Aproximaciones entre el movimiento feminista y el antimanicomial | DANIELA LIMA

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“Nosotras, mujeres sueltas, que nos reímos locas desde detrás de las rejas -en exceso de libertad.”
– MAURA LOPES CANÇADO

“Detrás de toda locura hay un conflicto social”
– FRANCO BASAGLIA

daniela-lima-lorenna_lannes_2015Imagen a partir de “Trying to avoid the sun” (2015), óleo sobre lienzo, 24x18cm, de Lorena Lannes.

“El hospicio es ese blanco sin fin, donde nos quitan el corazón a cada instante, nos lo traen de vuelta y lo recibimos: tembloroso, vaciado de sangre – y siempre otro”. La frase de Maura Lopes Cançado parece describir la mutilación del circuito de deseos y afectos de las mujeres internadas en manicomios brasileños a principios del siglo XX. Si el corazón bombeaba mucha sangre, reactivando el flujo de deseo y vida, la institución intervenía, y violentamente.

“Hace cuatro años, se separó del esposo, alegando incompatibilidad de caracteres; a los hermanos les extrañó tal procedimiento, pero la paciente no les dio mayores explicaciones, buscando, desde entonces, vivir separada de todos los familiares. Viviendo de su trabajo en un despacho público, la paciente raramente visitaba a los parientes, pero ellos, ya desde hace algún tiempo, venían notando que sus ideas no se encontraban perfectas.” (Prontuario de M. de P. apud VACARO, 2011, p.55)

Los prontuarios de mujeres internadas en el Hospital Nacional de Alienados y en el Sanatorio Pinel demuestran que muchos diagnósticos se apoyaban frágilmente en discursos de familiares o en comportamientos considerados desviados de los estereotipos de género. Como es el caso de M. do C., internada por ser considerada “de genio independiente” y tener una “inclinación amorosa que contrariaba la voluntad de la familia” (VACARO, 2011). Se pueden cuestionar perfectamente las relaciones entre poder del manicomio y otras formas de poder – como, por ejemplo, el poder patriarcal. Si los mecanismos de poder trabajan de cara a esconder su propio funcionamiento, analizar esos mecanismos y los medios a través de los cuales convierten su propia existencia en invisible es fundamental para producir técnicas de resistencia.

La reciente pose de Valencius Wurch en la Comisión Nacional de Salud Mental hace más urgente comprender en qué modelos se formó y se forma esa resistencia. Wurch no es sólo uno de los célebres defensores da manicomización en Brasil, sino que también fue director de uno de los mayores manicomios de Latinoamérica, la Casa de Salud Dr. Eiras, en Rio de Janeiro. Dr. Eiras fue cerrada en 2009, después de denuncias de malos tratos a los pacientes, que dormían atados en camas de cemento, sin mantas o ropas, no recibían alimentación adecuada y morían de enfermedades de fácil control y curables. Ante ese contexto terrible, cabe retomar la imagen usada por Franco Basaglia, médico responsable de la desmanicomización en Italia, era “un verdadero campo de concentración”.

Poder y normalización

“Genio independiente”, “no obedecía al padre”, “se separó del marido”, “escribía libros”, “trabajaba mucho”, “era perezosa”, “se ha enamorado de un chico”, “cantaba todo el día”, “desobedeció al patrón”, “se quejaba del salario”, “inclinaciones políticas subversivas”. Estas conductas no pueden ser consideradas patológicas per se y tampoco articulan infracciones, en el sentido legal del término. Sin embargo, eran consideradas aberraciones por escapar a las normas establecidas para las mujeres de la época. La repetición tautológica de esos elementos en los prontuarios médicos de grandes manicomios brasileños parecía querer afirmar que aquel comportamiento era una característica de desviación individual – y no el reflejo de un cambio social. A principios del siglo XX, el movimiento feminista daba los primeros pasos, las mujeres empezaban a entrar en las universidades y en la política.[1] Esa insurgencia femenina fue vista como una amenaza al orden social establecido y hubo diferentes intentos de represión para controlar una supuesta “crisis de la familia”. Uno de los mecanismos de control era el poder manicomial.

