Sigmund Freud y Dino Buzzati. La mirada, el deseo y la enfermedad. (Parte II) | MODESTA DI PAOLA

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Hemos visto como la mirada de Dorico como voyeur se transforma en contemplación del canon (la Madonna de Antonello); la contemplación, a su vez, se rinde a la percepción erótica del cuerpo, enriqueciendo el deseo por el objeto sexual. En este punto, la mirada evoluciona hacia la perversión bajo la forma de amor patológico. El eje central es sin duda visual. De hecho, es la mirada la que empuja el mecanismo psicológico de Dorico, llevándolo a crear las premisas para un amor enfermo.
Este proceso de visiones e imaginaciones, junto con el delirio obsesivo, lleva a Dorico a vivir un dolor físico: “(…) Está sin defensas y solo, nada existe a parte de la enfermedad que le devora”. (Buzzati 1964, p. 105)
Con un análisis casi anatómico, Buzzati describe el dolor de Dorico como una patología lacerante que neutraliza las capacidades intelectuales y racionales. Ante el objeto del deseo sublimado, nuestro protagonista empieza un amor que se concreta en enfermedad. La debilidad, el miedo, el ansia, la humillación, la necesidad y el deseo de seducir y ser seducidos accionan los síntomas de una patología que degenera en dolor físico.
El objeto del deseo erótico, sublimado en divino estético, es sin embargo una joven prostituta. Hay algo de indecente en la actitud de Dorico, y Buzzati lo muestra por medio de una detallada descripción de su personaje: Dorico es un hombre de mediana edad, un reconocido arquitecto y escenógrafo; sin embargo es un hombre castrado en sus relaciones amorosas. Las mujeres le provocan temores. Además, debido a la educación familiar recibida, le parecen seres extraños, criaturas de otro mundo. El acto carnal para él debe concretarse con una actitud de autoridad que se da en el gesto de pagar en dinero una prestación sexual. Debe tomar por tanto un camino ilícito, por medio del cual, con unas pocas monedas, puede obtener sin problemas, maquinaciones de cortejo y frustraciones, a una joven atractiva. Ahora, si analizamos la actitud de Dorico bajo un enfoque psicoanalítico nos damos cuenta de su perversión en tres momentos distintos y sin embargo complementarios: el sadismo, el masoquismo y el fetichismo.

Dorico sádico/masoquista

Según Freud, “la sexualidad de la mayoría de los hombres se mezcla con cierta agresividad y con la inclinación a la vejación, cuyo significado biológico podría residir en la necesidad de superar la resistencia del objeto sexual incluso de forma diferente respecto a los otros del cortejo” (Freud 1905, p. 470). Con estas palabras Freud nos introduce su definición de sadismo. El mismo Buzzati nos sugiere muy claramente que la actitud moral de su personaje podría ser leída como tal: “¿Sadismo quizás? ¿El perverso complacimiento de ver algo bello, joven y limpio, sometido a las prácticas más sucias?” (Buzzati 1964, p. 20)

La crueldad y la pulsión sexual, como revela Freud, están íntimamente conectadas. Buzzati, al definir su personaje parece haber adquirido este axioma. Del pensamiento agrio y doloroso de que una mujer pueda prostituirse por dinero nace, de hecho, el deseo de Dorico, alimentado por lo desconocido y la curiosidad de experimentar una realidad que se ha transformado en pecado.

“El objeto erótico está en la base de la prostitución”, afirmaba Batalle en su libro El erotismo. Sin embargo, la satisfacción hacia el deseo por el objeto erótico, así como por el sadismo, no son las únicas actitudes enfermas de nuestro protagonista. Según la definición de Freud, el sadismo oscila entre una actitud meramente activa hacia el objeto sexual y la sumisión como manera de alcanzar la satisfacción (Cfr. Freud 1905, p. 471). Además según Freud, sólo cuando entra en causa la violencia física el sadismo puede ser atribuido al campo de la perversión. Así, para Dorico la prostitución no es ni animal ni ciega, sino más bien lírica y cargada de oscuras depravaciones. La perversión de Dorico, por tanto, no consiste sólo en una actitud sádica, sino también en la aceptación de su naturaleza masoquista. El mismo Freud afirma que un sádico siempre es al mismo tiempo un masoquista (Freud 1905, p. 472).

Laide el fetiche

Laide es una joven mujer desafortunada que sobrevive por medio de la prostitución, de la manipulación y del engaño. La reconstrucción de Laide es el reflejo oscuro de las neurosis de Dorico. Siguiendo la notable definición de Freud acerca del fetiche, según la cual “el objeto sexual normal es sustituido por otro que es en relación con ese”, (Freud 1905, p. 466) podríamos considerar a Laide el fetiche que sustituye el deseo reprimido de Dorico hacia a las mujeres. Laide es una prostituta, una mujer objeto, que Dorico reconstruye en su mente para que esté a la altura de su condición social.

