De los infinitos de Arthur Omar a lo sinfín de Val del Omar | LELA MARTORANO

Imprescindible en la historia del cine, de la fotografía y de las artes visuales en Brasil, Arthur Omar es un artista autentico y multifacético. Su inquietud ante el arte y los medios técnicos lo llevo a hacer aportaciones sustanciales, desarrollando nuevos modos de pensar y producir cine y fotografía ya a partir de los años 70. Recientemente el Ministerio de la Cultura le concedió el premio de la orden del mérito cultural, pero Arthur Omar se recusó a recibirlo de las manos de un gobierno que considera ilegítimo (consecuencia de la destitución de la Presidenta Dilma Rousseff), y afirmó que no podría aceptar el galardón pues esto estaría en contra de lo que cree y en contradicción con su obra. Por supuesto una obra transgresora, libre, poética nada tiene que ver con un gobierno que ha tomado el poder por una maniobra al margen de la constitución. Pese a que la situación política de Brasil está a cada día más siniestra se celebra actitudes íntegras como esta, que representan la resistencia de la clase artística a todas las barbaries que están sucediendo en contra de los avances sociales y culturales conquistados en los últimos años. Es cierto que no existe arte sin libertad y libertad es un aspecto clave en la obra de Arthur Omar.

Su más reciente exposición “Outras Portas da Percepção”, es un desdoblamiento de una investigación teórica, creativa, experimental y sensorial, que resultó en el libro Antes de ver – Fotografia, Antropologia e as Portas da Percepção[1]. El libro que combina imágenes fotográficas y fragmentos de textos, es una teoría de la percepción fotográfica o una “antropología estética”, como define el artista. La fotografía es la “ciencia” que auxilia y materializa su propósito y que en sus manos es capaz de aprehender y revelar un sentimiento – como en “Antropología da face gloriosa” de 1997 (una serie de retratos que captan momentos de éxtasis en el carnaval de Rio de Janeiro) – o una experiencia radical de la percepción como en la “Menina do Brinco de Pérola”, obras que son parte de la nueva exposición. A través de la naturaleza propia de la fotografía, de ser una imagen fija en el tiempo, Arthur propone un movimiento que surge de la percepción activa del espectador. Las imágenes están vivas y los textos van poco a poco revelando el proceso creativo del artista, hasta el punto que teoría, imagen y experiencia se mezclan.

El secreto está en observar atentamente, puesto que en la superficie de sus imágenes fotográficas (elementos como el agua, el fuego o cristales) aparecen y desaparecen figuras que sugieren rostros o mascaras. El acto perceptivo es para él un “acto violento” y en constante desdoblamiento, o sea, exige envolvimiento por parte del espectador y como alerta el artista español Antoni Muntadas: “la percepción requiere participación”. Según Arthur, son “fotografías proyectivas” y que se conforman a través de juegos de la percepción situados entre las tensiones invisibles que se establecen entre uno y otro proceso perceptivo. En esta “nueva óptica” creada por él todo ocurre antes de ver, antes mismo de que el acto de la visión se consolide en objetos y reconocimiento, como “una ciencia de la pre-figuración”. El proceso descrito en el libro, así como las fotografías en la exposición, provocan ese movimiento que ocurre en una sucesión de etapas y de percepciones, y que va de la producción hasta el momento final en que la imagen es vista. La fotografía es el principio y el fin, señalando un especial interés por aquello que todavía no hemos visto y que para el artista, sin la fotografía no sabríamos como ver: “no utilizo la fotografía para descubrir cosas nuevas de la realidad, mas utilizo la realidad para descubrir nuevas cosas de la fotografía”, afirma.

Llama la atención su libertad y capacidad en describir tal proceso (es como se tuviéramos dentro de su mente), que ocurre casi a nivel espiritual y que da lugar a constantes descubiertas. En este juego que posé un sinfín de posibilidades generadas muchas veces por la casualidad, provocase la transformación y la auto transformación a niveles superiores de la realidad. La intensificación de la percepción pretendida por el artista da a ver otras superficies, con espesuras y detalles suspensos o nuevas imágenes que no estaban previstas en el origen o en el momento de la captura.

