Espacios híbridos y reescrituras urbanas El caso del MAAM – Museo dell’Altro e dell’Altrove di Metropoliz_città meticcia | CRISTINA GRECO, ELIA CORNELIO-MARÍ

 

 Italiano

  1. Introducción[1]

En la zona periférica oriente de Roma, existe un experimento de regeneración urbana, donde el arte literalmente es la trinchera que protege a una comunidad formada por migrantes que han llegado a Italia de lugares tan lejanos como el Perú, Ecuador, Norte de África y Este de Europa. Este sitio se llama en italiano Museo dell’Altro e dell’Altrove (Museo del Otro y del Otro Lugar), un juego de palabras que hace referencia a la visión que sus creadores y habitantes comparten: una sociedad integrada, un lugar alternativo, que reivindica el derecho a habitar privilegiándolo más allá de la especulación inmobiliaria.

Localizado en el número 913 de Vía Prenestina, el Museo dell’Altro e dell’Altrove di Metropoliz_città meticcia (MAAM) ocupa las instalaciones de la antigua fábrica de salames Fiorucci, que permaneció abandonada por muchos años. Después de un arduo proceso de regeneración, hoy día el MAAM es un centro de actividad creativa que reúne activistas disímiles movidos por ideales comunes: por un lado los doscientos migrantes y marginados que en 2009 ocuparon la fábrica para habitarla; por otro lado, los curadores, creadores (en primer lugar el antropólogo Giorgio de Finis), y los artistas que con sus obras han erigido una especie de resistencia ante la amenaza de desalojo. El resultado es un lugar donde se activa una relación simbiótica entre la gente que protege al arte y el arte que protege la vida cotidiana.

Mucho se ha escrito ya sobre este espacio único, cuya presencia que se ha visto reforzada por la incansable promoción de sus obras en múltiples catálogos, en el documental “Space Metropoliz” [2]y en Google Street View, que permite al usuario explorar los espacios del MAAM en una visita virtual.

Este ensayo se concentra en analizar la excepcional naturaleza sincrética del MAAM concentrándose en particular en la problemática de la memoria del lugar que lo acoge, en la relación entre arte y vida cotidiana, y en el pacto comunicativo altamente interactivo que propone a sus visitantes.

 

  1. Breve nota metodológica

El artículo nace del encuentro entre los estudios culturales y el análisis semiótico, resultante de la experiencia de un laboratorio didáctico realizado en conjunto como tutores de un grupo de estudiantes[3] para el curso Semiótica de la ciudad y de los lugares del consumo de Isabella Pezzini.[4] Nuestra cooperación no pretende concluir con este artículo, no sólo debido a la complejidad del objeto tratado, sino también por los estímulos que ofrece la perspectiva multidisciplinar.

El MAAM se reveló desde el principio como un objeto semiótico interesante pero al mismo tiempo problemático. El método etnográfico, que nos ha involucrado en una serie de visitas de campo, entrevistas y conversaciones[5], nos ha permitido avanzar una hipótesis de sentido frente a una forma de expresión que nos parece claramente no estabilizada. Por otro lado, el análisis semiótico que considera el espacio como sistema significante, nos ha permitido reconocer en su interior subjetividad e intersubjetividad, así como cuestionarnos sobre su eficacia simbólica. Desde las primeras visitas han surgido algunas preguntas sobre las estrategias discursivas de la construcción de efectos de sentido y sobre el problema de la preservación del recuerdo y la reconstrucción de la memoria del lugar a través los objetos existentes a los que el hacer de los sujetos atribuye nuevo significado y sobre los modelos de uso que se reconstituyen con base en ellos.

  1. La experiencia del MAAM

“Descubre el arte entre las ruinas y maravíllate”, podría ser el lema del MAAM, que se presenta al visitante como una zona creativa que parece en ciertas partes zona de guerra. Sin embargo, el deterioro que sufren las obras es parte central del encanto de este museo, y de su ser excepcional, pues contiene obras de street artists y artistas contemporáneos cuya experiencia se enriquece por su transitoriedad. Pareciera que entre más dañado se encuentra un mural por la humedad, mayor es su impacto emotivo, ya que el daño remite a las condiciones de su existencia y a su función de protector de la comunidad que lo ha inspirado.

