Memoria Urbana De A Pie: Apropiación cotidiana en el entorno inmediato a los edificios icónicos del centro de Medellín | EDUARDO JOSÉ CALLE VÉLEZ

 

Resumen: Los edificios icónicos del centro de la ciudad y sus respectivos espacios públicos son apropiados de manera diferente dependiendo del momento histórico o de los actores sociales que allí se manifiesten, de aquí el interés del autor por identificar perspectivas de adaptación a estos lugares que más que icónicos para la imagen de la ciudad lo son en la construcción de un hábitat social y cultural, pero también humano y coyuntural.

Abstract: The iconic buildings of the city center and their public spaces are suitable differently depending on the historical moment or social actors that manifest, hence the interest of the author to identify prospects for adaptation to these places rather than iconic for the image of the city are in the construction of a social and cultural habitat, but also human and circumstantial.

 

 

Las ciudades cambian, es inevitable, así mismo nacen y pueden morir, para que esto no suceda es mejor alimentarlas y avivarlas con nuevos espacios y actividades. Para que haya la debida y esperada apropiación de los espacios – principalmente públicos – que se han desarrollado en las últimas administraciones de la ciudad, los habitantes del lugar o aledaños deben otorgarle a estos lugares un carácter epocal y representativo con unas condiciones propias a la vez que modificables.

Este artículo tiene como finalidad identificar dicho carácter presente en tres de los más importantes y representativos espacios públicos del centro de Medellín, presentes en una simbiosis con tres edificios igualmente icónicos que han permanecido en nuestra memoria como un pasado que aún experimentamos. Éstos han persistido en la historia urbana como monumentos físicos del pasado pero también como ejes del desarrollo y la dirección que ha tomado la ciudad, en uno de los casos siendo testigos de la sustitución de un signo antiguo e histórico por uno meramente de forma, reiterando que en la ciudad no todo permanece.

Escultura de Fernando Botero

Es así como en primer lugar durante el recorrido realizado en el centro nos encontramos con la catedral Metropolitana, y no tan fortuitamente es la primera, ya que histórica y simbólicamente, aún más para el caso de este ensayo, esta edificación es representativa de un primer momento de nuestra historicidad denominado el periodo de la conquista y de toda la significación religiosa de entonces evidenciada a través de la magnificencia física del edificio. Pero es su escenificación actual lo que aquí más interesa, en especial aquello que a la altura de nuestros ojos llama la atención y nos cautiva, más por su simbolización que por lo que en cualquier otro contexto histórico significara.

Para el caso de la catedral llama la atención su abarrotamiento por las vallas policiales, más aún al verse utilizadas como medio para el secado de la ropa que bien parece de “la Dany” recién salida de la fuente del Parque Bolívar, y que dejando la ropa secando salió a hacer su show, el cual realiza parroquialmente todos los domingos a las ocho de la noche (aclarando que la fotografía aquí expuesta fue tomada un miércoles pasado el mediodía).

Catedral Metropolitana

Catedral Metropolitana

Continuando por la calle Junín nos encontramos con el estandarte arquitectónico, aún en la actualidad, para la Medellín del siglo veinte, y junto a éste todo lo que representaría el desarrollo industrial de la ciudad. El reconocido y apuntalado Edificio Coltejer se pierde en su primer nivel ignorando su pretenciosa altura y relación formal con una aguja de tejer en su cubierta.

A la altura de nuestros ojos y vivencias su entroncada estructura continúa siendo el lugar para el encuentro y el descanso de los habitantes representantes de una cultura claramente vanidosa, entre otros posibles aspectos, por buscar formas que llamen la atención y den un reconocimiento trivial por encima de lo que podría llamarse y conservarse sobre todo como herencia histórica y patrimonial de la ciudad y sus habitantes. Parafraseando a Rossi (1982), se ha debido conservar la condición cualitativa y singularidad del Teatro Junín (edificio demolido para la construcción del Edificio Coltejer) reivindicando su monumentalidad histórica y colectiva por encima de la trivialidad en cuanto a forma de la nueva edificación, que responde más a una interpretación pragmática que al valor autónomo con que el autor da a entender la arquitectura y con el que se comprendería la ciudad como el hecho humano colectivo que es.

Por otro lado, pero en el mismo sentido estético y tomando como referencia el mismo ícono, llama la atención la disposición del “paisa” para mirar y ser mirado; una actitud bien evidente en varias de sus manifestaciones, como por ejemplo el desfile de silleteros de la feria de las flores, donde la belleza es excusa para la contemplación y no se aleja del hecho de sentarse en las escaleras del Edificio Coltejer para mirar gente pasar, con el pretexto de estar esperando a alguien conocido.

Edificio Coltejer

Edificio Coltejer

 

En la foto representativa para este lugar se destaca el movimiento pero también la pausa mostrada en forma de espera, al tiempo que se cruza se permanece, como un objeto estelar donde todo confluye – vías, personas e ideas- encontramos al edificio.

Robert Venturi ya nos habla en el apartado de su libro La arquitectura como símbolo, diciendo: “los críticos e historiadores, que documentaron “el declinar de los símbolos populares” en el arte, defendían a los arquitectos modernos ortodoxos, quienes rehuían el simbolismo de la forma como expresión o refuerzo del contenido.” Haciendo énfasis en las características fisionómicas inherentes a la forma y no en lo que sería una alusión a formas previamente conocidas, como es el caso en la concepción del Edificio Coltejer.

Continuando con el recorrido y antes de llegar al Parque Berrio, absorto por la estación del Metro, finalizamos éste en el palacio de la cultura Rafael Uribe Uribe y junto a él la plaza de las esculturas Botero. Todo este paisaje es sin dudas representativo sobre todo del auge comercial y turístico que ha alcanzado la ciudad en las últimas décadas, y como se ha dicho al inicio, en parte gracias a las últimas administraciones; y que ha traído también consigo nuevos habitantes y expresiones vitales.

Palacio de la cultura Rafael Uribe Uribe

Palacio de la cultura Rafael Uribe Uribe

Con lo anterior se ha logrado una gran recuperación en el sector al igual que en el imaginario ciudadano, lo que nos lleva a preguntarnos como conclusión si las actividades o estilos de vida allí manifestados, y que lo convierten en espacios apropiados por muchos de los ciudadanos para vivir y satisfacer sus necesidades y anhelos en diferentes ámbitos, como el laboral y el familiar pero llegando así también a construir un contexto social, cultural e histórico; son las relaciones entre habitantes y entorno construido ideales y/o esperados para una ciudad que busca casi ansiosamente mostrar su mejor rostro internacionalmente y para visitantes, al tiempo que borra quizás mucho más que su memoria.

 

BIBLIOGRAFÍA

Arango, Silvia (1990). Historia de la arquitectura en Colombia. Bogotá: Universidad Nacional.

Rossi, Aldo (1982). La arquitectura de la ciudad. Barcelona: Gustavo Gili.

Ventury, Robert (1978). Aprendiendo de las vegas. Barcelona: Gustavo Gili.

 

 

 

Eduardo José Calle Vélez es Comunicador Gráfico Publicitario de la Universidad de Medellín y estudiante de último año de Arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Su actividad profesional, además de académica, se ha caracterizado por un arraigado sentido social e interés por la función de los actores sociales de su entorno, evidenciándolo en investigaciones personales y propuesta artística. El artículo es producto de la línea de investigación y profundización en Historia y Teoría de la Arquitectura de la Universidad Nacional.