Todo o Nada | VICTOR DA ROSA

 

português

“Nuestra literatura ignora el fútbol, y repito: nuestros escritores no saben saque de banda.”
Nelson Rodrigues
(escritor brasileño)

 

 

Mi convocatoria de los 11 jugadores de la historia de la poesía brasileña debe ser delirante, ofensiva, paradójica y anacrónica; en pocas palabras, no es necesariamente coherente. Fútbol y poesía no son lecciones para medias palabras, digamos: es todo o nada. De todos los sistemas tácticos, para formar esta selección sin pasado y sin futuro, me quedaría con un 4-3-3 suicida, aquél con un volante apenas y dos laterales de apoyo, pues de defensa  ya estamos bastante hartos. Vamos a ella.

La camiseta número 10 y el bracalete de capitán, sin discusión, son de João Cabral de Melo Neto, ya que el boludo, además de todo, era buen de pelota – fue campeón juvenil por el Santa Cruz en 1935, por ejemplo. Fue de la mano  de Cabral que nació aquél que considero uno de los poemas sobre fútbol más fundamentales de la literatura brasileña: el célebre análisis del ritmo lento de Ademir da Guia, lo Divino – “Ademir impõe com seu jogo / o ritmo do chumbo (e o peso) (…)” – pero aún hay algunos otros, como “O torcedor do América F. C.”, equipo de su corazón, y “O futebol brasileiro evocado da Europa”. Y es de las botas de Cabral, por lo tanto – en un equipo con tantos jugadores veloces, haicaístas y minimalistas – que se espera un fútbol con consistencia, determinación táctica y métrica.

Nuestro portero será Carlos Drummond de Andrade – que no era hincha del Cruceiro, del América o del Itabira sino del Vasco. Habiendo escrito innumerables crónicas y algunos poemas sobre fútbol, Drummond fue probablemente uno de los grandes escritores brasileños más adictos al balón. Sin embargo, hay algunos poemas, pienso yo, que son un poco aburridos. Por eso se queda de portero.

Y nuestra defensa – los dos laterales – serán  Coelho Neto, por la derecha, y Mário de Andrade, por la izquierda. Coelho Neto, era hincha del Fluminense y es padre de Preguinho (Preguinho fue el autor del primero gol brasileño en la Copa del Mundo, en 1930), además de haber escrito un poema medio barroco sobre los pies de los jugadores, en el que las metáforas, algunas infames,  proliferan – “Entrar com o pé direito, fazer finca-pé, colocar-se ao pé de, saber onde por o pé, usar pés de lã, não por o pé em ramo verde, tirar o pé do barro…” – también fue protagonista, con Lima Barreto, de una de las primeras polémicas sobre la validez del fútbol en Brasil. Tal polémica, además – especie de rivalidad literaria que se ha producido durante todo un siglo – es reproducida en otros términos por diversos escritores en los años siguientes.

En este panorama, hay una curiosidad: Oswald de Andrade, que está en nuestro equipo, parece ser el mayor chaquetero del debate, pues si muchas veces atacó el fútbol y sus hinchas – en “Carta a um torcida”, texto publicado en su libro “Ponta de lança”, el poeta modernista habla mal del fútbol, comparándolo con un circo romano, hecho para distraer las masas – también escribió un poema sobre la gira del equipo de Paulistano por Europa, en 1925. Manuel Bandeira, por otro lado, en un texto sobre Mário de Andrade, nuestro Beck nacionalista – para que no se diga que no hay nada de patriótico en mi convocatoria – sin medir  las palabras  disparó, aún en 1923: “Es imposible hacer poesía en Brasil sin hablar de foot-ball”. Sea como fuera, de la euforia popular al estilo telegráfico, el fútbol ciertamente deja algunos vestigios en la obra de Mário, o si no el poeta no hubiera comprado la pintura cubista de André Lhote, aún en 1924, titulada justamente “El fútbol”.

