Timbuktu: lo que se calla | LUCILA VILELA

português

Poesía, brutalidad y silencio escapan en la lentitud del desierto cuyas arenas esconden narrativas de un mundo incomprensible. La tranquilidad de las imágenes de Timbuktu, última película de Abderrahmane Sissako (2014), contrastan con la fuerte tensión que predomina en la atmósfera de las escenas. A pesar de evidenciar la insana crueldad provocada por los fundamentalistas islámicos, la película exhibe potencia justamente en su suavidad. Para hablar de una situación compleja y arriesgada, el director apuesta por la fuerza de la delicadeza.

Timbuktu, una producción de Mauritania y Francia, aborda la vida cotidiana de un pueblo sometido a las reglas de un grupo de yihadistas que ocupó la región en 2012. En la escena de apertura, vemos cómo las tradicionales estatuas de madera se usadas para practicar tiro al blanco. Los fundamentalistas instauran leyes que obligan las mujeres a cubrirse y prohíben el tabaco, el fútbol, la música y hasta incluso “quedarse fuera junto a la propia casa sin hacer nada”. Sissako tuvo la idea de hacer la película después de saber de un hecho real ocurrido en Aguelhok: una pareja que tenía un hijo murió lapidada por islamistas porque no estaban casados oficialmente. En la película son otras situaciones las que aparecen. Sin embargo, diversas historias de brutalidad en defensa de un delirio místico contribuyen a un intenso conflicto geopolítico.

En la película, la aguda tensión de la trama se riega con escenas que apuntan a la riqueza cultural de Mali y tratan el arte como la forma de resistencia más efectiva. Una de las escenas más conmovedoras, sin duda, es la de un partido de fútbol sin pelota. Siempre hay una posibilidad ante la imposibilidad. La pelota existe y es visible en la imaginación, donde el control no alcanza. ¿El fútbol sin pelota es fútbol? ¿La pelota imaginaria es pelota? Lo que se hace evidente es el aspecto frágil y humano de la situación. Según el director, “el yihadista también es otras cosas” —quizás un aficionado de fútbol. “Él también es un ser frágil. Y la fragilidad es un elemento que puede hacer que cualquier persona entre al terrorismo.”[1]

Los personajes yihadistas a pesar de ser radicales, dejan escapar un lado humano y contradictorio a través de dudas y deseos. Aquel que fuma a escondidas o los que no saben qué hacer con los músicos que cantan para Dios y su profeta. La escena de un ambiente familiar que muestra a un grupo reunido para tocar, entre ellos la cantante Fatoumata Diawara, genera la duda: si ellos cantan a Dios, ¿donde está el pecado?

El tema central de la banda sonora de la película ¨Timbuktu Fasso¨ fue compuesto por Fatoumata Diawara y Amine Bouhafa y trata de un lamento. Sissako escogió trabajar con artistas profesionales: la pareja protagonista -Toulou Kiki e Ibrahim Ahmed- son también músicos en la vida real. Los personajes viven con su hija en una paz aparente y vulnerable, y por la noche hacen sonar las cuerdas de una guitarra. Hay algo que no se pode detener. Una condición similar aparecía en Farenheit 451[2], dirigida por Truffaut en 1966: si prohíben los libros, nosotros memorizamos. En el fondo son estrategias de resistencia en las que el arte es el mejor vehículo.

Arte y locura, así es Zabou, personaje interpretada por Kettly Noël, bailarina y coreógrafa haitiana, figura importante en el escenario de la danza contemporánea africana. Zabou se protege en su locura; es el único personaje inmune a las reglas, no se cubre la cabeza, ni las manos, ni los pies, habla francés, dice lo que quiere. En la película hay una variedad de idiomas- bambara, tamasheq, francés, árabe e inglés – que crea dificultades de comunicación, una especie de babel, evidenciando la fragilidad de las creencias sometidas a lenguajes. Zabou es respetada por su aparente locura, escapa de los principios, de la cólera y del juicio de los yihadistas; es libre, independiente y vive con coraje. En cierto momento, uno de los yihadistas danza a su lado, exhalando dolor y poesía.

Destacan las mujeres de la película, a pesar de la imposición islámica que controla el cuerpo femenino. Los personajes femeninos de Timbuktu son símbolos de resistencia, coraje y fuerza. Con dignidad por encima de todo, muchas  cuestionan las leyes con fuerte personalidad, como es el caso de una mujer que se niega a usar guantes argumentando que necesita las manos para limpiar el pescado. Inteligentes y astutas, las mujeres de Timbuktu tienen sólida estructura y determinación para enfrentar las dificultades, son mujeres que piensan antes de aceptar.

Timbuktu se filmó en gran parte en la ciudad de Oualata (Mauritania), inscrita como Patrimonio Mundial de la Unesco. El país vecino fue elegido debido a la situación tensa en Mali. En su cuarto largo-metraje, Sissako hace una película sensible y política abordando la crueldad del radicalismo islámico y la impotencia ante reglas absurdas, contrapuestas a la humanidad de sus personajes que emanan la rica cultura de Mali. De rara belleza, la película es casi una bomba poética, dura en la realidad, suave en la imaginación.

[1] http://www1.folha.uol.com.br/ilustrada/2015/01/1582765-em-timbuktu-o-jihadista-e-um-bufao-complexo.shtml

[2] TRUFFAUT, François. Fahrenheit 451. Adaptação cinematográfica do romance de Ray Bradbury. Reino Unido: 1966.