Rokni Haerizadeh. Ironía y profanación | AMOR MARSE

           

 

Muchos jóvenes artistas iraníes pertenecen a una generación que no  vivió la revolución de 1979. Unos porque todavía no habían nacido y otros, como Rokni y Ramin Hareizadeh porque eran niños cuando la revolución estalló. Pero sí conocen sus consecuencias. Una mayoría de jóvenes, rebeldes por naturaleza y disconformes con la clase de vida que les han obligado a vivir, forman parte de un amplio movimiento cultural que o se aleja del Islam o bien pide un Islam diferente. Piden un Islam moderno, un Islam que no obligue a las mujeres a usar chador, que no censure la música moderna por impura ni considere obsceno oír cantar a una mujer porque las emociones que despiertan llevan al pecado…que permita todos los guiones cinematográficos sin censura, que no prohíba las relaciones sexuales fuera del matrimonio, que no castigue la homosexualidad con la pena de muerte. La mayoría de los jóvenes iraníes están en contra de las leyes que propaga su gobierno teocrático y no entienden la confusión que se establece entre lo jurídico y lo moral que les obliga a dos ritmos de vida distintos y opuestos: la vida privada y la vida pública.

         

 

Explica Abbas Milani[i] que al profundizar por debajo de la mojigatería del Irán islámico aparece un mundo cosmopolita de chicos y chicas que se comportan como los jóvenes de las comunidades occidentales más modernas. En Irán algo tan normal como celebrar una fiesta privada en la que se sirven bebidas, se pone música y los jóvenes bailan o ven una película, debe emprenderse con suma cautela, con las cortinas corridas y las persianas entornadas, razón por la que se convierte en algo muy especial que sabe como un sabroso dulce robado… Su forma de vestir, sus costumbres y sus valores sexuales parecen provenir de ejemplos del cinte occidental más que de un Islam estricto y devoto.  Los jóvenes iraníes de hoy defienden su derecho a la diversión y reclaman cine, música, teatro, arte, moda, actualidad…

Rokni Haerizadeh (Teherán, 1978) siempre fue calificado como estudiante rebelde por su costumbre de llevar el pelo pincho (poco aconsejable en su país), por su afición a cuestionar a los profesores y por mostrarse sumamente reacio a que las modelos femeninas vistieran chador. Su hermano Ramin, (Teherán, 1975) siempre quiso, como su hermano, trabajar en el mundo artístico a pesar de la objeción de sus padres que querían para ellos carreras científicas, más acordes con su nivel social, que les permitiera optar a puestos de trabajo seguros, y mejor remunerados. Hoy los hermanos Haerizadeh son autores del arte más crítico y provocativo del panorama artístico de Oriente Próximo. El rígido estamento religioso y político iraní se esfuerza en hacer desaparecer su trabajo por considerarlos artistas malditos. Ahora trabajan en un amplio y luminoso estudio de la zona industrial del Al Quoz de Dubai[ii].

 

Rokni Haerizadeh se muestra sumamente crítico con la sociedad en la que vive y, a través de su pintura, describe la forma de ser iraní, sus tradiciones y costumbres fundamentadas en el más puro ambiente persa. Los acontecimientos más inmediatos y los antecedentes culturales constituyen la base de su identidad creativa. Es lo que Homi K. Bhabha llama efectos de identidad[iii]. En sus pinturas, como en las de los expresionistas alemanes de principios del siglo XX, todo tiene apariencia y esencia, máscara y verdad. Haerizadeh busca expresar las filias y las fobias del ser humano, trasmitiendo el sentimiento de un individuo en constante desacuerdo con las normativas que impone su país. Su trabajo muestra un universo de colores excesivos y  sofocantes, explosivos y vibrantes, generalmente en telas de inmensos formatos, probablemente influencia de los grandes murales que aparecen en las calles iraníes con imágenes de líderes de la revolución y mártires de la guerra. A pesar de su burlesco sentido del humor, algunos de sus cuadros emanan sentimientos viscerales que van de la rabia a la ironía, del amor a la melancolía.  En sus obras se percibe un pesimismo histórico de largas raíces y un profundo descontento por las obligaciones y prohibiciones que impone el gobierno iraní. Es el descontento de su generación en perpetua búsqueda de libertad para poder opinar y decidir su vida. Sus expresivas pinceladas  recuerdan aquellas de Francis Bacon, rebosantes de un profundo sentimiento sarcástico y mordaz por la atmósfera de falsedad y violencia que rodea al ser humano. Haerizadeh retrata personajes característicos de su país, escenas cotidianas y ceremonias religiosas en las que manifiesta la ambivalencia de unas tradiciones, en las que el júbilo y el dolor, la alegría y la tristeza, son dos caras de una misma moneda que el artista utiliza para plantear una postura radicalmente crítica, dando a su arte un papel de auténtica denuncia social.

