Una Máquina Desea Instrucciones como un Jardín Desea Disciplina | MARISA GÓMEZ

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En 1996, el escultor Jimmie Durham presentaba su obra Une Machine desire de l’instruction comme un jardin desiré de la discipline. Siguiendo su ecléctica línea de trabajo conceptual – homogeneizada por su defensa de los derechos civiles y de los indios americanos, y por las reflexiones acerca de las relaciones entre arquitectura, poder, lenguaje y narrativas nacionales – la instalación consistía en dos máquinas de tejer relacionadas con la tradición decimonónica de usar cartones agujereados que indicaban patrones y que marcaban las instrucciones para una serie de operaciones mecánicas en la producción de tejidos. Acompañando estas piezas de una nota manuscrita con la frase que da título a la instalación, Durham añadía una dimensión más a la instalación, sugiriendo una comparación entre el automatismo de estas máquinas de tejer binarias (quizás antecedentes del ordenador) y la necesidad de ordenar la naturaleza, que se maerializaba de forma evidente en en los jardines franceses típicos de aquella época.
En 2013, Durham retomó el concepto y el título para plantear nuevamente, a través de un esquemático dibujo, las lógicas de mecanización y racionalización de la naturaleza, que actuarían privándola de su capacidad de interactuar con el hombre y la reconducirían hacia la producción racionalista de servicios. Unas lógicas que, precisamente desde la Modernidad, se han venido aplicando cada vez con más intensidad a todos los ámbitos de la vida humana, desacralizando las relaciones sociales y con el mudo en general.

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.Jimmie Durham, “Una Máquina desea instrucciones como un jardín desea disciplina”, 1996

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.Jimmie Durham, “Una Máquina…”, 2013

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Precisamente, este dibujo de Durham y las ideas que plantea constituyen una de las piezas clave del proyecto expositivo de Catalina Lozano (Colombia, 1979) que – como ganador del tercer Premio MARCO/FRAC Lorraine de Jóvenes Comisarios – podemos ver materializado en el Museo MARCO de Vigo hasta el próximo 2 de febrero, y que posteriormente viajará el FRAC Lorraine de Metz. Bajo el título “Una Máquina Desea Instrucciones como un Jardín Desea Disciplina”, que sitúa la pieza de Durham como hilo conductor y perspectiva englobante de la exposición, Lozano nos plantea una serie de reflexiones acerca de los procesos de organización capitalista y colonización interna entre los estados europeos desde la Modernidad; una reflexiones que resultan, desde luego, de lo más pertinentes en el momento actual de la cultura y la política europeas.

A partir de un recorrido por diez obras que abordan temas que van desde los procesos de monetización y tecnologización, las relaciones sociales y de clases, la religión, las “otradades” y el eurocentrismo o el propio papel de los museos en la formación del pensamiento y la política europea, Lozano explora y recoge tres aspectos que considera fundamentales para reconstruir – a partir de sus interacciones – una historia dinámica de Europa – pero también, en nuestra opinión, el devenir de todo el mundo contemporáneo global y postcolonial: La reducción de la diversidad, que dividió a los humanos en “civilizados” y “por civilizar”; la negación de la simultaneidad de Walter Mignolo, que conlleva una visión lineal de la historia y del progreso y que lleva a situar lo no-europeo en el pasado; y el mito de la objetividad frente a una realidad externa.

Así, después del primer encuentro con el dibujo de Durham, la exposición nos sitúa ante Witch’s Ladder (Escalera de Bruja) de Klaus Weber. Se trata de una instalación compuesta por una cuerda sujeta entre el suelo y el techo a la que se adhieren plumas, alternadas como si conformasen los peldaños de una escalera. En referencia a las escaleras que, en el mundo de la brujería, permiten a los demonios acceder a los edificios por el techo, la obra de Weber entronca con la noción de museo como articulador de una relación jerárquica entre productor y receptor; una relación que trata de subvertir mediante este objeto casi místico y alejado de todo racionalismo.

El recorrido continúa con tres partes – Gestos, Inscripciones y Circularidad – del trabajo Los Negros del artista Mexicano Jorge Satorre; una investigación sobre la narrativa histórica construida a partir de la ilustración en distintos soportes y con diversos lenguajes. A través de una serie de páginas de la Biblia coloreadas a mano, de piedras con inscripciones paleolíticas y de dibujos de manos en distintas posiciones, Satorre logra hacernos conscientes el largo proceso de negociación e imposición de las creencias y costumbres religiosas; un proceso que hunde sus raíces, por lo menos, en el final de la Edad Media, a la que nos remite a través de su referencia a El Queso y Los Gusanos de Ginzburg como ejemplo paradgimático de la microhistoria de este período.

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.Detalle de “Gestos”, del proyecto “Los Negros”, Jorge Satorre, 2011

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Más reveladora aún de las costumbres supuestamente universales de la Europa que conocemos, resulta la instalación Museum of European Normality (Museo de la Normalidad Europea), un trabajo colaborativo de María T. Alves y Jimmie Durham. Como señalan sus autores, la pieza, un trabajo casi etnográfico, no busca la esencia de los Europeos, si no más bien los tics, las costumbres y los complejos procesos que hay tras ellos a pesar de su aparente “normalidad”. Así, Alves explora, a través del vídeo, gestos propiamente occidentales como mirar a los ojos o la costumbre de hacer preguntas, mientras que Durham crea un archivo de documentos de la vida cotidiana capitalista – revistas, guías de viaje, publicidad, etc. – para desnaturalizarlas y dar cuenta de las consecuencias de las narrativas que construyen y los valores que imponen.

