Discurso infiltrado: Entrevista con Gabi Bresola | MANOELA SOUZA

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GABRIELA RETRATOGabi Bresola

La entrevista transcrita aquí es fruto del diálogo entre la artista Gabriela Bresola y yo. Esta conversación tuvo lugar en casa de la artista el día 21 de mayo de 2016, con una grabación de 34 minutos y 72 segundos. Los temas discutidos están relacionados con el deseo de conocimiento del trabajo de la artista Gabi Bresola y con comprender qué significa “arte” para ella y qué la motiva.

Gabriela Bresola, conocida como Gabi Bresola es artista y productora de artes visuales. Vive actualmente en Florianópolis, SC. Nació en 1992 en Joaçaba, en el interior del estado de Santa Catarina. Se mudó a Florianópolis en 2011 y en 2012 comenzó a cursar Artes Visuales en la Universidad del Estado de Santa Catarina/UDESC, donde terminó su licenciatura en el primer semestre del 2016. Gabriela trabajó en la Cinemateca Catarinense, produjo películas y tiene una editora junto con su compañero, Fabio Brüggmann que se llama Letras Contemporáneas y la Miríade Ediciones, donde publican sus trabajos.

Manoela Souza: ¿Podría hablar un poco sobre su trabajo?

Gabi Bresola: Bueno… desde siempre, desde que estaba estudiando artes escénicas e incluso en artes visuales, mi actuación siempre estuvo más relacionada con la producción. La producción – la organización de las cosas – o estar entre bastidores o en toda la parte de planificación, nunca fue un proceso principal. Siempre quise estar pensando en alguna cosa alrededor, produciendo; en definitiva, ese es mi trabajo como artista. Por más que siempre exista esa actuación más fuerte, que es la producción cultural, tengo también mi trabajo artístico propio, que está mucho más relacionado con cosas que huyen del espacio formal de una exposición. No me interesa hacer escultura, pintura, fotografía para colgar en la pared. Me gustan más los circuitos que huyen de eso. Carteles, publicaciones, cosas que transiten, que sean más autónomas, tanto de la institución como de alguna fuerza mayor: financiera, institucional o de curadoría, ¿me explico? De esas clásicas. Entonces, por ejemplo, desde que comencé mi carrera, mis trabajos fueron panfletos… más relacionados con – no puedo decir textos, sería más una tentativa de textos, porque no escribo bien – en fin, siempre relacionados con el texto, la imagen, pero siempre autónomos, más liberales.

MS: ¿Cómo serian esos textos?

GB: Por ejemplo, tengo este trabajo: “Desamarração para o amor” (Desamarras para el amor). Es un trabajo que comenzó cuando estaba estudiando a las Pitonisas. Estábamos trabajando en estética y crítica del arte qué era el amor. Estuvimos investigando sobre eso y yo comencé un estudio profundo sobre la simpatía y las creencias populares… incluso entré en una propuesta con una instrucción para una performance que no ejecuté, solo escribí. Mi objeto final fue un cartel, apropiándome del diseño gráfico popular: “Da Amarração para o Amor” (Del Amarre para el Amor). Contrariando todo lo que el servicio de atar. ofrecía, me propuse a ofrecer lo opuesto. Ese trabajo fue diseminado por toda la ciudad con un número de teléfono real, el mío.

El cartel no depende de un espacio expositivo, sin embargo se expuso en la Sala de Lectura | Sala de Escucha de una exposición. Esa idea de autonomía del trabajo y de un suporte que permite que éste circule es lo que me interesa. Por eso también busco trabajar con publicaciones.

También me apropié de los anuncios de prostitutas, donde aparecen escritos todos los servicios que ofrecen. Sus nombres y lo que escribían era increíble. Fue una investigación en la que leía todas las teorías y no lograba desarrollar mi creación – y la transformé en las prostitutas en sí. Incluí servicios de ellas que yo ofrecía y, si fuese necesario, los ejecutaría. Por ejemplo, estudié a Georges Bataille y lo transformé en la prostituta GeorgiaB: lo que ella ofrecía además de sexo, que estaba implícito, era discutir “La historia del Ojo”. La otra fue Ana Cristina, que se refería a Ana Cristina César, y que cambiaba la frase “oral hasta el tallo” por “lee poemas susurrando y en voz alta”. Otra era Joana S. De Jean-Paulo Sartre, que discutía sobre existencialismo, y por ahí va… También son panfletillos que pueden circular de forma irónica, incluso entrando en un circuito en el que pueden confundirse con los que ya circulan por ahí.