Una de las obras que mejor ejemplifica esta especial ambivalencia, es el díptico Typical  Iranian  Wedding  نوعي‌ عروسى ايران un óleo sobre tela en el que hace una crítica sobre aspectos que él considera hipócritas acerca de las imposiciones sociales que imperan en su país. Presentada como dos grandes telas de 200 x 300 cm y describiendo una obligada costumbre, el artista sitúa en un lado a los hombres y en el otro lado a las mujeres; unos y otros separados por una cortina. La cortina que permite a las mujeres gozar del festejo de la boda sin necesidad de llevar el obligado chador.

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Rokni Haerizadeh, Typical Iranian Wedding 

En la tela de la derecha Haerizadeh presenta el espacio dedicado al festejo masculino. Un espacio que destaca por abundante comida, música en directo, exuberante decoración y una suave luz que sugiere una invitación al vicio, con imágenes de homosexualidad y consumo de sustancias no permitidas como alcohol, opio o hachís. Como contrapartida, en el cuadro de la izquierda vemos el espacio de las mujeres, mucho más sobrio y austero,  donde sin tanto alboroto, sin piano ni pianista, sin alcohol ni drogas y elegantemente vestidas, hablan y bailan de forma amistosa y tranquila y, gracias a la presencia de la cortina, disfrutan de la ceremonia sin necesidad de cubrirse con el velo.

Con esta obra, Haerizadeh, l’enfant terrible de la pintura iraní, nos hace partícipes de una norma convertida en costumbre, que obliga a la segregación de género incluso en las fiestas celebradas tras una unión matrimonial: por un lado las mujeres y por otro los hombres. También es tradición la presencia de algunos objetos para que el matrimonio celebrado sea feliz, fructífero y duradero y que sitúan sobre un sofreh o mantel: un espejo para traer la luz y el brillo a los contrayentes; unos candelabros que simbolizan la energía y el fuego (de Zaratustra); una bandeja con especias para guardarse las envidias ajenas; pan ácimo para la prosperidad de la pareja; frutos secos  para una fertilidad segura; granadas y manzanas que aseguran un pacífico futuro; agua de rosas, que simboliza el aroma de su vida en común y el termeh, unos brocados que pasan de generación en generación y que simbolizan la continuidad y la tradición[iv].

Contrastando con Typical Iranian Wedding, una obra esencialmente crítica pero también alegre y festiva, Haerizadeh realiza la obra titulada Typical  Iranian  Funeral ربط مراسم تشييع جنازه dos óleos sobre tela de la misma medida que el banquete nupcial, en donde el artista vuelve a separar dos diferentes conceptos. A la izquierda sitúa el núcleo familiar y amigos más cercanos del difunto, dispuestos alrededor de diferentes mesas según fuera el grado de parentesco o amistad con el difunto, mientras saborean halvá o shirinís unos dulces típicos que  acostumbran a ofrecerse en los velatorios en  honor y memoria del difunto.

 

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Rokni Haerizadeh, Typical  Iranian  Funeral                               

Aunque dicen que la mayoría de los entierros musulmanes tienen más de celebración que de aflicción, el artista describe en la tela de la derecha una costumbre de antigua tradición como es la presencia de plañideras a sueldo. Vestidas con el negro chador, cumplen con el conocido ritual religioso mucho más profundo y característico de las leyes Islámicas. Un ritual que habla de la muerte como metáfora del auténtico retorno a la madre tierra, a ese estado silencioso que caracteriza a algunas tradiciones en las que la muerte es en el plano espiritual, una liturgia del Eterno Retorno…

El artista  ilustra con cierta ironía el contraste con el que la ley islámica cumple con los rituales mortuorios y la tradición de realizar la correcta sepultura al buen musulmán.  Empuñar el humor para trazar un retrato de la sociedad iraní no es tarea fácil, pero Haerizadeh lo hace con cierto sarcasmo, incluso ridiculizando de forma provocativa todo este aspecto dramático y a la vez festivo, sincronizándolos en un tándem tan claro como contradictorio.

Rokni Haezadeh ha nacido en Teherán y ha crecido a la sombra de la revolución, donde la presencia de la autoridad política y religiosa ha formado parte de su vida.  La nueva generación iraní a la que él pertenece ha sido alimentada de tradición y modernidad; la mayoría de los jóvenes ha recibido una educación tradicional pero ha cursado estudios universitarios; ha estado en contacto con el mundo exterior,  pero se le ha impedido actuar con libertad. Los jóvenes iraníes de hoy, dicen haber tenido una educación muy religiosa pero la gran paradoja es, como aseguran, que  hoy no pueden ser más laicos de lo que son y consideran que el Islam está demasiado mezclado con la política.