El desplazamiento de actos, conductas y maneras de ser hacia el campo psiquiátrico es una técnica de normalización. Esas técnicas no son sólo fruto del encuentro entre la normalidad y el género, sino de un poder presente en diversas esferas de la sociedad y que pretende estandarizar formas de existencia y colonizar el saber médico de acuerdo con sus intereses. Según Foucault (2001), el poder de normalización pesa como una violencia continua que algunos (siempre los mismos) ejercen sobre otros (que también son siempre los mismos). Un poder cuya función esencial es prohibir, impedir y aislar, reproduciendo y perpetuando relaciones de poder. En el análisis de los prontuarios, es posible percibir cómo la realidad era aún más brutal cuando entraban en juego diferentes formas de opresión (clase, raza, genero, orientación sexual).

“Un poder que no está ligado al desconocimiento sino, al contrario, a toda una serie de mecanismos que aseguran la formación, la inversión, la acumulación, el crecimiento del saber, soportes institucionales muy diferentes, ya sean los de aparatos estatales, como las instituciones, la familia, etc.” (FOUCAULT, 2001, p. 45)

M. de P. tenía 21 años cuando fue internada en el Sanatorio Pinel, en São Paulo. Según Juliana Vocaro, que investigó los prontuarios de las mujeres internadas en Pinel en la década de 1930, “todos los elementos de demostración de su enfermedad fueron facilitados por su hermano”.

“Para las mujeres, los límites eran mucho más rígidos, y ellas tenían que encajar en lo que era ser mujer, madre y esposa. […] No todas las mujeres que vivieron en la primera mitad del siglo XX eligieron vivir la vida de las formas prescritas. En la población femenina del Sanatorio Pinel, podemos encontrar innumerables historias de mujeres que buscaron cierta autonomía frente a presiones que la sociedad les imponía, pero también mujeres que, aún desempeñando una función delegada en ellas, sufrieron crisis relacionadas con esos roles. Esas manifestaciones, a ojos de las “instituciones reguladoras”, fueron vistas como señales de demencia y desequilibrio mental.” (VACARO, 2011, pp. 10-11)

M. fue sometida a tratamiento de choque con inyección de Cardiazol, un medicamento que provocaba convulsiones tan intensas que llegaban a fracturar huesos – incluso de la columna. Es interesante notar cómo y para qué los medicamentos son utilizados. Antes de eso: analizar los conceptos de cura y enfermedad. M. recibió siete inyecciones de Cardiazol en dos meses internada.

¿De qué fue curada M.? ¿ Por cierto, cual era su enfermedad?

Cultura manicomial

No es posible afirmar que las mujeres internadas contra su propia voluntad en manicomios no estaban pasando por algún tipo de sufrimiento psíquico. Sin embargo, llama la atención que tanto la internación como el alta clínica ocurriesen en función de la voluntad de los familiares. Los diagnósticos se hacían casi exclusivamente con base en relatos del padre, marido o hermano. Muchas veces las categorías médicas eran substituidas por categorías morales en la evaluación. Según Vacaro (2011), es posible notar que, a pesar de los innumerables elementos con que se operaba en la descripción de la locura, como ilusiones y alucinaciones, existían otras formas que, para los psiquiatras, no sonaban menos científicas, como, por ejemplo, pudor, indiferencia por el medio social o por la familia.

