Istanbul Multiplicity. El imaginario visual entre Oriente y Occidente | HERMAN BASHIRON MENDOLICCHIO


¿Capital de la cultura Europea? ¿Puente entre Oriente y Occidente? ¿Puerta de entrada al continente asiático? ¿Cuántas y cuáles definiciones, descripciones, axiomas enfrenta hoy en día la ciudad más representativa de Turquía? ¿Cuántas alegorías, metáforas, figuras simbólicas se han construido y se siguen construyendo alrededor de Bizancio/Constantinopla/Estambul?

La multiplicidad de direcciones, de estímulos y de orientaciones que se generan continuamente, convierten a Estambul en una ciudad/estado que vive un presente global de extremo interés y que aporta un enriquecedor in-between entre tradición y modernidad, religión y laicidad, pasado y futuro.

Las nuevas y poderosas estructuras museales de la ciudad, como por ejemplo el “Istanbul Modern” o la “Santralistanbul”; la poderosa inversión en cultura de entidades financieras, como la “Platform Garanti” o la “Akbank”; la proliferación y la diseminación de nuevas galerías y espacios de arte; el desarrollo de proyectos creativos internacionales; la organización de la Bienal de Estambul – entre otras cosas – proporcionan unas lecturas y unos enfoques muy distintos y novedosos sobre la cultura contemporánea turca.

Al mismo tiempo, esas dinámicas de producción cultural contemporánea – gracias además a la posición geopolítica e intercultural de la que goza la ciudad – determinan un proceso visual complejo y fascinante que se complementa, más que contraponerse, con la cara histórica y patrimonial de Estambul.

Las tensiones y los diálogos entre la herencia visual y las miradas contemporáneas de Estambul – generadas a través de estos nuevos espacios – así como el potencial geopolítico que conlleva su imagen, serán el objetivo de este artículo. Perspectivas y representaciones de la multiplicidad atraviesan el paisaje cultural contemporáneo de la ciudad del Bósforo.

 

Memorable, cool, oriental, occidental, europea, asiática…

 

Una de las facetas más conocidas de Estambul es su eterna metáfora de puente entre dos mundos – la mayoría de las veces representados por aquellos conceptos monolíticos llamados “Oriente y Occidente” – donde, sintetizando los refranes estereotipados, está permitido el estilo de vida occidental unido al embrujo del canto del muecín. Esta visión tópica de la ciudad turca, se redunda y se repite constantemente gracias también al uso y consumo visual de su patrimonio histórico y cultural unido a la imagen de su cara contemporánea. A las miles de postales que representan a la mezquita azul, al palacio del Topkapi, a la admirable Santa Sofía o las asombrosas puestas del sol sobre el Bósforo, se van acostando imágenes de una Estambul moderna, joven e innovadora, de obras y construcciones impactantes, de inquietudes musicales, de expresiones creativas en el Cine y en el heterogéneo mundo del arte contemporáneo. Una ciudad de múltiples culturas que se refleja en el Bósforo, en el Mar de Mármara y en el Mediterráneo y que, por un lado, recoge un reflejo europeo y, por el otro, un reflejo asiático.

Esta condición bipolar de la ciudad permite indudablemente – a todo el conjunto del estado turco –  jugar un rol fundamental en los nuevos órdenes geopolíticos y culturales globales. Gracias sobre todo al fomento y a la promoción de esta pluralidad, de ciudad abierta a todos y para todos los gustos, se ha ido creando un capital visual que cruza categorías, creencias, tiempos y espacios; un capital visual de la diversidad – en el que todos están representados – que alimenta un diálogo transversal entre Turquía, sus vecinos y los demás agentes geopolíticos del globo. Estambul es la síntesis y la protagonista indiscutible de estas dinámicas: la gloriosa ciudad que guarda los vestigios del pasado convive con la Estambul cool del presente.

Esta identidad múltiple de la ciudad se ve reflejada en las numerosas imágenes que se difunden de ella a nivel internacional. Revistas, diarios, carteles, reportajes, anuncios, etc. – a través de la prensa o de distintos medios audiovisuales – promulgan esa estética de la diversidad propia de Estambul.

Una estética de la diversidad que tiene una doble fuente de alimentación, que es un mecanismo a la vez endógeno y exógeno. Si por un lado es la misma municipalidad de la ciudad – y el mismo sistema político turco – quien quieren vender una imagen de Estambul como un lugar armónico y multicultural sin par; por otro, es también la imagen que se difunde a nivel internacional que promueve la ciudad como un destino – tanto cultural como de ocio – donde la diversión, la diversidad y la multiculturalidad se convierten en elementos característicos y en atractivos turísticos.