Mosaico de materiales, técnicas y personales maneras de expresión artística, el MAAM es producto de una labor colectiva y en proceso, pues los artistas siguen llegando para cubrir con sus obras cada superficie disponible.

¿Quién sería el visitante modelo del MAAM? A nivel ideológico, se espera que acepte la premisa del lugar y al menos comprenda los ideales que permiten su existencia. A nivel de las competencias de uso, este museo propone una actitud participativa que requiere buscar, imaginar, descubrir los detalles en rincones que a primera vista parecen vacíos. En algunas áreas, el visitante debe incluso alumbrarse el camino o acercarse a los muros con la luz de su celular encendida para poder percibir los detalles de las obras. Además, no debe tener miedo a ensuciarse las manos ni a pasar por lugares estrechos y pasajes no siempre iluminados. De hecho, la interactividad es promovida por el propio museo que invita abiertamente a fotografiar, a tocar y a formar parte de la exhibición. En una visita libre no hay trayectorias preestablecidas sino múltiples itinerarios apenas limitados por la privacidad de las familias o el estado físico de algunas salas que podrían poner riesgos a la seguridad. Existe, por ejemplo, un cuarto completo lleno de pequeños robots de madera y cartón que representan la diversidad de culturas. Esa estancia tiene un techo a punto de colapsar por la humedad, pero aún así, en condiciones extremas de deterioro, el arte ofrece una interpretación optimista: un agujero en la carcomida pared posterior se convierte en la luz al final de túnel, la esperanza de integración.

Fig 1

Si la visita es guiada, se agrega un cierto aire de formalidad que recuerda la experiencia de los museos tradicionales, pues los voluntarios ofrecen amplia información sobre los autores, contextos y fechas de creación de las obras. Aún así, el carácter mestizo del MAAM, que es a la vez centro habitado y museo, promueve encuentros inesperados. No es raro entonces que grupos de chiquillos se acerquen a conversar con los visitantes para mostrarles “su casa”.

La oposición de lo público y lo privado es una constante que crea una experiencia de visita única: el arte se infiltra en la vida de los habitantes, mientras ellos siguen inspirando las obras. En este el primer museo habitado del mundo se crea un espacio con reglas particulares donde a un cierto punto se pide al visitante que comparta por un momento las condiciones de quienes ocupan una ex fabrica en ruinas, viviendo una interactividad que nace de la falta de recursos pero se compensa con una carga aumentada de espíritu creativo.

  1. El juego del MAAM

Como observa Jurji M. Lotman, el principal investigador de la Escuela de Tartu-Moscú, cada elemento – ya sea un texto o un fragmento de lenguaje – debe considerarse a partir de las relaciones de reciprocidad que mantiene con los otros. El problema de la heterogeneidad es por lo tanto visto en términos de una condición que caracteriza la semiósfera, término que el semiólogo ruso emplea en analogía con la biósfera de Vernadskiji, para definir un espacio multinivel limitado, fuera del cual no es posible la existencia de la semiósis. Dicha visión enfatiza la coexistencia de los lenguajes y la necesidad de traducibilidad. Lotman emplea la metáfora del museo – un espacio en el que conviven elementos distintos (objetos, inscripciones, instrucciones, los mismos visitantes, etc.) – para restituir la idea de un sistema que presenta una irregularidad de la estructura que se expresa en componentes distintos casi intraducibles entre ellos, que determinan una tensión tal que puede causar la creación de nueva información (Lotman 1985: 64)[6].