Me interesa estar en aquel huequito que hay en medio de dos círculos del diagrama de Dick Higgins, dándole la mano a Allan Kaprow y a todos aquellos que pensaban el arte en espacios extras, de modo más próximos a la “vida real”.

Confundir, mezclar el circuito artístico con el circuito cotidiano y principalmente popular. Estos trabajos son totalmente populares.

Mi último trabajo en colaboración con Fábio Bruggemann, son paños de cocina con frases contradictorias sobre Dios, creadas a partir de filósofos como Nietsche, Emil Cioran e Jean Paul Sartre. Lo que busco siempre es la idea de entrar en el sistema para poder revertir, cuestionar o crear algún tipo de ruido para poder tener un discurso inverso…

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MS: ¿Cómo, un discurso inverso?

GB: Sí, provocar un discurso inverso. En la calle, en la publicidad o en la propaganda todo viene cargado de discurso. Pensando en mi trabajo, por ejemplo, cuando compras un juego de estos de paños de cocina en la calle, viene cerrado. Cuando llegas a casa, ves que tienen aquella imagen tosca y luego debajo aquellas frases que son o de adoración a Dios, o súper positivas del mundo como si fuera el paraíso o, incluso, con indicaciones moralistas. Yo, particularmente no me identifico y no logro vivir bien con eso. Aquella frase es un discurso. Un discurso infiltrado. Porque llega sin que uno lo pida y muchas veces uno ni se da cuenta. Decidí hacer lo mismo que esas personas y creé “Filosofía del Hogar”, que es una colección de toallitas que se venden como publicación múltiple. Incluso se venden en los circuitos normales de las publicaciones. Ahora planeo ir a venderlas en la calle para provocar lo mismo que las personas me provocan. Me encantaría ver la cara de cada persona llegando a su casa, abriendo la bolsa y leyendo en la toalla “somos todos impostores de Dios que nos soportamos unos a otros”. La imagen y el texto, el diseño, todo igual, pero el discurso diferente. O ver que la persona ni notó mi texto, por ser parte de esa masa de personas que se traga todo lo que viene, de imagen y de discurso. En “Desamarração para o amor”, la imagen y el diseño son idénticos. El poste de “Amarração do amor” es el mismo de “Desamarração para o amor”. Pero el discurso es diferente. Ese es el discurso inverso al que me refiero.

Estamos muy acostumbrados a tragarnos los discursos que vienen; estamos acostumbrados a convivir con esas cosas. Entonces, si existe espacio para esos impostores, de una forma u otra, para esa gente que vende su pescado, yo creo que nosotros también debemos estar ocupando ese espacio, colocando el nuestro. Lo que me interesa es ir al espacio que me hace crear. El público que me hace crear es el mismo que recibe mi trabajo. O por lo menos el que trato de alcanzar. Es bien simple, no sobrepasa mucho de lo que ya vivo y veo.

MS: ¿Las personas te llaman?

GB: No, pero me encantaría que me llamaran. Después de un tiempo cambié de número, tal vez lo intentaron. Voy a retomarlo ahora. Es muy gracioso porque en el caso de “Desamarração” yo estaba estudiando los “Fragmentos de un discurso amoroso”, apuntes de Barthes de contextos que varían desde cuando comenzamos a enamorarnos hasta cuando hay un amor no correspondido y, por último, cuando queremos librarnos de alguien que no amamos. Y “Desamarração” es eso. Estuve pensando por qué las personas no me llamaron. Puede ser porque ya tienen sus amores o porque solo se interesen por atar a alguien. Y entonces, pensar en el trabajo en sí es esperar siempre que llamen, porque sé que si llamaran podría surgir un trabajo nuevo. Pero si no llaman hay que pensar por qué las personas no quieren desatar el amor, por qué no les interesa el servicio de desate. Si ya es difícil amar, ¡imagínate dejar de amar! En fin, es pensar en todo lo que eso representa. Yo imprimí varios carteles, algunos fueron arrancados, hoy ya no veo ninguno. Pero es un trabajo que cada cierto tiempo coloco de nuevo y vuelve.

MS: ¿Firmas los carteles?

