Entre ficción y realidad. La sutileza del humor en el arte iraní: Ghazel | AMOR MARSE

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La diáspora iraní en el terreno artístico es tan amplia y diversa como amplio y diverso es el mosaico de pueblos distintos que configuran su raza y su país. Muchos son los iraníes apátridas que abordan artísticamente el tema del exilio. Y lo hacen no sólo de distinta forma, en diferentes disciplinas, sobre distintos soportes y utilizando nuevas tecnologías, sino que cada uno de ellos tiene su “propio exilio” y el “por qué” de este exilio. Las historias narradas por estos artistas suponen mucho más que un documento gráfico de cómo un sistema de gobierno censura a sus artistas e intelectuales, y de cómo trata de discriminar a la mujer en la sociedad islámica. Una sociedad de un país inteligente, sensato, culto, donde sus ciudadanos luchan por conseguir una forma de vida moderna y a la vez, conservar la cultura y tradiciones que caracteriza las raíces de la antigua Persia.

Los artistas que abandonaron Irán antes, durante o después de la Revolución debido a distintos motivos ideológicos o por distintas razones políticas, religiosas o simplemente personales, suelen presentar a través del amplio abanico de sus percepciones, la soledad y la fragmentación de identidad que produce el exilio. Pero al mismo tiempo se percibe en ellos un auténtico sentimiento de sentirse de su sociedad, una positiva obsesión por ser de hoy, adaptado, integrado, formando parte de manera muy activa de la sociedad del país de adopción, que ya es y consideran el suyo. Son individuos que proponen tender puentes acercando distancias, erradicando diferencias y olvidando absurdos prejuicios para convertir en elásticos los límites, la discontinuidad y los símbolos fronterizos.

Hay artistas que no tienen residencia fija o continuada dentro ni fuera de Irán. Son aquellos que viven a caballo entre Irán y el extranjero, los que nunca están fijos en ningún domicilio, los que parten de nuevo al poco tiempo de haber llegado. Son aquellos que se sienten especialmente híbridos y profundamente nómadas, que les gusta llamarse a sí mismos pasajeros del mundo. Son los artistas que suelen realizar un trabajo artístico en el que el humor, esa característica persa, como lo es la poesía, sobresale por encima de cualquier otro aspecto. A través de una fina e irónica vena humorística saben sacar partido de las deficiencias de su país, ridiculizan la censura, las obligaciones, las prohibiciones y las sanciones y hacen una clara referencia a las malas gestiones políticas de su gobierno. Los artistas nómadas iraníes son probablemente los que acostumbran a realizar un arte más polémico y de mayor contenido político, a veces abiertamente, a veces camuflado bajo la sugerente máscara del humor o hechos de la vida cotidiana.

Es el caso de la videocreadora Ghazel. Nacida en Teherán en 1966, cursó estudios primarios y secundarios en una escuela internacional de la capital iraní. En 1986 se instala en Francia para estudiar Artes Visuales en la Escuela de Bellas Artes de Nimes, completando su formación con una licenciatura en Cine en la Universidad Paul Valéry, de Montpellier. Se ha implicado en numerosos proyectos de carácter social, ha trabajado con personas presas en cárceles de Teherán y de Estados Unidos, con jóvenes inmigrantes de Montpellier y también con UNICEF sobre temas relacionados con los derechos de los niños en Irán. Trabajó durante cuatro años en el Centro Correccional para Jóvenes Delincuentes de Teherán. Ha sido profesora de diversos talleres que abordan el arte como terapia y que van dirigidos especialmente a jóvenes emigrantes con problemas de delincuencia o adaptación. Estas implicaciones sociales, junto con su profundo sentimiento apátrida determinarán un aspecto importante de su futura actividad artística. En 1997, después de una corta estancia en su país, regresó a Francia, donde se consideraba una auténtica outsider, siempre defendiendo y ayudando a los inmigrantes y exiliados con dificultades. Asegura que a pesar de residir durante largas temporadas en el extranjero, no se siente una exiliada. Se siente nómada. Nómada es un concepto que la “salva” de ser únicamente de oriente o de occidente, de pertenecer a uno u otro mundo. Este deambular le permite un proceso de autoafirmación, un nomadismo cultural que estimula su creación artística. Ghazel es de los artistas que, sin renegar de sus raíces culturales, se adhiere a la identidad múltiple, a la identidad-rizoma de la que nos habla Édouard Glissant.