El humor es un arma inteligente, una gimnasia de la mente contra el dolor y la barbarie.  En el trabajo de Rokni Haerizadeh se intuye esa rabia que esconde tras una sonrisa y que elimina mediante el sarcasmo y su continuo sentido del humor. Por este motivo, el carácter profundamente irónico y caricaturesco de sus obras ha sido duramente criticado por los clérigos y dignatarios del gobierno de su país, porque lo entienden como una falta de respeto a sus tradiciones, a la religión musulmana y sus dogmas. A través de su mirada socarrona, visceral, y a la vez cómica y dolorida, con espíritu transgresor y reivindicando una anhelada normalidad para la cansada sociedad de su país, Haerizadeh trabaja unos temas tan reales que apuntan serios principios de incomprensión e incertidumbre y plantean riesgos a cada paso, a cada pincelada. Riesgos que pueden llevarle desde una posible incomprensión por parte del público occidental, hasta su prolongado exilio en Dubai.

Aunque los jóvenes iraníes, con su gran sentido del humor, bromean diciendo que en Irán todo está permitido excepto lo prohibido…hoy por hoy en Irán, cualquier cosa que un joven quiera hacer semejante a lo que suelen hacer los jóvenes  en occidente,  está  desaconsejada  o  terminantemente  prohibida.  Les queda Internet como única franja de libertad a pesar del continuo bloqueo por parte del gobierno. Mucho más culta que la anterior generación, la juventud iraní quiere autonomía y apertura, y no está dispuesta a perder el tren del progreso que conduce a la mundialización.

Rokni Haerizadeh pertenece a esta nueva generación de artistas iraníes establecidos con carácter más o menos definitivo en el extranjero que, defendidos por consolidadas galerías de arte,  defienden su trabajo y presentan sus obras en ferias de arte internacionales. Son artistas que necesitan de forma casi visceral tratar temas como la identidad individual, la desigualdad sexual, la censura intelectual, las tradiciones culturales y rituales religiosos, pero sobre todo nociones como derechos humanos, justicia, libertad y paz, unas nociones defendidas durante años por la Premio Nóbel de la Paz Shirin Ebadí.

Además de su afición por temas tradicionales como los festejos de desposorios y los rituales mortuorios, Haerizadeh es, como buen iraní, profundamente sensible a la poesía, Buen conocedor de la poesía persa clásica y contemporánea, incluye en sus obras poemas clásicos como el Shahnameh de Ferdowsi, la serie  Khosrow and Shirin inspirada en el poeta Nizami o la serie Masnavi Ma’navi  basada en el trabajo de Rumi, de quienes el artista toma prestados temas, historias y protagonistas para, a través de su enfoque personal, reinterpretarlos desde su presente iraní.

Uno de los más bellos ejemplos lo constituye la serie Khosrow and Shirin, خسرو و شیرین basada en una conocida y tradicional historia de amor persa.  Formada por una treintena de óleos sobre tela, la serie narra la historia de amor entre Kosrow, un joven y apuesto príncipe persa de la época Sasánida y Shirin, una bella y valiente princesa Armenia. Aunque Shirin es cristiana acabará casándose con su enamorado después de penosos e inimaginables sucesos. Basándose probablemente en la miniatura persa que se conserva del Shanhnameh de Ferdowsi, Haerizadeh pinta a la princesa Shirin bañándose desnuda en el río mientras el príncipe Khosrow, la observa escondido tras un árbol, tal como explica la tradición.

Kosrow&Shirin    MiniaturaShanhameh Izquierda: Rokni Haerizadeh, Kosrow y Shirin. Derecha:   Miniatura del Shanhameh

 

En Khosrown y Shirin, el artista otorga el tono fantasmagórico del Irán de hoy, mientras refleja el aspecto aristocrático y caballeresco que caracterizó a la realeza de la antigua Persia. Formas antológicas del clasicismo persa crean una atmósfera de magia y ensueño y en donde cualquier semejanza con las miniaturas clásicas, aparecen como pura comparación metafórica. El sentimiento dinámico de las figuras contrasta con la forma de captar la naturaleza, más abierta a las emociones.

