Festival MIRA 2015 | ESTEBAN PORTERO

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Con una web en la que el
heavy glitching era el protagonista y un cartel y programa que lucían orgullosos unos colores del más puro estilo vaporwave; así se nos presentaba la nueva entrega del MiRA Live Visual Arts.

Que un festival alcance su quinta edición con el éxito que éste está teniendo dentro de la complicada situación que se vive en el mundo del espectáculo desde hace ya unos años, no es sólo algo admirable, sino también revelador acerca de la calidad, buen gusto y cariño con los que se hacen las cosas en la organización de tan particular evento. Contando con unas fechas ubicadas en pleno corazón de la temporada alta de conciertos, la acertada relación calidad/precio de esta propuesta se mantiene más que razonable año tras año, conservando la necesidad de incluir a artistas de cierto renombre y a la vez manteneniendo definida la identidad selecta y no-generalista del festival.

Este último aspecto es algo fundamental, puesto que la cantidad de público y la ubicación del evento principal en un lugar como Fabra i Coats hacen que la experiencia MiRA sea ampliamente relajada, distendida y alejada del bullicio de los grandes festivales de música electrónica. Si a esto añadimos el hecho de que se consigue plasmar un enorme pedazo de modernidad y contemporaneidad a través de sus minuciosamente seleccionadas instalaciones y programación – algo fundamental en una ciudad como Barcelona – y que se trata de un festival que consigue aunar lo mejor de varios mundos (la música, las artes visuales y la didáctica relacionada com ambas) en un formato muy amable que incita al deleite relajado gracias a la enorme variedad de actividades en distintos espacios y momentos a lo largo de toda una semana, tenemos una joya que no es difícil ver por qué se ha asentado con cierta comodidad en la apretada y disputada agenda barcelonesa.

Conferencias, instalaciones visuales y workshops en Arts Santa Mònica y la propia Fabra i Coats servían de perfecto preludio al núcleo del festival, celebrado los días 6 y 7 de noviembre en la ya mencionada fábrica textil, y que además contó con sesiones complementarias en Razzmatazz para rematar ambas noches. La principal novedad del festival este año residía en el MIRA Dome by Adidas Originals, una estructura en forma de cúpula instalada en el patio exterior del recinto principal, que acogió sendos shows inmersivos AV de corta duración (15 minutos de media, con la excepción de los espectáculos completos de Oscar Sol + Ralp Quadrivium y Richard Devine) que se repetían con periodicidad dado el aforo limitado del que disponía y a los que era imposible acceder si no se hacía cola con cierta antelación visto su enorme éxito entre los asistentes.
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Oscar Sol

Oscar Sol + Ralp Quadrivium y Richard Devine en el MIRA Dome. Foto: Albert Ruso
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Mucho menos colosales pero no menos interesantes eran las instalaciones que también pudimos encontrar durante viernes y sábado paralelamente a las actuaciones musicales, con TIMEÉ – The music of the spheres de los franceses Guillaume Marmin y Philippe Gordiani como plato principal: una sala inmersiva que utilizaba proyecciones, oscuridad y humo para generar un espectáculo muy sugerente inspirado en el concepto platónico de la Música de las Esferas. En una línea similar en cuanto a exploración e inmersión del espectador, pero en un formato mucho más reducido y distante (por motivos físicos) teníamos Alcove, de Supermafia & Feldermelder, una performance de luz y sonido de constante regeneración y derivación en cada una de sus reproducciones, que llevaba de viaje a los pocos pasajeros que podían embarcarse en cada una de tan singulares travesías a través de unos auriculares y la contemplación del espectáculo, vidrio de por medio.
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Timee

TIMEÉ – The music of the spheres. Foto: Albert Ruso
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Alcove

Alcove de Supermafia & Feldermelder. Foto: Albert Ruso
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Mucho menos inspiradora pero sí más divertida e interactiva era Wide/Side de João Martinho, instalación destinada a crear una figura kinética deformada, amplificada y coronada por la celeridad de los rayos de luz que complementaban la silueta de los cuerpos colocados frente a ella para causar una electrizante sensación de dinamismo. Sin llegar a ese nivel de impacto pero generando cierta curiosidad en los asistentes de los conciertos, en último lugar teníamos MIRA Alas, de AV Exciters, una escultura aérea de nacarinos LEDs que bailaban con vida propia en el frontal del escenario al ritmo de los shows musicales que allí presenciamos.
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Wide Side

Wide/Side de João Martinho. Foto: Albert Ruso
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Mira Alas

MIRA Alas de AV Exciters. Foto: Albert Ruso
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Pasando a los conciertos, el viernes pudimos encontrar a un Prefuse 73 que se mostró musicalmente hábil y desenfundó un set desenfadado, fresco, de mestizaje electrónico y algunas tendencias glitch interesantes pero que no acabó de calar por lo decepcionantemente flojo de su espectáculo visual, una retahíla de imágenes indefinidas de variopinta procedencia mezcladas sin mucho sentido, de las que salvarían simplemente algunos momentos puntuales de lucidez.