Portadas como la de Newsweek (agosto 2005), dedicada a la Cool Istanbul, o artículos en diarios de difusión global, como el New York Times, destacan esa faceta moderna, multicultural y heterogénea de Estambul: la ciudad, según el título de Newsweek, “más hippie de Europa”.

Cool Istanbul. Portada de Newsweek, agosto 2005.

Como comenta M. Zeynep Dadak, en un artículo aparecido en la revista ArteEast, hablando en concreto de estos dos ejemplos: “Muy probablemente la portada de agosto de 2005 de Newsweek ha sido la “más perentoria” entre todas. Se retrata a una pareja joven, fervorosa, bailando en trance al ritmo de la música, llevando ropa de látex de mala calidad al estilo “danza del vientre de S&M”. Como si esta foto tuviera algo que ver con la ‘cool’ness, la leyenda describe la ciudad como “Cool Estambul. La ciudad más hippie de Europa”. El titular del artículo relacionado es aún más apasionado en cuanto a hacer difusión de la imagen positiva de la ciudad: “Turkish Delight: Después de tantas décadas tratando de volverse occidental, Estambul se vanagloria del redescubrimiento de una identidad muy moderna. Europea o no, es una de las mejores ciudades en el mundo”. Otro artículo en el New York Times pone de relieve que puede ser que Estambul ya no necesite a Europa después de todo. Lo que es particularmente sorprendente, aquí, es el sutil recordatorio de los debates sobre la identidad europea de Turquía. A pesar de que las meras palabras son de poco consuelo, en momentos en los que la posible adhesión a la UE de Turquía está en juego, estos artículos promueven la autenticidad de Turquía en contra de la idea de una Europa homogeneizada: “Europa puede aún resistirse a admitir a Turquía a su Unión. Sin embargo, el mundo no se acabará si lo hace. Todas las señales indican que Estambul seguirá re-creándose a sí misma, tal vez incluso con más energía. Recuerde los sonidos de las calles de Estambul – Europeas, Turcas, Balcánicas y Medio Orientales – que se unen todos en una armonía extraña pero hermosa”.[1]

Los sonidos de Estambul se convierten en metáfora de la diversidad cultural y en herramienta de marketing – como apunta M. Zeynep Dadak – para su propia venta: “Uno de los sociólogos prominentes de Turquía, Caglar Keyder, utiliza el término de “Estambul en venta” para hablar de los proyectos infraestructurales y superestructurales (comunicaciones, transportes, hoteles, servicios) como una necesidad en los primeros años noventa, con el fin de transformar Estambul en una ciudad global de flujos transnacionales de capital económico. Sin embargo el ambiente cultural de por sí está en juego en términos de esta “venta”. Y recientemente el ambiente cultural hace eco de los sonidos de Estambul. Los sonidos de la Estambul contemporánea, se convierten primeramente en la metáfora de la armonía de las diversas culturas de una ciudad en la encrucijada y, en segundo lugar, en una herramienta de marketing para la propia venta de este multiculturalismo”.[2]

Esta multiplicidad de identidades y culturas que conviven plácidamente entre alminares y discotecas, forma ya parte de un discurso, de una narrativa y de un imaginario global. El itinerario común de pensamientos y reflexiones sobre Estambul lleva obligatoriamente a este cruce de mundos donde emergen y se mezclan arqueología y contemporaneidad y, sobre todo, los ya citados Oriente y Occidente. El campo de la economía cultural y de la industria del turismo son los que ciertamente más defienden y reiteran esta narrativa positivista. Como se puede leer, por ejemplo, en un comentario al artículo “Un nuevo arte para Estambul”, publicado en la página Web del diario español El País: “Cuando voy a Estambul encuentro una ciudad fascinante y rica en arte contemporáneo. Intento volver al museo Arqueológico en el que siempre descubro algo nuevo y el Museo de Arte Contemporáneo en el que he visto exposiciones con gran sensibilidad artística…No me pierdo las eventuales de Sabanci u otras Fundaciones…Creo que existen grandes artistas y grandes desconocidos turcos que combinan la magia de la mezcla entre oriente y occidente, sin perder lo genuinamente otomano saben incorporar elementos occidentales. Un gran descubrimiento”.[3]

Debajo de la cortina principal del discurso – y de la representación visual – de la bipolaridad de Estambul, corren toda una serie de debates, internos y externos, que cuestionan diferentes argumentos aportando una ulterior multiplicidad de miradas y puntos de vista.

Los debates actuales se centran sobre múltiples temas alrededor de la relación Turquía/Europa; alrededor de las políticas culturales; sobre el concepto de territorio y de frontera; sobre los diálogos visuales con los demás países del área; sobre la vitalidad de la visión neo-otomana; sobre el poderío económico privado que empuja hacia una modernización cultural, etc. No hay un camino único, una opinión corriente, sino una pluralidad de puntos de vista que convierten el debate en algo realmente interesante tanto dentro de la misma Turquía como fuera.

