“Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo”. Entrevista con David G. Torres, comisario de la exposición | CHRISTINA GRAMMATIKOPOULOU

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Hans-Peter Feldmann ‘5 Pound Bill with Red Nose’, 2012. Courtesy
of Projecte SD, Barcelona. Source: MACBA.cat

 

Christina Grammatikopoulou: Este año, considerado como el 40 aniversario desde la aparición del punk, ha estado marcado por diferentes eventos y discursos sobre el fenómeno. Por un lado tenemos, por ejemplo, el “Punk London”, que celebra el punk como un movimiento de cultura nacional; por el otro lado Joe Corre, hijo del manager de los Sex Pistols, Malcolm McLaren, ha planificado quemar objetos de recuerdo del punk rock. ¿Cuál es la posición de la exposición “PUNK. Sus Rastros en el arte contemporáneo” en este contexto? ¿Dirías que representa una celebración del Punk, una disposición subversiva en contra de la comercialización del punk o una narrativa diferente?

David G. Torres: Yo diría que tiene una narrativa diferente. En primer lugar, el hecho de que coincida con el 40 aniversario ha sido pura coincidencia: esta exposición se inauguró en el Centro de Arte 2 de Mayo en 2015. En realidad, volver a pensar al punk como un fenómeno de la intensidad de los años 70 empieza a reaparecer desde hace unos cuantos años. Sin embargo, no es una exposición sobre el punk, es una exposición a partir del punk, es decir, es una exposición que rastrea las influencias que el punk -como uno de los movimientos más importantes del siglo XX- ha dejado en el arte contemporáneo. Lo que rastrea es cómo el punk es el ejemplo paradigmático de una idea de radicalidad en cultura y en arte en el siglo XX, que aparece en el dadaísmo, que aparece en el Situacionismo, que aparece en muchos otros lugares, y que sigue vigente. Por otra parte, nosotros hemos creído que no hay ninguna contradicción en meter el punk en el museo, ya que un museo no es más institucional que una compañía de discos; el punk es sobre todo un movimiento contradictorio, con delimitaciones. Finalmente, yo creo en el valor del museo como lugar de trasmisión del conocimiento.

 

C.G.: La primera parte de la exposición “PUNK. Sus Rastros en el arte contemporáneo” se presenta como un archivo abierto de múltiples facetas, en el que se destaca la extensión geográfica, cronológica y política de punk dentro de la cultura contemporánea: desde el papel de los dadaístas y los situacionistas como los antepasados ideológicos del punk, hasta la presencia del punk en España y en otros países, marcando su significado dentro de un contexto feminista o revolucionario, entre otras cosas. En cierto modo, podríamos decir que se trata de un ARCHIVO de un movimiento ANÁRQUICO –ambos conceptos vinculados con ARCHE en su doble sentido (poder político, inicio). ¿Cuál es el contexto político del punk y cómo resuena dentro de la realidad de la crisis política y económica de los últimos años?

D.T.: Lo primero que te diría es que es una exposición que no es de archivo, no es una exposición de sociología del punk. Es cierto que hay una parte documental, que intenta explicar de manera muy sucinta qué entendemos por punk. Cuando hablamos de punk en la exposición, no nos interesa solamente la explosión que tiene lugar en Londres y Nueva York en la segunda mitad de los años 70, sino cómo esta explosión, que viene de unos antecedentes que recorren el siglo XX, al producirse en medio de la industria musical y en medio de la sociedad de masas, provoca que un montón de jóvenes se sienten identificados alrededor del mundo. Básicamente el punk lo que hace es dar herramientas que ya venían trabajadas desde antes a todos aquellos que se sienten incómodos con el sistema social en el que vivimos y necesitan enfrentarse a ello. Partiendo del exterior, es decir desde los rastros que el punk ha dejado en el arte contemporáneo, la exposición intenta trazar los aspectos más destacados en los que interviene el movimiento. Una de las grandes cuestiones que a mí más me interesan sobre el punk es su contradicción. Creo que es un movimiento que no tiene que ver con las esencias, sino tiene que ver con las contradicciones y con muchos elementos que entran en el juego, relacionados con la cuestión de género, con la cuestión de la sexualidad, con el miedo, con la violencia, con el terrorismo, con la aparición de una sociedad alienada.

