Nuevos modelos de ciudadanía y la construcción del “común” | A.TITOLO

Entrevista con MODESTA DI PAOLA

Italiano


Villa Figulinas (2015-ongoing).

 

¿Por qué arte público?

Como hemos podido sostener en muchas ocasiones, creemos que la creación artística, en su gratuidad y en su ausencia de protocolos disciplinares que la vinculan con la consecución de objetivos específicos fuera de su propia realización, puede contribuir al proceso de definición de nuevos modelos de ciudadanía y a la construcción de lo “común”, como consecuencia de aquella imaginación narrativa que Martha Nussbaum define una como una competencia especifica e indispensable del ciudadano en la articulación de su relación con el mundo (Not for Profit, Princeton University Press, 2010). El arte, en su acepción que lo define como público, es hot en día partícipe del rediseño de la nuevas formas de política generadas como respuesta a la inseguridad y al sentido de pérdida de identidad que atraviesa la sociedades globalizada. Para a.titolo son los lugares vividos, y en particular el contexto urbano, los que construyen el espacio dialéctico de una acción artística orientada a acoger, en el concepto de “público”, la dimensión compartida del vivir colectivo. Entendido como bien disponible en el espacio de todos, un arte que se reconozca en el significado etimológico del termino “público”, es decir de aquello a lo que “concierne , que se refiere a la colectividad”, constituye una de las respuestas posibles a la mutada fisionomía del espacio y de la sociedad informados por la economía post-fordista, en la perspectiva de aquel “derecho a la ciudad” del cual nos hablaba Henri Lefebvre: el derecho a participar en la construcción y la fruición de la ciudad como obra, en su valor de uso y no en su valor de cambio.

 

¿Quién es el «público» en el arte público?

En nuestra práctica asumen una importancia fundamental el rol y la posición de los ciudadanos en cuanto audience – ya determinantes, desde el final de los años ochenta del siglo pasado, en la reconfiguración de la noción tradicional de public art de matriz anglosajona – y como parte activa y consciente en la definición y en la negociación de los significados, de los valores y de los objetivos del proyecto artístico, así como de su función social. En esta perspectiva, desde los primeros años de este siglo hemos compartido los objetivos y la metodología del programa Nuovi Committenti, promovido en Europa por la Fundación de France e introducido en Italia por la Fundación Adriano Olivetti con ocasión de su primera aplicación en Turín, curada por nosotros en Mirafiori Nord, un histórico barrio obrero nacido y crecido entorno al más importante establecimiento Fiat, en el ámbito del programa de la iniciativa comunitaria Urban 2. La metodología de los Nuovi Committenti tiene la finalidad de que se realicen proyectos encargados por los ciudadanos para sus propios lugares de vida y trabajo, permitiendo a sujetos que no pertenecen al grupo de los que deciden o de los que llevan economía, encargar una obra de arte que responda a su propia voluntad de afirmación cultural, de representación de sí mismos, de relación con los propósitos y el contexto en el que operan, como expresión de una voluntad compartida y con alto coeficiente simbólico, imaginativo y funcional. Nuovi Committenti aspira a difundir una práctica cultural capaz de estimular una mayor participación de los ciudadanos en los proyectos y en el cuidado de los espacios de la colectividad, y afronta de modo innovador, a través de la creación artística, las problemáticas conectadas con la calidad de la vida urbana, la integración social o la recuperación de sitios y áreas degradadas. Hoy, el espacio «público» de la ciudad es cada vez menos accesible a quien lo vive; esto es un fenómeno particularmente evidente en Italia, donde trabajamos, no obstante la retórica de la vitalidad y el potenciamiento creativo de las periferias y la participación “desde el bajo”. En nuestro país, sobre todo en los márgenes de los centros urbanos, la exclusión del ciudadano de los procesos de decisión que afectan al espacio público es un fenómeno endémico, que es paralelo a una falta de responsabilidad que desincentiva el proceso de apropiación de los lugares y, como consecuencia, el sentido de pertenencia cívica y las practicas de cuidado vinculadas a su tutela y a sus función colectiva. El carácter prescriptivo del gobierno del espacio público implica generalmente una responsabilidad a cargo del ciudadano que oscila entre infracción y sanción, subordinada por tanto a lo que no se puede hacer en el espacio público, y no a lo que se debe o puede hacer. La metodología de los Nuovi Committenti, por lo contrario, reclama un principio de responsabilidad, que el ciudadano asume respecto a la colectividad al determinare las decisiones que conciernen todos. El Nuovo Committente no participa, decide, y toma decisiones que interesan en algunos casos la propia comunidad de referencia, pero muy a menudo también la ciudadanía en general. Más en general, el arte «público» se caracteriza por una aproximación inclusiva, propone una nueva legitimidad al rol de los ciudadanos en la construcción y en el rediseño urbano, acompañando de modo no convencional, a pequeña o pequeñísima escala, los procesos de ciudadanía y de empoderamiento. En nuestra experiencia, uno de los aspectos más interesantes de un proyecto artístico compartido es la capacidad de activar mecanismos de deseo que no conciernen a la esfera del consumo y de satisfacción privada de necesidades inducidas.