La implicación personal del artista videográfico en aspectos como los cambios sociales o políticos, la lucha por los derechos humanos, la reivindicación de la igualdad entre hombre y mujer, el exilio, la libertad religiosa o sexual han sido temas que, gracias al vídeo, han conseguido eliminar eternas y odiosas barreras entre el arte y la vida. A veces a través de lecturas críticas, irónicas o humorísticas. Dicen que el trabajo de un artista plástico se genera a partir de obsesiones que aparecen de forma repetitiva a lo largo de su vida. Para Ghazel, la obsesión por la falta de libertad de la mujer en su país de origen, es obvia, y nos la transmite en clave de humor. Algunas de sus obras muestran, con esa agudeza iraní, el pesimismo y las pocas esperanzas de la sociedad que la vio nacer, cuya suerte parece estar encallada en una especie de destino fatal del que no puede escapar. Autonomía, absurdas moralinas de honor, emancipación femenina, machismo…son cuestiones que aparecen en las imágenes que Ghazel nos ofrece en Me, un work-in-progres iniciado en 1997 con el que la artista genera inquietudes en el espectador, y con inefable sentido del humor y un lenguaje personal y propio, nos acerca a la problemática de la mujer en el mundo islámico.

 

La serie Me, actualmente con 730 escenas tipo sketch y más de 20 horas de película, protagonizados y editados por la misma artista a lo largo de más de quince años y todavía no finalizado, tiene como elemento gráfico distintivo el chador. Autorretratos de la artista en el umbral de su propia existencia, vestida con el arcaico manto negro de la cabeza a los pies, en actitudes y actividades diversas. Escenas de la vida cotidiana que se convierten, por obra y gracia de su tradicional vestimenta, en verdaderos prodigios de superación.

Rodados con gran economía de medios, los sketches Me son una serie de videos muy ingeniosos, siempre cortos (su duración oscila entre 2 segundos y 2 minutos) realizados la mayoría en blanco y negro, que tienen el don del josravaní [i] o poema breve, en los que Ghazel vestida como obligatoriamente mandan los cánones islámicos, convierte aquello supuestamente cotidiano en algo antagónico. Son filmaciones realizadas con cámara fija, una H18 sobre trípode. En todas las secuencias aparece el título del sketch durante algunos segundos en francés o en inglés y siempre revelan una crítica social, política o cultural. En muchos de ellos la artista reafirma las paradojas inherentes a su condición de mujer y/o a su situación de inmigrante en Francia. El humor puede expresar denuncia, no violencia, pero es sumamente eficaz.

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Ghazel, Tres sketches de Me

 

Es un trabajo caracterizado por un profundo sentido del humor que le confiere este aire de tragicomedia del siglo XXI; un humor hecho de ironía y de conmiseración, que denuncia este absurdo que aparece como inherente en costumbres y hábitos de la cultura iraní que roza casi el ridículo.

Con el dinamismo del video y el carácter transgresor de la fotografía, Ghazel narra historias cortas, independientes pero tejiendo finos vínculos entre ellas. La figura entra y sale de escena iniciando y finalizando siempre la historia, y aunque no tienen carácter de continuidad, sí tienen un significado de tiempo y concepto paralelo. Puede desfilar al paso de auténtico militar o bailar al ritmo de Michael Jackson, realizar esquí acuático, conducir una motocicleta, practicar natación, submarinismo, equitación, ciclismo, ballet o simplemente tumbarse a tomar el sol…demostrando en estas acciones no sincronizadas la facilidad con la que se puede practicar diferentes actividades atrapada en el chador; el mismo chador que se le impuso por primera vez cuando era todavía una adolescente y vivía en Teherán, ciudad a la está muy unida emocionalmente y a la que regresa periódicamente para visitar a su familia y donde expone su obra en las mejores galerías [ii].

