntomas sean una expresión del tiempo? ¿Que clase de preocupaciones nos provocan estos síntomas? Siempre Michel de Certeau, en un contexto distinto, afirmó que la historia, entendida como la disciplina de objetivar el pasado, por lo menos desde hace tres siglos, ha neutralizado y naturalizado el tiempo[2], olvidándolo y convergiéndolo en impensado. La relación que una sociedad establece con el tiempo histórico que vive es, por lo tanto, lo que se trata de identificar dentro de cualquier investigación histórica culta.

Una crisis del tiempo es lo que experimentamos cuando no sabemos cómo relacionar nuestro presente con nuestro pasado y futuro. Ya no se trata de enfatizar “lo que no es actual” o de erradicar “lo que es contemporáneo” dal nietzschano daño de la historia por la vida. Se trata más bien de cómo poder recuperar el sentido y el valor de una historia hecha por incumplimientos, en lo que hoy en día es un tiempo aún más discontinuo, rápido y generalizado. Para decirlo en palabras de Hanna Arendt, ¿cómo señalamos en nuestro presente el pasado que entregamos al futuro?[3]

Las brechas entre pasado y futuro, que confirman la crítica de la visión acumulativa y progresiva de la historia, no nos indican siempre la misma gramática del tiempo. Dentro de la provincia occidental, las fracturas del presente no son sociológicamente equivalentes a las de ayer, sino que constelan una semántica distinta del tiempo histórico, y por esto se orientan (aunque no siempre) a otro futuro.[4]

 

De un presente accidentado a un presente autárquico

El tiempo es cada vez más omnipresente. No reclama distinciones o emancipaciones a los tiempos pasados y futuros, no sufre ninguna “enfermedad de las cadenas”. La omnipresencia del presente es una de las figuras más representativas del mundo contemporáneo, en la que no hay que apuntar al tradicionalismo, ni al futurismo, ni a la historia magistra vitae, ni a las luminosas utopías, sino más bien al presentismo.

Tenemos poco tiempo y falta de confianza para proyectar nuestros futuros a largo plazo, poca paciencia y escaso interés en la reconstrucción de un sentido de los acontecimientos históricos, resulta casi inútil tejer historias inteligibles que creen puentes entre el pasado, presente y futuro. Detrás o más allá del sentido histórico, este es un aspecto sobresaliente de nuestra cultura del tiempo. Mientras dilatamos el presente, esperamos que se revele, finalmente, con fuerza y visibilidad. Espacio y tiempo se condensan en una serie de experiencias concretas que parecen reactualizar antiguos escenarios antropogénicos. De hecho, Émile Benveniste nos recuerda que la etimología de praesens se refiere a “lo que está delante de mí”, y por tanto, según el significado de la preposición prae, a lo “inminente”, a lo “urgente” y a lo “inmediato”..[5] La experiencia del tiempo presente se refiere al tamaño de la incertidumbre y a la presencia del espacio que lo delimita y lo define. Además, aprender a adelantarnos en el tiempo y en el espacio es parte de nuestro viaje antropológico, igual que lo es mantenernos en equilibrio, pro-ceder mirando a nuestro alrededor.

La experiencia cognitiva del lenguaje y, en general, las técnica de orientación de la comunicación, representa una respuesta específica de los humanos a la accidentalidad propia de su postura. Estar en posición vertical no es simplemente una condición sino una acción. Según Roberto Escobar, retomando el libro de Hans Blumenberg La inquietud que atraviesa el río: un ensayo sobre la metáfora, “estar es un activo de no caer, una respuesta sostenida por el riesgo de caer, es decir, de encontrarse a sí mismos perdidos”.[6]

Lo físico que se refiere al presente histórico se explica con más fuerza en la metáfora de caminar: “el camino es una sucesión de caídas empezadas e interrumpidas, puesto que el acto de proceder es caer adelante, pro-ceder cuyo significado negativo del latín cedere, que lo acerca a càdere, prevalece en lo positivo”.[7]

Es importante, entonces, entender cuántas metáforas más pueden informarnos sobre los comportamientos de hoy, a través de qué categorías socio-temporales podemos representar y explicar ciertas manifestaciones de incitación y participación general a la urgencia, aunque con un espíritu del tiempo arrugado y autotélico.[8]

 


[1] Michel de Certeau, L’invenzione del quotidiano, Edizioni Lavoro, Roma 2001.

[2] M. de Certeau, Storia e psicoanalisi. Tra scienza e finzione, Bollati Boringhieri, Torino 2002.

[3] H. Arendt, Tra passato e presente, Garzanti, Milano 1992.

[4] Boaventura de Sousa Santos, A Gramática do Tempo: Para uma Nova Cultura Política, Afrontamento Editora, Porto 2005.

[5] É. Benveniste, Problemi di linguistica generale, Bompiani, Milano 1994.

[6] R. Escobar, Metamorfosi della paura, Il Mulino, Bologna 2007, p. 123. Estar, para Blumenberg, «requiere un mínimo de atención; no permite la ligereza de lo ilimitado y el llamado dejarse ir, el resignado dejarse caer. En cualquier momento el terreno sobre el que se cae es el mismo en el que se estaba antes. El terreno en el que estamos, sólo puede ser aquello en el que caemos». Véase también Hans Blumenberg L’ansia si specchia nel fondo, Il Mulino, Bologna 1989, p. 84. La inquietud que atraviesa el río: un ensayo sobre la metáfora, Barcelona, Península, 1992

[7] R. Escobar, ob. cit., p. 124.

[8] Pierre Bourdieu ha puesto en evidencia cómo las distinciones y las jerarquizaciones sociales pasan también a través de las diferencias en la gestión del tiempo ordinario. Existe una multitud de categorías de personas según las cuales el tiempo parece quedarse suspendido y sin cualidades (esta es la categoría de los desempleados y de los marginados, que no prevén el futuro, “hombres sin porvenir”), y por otro lado una categoría de personas que produce y orienta el tiempo, manipulando los deseos de los que buscan adaptarse y encontrar una «causa probable». Para Bourdieu, por medio del mantenimiento de las tensiones entre esperanzas y oportunidades se conserva el orden social y se solicita compartirlo. Cfr. P. Bourdieu Meditazioni pascaliane, Feltrinelli, Milano 1997, p. 232-242.