En el lateral izquierdo va Paulo Leminski – pues, un poeta que escribió algo como “manchete”: “chutes de poeta / não levam perigo à meta”, hemos de estar de acuerdo en que no puede ser convocado como atacante. En realidad, como se dice, a Leminski no le gustaba mucho el fútbol. Tenía la costumbre de asistir apenas a la Copa del Mundo o, como mucho, a una final ardiente entre los equipos: Atlético y Coritiba. Leminski era, distraídamente, atleticano. Y tal vez sea eso lo que explique su otro poema ludopédico: “quero a vitória / do time da várzea // valente / covarde // a derrota / do campeão // 5 x 0 / em seu próprio chão // circo / dentro / do pão” En la otra banda, una revelación: Francisco dos Santos, poeta, editor y corinthiano, que organizó la antología “Os 11 contra. Os 11 a favor” – con un equipo de escritores brasileños y otro de argentinos – y escribió un poema que explica la relación entre el fútbol brasileño y la elipse: el vacío  y la finta – tesis que José Miguel Wisnik desarrolla, recientemente, en su “Veneno Remédio”: el fútbol y el Brasil. El poema de Francisco describe, también a través de algunos recursos visuales, principalmente los espacios, el gran gol que Pelé no marcó: “(…) você fica aqui, / você ali, / zeugma, (…)”

Otra escena conocida del fútbol, ahora una escena de Mané Garrincha, es el motivo de un soneto del hincha del equipo de Botafogo: Vinícius de Moraes – que hacía ironía de Toquinho cuando su compañero jugaba al fútbol con los amigos, quizás por celos, pues detestaba el fútbol – el medio-campista lírico, cínico y paquete de nuestro equipo. “A um passe de Didi, Garrincha avança / Colado o couro aos pés, o olhar atento / Dribla um, dribla dois, depois descansa / Como a medir o lance do momento”, escribe Vinícius, en los primeros versos (todos decasílabos) de “O anjo de pernas tortas”, y sigue aún narrativo: “Vem-lhe o pressentimento; ele se lança / Mais rápido que o próprio pensamento, / Dribla mais um, mais dois; a bola trança / Feliz, entre seus pés – um pé de vento!” Garrincha, nuestro héroe sin ningún carácter, al lado de Pelé, con su aura de mágico, se convirtió probablemente en tema del mayor número de poemas sobre fútbol, además de haber sido motivo de uno de los más importantes documentales sobre el tema: “Garrincha, alegria do povo”, de Joaquim Pedro de Andrade.

Con el número 8, componiendo una media-cancha desvariada al lado de Vinícius de Moraes y João Cabral, para dar más velocidad por las bandas y pasar de lo lírico a lo neo-concreto, está Ferreira Gullar, discreto hincha del Vasco , aficionado diletante, que escribió un poema lleno de cortes sobre el gran momento del fútbol, como dice el cliché: “O gol” – y de hecho se trata de un poema que, con rimas directas y ritmo rápido, maneja de modo habilidoso incluso con clichés : “A esfera desce / do espaço / veloz / ele a apara / no peito / e a pára / no ar / depois / com o joelho / a dispõe a meia altura / onde / iluminada / a esfera / espera / o chute que / num relâmpago / a dispara / na direção / do nosso / coração.”

Es con este poema de Gullar que el carioca Carlito Azevedo, que jugará más suelto entre el medio-campo y el ataque, con un fútbol más cadencioso, en un poema titulado justamente “O primeiro gol”. Es con el poema de Gullar que, en mi lectura, Carlito hace una pared en los últimos versos: “sabia que mais dia menos dia / (ou trinta anos depois) eu lembraria / mas eis que tudo volta, é a memória / em busca das partículas de história: / e nova e novamente se derrama / a bola em plena rede, sua cama, / de novo a alegria, as espinhentas / manhãs soltando fogo pelas ventas / de novo a tarde cai e o sol se pondo / dá de efeito / na estrela solitária do meu peito”

En fin, nuestros dos delanteros delanteros punta son Oswald de Andrade y Régis Bonvicino, para poner fuego en el partido. Oswald, que escribió uno de los primeros poemas sobre fútbol de nuestra literatura – “A Europa se curva ante o Brasil” (una crónica de la gira del Paulistano por  Europa, llena de elipses, ironías y goleadas) – jugará como punta de lanza, pues una de sus características es actuar tanto por la banda izquierda como por la derecha, . Bonvicino, a su vez, jugará en la posición que siempre quiso: “esse jeito / de meia- / armador (cerebral / distante) // é pra disfarçar / a vontade / de ser // goleador / centro-avante”. Y a ver si Nelson Rodrigues tenía  razón.