Junto a las obras que describen conocidas tradiciones persas o las inspiradas en poemas persas, Rokni Haerizadeh es también autor de una serie de obras mucho más crítica y de carácter clara y abiertamente político. En ellas censura la actitud del gobierno de su país durante las protestas y manifestaciones transcurridas en junio del 2009. En la obra titulada Bed piss, Haerizadeh muestra una pirotecnia rampante llevándose por delante todo lo que encuentra a su paso.  Coches, bicicletas y motos arden en el centro de la ciudad mientras miembros de la SAVAK, la policía iraní considerada la institución más temida y odiada de Irán, persigue y agrede a los pacíficos manifestantes.

Bedpiss

Rokni Haerizadeh, Bed piss, 2009   Óleo s/ tela 200 x 800

 

Rokni Haerizadeh emplea  -según palabras de Vali Mahlouji-, la locura de la magia para hacer una crítica social. Con una especie de premeditada naturalidad y a través de  imágenes vertiginosas, el artista capta las manifestaciones y disturbios callejeros en Teherán. Cuando el movimiento verde se manifestó por todas las ciudades de Irán  con un comportamiento cívico y democrático enarbolando el lema de la no violencia, más que una protesta contra la falsedad de los resultados electorales, -que sin duda fueron el punto de partida-  era una manifestación contra la injusta teocracia iraní.

A este respecto, Rokni explicaba:

Durante estos días de protestas callejeras, cortaron Facebook, Twitter y la CNN. Los móviles no funcionaban. La policía cogía a los manifestantes sin motivo alguno, sólo por manifestarse y los encarcelaban. Después, los que lograban salir explicaban las torturas y los abusos que sufrieron en prisión.  Tras estos acontecimientos y los relatos escuchados, me volví histérico, muy agresivo y al mismo tiempo triste y decepcionado de mi país. Mi estado de ánimo siempre queda plasmado en el lienzo. No puedo ni quiero evitarlo. Soy muy visceral. Jackson Pollock utilizaba e incluía su cuerpo en el lienzo para pintar. Yo utilizo e incluyo toda mi mente, mi sentir, mis sensaciones, mi estado de ánimo y el que me rodea,  y reflejo los diferentes momentos por los que atraviesa la sociedad. Y los momentos que atravesaba el pueblo iraní cuando pintaba  estas  obras eran  sencillamente de miedo y caos. Cuando las pintaba, era como si hubiera enloquecido, pintaba a una velocidad de vértigo, sin descanso, sin interrupciones, con rabia por la situación desesperada que atravesaba mi país[v].              

Calificado como “el García Márquez de la pintura”, Haerizadeh es un excelente comunicador; una persona que desde una proximidad contagiosa, libre y sincera, piensa y pinta con honestidad. Un autor que sabe dejar su particular impronta sobre lo que narra. Me atrevería a calificar a Rokni Haerizadeh como un intelectual de su generación, situando su intelectualismo en aquella definición que del vocablo hizo José Luís Pardo[vi] de filósofo mundano, para designar a aquellos pensadores que intervienen en la escena pública con la intención de provocar debates y evidenciar situaciones. Dueño de un rico capital emocional, Rokni Haerizadeh cuestiona con una ironía a veces amorosa, a veces satírica y mordaz pero siempre sincera, la forma de actuar del gobierno iraní y, en su discurso pone en evidencia los tabúes existentes en su país, mantenidos a la fuerza y en contra de sus ciudadanos. El suyo es un arte tan emotivo como impulsivo… probablemente porque si el arte no es emotivo e impulsivo no existe, y si existe no golpea. No es su caso.                         



[i] MILANI, Abbas. Es director del programa Hamid y Christina Moghadam de Estudios Iraníes de la Universidad de Standford, donde codirige el proyecto Democracia Iraní en la Institución Hoover. En Irán por dentro. La Vanguardia Dossier. Nº 24. Barcelona, Julio/Septiembre 2007.

[ii] Dubai, llamada la Singapur de Oriente Medio, está formada por 200 nacionalidades distintas, supone el 80% de sus ciudadanos. Miles de iraníes viven o viajan a Dubai para hacer negocios, hasta el punto de que se la conoce como “la ciudad más grande de Irán”.

[iii] BHABHA, Homi. K. “El mimetismo y el hombre” en El lugar de la cultura. Ediciones Manantial SRL. Buenos Aires, 2007 (1ª edición).

[iv] RODICIO, Ángela. Periodista y reportera de TVE, autora de El Jardín del Fin. Un viaje por el Irán de ayer y de hoy. Pag. 33.

[v] Entrevista personal concedida por Rokni y Ramin Haerizadeh en su estudio de Dubai.(2010)

[vi] PARDO, José Luís. (Madrid, 1954) filósofo y ensayista, ganó el Premio Nacional de Ensayo 2005 por su libro La regla del juego. Es catedrático de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.