El proceso de reconstrucción del “objeto Laide” es similar al fetiche de la muñeca hinchable. Un ejemplo cinematográfico nos ayudará a aclarar el concepto: En Tamaño natural (Grandeur nature) de 1974, Luis Garcia Berlanga pone en escena las patologías de un hombre de mediana edad (Michel Piccoli) que se casa con una muñeca hinchable, una mujer perfecta que puede presentar a su madre y a sus amigos y con la que comparte momentos de cotidianidad normal. Un amor que, sin embargo, termina trágicamente con la muerte de la muñeca a manos de su propio marido una vez que éste descubre su infidelidad. El tamaño natural de Dorico es Laide, una mujer de la cual se enamora y con la cual se establece una relación totalmente irreal. La represión sexual de Dorico reaparece en el deseo hacia el fetiche, testimonio de una educación católica, adversa a los hechos sexuales.

Podríamos analizar a Laide como un fetiche en un doble sentido: el freudiano y el marxista (el religioso y el económico). Por un lado, la asociación de la Madonna convierte a Laide en el fetiche que conecte Dorico a lo divino, y por el otro, la profesión de prostituta hace de su cuerpo un fetiche económico.

Dorico experimenta el conocimiento de la “prohibición” y de la “transgresión” tal como lo formula Bataille: “Las imágenes eróticas, o religiosas, esencialmente imponen ciertos comportamientos dictados por la prohibición, pero también comportamientos opuestos”.
Esta descripción bien se adapta a la imagen que Dorico construye de Laide, religiosa y erótica al mismo tiempo. Sin embargo la transgresión no elimina la prohibición, sólo la suspende temporalmente.

Conclusiones

La contemplación estética y la enfermedad encuentran en otros dos ejemplos de la literatura casos de estudio extremos, como el de Un Amor. Thomas Mann en La Montaña Mágica dedica al tema específico del amor enfermo un capitulo titulado “Análisis”. El problema es tratado por el doctor Krokovski durante sus conferencias semanales en el sanatorio de Berghof, significativamente tituladas “El amor como potencia patógena”. Hans Castorp, protagonista del romance, se queda fuertemente turbado por el uso sistemático de la palabra amor, pronunciada muchas veces, tantas que termina para provocarle nauseas y disgusto.

Esas dos sílabas, esas consonantes labiales y vocales redondas, le eran absolutamente repugnantes: las asociaba incluso a la imagen de algo líquido y blanco como la leche. La persistencia de la palabra amor, este ir y venir recuerda, en efecto, el acto sexual que produce la semilla masculina, algo similar a la leche.

La enfermedad de Dorico y Hans Castorp tiene un interesante punto de contacto con el proceso de enfermedad que Proust describe en su novela Un amor de Swann, un proceso que comienza lentamente cuando compara a Odette con la Séfora de Botticelli. A partir de este momento, el protagonista de la novela, amateur de la pintura, la “cristaliza” (en la acepción que le dio Stendhal) como belleza comparable a una obra de arte. Esta sobrestimación del objeto del deseo se origina con un vinculo estético que, alimentado por el misterio y la duda, lleva a Swann a enfermar por amor.

“Tiene razón Freud – afirma Baudrillard- hay una sola sexualidad, una sola líbido – la masculina” (Baudrillard 1997, p. 16). Buzzati no se separa de la tradición literaria, filosófica o psicoanalítica, cuando describe con perfección arquitectónica un caso de “líbido masculina”. Laide, de hecho, entra dentro de las normas de representación del objeto sexual, que en el fondo se muestra como sujeto sólo cuando manipula y miente. Un Amor concreta el axioma baudrilliardiano según el cual el psicoanálisis es masculino, la seducción femenina. La línea aquí nos parece obvia: Laide, el objeto sexual, seduce a Dorico gracias al misterio que, como sabemos, alimenta en una psique reprimida cualquier imaginación y perversión.

La línea menos obvia son las teorías fuertes – acerca de la seducción, el erotismo y las aberraciones sexuales – elaboradas por Buzzati en su libro, así como su uso de los regímenes escópicos por medio de la “mirada” como contemplación (monopolio del campo artístico) y del “ver” (de origen psicoanalítico) como momento para la individuación de las perversiones humanas y la enfermedad.

BIBLIOGRAFIA
George Bataille, L’Erotismo. Biblioteca dell’eros. Traduzione di Adriana dell’Orto. Milano 1991, p. 35.
Jean Baudrillard, Della seduzione. Saggi e documenti del novecento. Milano, 1997. (Titolo originale: De la Séduction. Edition Galilée, 1979).
Dino Buzzati, Un amore, Arnoldo Mondadori Editore, Milano 1964.
Sigmund Freud, Opere. Volume IV: Tre saggi sulla teoria sessuale e altri scritti. 1900-1905. Bollati Boringhieri, Torino 1989.
Thomas Mann en La montagna incantata. TEA, Milano 2005 .
Marcel Proust. Un amore di Swann. Mondadori, Milano 1991.

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