En el lado opuesto de la balanza estaba Andy Stott: el elegantísimo productor de Manchester fue sin duda el ganador del día gracias a un show inesperado – en el que apenas pinchó material de su aclamadísimo y reciente Faith in Strangers, toda una declaración de intenciones y demostración de cómo esos engranajes no pueden parar de girar, moviéndose con soltura en casi cualquier terreno – con el que desplegó un gran rango de intensidades que incluyó tanto sonidos extremos, subiendo de potencia en un tramo central de brutal pegada pero con el timing perfecto para darle la vuelta a la tortilla y regresar a un registro mucho más mellow para concluir su actuación, como beats techno más suaves sin perder ese punto de oscuridad que lo caracteriza. Las proyecciones de fondo fueron más bien anecdóticas, dejando que recayese el peso visual y ambiental del show en el uso de cabezas móviles, estrobos y abundante humo.

De la oscuridad y sordidez de Stott pasamos al colorista show de un Blanck Mass de quien no se sabía muy bien qué esperar dada la naturaleza cambiante de sus trabajos de estudio. Ni tan ambiental como su debut, ni tan bailable como Dumb Flesh ni tan ruidista como su trabajo en Fuck Buttons, Benjamin John Power nos ofreció en Fabra i Coats una exquisita mezcla de estas tres facetas con un set muy intenso, de beats inflados donde lo accesible y lo abrasivo se daban la mano de una forma exquisita y eran coloreados por una amplia paleta no sólo melódica sino también visual pese a ser la contraluz de la pantalla trasera la única fuente de iluminación del escenario.

Sin ningún tipo de visuales (más que sus camisetas sacadas de Parchís) y con una propuesta radicalmente distinta a cualquier cosa que viésemos durante el resto del festival, Vessels dieron una lección de versatilidad demostrando que son tan ágiles y adaptables a distintos públicos como a ellos se les antoje. Mientras que la actuación de los de Leeds en un evento como el AMFest de 2014 nos brindó su faceta más post-rockera y progresiva, en esta ocasión el quinteto supo inteligentemente llevar su repertorio al terreno que más iba a encandilar al público del MIRA. Sin renunciar a sus interpretaciones 100% en directo de los temas a base de sintetizadores, samplers, percusión acústica y algún instrumento eléctrico, su concierto fue admirable y disfrutable desde varios puntos de vista: tan entretenido era ver cómo ejecutaban sus partes – para nada fáciles dada la multitarea a la que estaban entregados constantemente – como simplemente dejarse llevar y bailar al ritmo de sus gruesos beats e intensos crescendos.

Blank Mass

Momento de la actuación de Blanck Mass. Foto: Albert Ruso
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Vessels

Vessels sobre el escenario de Fabra i Coats. Foto: Albert Ruso
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Ya el sábado, A Winged Victory for the Sullen, también armados de instrumentos aquí inusuales – cuarteto de cuerda y piano en este caso – fueron otro de los soplos de aire fresco del festival gracias un concierto de ambientación exquisita que emocionó profundamente a los asistentes. La creación de paisajes sonoros a través de su profunda interconexión como músicos y su delicadeza en la ejecución fue toda una delicatessen que contrastó fuertemente con algunas propuestas mucho menos elaboradas pero no por ello inferiores, sino simplemente distintas, como la de Robot Koch, quien presentó un set de drops previsibles y escasa complejidad musical pero con un gran empaque, máxima redondez sonora y un muy buen gusto para los beats, disfrutando de una de las mejores condiciones sonoras de todo el festival – además de llevarse el premio a ser el DJ con presencia escénica effortless cool por excelencia.
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Robot Koch

 Robot Koch durante su actuación. Foto: Albert Ruso
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Ben Frost

Ben Frost en el MiRA 2015. Foto: Albert Ruso
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Para la conclusión reservamos a Ben Frost como estrella final por lo absolutamente abrumador, áspero y sónicamente descomunal que consigue ser en directo gracias a un gear mastodóntico de capas y capas de ruidos, distorsiones y maleficios varios. Capaz de inducir a toda una sala en trance, ya había interpretado íntegramente el instant-classic en el que se ha convertido A U R O R A apenas unos meses antes en el Caixaforum dentro del ciclo DNIT, con la diferencia de que en esta segunda ocasión contó con MFO al cargo de las visuales, algo que añadió una dimensión extra a su concierto… pese a que lo que más recomendamos con este genio es simplemente cerrar los ojos y dejarse caer a través de los escarpados precipicios que su drone presenta. Uno de los directos más intensos que se puedan ver hoy día y el perfecto ejemplo de ese gran nivel que esperamos que el MIRA sepa mantener de cara a la próxima edición.
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Más información: http://www.mirafestival.com/es/