Si observamos el MAAM, encontramos un poco de aquella condición de producción de sentido de la cual habla Lotman: la especificidad que lo distingue de otros objetos similares no está dada del hecho que sea un caso de regeneración urbana que se sirve del arte para reconquistar un espacio huérfano, sino que se constituye sobre la base de un discurso múltiple, pluri-isotópico, articulado en torno a tres elementos hegemónicos: la creatividad, el museo y el habitar. Así que la existencia de cosas diversas en el mismo lugar nos permite pensar en un laboratorio que se constituye como invención a partir de reglas rigurosamente limitantes, precisamente aquellas de la fábrica. Encontramos así que aquella idea madurada por Lotman, cuando habla de la naturaleza artística de las estampas populares rusas, que a mi parecer sugiere una visión de los modelos de uso inspirados por el MAAM: este determina un espacio complejo e híbrido, en donde el rol del visitante no consiste simplemente en hacer un recorrido (ya sea predeterminado o no), sino que impulsa a una reflexión más allá de la idea del espacio museístico clásico o de la dimensión interactiva de algunos museos contemporáneos. El MAAM logra sí que el visitante juegue con el texto y al texto (Lotman 2009)[7]; él observa el material, los objetos artísticos, las imágenes de la memoria de la fábrica convocadas por la conservación de los instrumentos de matanza; puede interactuar con los objetos, no a través de una concesión programada, sino al contrario por medio de la ausencia de una prohibición; al mismo tiempo, los objetos artísticos están desprovistos de instrucciones, de un texto que oriente al visitante disponiéndolo a determinadas decisiones interpretativas. Sin embargo, una vez a la semana, como ya precisado (Cfr. párrafo 2) es posible reservar una guía che lleva al visitante a descubrir los orígenes y el desarrollo del MAAM, de las obras artísticas y de sus espacios híbridos. De hecho, la visita termina en un espacio en el cual el visitante puede decidir si regresar o quedarse para tener una experiencia insólita: degustar los platos de la cultura gastronómica preparados por las personas que allí habitan y permanecer en un espacio común regularmente frecuentado por los estudiantes de las academias, los artistas y residentes. De la información estandarizada se pasa así a formas de comunicación extremadamente flexibles, que reflejan la variedad de los estilos y las formas de reapropiación de los espacios abandonados y antes asignados a otros usos. Ya al externo del edificio es de hecho posible observar una contraposición entre los elementos urbanos que señalan una cierta continuidad del tramo vial y las propiedades plásticas y figurativas que hacen del MAAM un elemento de rotura de la continuidad: la vía Prenestina en aquel punto cambia respecto a la parte que se dirige al centro de la ciudad, convirtiéndose en un lugar de pasaje, a dos carriles, particularmente transitado en los días hábiles. Se encuentran además paradas de autobús y, dispuestos de manera frontal con respecto al MAAM, dos puntos de venta de accesorios deportivos y calzado de grandes cadenas comerciales, cuya salida es obligatoria y directamente de frente a la fachada del MAAM. El trayecto se ve interrumpido por la espera de los inesperado (Greimas 1988)[8]: si es el caso que el usuario pase por vez primera se verá atraído por la policromía de la fachada y por la dilatación de las formas sobre el plano de la superficie mural, creada por aquellos que representan casos extremos. Podríamos hablar de una textualidad que recuerda otras experiencias al visitante (más o menos accidental), en un proceso de actualización de las formas expresivas. Se trata, de hecho, de una transversalidad de las formas semióticas, y en particular de una recuperación de materiales ya existentes. Reconocemos el retrato de Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz 2014, realizado por el artista brasileño Eduado Kobra. El título Peace está reconstruido a través del uso del símbolos religiosos que hacen imaginable la lectura.

Fig 2

Desde el punto de vista cromático, la riqueza de los tintes, que no se sobreponen sino que se armonizan, resaltan el rostro, unida al claro oscuro, que lo enmarca aumentando la profundidad y el énfasis dramático de la mirada. Sobre la misma fachada, se encuentra el mural Piedad de Borondo, en donde el cuerpo desnudo no es mostrado en su miseria, sino en su ser fusión con el otro, sensible y atormentado, aspecto que se expresa de manera aún más evidente por la dimensión cromática de los matices térreos y de la líneas desdibujadas. Más adelante el busto de un hombre volteado hacia el otro, del título In alto, realizado por los italianos Lex & Sten, emerge verticalmente respecto a la horizontalidad determinada por los otros dos. La reproducción de los colores se caracteriza por un fondo blanco en contraste con las líneas negras, que dramatizan los rasgos del rostro a través de una técnica particular de recorte del esténcil.[9] La monumentalidad de las figuras, la riqueza de los detalles, la heterogeneidad de la dimensión cromática, los contrastes de las líneas y las formas, estimulan en distintos modos al observador, quien se ve obligado a interrogarse también respecto al interno del edificio. El ingreso está señalado por una entrada que realiza la función de frontera. El límite, marcado por el portón, asume el valor de umbral gracias a la presencia de otros elementos: la dimensión privada se hace notar en los buzones de correo, mientras que la dimensión pública del museo y del espacio artístico-cultural se comunica con una señal turística che juega al “como si”.

