Unos fantasmitas y otros modelos | VICTOR DA ROSA

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telelprompterMarcelo Comparini: Teleprompte, 2013.

Las pinturas de Marcelo Comparini muestran tal vez el sentido más radical de la idea de exposición: además de poner a la vista, exponer también es presentar imágenes que corren cierto peligro. Esto es así porque tales imágenes parecen expuestas sin ninguna forma de protección – digamos que descubiertas, desnudas. Cuando retrata figuras humanas, por ejemplo, es como si el artista tratase de captarlas en momentos de flagrante realidad, y no de pose; los “paisajes” y las “naturalezas muertas”, digámoslo así por falta de mejor nombre, están cargadas de una rara casualidad, enfatizada por pinceladas que dan a la imagen un aspecto inacabado, como si fuese un boceto. Solo alguna impertinencia (tal vez la impertinencia del propio arte, y eso solo cuando es tomada muy en serio) puede hacer que estas imágenes merezcan algún lugar en la historia, pues ellas son frívolas, por un lado, y completamente dispensables, por otro – para jugar con el título de una de sus pinturas, Comparini pinta no el salón, sino en el “cuarto de despejo” (2012).

De otro modo, ex-poner significa también abandonar, llevar de un lugar a otro, poner en cuestión. En un pequeño texto sobre el artista, Rafael Campos Rocha llamó este desplazamiento de “pluralidad de la vida”, visible solo apenas en la variedad temática de las pinturas de Comparini, que va “del cráneo de un demonio encontrado en México a la observación de efectos de un computador kitsch”, pero también en la variedad de la técnica, “que pasa del pop sencillo al expresionismo macabro”. Campos Rocha, sin embargo, llama la atención también sobre el “núcleo duro” de la pintura del artista, que puede ser percibido en su “pincelada dura y concentrada, que crea los volúmenes con colores rebajados”, así como en la paleta de colores “absolutamente aleatoria, que evita ferozmente cualquier combinación fácil”, y sobre todo por la “distancia realmente perturbadora” que el artista mantiene en relación a sus modelos. Este último aspecto es ilustrado con perfección por la imagen del “luchador” (2010), que capta una lucha de boxeo en su momento de mayor desolación: el boxeador es visto justamente después del nocaut, cuando está tendido en el suelo, expuesto a todas las miradas, o sea, en la lona.

lutadorMarcelo Comparini: Luchador, 2010.

Siendo legítima la impresión de que las imágenes en las pinturas de Comparini están descubiertas, y debemos acordar que el significado nos remite también a la idea de sorpresa, eso sucede principalmente por la manera en como las escenas son elegidas y recortadas, pero también por un abordaje frío del artista, es decir, su mirada permanece muchas veces al acecho, no dejando ningún indicio de proximidad o, en el límite, de acogedora familiaridad. Si no hay ninguna forma de sentimentalismo o amparo, tampoco parece haber exactamente una crueldad. Lo que hay, sin duda, es una insistente inmovilidad que, si quisiéramos, está en la frontera de la pesadilla, como suecedeen las pinturas “perrito colgado en el tendedero” (2011) y “ellos y el disco” (2012), por citar solo dos ejemplos. En otras palabras, las pinturas de Comparini cargan lo vago y la incongruencia propias del devaneo, y es este también el motivo por el cual sus imágenes parecen sueltas, medio perdidas y no pueden, por tanto, ni siquiera ser interpretadas.

Aún sobre pesadillas, se nota que las figuras humanas casi siempre poseen la región del rostro de algún modo obstruida, ya sea a través de una supresión realizada en la propia pintura, como ocurre en las libretas de familia; ya sea por causa de máscaras, disfraces, gorros, pelos y otros objetos posicionados ante al rostro, como es el caso de por lo menos una decena de imágenes; o finalmente porque el rostro queda fuera del lienzo, como en “disfraz de blanca nieves (delante)” (2012), o si no, girado para atrás, caso de “cabeza frenológica” (2012). El efecto es fantasmagórico y un poco perturbador, ya que lidia simultáneamente con lo más familiar y lo más raro, lo más cercano y lo más alejado, como también notó Campos Rocha, a raíz de la lectura del célebre texto de Freud. Si el artista también recurre al acervo de su propia memoria, y las referencias a la cultura de la década de los ochenta – que van de Jaspion a Lego – no me dejan mentir, estas imágenes reaparecen también de modo fantasmagórico, tal vez disfrazadas de fantasmas o incluso de “fantasmitas”, lo que es un poco diferente, a la sugestión de otra de sus pinturas, “disfraz de fantasmita” (2012).

caozinhoMarcelo Comparini: Perrito colgado en el tendedero,2011.

Miradas como una secuencia, las pinturas de Comparini dejan también la impresión, sea por la distancia, por la frialdad o por una sensación de prisa, de que estamos zapeando entre canales de TV o buscando imágenes fortuitamente en Google. Si es bastante visible, por un lado, la influencia de Marcel Duchamp, y no solo de sus pinturas de máquinas, como el célebre “molino de chocolate” (1914), sino también de su pensamiento sobre el arte, es decir, la construcción de aquella “belleza de la indiferencia” siempre repetida por el artista, en fin, si todo eso es visible, debemos también argumentar que la pintura de Comparini no existiría sin la cultura de la tele. De hecho, citas a los aparatos televisivos aparecen con frecuencia en su obra, como en “frame de tv” (2011), “nostalgia de la guerra fría” (2013), “teleprompter” (2013) o incluso, aceptando el chiste del artista, “televisión de perro” (2012), pero no es eso lo más importante. En realidad, lo que Comparini parece decirnos es que no existe ninguna posibilidad de pintar una escena original, que no forme parte del mundo delespectáculo, y siendo así su pintura (o su mundo, no importa) consiste en imágenes ya captadas a través de la mediación de otras imágenes, como “nostalgia de la guerra fría” destaca con bastante claridad.

Todo eso, claro, no es nada nuevo, e incluso ya fue nombrado de diversas maneras por la crítica en el siglo XX (pérdida de autonomía del arte, etc.), pero la singularidad de la pintura de Comparini parece estar en un tratamiento muy específico de estas cuestiones, que pasa por la manera en como el artista dominó un modo despojado de pintar, pero que no solo se resume a eso; la singularidad de su pintura consiste en la naturalización de la banalidad, en una especie de adaptación mimética a ella. Si Campos Rocha escribe que Comparini, al crear extrañeza, no apela a lo bizarro, podemos decir también que el humor del artista no recurre a la ironía ni a ninguna otra forma de crítica. Para definirlo mejor, se trata de una sensación muy cercana a la contemplación, que inmediatamente es desmontada para alejarse de cualquier forma de fruición estética. Antes, deberíamos hablar de una anestética: no solo porque la estética falta, sino también porque falta la conmoción. En una definición, recordando también las pinturas del artista que hacen referencia alimaginario médico, como es el caso de “cadera de oftalmólogo” (2011) y “resonancia magnética” (2011), la obra de Comparini es testigo de un mundo anestesiado, como si hubiéramos perdido, al final, la capacidad de sentir.

cadeira_oftalmoMarcelo Comparini: Cadera de oftalmólogo, 2011.