Tokio. Explorando Caminos entre Arte y Cultura | HERMAN BASHIRON MENDOLICCHIO

 

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El pasado mes de Noviembre de 2014 tuve la oportunidad de aterrizar en Tokio, Japón, para conocer, en la medida de lo posible y a través de la experiencia directa, parte de la escena cultural y artística de la ciudad. El programa al que me había invitado el entonces Tokyo Culture Creation Project (TCCP) – brazo cultural del gobierno metropolitano de la ciudad, desde el mes de Abril 2015 fusionado con el Arts Council Tokyo – preveía 9 días de intercambios, diálogos y contactos con las infraestructuras culturales de la ciudad y con sus representantes.

Lejos de transformar esta oportunidad en una vacía experiencia de turismo cultural – aunque a través de ritmos elevados y un tiempo en sí limitado para poder asomarse y entender cualquier tipo de cultura diferente – me dejé llevar por un desplazamiento visual, lingüístico y socio-cultural que en la mayoría de los casos comporta una grata transformación del conocimiento.

El programa internacional de visitantes – conceptualizado hasta la edición del 2014 por la anterior directora del TCCP, Makiko Yamaguchi; llevado a cabo en su última edición gracias a la colaboración de diversas instituciones culturales; y ahora en fase de reformulación debido a la evolución y a los cambios en el Arts Council Tokyo – representaba uno de los programas principales del área de networking y tenía como objetivos primarios el de fomentar el intercambio entre profesionales internacionales y los de Tokio, así como el de crear y fortalecer una red para promover futuros proyectos de cooperación.

Con un grupo formado por artistas y profesionales del ámbito cultural procedentes de Buenos Aires, Beirut, Berlín, Londres, Colombo y Seúl, participamos en diferentes encuentros, visitas y reuniones, de los que muchos estaban relacionados con arte contemporáneo, investigación y promoción de programas de residencias e intercambio.

El Mori Art Museum, situado en la planta 53 de la torre Mori en Roppongi Hills, es sin duda una de las estructuras culturales, en este caso privada, más atractiva en el campo del arte contemporáneo. De la mano de Mami Kataoka, chief curator del museo, visitamos las salas expositivas, en aquel momento ocupadas por la exposición Lee Mingwei and His Relations: The Art of Participation – Seeing, Conversing, Gift-Giving, Writing, Dining and Getting Connected to the World.

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Mori Art Museum. Visita de la exposición Lee Mingwei and His Relations.

La obra de Lee Mingwei, imprescindible para todos aquellos interesados en el arte relacional y participativo, requiere una importante implicación física y emocional por parte del espectador. La exposición, además de ser una retrospectiva de las obras más significativas de Lee Mingwei, fue para el museo la ocasión de llevar a cabo una importante investigación sobre el arte participativo en general, con referencias y ejemplos procedentes de las culturas de Oriente y de Japón, así como del arte contemporáneo a nivel internacional.

El MOT (Museo de Arte Contemporáneo de Tokio), una estructura pública que forma parte de la red de museos municipales de Tokio, presenta una arquitectura, una colección y unos programas asombrosos.

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MOT. Museo de Arte Contemporáneo de Tokio

Durante una reunión con el equipo del museo, con el vice-director y los diferentes comisarios, se explicó la historia reciente del MOT – desde su fundación en 1995 – y sus principales objetivos: investigar, coleccionar, preservar y exponer el arte contemporáneo; aumentar el público visitante; desarrollar y ofrecer un amplio programa educativo; y ser una incubadora para jóvenes artistas. Con una audiencia de más de 400.000 visitantes al año, una colección de más de 4.800 piezas, un programa expositivo atractivo y una atención y un interés substancial hacia la experimentación y el arte joven, el MOT se configura como uno de los espacios principales en Tokio para el conocimiento de la creación contemporánea japonesa e internacional.

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MOT Art Library

En el campo de los programas de residencia e investigación para artistas y operadores culturales, uno de las estructuras más interesantes es la Saison Foundation. Fundada en 1987, la fundación tiene como enfoque principal el apoyo a la danza, al teatro y, en general, a las artes performativas contemporáneas. El estudio Morishita, una antigua escuela abandonada – un fenómeno muy común en Japón debido al actual declive demográfico – y reconvertida en espacio de creación con estudios, talleres, despachos, salas de ensayo y alojamientos para residentes, constituye el centro neurálgico de la Saison Foundation. Durante la visita a las instalaciones del centro, el Director General Masao Katayama explicó los orígenes, la historia y las figuras clave de la Fundación, mientras que la Directora de Programas Atsuko Hisano habló sobre las becas y subvenciones que ofrecen. La fundación apoya el proceso creativo de jóvenes talentos de forma continuada, con ayudas económicas que pueden durar desde 2-3 años hasta 10. En los estudios Morishita, acompañados por el Coordinador de Residencias Taro Inamura, encontramos también a diferentes artistas y grupos que utilizan los espacios concedidos por la fundación – entre ellos Eisa Jocson, Un Yamada, Kumotaro Mukai y Yuki Hata – que nos explicaron su trabajo y sus procesos de investigación.

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Reunión en el estudio Morishita. Saison Foundation.

Otro espacio generador de sinergias es el Arts Chiyoda 3331. Alojado también en una antigua escuela secundaria en el barrio de Akihabara, el 3331 está compuesto por diferentes plantas en las que conviven diferentes realidades: un espacio expositivo central, pequeñas galerías de arte privadas, espacios de co-working y producción creativa, talleres, etc.

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Arts Chiyoda 3331

El recorrido por Tokio nos llevó también, entre muchas más cosas, a ver y conocer programas de diferentes festivales (Tokyo Festival; Sound Live Tokyo; Tokyo Film Festival); a visitar otros espacios como el Teatro Nacional, el Teatro Metropolitano de Tokio o el Tokyo Wonder Site; a dialogar y reflexionar sobre las políticas culturas de la ciudad; e incluso a conocer programas de apoyo a las artes por entidades privadas, tal y como los de Toyota y Asahi.

De todas formas, Tokio es sin duda mucho más que espacios de arte y cultura institucionales o de gran tamaño, sean públicos o privados. Su oferta alternativa, sus pliegues y sus múltiples facetas – más allá de la aparente homogeneidad de la ciudad – hacen que la exploración de la diversidad de Tokio sea un reto muy estimulante.

Fomentar encuentros y sinergias, inventar puentes e impulsar conexiones probables e improbables, son prácticas indispensables para sacudir el conocimiento y generar fuerza creativa. Todo encuentro puede ser revelador, y conocer algo más de otro significa siempre conocer algo más de uno mismo.