 

C.G.: Un número significativo de los artistas que forman parte de la exposición demuestran que la breve historia del punk encaja dentro de un discurso mucho más amplio sobre el arte y la sociedad -por ejemplo, la actitud punk del DIY (hazlo tú mismo) podría resonar en la idea de Beuys de que cada hombre es un artista (1972), igual que la lección de Duchamp que cualquier cosa puede ser arte. ¿Cuáles son los elementos del punk que han inspirado a los artistas que se presentan en esta exposición?

D.T.: Una de las ideas sobre las que más he trabajado en la exposición es que no existen departamentos estancos en la cultura, sino que los productos culturales son mucho más transitables; seamos artistas o seamos espectadores, partimos de una suma de influencias de diferentes lugares. Me gusta más pensar que la referencia a Do It Yourself viene de dos fuentes aparentemente dispares: por un lado viene del ready made y la tradición apropriacionista del arte contemporáneo y del arte conceptual; por el otro lado diría que viene directamente de la música punk, que no solamente se trata de coger una guitarra y tocar lo que quieras, sino también de editar tu disco, montar una discográfica y distribuirlo tú mismo. Es una confluencia de intereses, más que una historia canónica que explicamos los profesores de historia del arte.

 

C.G.: A raíz de la terrible tragedia en Orlando este mes -y también de la violencia recurrente vinculada con el terrorismo y los crímenes de odio- me gustaría hablar sobre los conceptos de violencia y diversidad en el punk, que destacan dentro de la exposición: En el catálogo de la exposición mencionas que tu primer acercamiento a la cultura del punk fue una exposición titulada, según la máxima de André Bretón, “Salir a la calle y Disparar al azar”. ¿Cómo se relaciona la violencia que se presenta en la exposición con estos fenómenos de violencia? Y, por otra parte, ¿cómo la actitud punk ha permitido una mayor aceptación de la gente o las ideas alternativas?

D.T.: El presupuesto contextual de la exposición es que el punk aparece en los años 70 en un momento concreto, que no sólo se manifiesta en la crisis de la modernidad a través de la crisis del movimiento hippy, sino que esto conlleva además la aparición de una situación de terror. Está acompañado de la aparición del terrorismo, pero también de algunos crímenes destacados; por ejemplo, el crimen de Sharon Tate por el Family o el asesinato de Kennedy, son una serie de elementos que vienen a incidir en esta crisis de la modernidad que se va repitiendo. Al mismo tiempo, aparece toda la tensión terrorista de los años 70 -el terrorismo de Baader-Meinhof, de Brigate Rosse, del Septiembre Negro, incluso ETA- que está escogida como una excusa para poder retornar a las políticas más costumbristas y más conservadoras. Esta escena del terror es la que allana el terreno para que lleguen las políticas de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan. En este contexto, el punk aparece como un malestar, como individuos alienados de una sociedad enferma que se sienten oprimidos por ese entorno conservador. Podemos establecer un paralelismo muy fuerte con la situación actual, es decir, cómo el terrorismo –a parte del drama que supone- se usa constantemente como arma y como excusa para el retorno a los valores más conservadores de la sociedad. Solamente hay que ver los discursos de Donald Trump después los terribles atentados de Orlando; la primera medida, según él, no sería sacar leyes que apoyen la libertad sexual y la tolerancia, sino impedir que gente pueda emigrar al país. Este discurso tiene que ver con un costumbrismo de los valores tradicionales americanos -volver a la familia nuclear- que son justamente los motivos para el ataque de un bar de homosexuales en Orlando; se trata de añadir más leña al fuego. Además, alguien cómo Donald Trump va citando a Ronald Reagan como el mejor presidente, mientras Margaret Thatcher últimamente es revindicada por la prensa como la gran primera ministra británica. A pesar de todo ello, yo creo que el Punk es un movimiento fracasado, como la mayoría de los movimientos del siglo XX han fracasado en sus intentos de cambiar mínimamente la sociedad. El punk nace como un movimiento fracasado; Malcolm McLaren dice “fracase otra vez, fracase mejor”, utilizando la frase de Beckett. Por otro lado, sí que es cierto que una de las semillas que el punk ha dejado casi sin quererlo, es que vivimos en una sociedad que es más diversa; el punk representa la diversidad sexual, la diversidad de opinión, la manera de presentarte en el mundo, de completarte y de presentarte en aspecto, es decir, cómo transparentas tus ideas políticas y tu propia sexualidad de forma más abierta. Pero el fantasma del entorno conservador y los convencionalismos de los costumbres es cada vez más evidente. El punk representa una de las máximas recurrentes del siglo XX: que no somos nosotros los violentos, porque nunca hemos sido tan violentos como la sociedad lo es con nosotros.