Portada del libro Antes de Ver de Arthur Omar, 2014

La desconstrucción de la técnica y del lenguaje, el ímpetu creador y la voluntad de expandir las sensaciones y percepciones son ingredientes también encontrados en la obra y en el carácter de un artista español poco conocido, de mismo apellido: José Val del Omar. El granadino nascido en 1904, fue un gran (re)inventor del cine, responsable por las experiencias más vanguardistas en el campo de la imagen en España. Además de crear nuevas técnicas de producción, concepción y exposición de imágenes, también formuló muchos conceptos que expandieron la idea del cine y de la fotografía, con el intuito de provocar ese movimiento perceptivo y hacer el espectador parte activa de la obra.

La “visión-táctil[2] y el “desbordamiento apanorámico de la imagen[3] que llevaba la imagen fuera de los límites de la pantalla, evidenciaban que su concepto de cine iba más allá, y que hoy en día podría ser considerado un “Post cinema” o “Cinema de exposición[4], término acuñado pelo crítico francés Philippe Dubois sobre la capacidad de contaminación y expansión del cine y su vinculo con las artes plásticas.

Val del Omar dedicó gran parte de su tiempo a la exploración tecnológica, inventando cantidad de dispositivos ópticos, sonoros, mecánicos y electrónicos para expresar su inquietud durante la dictadura de Franco y en un contexto tan poco propicio para el experimentalismo. Ha dejado una obra fragmentada e inconclusa, aun que en notas de sus últimos años, dejaba abierta las infinitas posibilidades de nuevas versiones y reconfiguraciones de sus obras.

 

desbordamiento apanorámico, José Val del Omar.
Aguaspejo granadino
. Película, 1953-’58

 

Partiendo del documental o del estudio antropológico, ambos artistas han sabido comprender en las imágenes de la fotografía y del cine, el espacio-tiempo, los desplazamientos, las infiltraciones y los desvíos operados por los aparatos técnicos, más también en el campo subjetivo, las sensaciones y percepciones operados por la memoria. Es evidente en sus trabajos el deseo en relacionar teoría y práctica, el objetivo y el subjetivo, la materia y el espíritu, el instinto y la consciencia. El arte es esta conexión, el punto exacto donde la espiritualidad se cruza con la ciencia, y de todas las cuestiones que enlazan las obras de estos artistas, quizás sea esta la más sugestiva. La necesidad de una reeducación de los sentidos y esa actitud casi mística delante del arte, más allá que el propio estudio de la imagen y de la técnica.

 

Manuscritos de Arthur Omar en las páginas de su libro Antes de Ver, 2016.

 

Las teorías y términos estéticos creados por ellos son parte de la experiencia sensorial y establecen una nueva lógica de mirar y de pensar el subjetivo. Existe una preocupación profunda en intensificar o transformar la percepción del espectador, que crea sus propias ideas, sensaciones y asociaciones de acuerdo con sus experiencias. Para eso, es necesario que las portas de la percepción estén limpias y así todo entra en movimiento, advierte Arthur. Para la percepción todo es posible y sigue en abierto: “Si las puertas de la percepción se purificaran todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito”, escribió el poeta William Blake, y que sirvió de inspiración para las investigaciones de Arthur Omar. Val del Omar hablaba de una “mecánica de lo invisible” o la mecamística del cine y creía que este nuevo ingenio sería capaz de hacer el hombre vislumbrar el infinito.

 

Manuscrito de Val del Omar, 1959.

 

Los elementos primordiales como el agua, la tierra o el fuego aparecen como metáforas o como materias que dan origen a todo. En Aguaespejo Granadino, uno de los tres cortometrajes del Tríptico Elemental de España, la obra más conocida de Val del Omar (rodados entre 1953 y mediados de los sesenta), él crea formas fantasmales mediante la congelación de fotogramas y dice que “el agua es el espejo de la vida del hombre” y que es como el origen y sentido del todo: “es el flujo acuoso, de composición esférica, al igual que la coexistencia y concomitancia de Oriente y Occidente, de lo terrenal y lo etéreo, confabulando un divino misticismo, majestuosamente figurado en los laberintos sensoriales de la Alhambra que irradian magia, vida y multiculturalismo[5]”.