La mayoría de los primeros sketches realizados entre 1997 y 2000 muestran escenas de gran contenido autobiográfico, profundamente sensuales e intimistas pero claramente contundentes. Los realizados a partir del año 2000 experimentan un cambio significativo al adoptar un carácter más abierto, expeditivo y posiblemente más universal. Algún crítico de arte ha comentado que las múltiples identidades como mujer y como iraní que Ghazel muestra en estos videos más tardíos, podrían situarse incluso en el campo de la abstracción [iii].

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Ghazel, Baba                                                                                                      

En los videos rodados después del 2000, aborda aspectos y anécdotas personales como en sus primeros sketches, pero al mismo tiempo, situaciones sin referencia que no llevan implícito género, idioma, nacionalidad ni connotación cultural o geográfica específica, porque son situaciones que pueden darse en Irán, en Francia, en España o en cualquier otro país sin ninguna diferencia. Todos analizan los males y malestares de nuestras sociedades actuales, y a través de acciones aparentemente sencillas e inocuas, algunos de ellos abordan cuestiones intrínsecamente políticas. En realidad lo primero que llama la atención es la universalidad y atemporalidad que domina la mayoría de su material visual. Una atemporalidad que consigue al filmar a la protagonista realizando diferentes actividades, tanto en espacios interiores como en exteriores que nunca indican de que espacio se trata.

En los sketches filmados en interior, la protagonista entra en una habitación y en un tiempo breve realiza alguna acción concreta. Nunca hay diálogo, ni voz en off que explique lo que está sucediendo. El espacio suele ser de reducidas dimensiones: una habitación pequeña, blanca, siempre vacía, sin mobiliario ni decoración alguna, y que no presenta ninguna seña o particularidad especial. Podría ser cualquier espacio, de cualquier casa, de cualquier ciudad, de cualquier país, si no fuera porque su protagonista nos da la pista clave: viste el hijab, es decir, uno de los signos más evidentes del discurso patriarcal dominante del mundo islámico.

      

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Ghazel, Dos sketches de Me

 

En los sketches rodados en el exterior, vuelve a situarnos frente a una concepción paralela de universalidad: la protagonista se mueve por un campo, un bosque, una calle, una plaza, una montaña nevada, un mar, una zona deportiva, es decir, nada que pueda ser relacionado con una ciudad, un país o paisaje concreto y específico, aunque la protagonista siga vistiendo el chador.

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Ghazel, Dino slept like Snoopy

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Ghazel, Dos imágenes de Me

Me es un proyecto artístico que constituye lo que Ghazel llama mi vida paralela; la que evoluciona al mismo tiempo y ritmo que su vida de artista en Occidente. La proyección de sus múltiples identidades da testimonio en este work in progress de la dificultad de situarse entre dos continentes, entre dos culturas.

Hablando de Me, Ghazel me explicaba: “En este trabajo no intento únicamente hablar de mí. Si utilizo mi imagen de mujer y de iraní, es porque soy ambas cosas, pero bajo el pretexto de autobiografía lo que intento retratar es al ser humano de hoy, más allá del tiempo, del género y la etnia[iv].

Kaveh Golestan[v], uno de los mejores fotógrafos y periodistas iraníes, fue quien mejor entendió este trabajo de Ghazel, y cuya definición más ha gustado a la artista: Signos. Referencias minimalistas y conceptuales. Cuadros. Escenas fragmentadas. El absurdo de la existencia cotidiana. Un fino humor que al final de la escena deja un amargo sabor. El sabor de la áspera realidad. La forma más perversa de haiku[vi]. Una bofetada en la cara, una punzada en el costado, un juego para la vista, un rompecabezas para la mente.[vii]

Con una inteligencia plástica especialmente inquieta por renovarse constantemente, Ghazel nos muestra en este estético, innovador y cualitativo trabajo videográfico, su forma de explorar las múltiples paradojas inherentes en la cultura islámica y en las normas religiosas impuestas a la sociedad de su país, especialmente a la mujer y, a través de su arte, las transforma en sutiles e irónicas metáforas de la vida.