Fig 3

Tal alternancia se desarrolla no sólo en la relación entre el interno y externo, sino que se introduce en una articulación de los espacios más allá del portal y en las estrategias de construcción de la significación.

  1. Entre el escenario y los bastidores hacia la construcción del recuerdo

Atravesar el MAAM quiere decir negociar cada vez la propia posición al interno del espacio. Ya desde el inicio el sujeto se encuentra dentro de un espacio que no está completamente cerrado, que representa no sólo el tema de la memoria de la fábrica, a través de la conservación de los instrumentos de la matanza y las imágenes de los animales listos para ser sacrificados, sino también aquel de la construcción de la memoria colectiva, refiriéndose en especial al tema del extranjero y del inmigrante, representado por ejemplo por una obra que hace un tipo de collage de objetos pertenecientes a aquellos que han perdido la vida en altamar.

Fig. 5

A estos, sin embargo, se le agregan los espacios entre bastidores a los que el visitante no puede acceder, si no es con la mirada y parcialmente: son las partes habitadas no completamente distintas de los espacios de la exhibición. En este caso el régimen de visibilidad no es total. A pesar de ello, el sujeto es movido no sólo a interactuar con los objetos expuestos para entender la calidad de los materiales, sino también por la curiosidad hacia algo que le resulta insólito, si pensamos a un espacio expositivo, y que no puede observar en su totalidad. Podemos, de hecho, mirar y ser mirados por los habitantes de Metropoliz. Asimismo, la dimensión privada del vivir cotidiano de los residentes entra en aquella pública, modificando los modelos de uso del espacio público dedicado al arte: los niños interactúan con la guía y con los visitantes (Cfr. párrafo 2). Entre la exhibición y la inaccesibilidad, los espacios tras bambalinas, aquellos del habitar, se distinguen los espacios de la escena, de manera no del todo definida, poniendo en juego subjetividades híbridas. En los espacios habitados, las mujeres sacuden las alfombras, como si fuera un ritual desarrollado en un momento específico de la semana, y en su labor observan y se dejan observar; la misma cosa sucede con quienes habitan aquellos espacios pero al mismo tiempo interactúan con el visitante proporcionándole información sobre Metropoliz, sus orígenes y su estado actual. De este modo, las posiciones de observador e informador coinciden (querer ver y querer ser visto). Además, en un plano superior del edificio es posible visitar los espacios dedicados al aprendizaje, donde los menores, sobre todo de origen Rom, pasan el tiempo después de la escuela, permaneciendo sin embargo dentro de un espacio creativo marcado por una presencia artística fuerte que le rinde homenaje a la función del lugar: muchas óperas relatan la infancia, los temas del vivir juntos y del descubrimiento.

Fig 4

La frontera entre el propio y el ajeno, entre las dos semiósferas, aquella del residir y aquella de los espacios expositivos, se vuelve siempre más poroso, tanto que se hace difícil entender dónde termina uno y comienza el otro.

El MAAM mantiene los rasgos distintivos de la fábrica, y no solamente, pues también afirma el estado de abandono, no lo enmascara y no lo olvida. En este sentido, no podemos hablar de un acto de canibalismo del espacio de la fábrica por parte del espacio museístico, y mucho menos podemos hablar simplemente de la regeneración de un espacio abandonado ahora destinado a nuevos usos. Hablaremos más bien de una traducción entre dos semiósferas de la cual germinaría un tercer texto del todo nuevo y cargado de nueva información, de un sentido inédito y de modos de sentir igualmente inéditos. El viaje en el MAAM de hecho apela directamente sobre el involucramiento del visitante: él puede jugar con el texto y al texto, experimentar la propia experiencia en un espacio que es por momentos angustioso y por momentos lúdico, pasar por varias modalidades, de un poder hacer a un saber hacer y a un no poder no hacer. Su percepción, por lo tanto, no es sólo cognitivo/espectacular, sino también corpórea, en una búsqueda de fusión, que conjuntamente con la presencia de los instrumentos y trayectos, de los murales que relatan las fases de la carnicería, con la oposición de las luces y sombras, sumerge en una dimensión disfórica, que demanda la identificación.