¿Qué es el «arte» en el arte público?

En los proyectos que curamos, las obras de arte son siempre imágenes generativas que se desarrollan en una condición particular coral para dar voz a un discurso público: imágenes capaces de generar narraciones “situadas” acerca de cómo se trabaja, se juega, se imagina el lugar común. Para toda esta pluralidad de posiciones e imaginarios que se activan cuando se opera en la esfera y en el espacio público sentimos cercana la definición que Jacques Rancière propone en Le spectateur émancipé (La fabrique éditions, 2008) en relación a la función emancipadora del arte entendido como “l’object d’une fiction, c’est-à-dire d’une construction de l’espace où se nouent le visible, le dicible et le faisable”. Tal como lo entendimos nosotros, el arte público es por tanto una acción capaz de «perturbar» el uso ordinario del espacio a través de una situación “de hechos y común”. En los proyectos más recientes que hemos curado – como el Cantiere Barca con Raumlaborberlin en Turín, Futura con Diogene Bivacco Urbano en Rovigo o Villa Figulinas con Orizzontale en Florinas, una pequeña área de Cerdeña, hemos intentado desestabilizar la idea de una arte público, hoy muy difundida, que lo entiende como un instrumento de participación «de consolación» y vehículo de pretendida democracia. En oposición a esta constante espectacularización del arte público, y consecuentemente del espacio público y del público, nuestros proyectos, como los de muchos otros en Italia, se proponen como un intento de salvaguardar la idea de un proceso emancipador que, conjugando la acción, el proyecto y el pensamiento, practique lo posible. También buscamos siempre no perder de vista el objetivo central, es decir, reponer el arte en el horizonte de lo cotidiano de la vida individual y colectiva del que resulta el elemento constitutivo de la forma y de la noción de ciudad.

¿Dónde está el espacio para el arte público?

Querríamos responder que «en todas partes», aunque sabemos después de años de experiencia que no es así. En efecto, no es tanto una cuestión de espacios como de prácticas en y de los espacios: que suceda en el centro o en la periferia de un centro urbano, o más en general de una geografía (definiciones que preferimos sustituir por una idea menos definida de «periferidad” o centralidad que dialoguen mejor con la complejidad actual) – las prácticas de arte público recalan más menudo en paisajes difíciles de definir en los que se entrelazan una infinidad de situaciones y tensiones contrapuestas y en continuo devenir. De todos modos, cada proyecto en el espacio público deberá siempre enfrentarse no sólo con la ausencia del tradicional contexto de validación – y de identificación – sino también con la naturaleza normativa de ese espacio, con su prerrogativa de «espacio estriado» del que hablaban Deleuze y Guattari, y esencialmente, en nuestro caso, de espacio habitado. Se trata de paisajes materiales e inmateriales que necesitan replantear la definición manida de participación en favor de una idea de transformación constante, en la que el arte active una dinámica dialógica que, sin eliminar nunca el conflicto – elemento constitutivo de un proceso de emancipación cultural – interroga el concepto de esfera pública entendida como terreno amplio que acoge reflexiones movidas por urgencias y deseos de tantas y tan diferente comunidades temporales. En casi veinte años de trabajo, nos hemos preguntado a menudo sobre algunos de los que los profesionales del sector consideran no sólo oportunos, sino también estratégicos para lo que concierte a las políticas del futuro urbano y de la cultura. ¿Qué significa la transformación? ¿Cuales son los agentes que operan la transformación? ¿Y cual es el rol del arte en estos procesos y e el tiempo en que vivimos?

¿Cuando es arte público?

En lo que concierne al aspecto temporal es importante reflexionar sobre el marco en el que operamos. La aplicación de Nuovi Committenti en Italia ha permitido retomar una serie de reflexiones interrumpidas y reconectar y evaluar proximidad y distancia, respecto a algunas experiencias poco reconocidas en la historia del arte de nuestro país. Pensamos, en particular, en las experiencias maduradas en los años setenta en el ámbito de una intensa práctica de intervención en el espacio público que tuvo en su principal representante al historiador y crítico Enrico Crispolti. Estamos hablando de la temporada del arte «en lo social», desarrollada en respuesta a la demanda política, participative y cultural generalizada y propia de aquella década. «El espacio urbano – escribía Crispolti en 1975 – se ofrece hoy más que nunca como campo operativo. El espacio urbano no sólo como área física colectiva, es decir, como tejido inmobiliario que es un nuevo espacio urbano practicable por el profesional estético, sino sobre todo como espacio sociológico». En aquel «espacio practicable» se coloca el arte, en aquel campo que es político, y en el que «no es suficiente desplazar una escultura (…) en una plaza, en una calle, en un jardín público, desplazarla centrada o descentrada, en el centro histórico o en el barrio periférico, en la plaza mayor o delante de la fábrica, o quizás en un pueblo, para obtener una verdadera relación dialéctica». (Arti visive e partecipazione sociale, De Donato, 1977).