Ghazel es una artista rebelde y esa rebeldía late a lo largo de toda su carera artística generando esa pulsión reivindicativa que se registra en muchos artistas iraníes, estén o no en el exilio. Desde que abandonó Irán en 1985, ha vivido en Francia, en Alemania, y en Estados Unidos, por lo que habla distintas lenguas. Francés, inglés, alemán… son idiomas que conoce y con los que se expresa con facilidad y soltura, pero no con perfección autóctona, una particularidad que ella ha decidido permitir que se reflejen en algunas obras.

En Me los acontecimientos siempre postulan sobre la ética, la ideología y la libertad del ser humano y llevan su texto escrito. Desde que rodó el primer sketch de Me, la frase o refrán que aparece a pie de imagen están siempre relacionadas con la actividad realizada, pero suele contener un error idiomático, aumentando este sentido humorístico de parodia que ella otorga siempre a su trabajo. La artista insiste en mantener estos “errores” en los textos de sus vídeos y fotogramas, porque con ellos puede reflejar sus múltiples identidades de nómada, identidades imperfectas tanto en el extranjero como en Irán. La utilización de textos escritos en los trabajos de Ghazel, como parte integrante su obra artística, la convierte, como diría Harold Rosenberg, en un centauro: mitad material artístico, mitad palabras.

La mirada del espectador frente a los videos de Ghazel, concentrada casi hipnótica, y sin apenas distancia emocional va y viene, avanza y retrocede, cambia de sketch estableciendo un recorrido de observaciones e interpretaciones personales, nunca exentas de una especial mezcla de curiosidad que sobrecogen e intrigan al mismo tiempo. Imágenes que como observador, te desafían a situarte en posición de testigo y por lo tanto con cierto grado de responsabilidad de lo que pasa ante tus ojos. En este momento, frente a los vídeos de Ghazel cada uno evalúa lo que ve y lo que siente, sin importar que sea hombre o mujer, porque la actitud ante la injusticia no entiende de géneros.

El interés de Ghazel por el problema de la mujer iraní tiene para mí un doble aspecto: primero, el de sentirse ella misma una de ellas solidarizándose por la injusta situación de vivir en una sociedad opresiva como son actualmente la mayoría de las sociedades islámicas; segundo y quizás más importante, su perspectiva desde el exilio, es decir su tendencia a ver el mundo con una mirada menos racional y más emocional. Un mundo oriental en el que destaca una cultura que controla el cuerpo femenino hasta el límite, justamente el reiterado sujeto de sus historias, el motivo de su preocupación, uno de los temas de su creación artística.

 

Notas de pie

[i] Los josravaní o poemas breves iraníes, tratan siempre de lo cotidiano, de momentos de la vida, de lo que transcurre en el día a día. Es una forma de escritura sutil y sagaz que compacta concepto e imagen otorgándoles un concepto pluridimensional.

[ii] Actualmente exponiendo Memory Dray en la Azad Art Gallery de Teherán.

[iii] En el sketch The very end, la imagen de Ghazel enfundada en el chador, acostada inerte sobre una cama austera y desprovista de cualquier entorno figurativo en la que sólo puede apreciarse los pies, se convierte en una especie de “pintura minimalista” en blanco y negro.

[iv] Pertenece a la entevista realizada a la artista en su estudio de París en junio del 2010.

[v] GOLESTAN, Kaveh. کاوه گلستان (Taghavi Shirazi, 1950- Kifri, Irak 2003) hijo del director cinematográfico Ebrahim Golestan, fue asesinado en Abril del 2001 mientras filmaba para la BBC los sucesos de la guerra de Irak. En 1979 ganó el Premio Pulitzer por su reportaje sobre la Revolución Islámica Iraní y los sucesos posteriores. En 1988 tomó las primeras fotografías tras el ataque químico en la ciudad kurda de Halabja en la que murieron miles de personas por el gas y tuvo graves consecuencias posteriores.

[vi] El haiku 俳句, haiku, derivado del haikai, es un poema breve de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente. Es una de las formas de poesía tradicional japonesa más extendida.

[vii] Texto del catálogo de la exposición All about Me-Ghazel, a hybrid Iranian around the world, en el Art Space Kimura de Tokio, Japón, en octubre del 2005.