Libro temprano: Benjamín Ossa | PEDRO DONOSO

 Cover cc Benjamin Ossa

Esto es un libro. Comenzar estableciéndolo así y de paso trastocar la frase que usaba el artista René Magritte en su famosa pintura de una pipa, donde ponía en cuestión el mecanismo de representación. No, eso que aparecía sobre la tela no era una pipa sino su imagen. Y sí, este Libro temprano es propiamente un libro: seis capítulos y un anexo impresos que, junto a algunas imágenes, describen el desarrollo de la obra del artista Benjamín Ossa (Santiago de Chile, 1984) de la mano de Maya Errázuriz.

 Cover2 cc Benjamin Ossa

En plena era digital, algunos verán un libro como un esfuerzo antiguo, una reposición tardía de un gesto que siempre guarda un aire melancólico. El libro es vintage para todo un sector. La sola posibilidad de imprimir en papel, un atentado a la extensión menguada de las forestas que desaparecen. Pero es también la necesidad de confirmación gráfica y material de un objeto de formato propio. Mucho más en el caso de un libro de artista.

Este volumen no es una recopilación de piezas y exposiciones, no es la información que lo sostiene,  ni el largo ensayo interpretativo. Basta ir al primer capítulo para darse cuenta que esas intenciones formales prontamente quedan cortas. «Libro temprano es un proyecto colaborativo que propone un nuevo formato para difundir y compartir el arte.» Esto ¿es un libro? La opción de plantear esta pregunta redobla su relevancia a medida que se conoce el trabajo de Benjamín Ossa, enfocado a activar una percepción visual a partir del manejo de la geometría y el color. Entre otras cosas, la principal tarea de su obra plástica ha estado encaminada a captar la luz como un material para construir sus objetos.

En El elogio de la sombra de Junichiro Tanizaki un comentario señala que: “En Occidente, el más poderoso aliado de la belleza fue siempre la luz; en la estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la sombra.” Reinvirtiendo las palabras, se podría decir que el trabajo de Benjamín Ossa podría pensarse como “el enigma de la luz”. Eso significa dejar mayormente de lado la ficción para concentrarse en la elaboración de un mecanismo óptico cercana al arte cinético que, más que decir algo específico, plantea un fenómeno visual, una comparecencia muda como una ampolleta encendida en el cielo raso. Antes que explicado, el trabajo de Ossa pide ser percibido. ¿Cómo elaborar, entonces, un libro sobre una obra que se resiste a plantear una narrativa explícita? Y lo que es más difícil: ¿cómo escribir sobre una obra diseñada para la percepción directa?

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A lo largo de la lectura del texto acechan estas interrogantes una y otra vez. Adentrarse en Libro temprano es plantearse un nuevo modo de apreciación del libro como obra, como objeto contundente ante los ojos. Sus tapas rojas con el título en bajorelieve, el cuidado de su formato, su papel, la elección de las imágenes, la imparcialidad del texto, su prosa casi científica… esto es una pieza impresa de valor gráfico singular que ofrece una entrada directa a la meticulosa y obsesiva forma de trabajo de un artista riguroso. Más que hablar sobre, Libro temprano es la prolongación en papel del trabajo de Ossa.

Si a veces se comenta en estas latitudes que los artistas sólo sueñan con producir catálogos como testimonio de la exposición realizada, podemos decir en este caso que esa tendencia ha sido revertida: este libro es la realización de una obra que aún espera ser catalogada. Publicar ahora su reseña, ¿no redobla la paradoja al apelar desde lo virtual a lo real, un objeto inalcanzable por la red?

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