Fig 6

  1. Conclusiones

Al ser un museo efímero e ilegal, el MAAM se presenta como un texto híbrido y ambiguo: entra en diálogo con el arte callejero, pero parte de la calle para englobarla en una exhibición que no está cerrada, pero que tampoco es del todo abierta. Es un espacio en el que se define un recorrido pluri-isotópico de la memoria compartida y del otro, pero que al mismo tiempo es un experimento social – multicultural y multilingüe –, que usa el arte como fortificación, de aquí la metáfora de la trinchera, que pone el acento sobre el conflicto, ya prefigurado desde una de las primeras obras artísticas con las que el visitador se enfrenta.

Figura 7

Por su carácter periférico, el MAAM se aleja del estereotipo de la Ciudad Eterna, pero su existencia misma confirma la vocación de Roma por el arte y la belleza. Recuerda asimismo que Roma es ya una ciudad mestiza, aunque le cueste trabajo asumirse como tal. Es un caso de reutilización de espacios antes destinados a otra actividad; se yergue sobre el preexistente, pero no elimina, no lo limpia de sus especificidades, no arrebata las partes originales de la antigua estructura ni las encierra en una vitrina y tampoco rehace las cosa como eran. Al contrario, permite que las cosas no pierdan la propia identidad, jugando con la relación entre elementos aparentemente distantes, como sucede con el retrato denso de detalles que constituyen una epidermis hablante de Mauro Maugliani, que ha sido expuesto al lado maquinaria industrial.

Fig 8

Es este sentido, cambia el tipo de efecto que se produce sobre el habitante y el visitante, aún más impulsado hacia un involucramiento emocional.

[1] El artículo nace de una reflexión común y es expresión de un proyecto de investigación que aspira a continuar. Por claridad, Cristina Greco ha escrito la breve nota metodológica y los párrafos 3 y 4; Elia Cornelio-Marí la introducción y el párrafo 2. Las conclusiones han sido escritas de manera conjunta.

[2] El documental se puede ver en el siguiente enlace de YouTube: https://youtu.be/R55p-aI0jr0.

[3] Los estudiantes que conformaron el grupo de investigación sobre el MAAM son: Alessandra Berti, Ignazio Gattuso, Gianluca Giordani, Flaminia Salusest.

[4] El curso de Semiótica de la ciudad y de los lugares de consumo, cuya titular es Isabella Pezzini, tuvo lugar durante el segundo semestre de 2016 en el Coris, Departamento de Comunicación e Investigación Social de la Sapienza Universidad de Roma.

[5] Las visitas de campo fueron realizadas entre mayo de 2015 y junio de 2016. Las conversaciones y las entrevistas tuvieron lugar en el mes de mayo de 2016. De las observaciones surgió una entrevista estructurada al fundador del MAAM, el antropólogo Giorgio de Finis, publicada en Rethink Urban Space de Lavoro culturale, disponible en http://www.lavoroculturale.org/il-maam-di-metropoliz_citta-meticcia/.

[6] Lotman, Juri M., 1985, La semiosfera. L’asimmetria e il dialogo delle strutture pensanti, a cura di S. Salvestroni,

Venezia, Marsilio.

[7] Lotman, Juri M., 2009, La natura artistica delle stampe popolari russe, Ferrara, Book Time.

[8] Greimas, A. J., 1988, Dell’imperfezione, Palermo, Sellerio Editore (De l’imperfection, P. Fanlac, Paris, 1987). Trad. it. di Gianfranco Marrone.

[9] Los dos artistas han ideado una técnica del uso del esténcil a la que han llamado de hole school. De aquí la asonancia con la old school: expresión empleada en la cultura hip hop para referirse a aquello que ha hecho escuela en las distintas disciplinas, del writing al mcing y al breaking.