 

C.G.: Tratar el punk significa tratar el tema de la cultura y la contracultura (o sub-cultura) y, en cierto modo, podríamos decir que estamos en un lugar óptimo para hablar de la interacción entre las dos: El MACBA, una institución oficial, presenta una exposición sobre un movimiento de “contracultura”, mientras al mismo tiempo, el museo (o el espacio que lo rodea) se ha convertido en un lugar emblemático de skateboarding. Según tu opinión, ¿estar el centro de una sub-cultura urbana ha ayudado al museo a ampliar su visión hacia los fenómenos de la contracultura? ¿Crees que la exposición sobre el Punk será bien recibida por la gente que vive y se expresa alrededor del museo?

D.T.: En primer lugar creo que es muy difícil hablar en términos de cultura y contra-cultura hoy en día. Los límites entre la idea de una cultura hegemónica frente a una cultura disidente están cada día más borrados. Yo creo que en este sentido, valdría la pena echar un vistazo a la música como gran ejemplo donde no existe una distancia entre cultura y subcultura, entre cultura y contracultura. Por ejemplo, el Primavera Sound es un elemento de hegemonía cultural y, a la vez, es un elemento de heterodoxia y de diversidad. La red del capitalismo se ha ampliado por todas partes, por lo tanto, hablar en términos contraculturales se nos hace muy difícil, porque es muy difícil estar al margen del sistema. Por otro lado, el MACBA es un museo que se ha caracterizado por tener discursos contra-hegemónicos: durante muchos años ha sido parte de la programática del museo pensar cómo puede desarrollar historias que representen historias alternativas, historias peculiares con respecto a lo que podría ser la heterodoxia de la historia del arte. Yo creo que la ortodoxia de la historia del arte hoy en día es su heterodoxia. No existe más ortodoxia que la heterodoxia, no existe más centro que el exterior; en fin, no existe centro sino que sólo existe periferia. La exposición tiene muchas capas, desde la más superficial que es el punk – esta gran llamada con la que muchos jóvenes se pueden sentir identificados –  hasta capas que hablan de sus razones sociológicas, de la potencia de la imagen, de cómo a partir de este lenguaje se establecen lenguajes de las artes plásticas. Poner el “Punk” cómo primera palabra en el título de la exposición es un reclamo para que mucha gente llegue a la exposición. Así la exposición puede llegar a muchos públicos de la misma manera que la música. No pienso en el arte contemporáneo como un campo auto-protegido o auto-protector, excluyente y excluido, que se siente muy cómodo en su propia dificultad y de esta manera evita de ponerse en la arena pública. Yo creo que hay que ponerse en la arena pública y, en este sentido, creo que es una exposición que está llegando a mucha gente joven.

 

 “Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo”. MACBA,  13 mayo al 25 sep. 2016. Más información: http://macba.cat/es/expo-punk