“De pronto, ya podemos decir que la forma de ver la locura y comunicar su diagnóstico no partía solamente de un análisis que se pretendía científico – y, por tanto, libre de cualquier juzgamiento –, sino también de la cuestión moral y de los roles preestablecidos, embutidos en todos los pareceres.” (VACARO, 2011, p. 44)

Lo mismo se repite en el caso de Elza, internada en el Hospital Nacional de Alienados de Rio de Janeiro, en la década de 1920:

“La entrada de Elza en el Pabellón fue ejecutada por la policía y a petición del marido, lo que reveló un proceso de internamiento típico, ya que la mayoría de los sujetos vistos como alienados eran internados por requisición policial o por requisición de instituciones similares, siendo también común la incidencia de peticiones hechas por familiares de los pacientes.” (MUÑOZ, 2010, p. 43)

“Según el Dr. Jaime, la ficha de observación se produjo a partir de los relatos dados por el marido de la paciente. Probablemente, eso ocurrió bien por la fuerza del poder patriarcal y del poder reservado al genero masculino, o bien en virtud de la “actitud desconfiada” de Elza – y de su silencio.” (Idem, p. 48)

No es raro encontrar familiares afirmando que las mujeres eran “locas, mentirosas e inventaban cosas sobre la propia familia”. Una lectura contemporánea de los prontuarios muestran claramente que la acusación de locura también servía para encubrir abusos en el espacio doméstico.

“Se enamoró de un chico y ya no quería volver a casa, siendo los hermanos obligados a usar la violencia. […] Inventaba toda suerte de mentiras relativas a las cuestiones familiares y los hermanos se vieron obligados a golpearla en diversas ocasiones.” (Prontuario de C. F. apud VACARO, 2011, p. 51)

Elza se acababa de separar del marido para vivir con otro hombre. C. F. quería mantener su noviazgo con un chico que la familia no aceptaba.

La Reforma Psiquiátrica amenazada: una cuestión feminista

En la década de 1970, Foucault re-evaluó intensamente la separación entre la normalidad y la locura, enseñando que la normalidad había sido tradicionalmente comparada con la tierra firme: una isla, un continente. La locura sería el agua intrusa, repelida por la tierra maciza. La locura sería entonces una figura móvil, arena movediza, ese espacio infinito, esa espuma, forma incierta que parece ponerse en diferentes recipientes para asumir diferentes formas.

Género y locura son moldeados de acuerdo con patrones históricos y culturales específicos. Para ambos, hay una exigencia de conformidad con patrones de género y de normalidad. La no conformidad con los patrones de género muchas veces recibe el nombre de locura, sea para descalificar un discurso o, en última instancia, para excluir a una mujer de la sociedad. En este punto, el movimiento antimanicomial y el feminista se encuentran, ya que el aparato manicomial es usado también para reprimir, normalizar, excluir las diferencias de genero.

No se trata aquí de analizar las diferentes percepciones de la locura, sino de discutir las relaciones de poder que la constituyen en tanto que categoría, tomando en serio la administración de esos ambientes moldeados por el poder que la tomaron por objeto. La locura fue transformada en enfermedad mental por el poder manicomial en una operación permeada por elementos culturales, sociales y políticos históricamente particulares y volubles (FOUCAULT apud MUÑOZ, 2010).

“¿Cómo se constituye el saber psiquiátrico? ¿Cómo consigue éste mirar a un determinado fenómeno, sujeto o experiencia y nombrarlo? […] Esa es una cuestión central que debe ser retomada: la discusión sobre el método de conocimiento de la psiquiatría, su relación elemental con las relaciones de poder de las instituciones, el uso de ese saber como forma de hegemonía, de dominación, de orden público, de control social, de normalización social.” (AMARANTE, 2012)

La Reforma Psiquiátrica fue un movimiento social articulado por pacientes, familiares y la comunidad – no fue un movimiento de técnicos. Provocó una apertura radical de los binarismos cura/enfermedad y libertad/exclusión. La Reforma re-inscribió la psiquiatría en una matriz de derechos humanos, cuestionando la acción del poder manicomial como mecanismo para mantener las relaciones de poder.