A través del libro ilustrado de Patrick Keiller The Possibility of Life’s Survival on The Planet – parte del proyecto artístico “The Robinson Institute“, una amplia investigación de corte museográfico centrada en los orígenes de la crisis actual – el discurso expositivo gira hacia la cuestión de la ciudadanía y la representación. En esta línea se inscribe también Citoyanneté (Ciudadanía) de Carme Nogueria recoge una serie de vistas urbanas de París a partir de las que esta artista viguesa nos acerca, precisamente, al concepto de ciudadanía y su relación con la configuración del paisaje urbano y social, y parece invitarnos a pensar el lugar que ocupamos en el mismo a partir de particulares aproximaciones a la ciudad, su arquitectura y su representación simbólica.

Junto a estas dos piezas encontramos también An Exchange for Fire (Un intercambio con el fuergo), de Anja Kirschner y David Pano, una serie de 5 cortos que reúnen material grabado por los artistas de 2012. Las imágenes acompañadas de textos críticos, redefinen la terminología de la crisis actual, recorriendo momentos de la historia del dinero, la creación del estado fiscal moderno o la reestructuración capitalista de la vida moderna.

Volviendo sobre nuestros pasos, la siguiente sala de la exposición nos invita a sentarnos a jugar un Juego de la Oca diseñado por Olivia Plender e inspirado directamente en su original del siglo XVI. Set Sail for the Levant (Partir hacia Levante) mantiene, a través de la metáfora del juego – como el propio juego de la vida – un vínculo con el tema de la monetarización y la articulación del sistema fiscal, así como las relaciones sociales que se establecen entorno a ellas. Los protagonistas del juego son campesinos que parten de una clara desventaja con respecto a la aristocracia o el clero, siendo la deuda su única opción de mejora material y social, y “partir hacia Levante”, fase final del juego, la única posibilidad de victoria, ya que permite dejar todas las deudas pendientes y empezar una nueva vida en otro lugar. La pregunta sobre “a costa de qué” se obtiene este tipo de victoria en el juego de la economía y la vida, parece surgir inmeditamente en el vistitante que se enfrenta a esta pieza y adquiere una enorme actualidad en el contexto europeo actual.

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.Detalle del tablero del Juego de la Oca diseñado
por Olivia Plender para “Set Sail for the Levant”, 2008

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La última sala de la exposición acoge únicamente dos piezas: por un lado, el vídeo de Harum Farocki  Imágenes del Mundo y Epitafios de la Guerra y, por otro, la instalación La Alhambra sobrevivió de Rogelio López Cuenca. La primera – entroncando directamente con el dibujo de Durham – se centra en la cuestión de la mecanización y sus consecuencias para el pensamiento, la vida y las relaciones humanas pero, en este caso, considerando especialmente cómo este proceso ocurre bajo la lógica de la militarización y el control y al amparo de las tecnologías de la imagen que racionalizaron la “producción” de la guerra. Con este discurso, el cineasta alemán construye un abrumador archivo de imágenes que hablan por sí solas y nos invitan a pensar en sus propios mecanismos y lenguajes de construcción del mundo.

Por su parte, la instalación de López Cuenca nos sitúa ante un archivo de objetos folclóricos, de consumo de masas y souvenirs relacionados con La Alhambra y, a través de ella, con la cultura árabe en España. Este archivo que cuenta con postales, camisetas, pósters, piezas de cerámica, fotografías o botellas, entre otros muchos objetos – da cuenta de cómo la rica herencia cultural árabe ha sido reducida al folclore, a través de la Reconquista como mito fundacional cristiano.

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.Vista de la instalación “La Alhambra sobrevivió” (1995) de Rogelio López Cuenca en el MARCO de Vigo

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La impresión general que nos deja la exposición es la de haber hecho un amplio recorrido por la geografía y la historia Europea – desde la Italia de finales de la Edad Media a la Francia o el París Contemporáneo, pasado por la Inglaterra de la Revolución Industrial – y por los elementos compartidos que más allá de estos límites espaciales y temporales, parecen crear su propia imagen, su propio modo de ser, su devenir y, quizás su futuro. Pero sobre todo, nos deja la impresión de que esta “realidad Europea” existe – si es que lo hace – también desde otros (y múltiples) puntos de vista y realidades que escapan a las simplificaciones, a las narrativas dominantes o las dicotomías. Por un lado, la exposición funciona como una especie de mecanismo de autorreflexión a través del propio arte, que hace visible lo desapercibido por la costumbre y la historia. Pero no lo hace dando respuestas, sino al contrario, generando dudas e inquietudes, dando que pensar y permitiéndonos reformular el modo de pensarlo. Por otro lado, y particularmente interesante – especialmente si se consideran las raíces y trayectoria de la comisaria y cómo esto le ha permitido construir este discurso desde la distancia cultural y teórica de Latinoamérica, mirando a Europa desde dentro y fuera a la vez – resulta poder tomar conciencia de cómo los procesos de colonización que llevaron a cabo los estados de la Europa moderna y modernizadora más allá de los límites de “Europa”, no son sino la reproducción de los propios procesos de colonización económica, cultural, ideológica y social que durante siglos ocurrieron dentro y entre los propios estados que la conforman, y cuyas complejidades, relaciones y mecanismos nos pasan a menudo desapercibidas.

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Más información:

MARCO Vigo

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