En lo que concierne a esta época de la historia de arte italiano, nos ha interesado esa huella política, dinámica y generativa de las prácticas artísticas en el espacio público. Se trata de una de las pocas etapas culturales que han intentado poner en crisis las prácticas «paternalistas unilaterales» de las que ya Crispolti avisaba al público, a los artistas y a los profesionales. Puede parecer paradójico que justamente la década por excelencia de la participación social en Italia haya asistido, en cambio, al fracaso sustancial de una acción territorial orientada a la democratización de los lenguajes artísticos para acabar floreciendo en un tiempo, el que vivimos hoy, marcado por la crisis de la representación, por la lógica del consumo aplicada a cada sector de la vida civil, por esa «defensa perimetral del espacio propio» de la que habla el sociológico Aldo Bonomi. Pero no es extraño que el arte público haya adquirido visibilidad y autoridad justo cuando en las democracias europeas se asistía al desmantelamiento neoliberal del estado de bienestar. Con más razón hoy, después de años de incesante crisis económicas que han minado los servicios públicos esenciales, se hace cada vez más evidente una interpretación del arte como instrumento low-cost para resolver problemas. Para muchos teóricos el artista, especialmente si es joven y socialmente comprometido, constituye el modelo y la perfecta víctima de la economía del conocimiento, allí donde el proyecto artístico deje de ser la expresión de una intención voluntaria y no condicionada. Sin embargo, el reciente interés institucional por estas prácticas en nuestro país no se explica sólo en clave instrumental o en el ámbito de estrategias de audience engagement. Hay elementos para afirmar que están tomando forma nuevos modelos de política cultural y nuevas sensibilidades inclusivas, frente a un sistema global del arte – del que Italia es más bien un terminal periférico – cada vez más exclusivo.

Cantiere Barca (2011-2013)

Artists: Raumlabor, Berlin

Venue: via Anglesio, Barca district, Turin

Commissioners: a group of residents in the neighbourhood

A project produced by a.titolo in the framework of the Nuovi Committenti (Nouveaux Commanditaires) programme in partnership with Goethe-Institut Turin and 6th District of the City of Turin, curated by Francesca Comisso and Luisa Perlo, Maurizio Cilli, Giulia Majolino, Alessandra Giannandrea, and supported by Fondation de France, Compagnia di San Paolo, Città di Torino, Regione Piemonte

Futura (2014-2015)

Artists: Progetto Diogene, Turin (Luca Luciano and Cosimo Veneziano)

Venue: Cepol Square, Rovigo

Commissioners: members of the farHE Rovigo network project

Commissioners: a group of residents in the neighbourhood

A project produced by a.titolo in the framework of the Nuovi Committenti (Nouveaux Commanditaires) programme, curated by Lisa Parola and supported by Fondazione Cassa di Risparmio di Padova e Rovigo and Fondation de France

Villa Figulinas (2015-ongoing)

Artists: Orizzontale, Rome

Venue: public park, Florinas, Sardinia

Commissioners: a group of youths of Florinas

A project produced by a.titolo in the framby Luisa Perlo and Gian Gavino Pazzola and supported by Fondation de France and Comune di Florinas

Respuestas a la entrevista de Lisa Parola y Luisa Perlo.

a.titolo es una organización sin ánimo de lucro establecida en 2001 por el colectivo de curadores e historiadores del arte del mismo nombre, fundado en 1997 en Turín por Giorgina Bertolini, Francesca Comisso, Lisa Parola, Nicoletta Leonardi y Luisa Perlo con el propósito de promover el arte que aborda las dimensiones sociales, políticas y culturales del ámbito público. a.titolo produce y cura arte público y proyectos contex-specific, exposiciones, talleres, charlas y conferencias, documentales, publicaciones y programas educativos experimentales, desarrollando un diálogo interdisciplinario entre el planeamiento urbano y las artes visuales.

 

En 2001, Giorgina Bertolino, Francesca Comisso, Lisa Parola y Luisa Perlo fuere elegidas «mediadoras culturales» del programa Nuovi Committenti ((Nouveaux Commanditaires / New Patrons). El programa tiene el objetivo de producir obras de arte público comisionadas directamente por grupos de ciudadanos, y está promovido en Europa por Fondation de France (www.nouveauxcommanditaires.eu). En relación al tema de Nuovi Committenti, a.titolo ha editado el libro Nuovi Committenti. Torino Mirafiori Nord (Sossella Editore, Rome, 2004), el volúmen New Patrons. Contemporary art, society and public space (Silvana Editoriale, Cinisello Balsamo, 2008) y el ensayo Le dèsir comme vertu civile. Reflection sur le rapport entre art, dèmocratie et espaces public en Italie que paarece en el volúmen Faire art comme on fait société Les Nouveaux commanditaires (Les presses du reel, Dijon, 2013).

Desde 2010 hasta 2015 a.titolo estuvo a cargo de la dirección artística de actividades de CESAC, Centro Experimental de Arte Contemporáneo de Caraglio, Cuneo. www.atitolo.it