GB: No. Son anónimos. Pero algunas personas del circuito de las artes saben que son míos, porque también los vendo. Yo los ofrezco a las personas: la impresión cuesta R$3.50, los vendo por R$5,00. Hay gente que se los lleva y los pega en otro lugar, o los guarda. Y hubo un caso de un amigo artista que lo enmarcó y además me mando fotos. Los desdoblamientos que un trabajo autónomo puede darme son innumerables. Eso es lo que me gusta.

MS: Entonces, ¿tal vez seas reconocida por los muros en los que pegas tu trabajo? ¿y por las personas que te conocen?

GB: Había un trabajo: “¿Busco Vanessas para hablar de amor?” y algunas personas vinieron a preguntarme si era mío. Yo les dije: – “No, ¡nada que ver!” Había otro que era: “CtrlC+CtrlV” y un nombre abajo: “Caio Fernando de Abreu”. Era un trabajo de intervención urbana que no era mío. Pero muchas personas me preguntaron si yo lo había hecho… Pero yo creo que sí, que las personas reconocen. Las personas me mandan piezas publicitarias bizarras y dicen: – “Mira esto, ¡tiene tu cara! ¡Tiene mucho que ver con lo que haces!” Pero esa cosa de la autoría no me interesa. Porque nosotros los artistas hablamos mucho sobre la muerte del autor, pero ejercer la pérdida de la autoría es súper difícil para los artistas. Yo misma ya me sorprendí hablando con todo de reclamo: – “Ah, a la gente le gusta, toman fotos, pero no saben que es mío”. Tenemos un dolorcito de artista, de ser reconocido. Creo que nadie logra cien por cien aceptar la muerte del autor. La muerte de la autoría. Yo no pongo mi nombre en ninguno de esos trabajos.

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MS: ¿Guardas tus trabajos?

GB: Guardo un ejemplar de cada. Trato de guardar, porque a veces se me olvida.

MS: ¿Cómo comenzó tu interés por el arte? ¿Cuál es tu historia con el arte?

GB: Vengo de una ciudad en la que es súper complicado vivir; mi cultura es colonial, la cultura de la tierra. Por más que sea muy bonita, no tiene ninguna herencia cultural, intelectual, en el sentido de cultura de biblioteca, por ejemplo. Nunca tuvimos biblioteca en la casa. El trabajador del arte no es nada valorado, no existe la profesión de artista en el imaginario de la cultura de la que vengo. Pero mi mamá hacía artesanía, siempre pintó en tejas, tejas para hacer cuadritos, paños de cocina, alfombras, hacia cosas con durepox en teteras y ollas viejas. Yo siempre estaba ahí al lado. Ella utilizaba blanco para delimitar el espacio en el que iba a pintar rosas, frutas, esas cosas que son también muy normales en la artesanía del interior. Y yo estaba siempre con ella. Yo creo que eso, de alguna forma, me influenció. Porque siempre estaba jugando con tinta y con las cosas de ella. Y fui desarrollando cosas nuevas en la artesanía, haciendo bisqui… eso puede haberme ayudado a pensar, o a interesarme por el arte de forma más técnica, por el querer hacer. Pero lo que me hace pensar en arte, por descontado, es una cuestión de gusto, viene más por una cuestión de vida. De sentir que sólo tiene sentido estar vivo si se hace arte. Porque hasta mis diez o doce años, el sentido de la vida estaba relacionado con una cuestión religiosa. Porque yo estudiaba mucho religión, era catequista, tenía mil funciones dentro de la iglesia, incluso hacía teatro dentro de la iglesia; cuando me di cuenta de que eso acabó, esa dependencia de sentido de vida se transformó en arte. Yo reproduzco algunas cosas de la dependencia religiosa en el arte. Necesito ver películas, necesito ver exposiciones, necesito leer, necesito ver algo, necesito escuchar algo. Esas cosas me hacen estar viva, me mantienen viva, pensando, produciendo y sintiéndome alguna cosa en el universo.

MS: ¿Cómo rompiste con tu vida religiosa?

GB: Cuando leí “Esperando a Godot”, de Samuel Beckett; fue muy fuerte para mi. Me dí cuenta de que toda aquella historia de felicidad, de subir una montaña entera durante la vida, sufrir mucho durante la vida, batallar y cuando se llega a la cumbre, ganar una recompensa, era todo una farsa. La idea de esperar a Godot, una eterna angustia durante la vida, era real. Godot nunca llega, ese es el tema. No sabemos por qué estamos aquí exactamente, convivimos con un montón de gente que tampoco sabe lo que hace aquí. Y nuestra labor es crear medios para descubrir que fue lo que vinimos a hacer aquí, o por lo menos entender, entendernos unos a los otros.