Para Paulo Amarante, la Reforma Psiquiátrica es un proceso siempre en expansión. No está plenamente realizada. Es un movimiento que apunta no solamente a la desactivación del manicomio como lugar físico, sino que también se opone al poder manicomial y sus formas de entrelazamiento con otras formas de poder y, consecuentemente, de control. Es necesario destacar que el slogan “por una sociedad sin manicomios” no significa que las personas en crisis graves no serán cuidadas e internadas en enfermerías; significa un cambio en el paradigma manicomial. En 1970, Franco Basaglia ya constataba que manicomios son construidos con el objetivo de controlar y reprimir a los trabajadores que no responden a los intereses del sistema capitalista. Yo añadiría que sirvieron también a los intereses racistas y patriarcales.

Hablar de los casos de esas mujeres no es sólo hablar del pasado: es hablar de la construcción del presente. Wurch fue contra la Reforma Psiquiátrica haciendo declaraciones exaltadas en periódicos y revistas. Su pose en la Comisión Nacional de Salud Mental es una amenaza de que el poder manicomial puede ser otra vez utilizado para reprimir y excluir grupos oprimidos. Es también una amenaza a las nuevas formas de tratamiento que reciben después de la reforma aquellos que están en sufrimiento psíquico.[2]

“Yo pasé un tiempo siendo golpeada, me golpearon mucho. […] Ellos me ataban y [yo] me quedaba en la cama atada hasta el día siguiente. Hoy estoy libre, vivimos en casitas. Estoy feliz.” (testigo de V. apud Malos tratos en la Clínica Dr. Eiras, 2011)

Una de las escenas más impactantes de la desactivación de la Dr. Eiras fue cuando derrumbaron el muro que separaba la clínica de la comunidad. Es para que esos viejos paisajes no se reconstruyan, para que, en nombre de la normalidad, no se deshumanice al otro, para que la locura no sea juzgada por valores ambiguos, por lo que van surgiendo nuevas formas de resistencia.[3]

 

Notas

[1] Conozca la historia de Antonieta de Barros en “Antonieta de Barros: protagonista de uma mudança“, por Gisele Falcari, do Afreaka, em GELEDÉS, 23/set/2015.

[2] La nueva vida de los pacientes de la Casa de Salud Dr. Eiras: “CN Notícias: Dia nacional da luta contra os manicômios – 18/05/12

[3] Más sobre la ocupación Fora Valencius aqui.

Bibliografia

AMARANTE, Paulo. Conversando Sobre o SUS: Saúde Mental e o Processo da Reforma Psiquiátrica Brasileira. São Paulo – SP: IPUSP, 2012. 127 min.

ARBEX, Daniela. O Holocausto Brasileiro. Rio de Janeiro: Geração Editoria, 2013.

ENGEL, Magali Gouveia. Os Delírios da Razão: médicos, loucos e hospícios (1830-1930). Rio de Janeiro: Fiocruz, 2001.

FACCHINETTI, Cristiana. As Insanas do Hospital Nacional de Alienados (1900-1939). Rio de Janeiro, 2008.

FOUCAULT, Michel. Ditos e Escritos V. I. Rio de Janeiro: Forense Universitária, 1994

FOUCAULT Michel. História da Loucura. São Paulo: Perspectiva, 2005.

FOUCAULT, Michel. Os Anormais. São Paulo: Martins Fontes, 2001.

MUÑOZ, Pedro Felipe Neves. Degeneração Atípica: Uma Incursão ao Arquivo de Elza. Rio de Janeiro, 2010.

VOCARO, Juliana Suckow. A Construção do Moderno e da Loucura: Mulheres no Sanatório Pinel de Pirituba (1929-1944). São Paulo, 2011.

Daniela Lima es escritora y activista. Autora de Anatomia (2012), Sem Importância Coletiva (2014) y Sem Corpo Próprio (2015). Mensualmente, los lunes, colabora con el Blog da Boitempo.