 

Fotogramas de Aguaespejo Granadino, Danza del agua, José Val del Omar, 1953-’58.

 

La materia plástica y la imagen fluida del agua también aparecen en las fotografías de Arthur y que para él son “zonas flotantes de humores acuosos como la mirada humana”.

 

Fotografías de la exposición “Outras portas da Percepção, Arthur Omar.
Oi Futuro Flamengo, Rio de Janeiro, 2016.

 

Formas abstractas a partir del agua en movimiento.
Fotografía, Arthur Omar.

 

Así como los cuatro elementos se relacionan y hacen diferentes asociaciones produciendo variadas formas, la confluencia de los medios y las experiencias visuales propuestas por ellos también proporcionan el desarrollo de una particular relación entre poesía, mística, experiencia e imagen. Entre la “percepción táctil” de Val del Omar y los procesos mentales y juegos de percepción de Arthur Omar, han surgido “nuevas ópticas”, “lirismos audiovisuales”, “antropologías estéticas”, “cinegrafías libres”, “acasos proyectivos”, “documentales abstractos”, “neopercepciones audiovisuales” donde el saber no es nada, como decía Val del Omar y el “ver es solamente la semilla”, reitera Arthur Omar.

 

Fotograma de la conclusión de Aguaespejo Granadino, Sinfín. Val de Omar

 

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[1] OMAR, Arthur. Antes de ver – Fotografia, Antropologia e as Portas da Percepção. Editora Cosac Naify, São Paulo, 2014.

[2]Visión-tactil” o “tactilvisión” – técnica basada en una iluminación parpadeante, consistente en un programa de efectos pulsatorios con regulación independiente en cada butaca del espectador. Val del Omar concibe la tactilvisión como un tratamiento “cubista” de la iluminación. La luz como “vibración, palpitación, latido, diferencia, desnivel”…”Hay que convertir las distintas luces que inciden en una escena, en distintos pinceles palpitantes, en dedos, en yemas de los dedos, sensibles a las superficies que palpan.” (en: BONET, Eugeni. Amar: Arder Candentes cenizas de José Val del Omar) p. 9. www.valdelomar.com

[3] El principio del “desbordamiento apanorámico de la imagen” consiste en una doble proyección concéntrica de imágenes, para la que al parecer utilizaba diferentes dispositivos. Entre ellos, un juego de lentes especiales que se acoplaban al proyector o proyectores. (De hecho, según él. ambas imágenes podían estar contenidas en la misma copia, utilizando uno de los formatos de película que había desarrollado, aunque parece que recurría más bien a otros dispositivos más rudimentarios.) La primera imagen se proyecta normalmente sobre la pantalla propiamente dicha, siendo enmarcada por la segunda imagen, de tamaño cuatro veces mayor y en proyección que se desborda por techo, paredes y suelo de la sala (y, por tanto, sobre el patio de butacas y los espectadores mismos). (en: BONET, Eugeni. Amar: Arder Candentes cenizas de José Val del Omar, p.5) www.valdelomar.com

[4] “Cinema de exposición” designa un conjunto de propuestas de artistas que buscan utilizar el “material” film en su obra plástica, o inventar formas de presentación inspiradas (o que hacen acordar) los efectos o las formas cinematográficas …(…) todavía tendiendo a subvertir el ritual tradicional de recepción de la película (sala oscura, espectador sentado en su silla, duración padrón impuesta etc.) (en: DUBOIS, Philippe. Cinema, vídeo, Godard. Cosac Naify, São Paulo, p. 28).

[5] GIJÓN, Alba López. Gota-Hervor Eléctrico / Fluido Suspenso. Universidad de Granada/ 2013 2014.