MS: ¿Cómo es tu proceso creativo?

GB: Mi proceso es percibir las cosas que ya existen. Creo que mi proceso está mucho más relacionado con entrar en lo cotidiano y reconocer los elementos en ello que me hacen pensar. Busco elementos gráficos – por ejemplo, en el caso de “Desamarração” los traigo hacia mi propio proceso, invierto el proceso y los devuelvo al mismo circuito, al mismo espacio. Mi proceso es más de percibir las cosas, traerlas y devolverlas de una forma infiltrada.

MS: ¿Tienes alguna influencia artística?

GB: Tengo un millón de influencias artísticas. Hoy, mucho más de las personas que trabajan con influencias populares como Lady Incentivo que es una Fabiana Faleiros contemporánea, o Roberto Traplev y toda la gente de los años sesenta que estaban en otro contexto, pero que se movían en círculos alternativos como Cildo Meireles o Paulo Bruscky, entre otros.

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MS: ¿Qué lees y qué escuchas?

GB: Todo. Puedo escuchar a Beethoven, pero me interesa mucho más escuchar funk e la música de la calle. Me interesa escuchar anuncios como de CD/DVD, “compro oro”, todo. Pienso que cuanto más escucho más materia prima tengo para trabajar. Dentro de mi proceso creativo de artista es eso, y pasa lo mismo dentro del de la producción cultural. Estoy siempre atenta a todo, soy totalmente abierta y ecléctica, pero siempre me interesa el pueblo. Las cosas que son nativas, lo que se habla, las filosofías callejeras, las cosas populares, que son mucho más verdaderas para mi.

Hoy día leo de todo también, me apoyo en el sentido creativo de artistas más contemporáneos y que cuyos textos encuentro en Internet, como Fabiana Faleiros, Aleta Valente y otras figuras. Últimamente estoy leyendo cosas más relacionadas con investigaciónn, para pensar la edición, la curaduría y un poco de cine… Georges Perec, Traplev, el cine, los textos clásicos de Eduardo Coutinho, Abbas Kiarostami, Alejandro Jodorowsky. Ulisses Carríon, Lucy Lippard, textos de Brasil de los años ochenta que están apareciendo nuevamente en mis investigaciones, Barthes, Ricardo Basbaum, Fabio Morais, en lo que se refiere a libros. Además de rótulos de champú, prospectos de medicinas, menús y panfletos distribuidos por ahí.

MS: ¿Qué piensas sobre las artes visuales de Brasil ahora?

GB: En lo que se refiere a la política de artes visuales, creo que, de forma general, todavía estamos presos en las instituciones museológicas, galerías y estructuras clásicas. Aquí en el Sur, el circuito es casi inexistente: hoy tenemos, por ejemplo, tres lugares de exposición, todos ocupados por el mismo artista. Al mismo tiempo, los nuevos medios de comunicación como Internet, posibilitan una autonomía gigantesca para el artista, las publicaciones de artistas que yo busco también, que me interesan, en las que trabajo y pienso, esas también dan una mayor libertad con respecto a ese sistema. Creo que también ha habido un crecimiento, y creo que es positivo, tanto para la autonomía del artista como para la circulación y el consumo. Esa autonomía no es buena sólo para el artista, sino también para el que está del lado de fuera. De modo general, pienso que todavía somos muy clásicos.

MS: Y ahora para finalizar, me gustaría saber sobre tus sueños…

GB: Creo que no tengo un sueño. Hago millones de cosas al mismo tiempo, siempre estoy ansiosa, siento que el tiempo se va a acabar y todavía me falta tanto por hacer… Nunca pienso sólo en una cosa, la historia del baúl de oro al pie de la colina ya murió; entonces, no tengo un objetivo. Me despierto y lo que cuenta es el día de hoy, esa conciencia de la inestabilidad de la vida, de la no permanencia. Voy a morir en cualquier momento y voy a hacer la mayor cantidad de cosas que pueda mientras eso no pase. Nunca pienso a largo plazo, voy haciendo con lo que alcanza, con lo que hay, dónde estoy.

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Entrevistada por:

Manoela Nascimento Souza es natural de Carazinho, Rio Grande do Sul, 1992. Actualmente vive en Florianópolis, Santa Catarina. Es graduada en Museología. Universidad Federal de Santa Catarina, UFSC.