Uno de los ejemplos más conocidos – uno de los mayores componentes y alimentos de un imaginario agitado – consiste sin duda en el factor religioso. El antiguo “hombre enfermo de Europa” se enfrenta hoy a toda una serie de miradas y narrativas que – si bien fautoras de los discursos de la diversidad – se resisten a aceptar la imagen del Islam, la imagen de la alteridad islámica. Esa cuestión religiosa y cultural turca, vinculada al Islam, juega un papel importante en la construcción de cierto imaginario visual occidental/europeo, provocando así fricciones y obstáculos en los actuales procesos de ampliación de la Unión Europea. La cuestión Turquía/Europa vive también de psicosis y paradojas. Como comenta el profesor Iain Chambers: “En la segunda mitad del siglo XIX, los ministros de asuntos exteriores de Europa hablaban constantemente del “hombre enfermo de Europa”. La referencia era directa al entonces Imperio Otomano en declive. ¿Cómo es posible que más de un siglo después, su progenie más laica y más moderna – el actual estado de Turquía – tenga que negociar su reingreso en Europa? ¿Cuándo, por qué y cómo ha dejado de ser parte de ella? (…) En las respuestas a estas preguntas reside el diseño de un mundo, y de una Europa, que se sienten repetidamente seguros solo cuando se purgan de los “cuerpos extraños”. La aniquiladora simplicidad de esas divisiones es, por supuesto, ficticia e ilusoria, especialmente cuando los criterios de evaluación – entre la modernidad y lo arcaico, entre Europa y su otro, entre el secularismo y la religión – pueden gastar malas bromas, con una Turquía que puede ser más “moderna” (…) y menos “fundamentalista” que muchas áreas de las contemporáneas y “cristianas” Europa y América del Norte. La respuesta a los turcos – y a los siglos de aprehensión que resuenan en esa frase – se basa en energías que se encuentran mucho más allá de una evaluación razonada o histórica. Se trata de la misma fosca psicosis a ser “ocupados”, “invadidos”, “contaminados”, y en última instancia “destruidos”, que también conduce de manera similar a la genérica, e infundada, caracterización de “las mujeres musulmanas” como una patología, ya sea en Argelia, Siria, Egipto, Gran Bretaña, Alemania o Francia”.[4]

© Cem Turkel / afp

La representación y la imagen del Otro, la estética migratoria, las políticas de convivencia, las negociaciones, las dinámicas y las relaciones interculturales, etc. son temas que recorren en cierta manera el entero espacio geopolítico europeo. En este sentido, el caso de Turquía, por su frontera directa y terrestre con la Unión Europea, es quizás el más paradigmático.

Cuestionarse sobre la identidad, la diversidad, la pertenencia, sobre las definiciones y las categorías de lo turco, lo europeo o lo mediterráneo – a través de procesos y políticas visuales – es uno de los objetivos clave a la hora de analizar esta pluralidad de metáforas que giran entorno a Turquía, lo turco y a Estambul como lugar más representativo de esta multiplicidad. En este sentido es pertinente mencionar un proyecto de la artista Deniz Gul, cuyo propósito es efectivamente el de cuestionar – a través de la unión entre imágenes y preguntas – la pluri-identidad, o identidad móvil, y las categorías que definen estas identidades. En Who are these people?, un trabajo presentado en ocasión del proyecto internacional Going Public 06. Atlante Mediterráneo, Deniz comenta: “¿Qué es ser turco? En general esta pregunta está en la agenda de los europeos ya que nosotros a menudo nos enfrentamos con ella. De vez en cuando, para un proyecto en el Mediterráneo, crea ironía. Por mucho que el Mediterráneo se considere como la Tierra Madre de las civilizaciones, en el nuevo contexto, la obligación específica de Turquía es la de jugar el papel de puente entre culturas y contradicciones. (…) ¿Es posible por un desconocido que no tiene ni idea o tiene una idea preconcebida de lo que puede ser, reconocer la ciudad de Estambul en el Mediterráneo mirando fotos del paisaje urbano? La fotografía no ofrece pistas sobre cuándo y dónde a menos que una historia vaya de la mano con ella. Por lo tanto mis fotos se ven interrumpidas por preguntas básicas sobre la pertenencia y la identidad colocadas en el espacio y el movimiento. ¿Cómo están establecidas las definiciones exactas a nivel nacional? ¿Están suficientemente afirmadas? ¿Y son clasificados los seres humanos? ¿Quién sabe que este lugar es en el Mediterráneo? ¿Quién discutiría sobre lo que es un comportamiento cristiano o musulmán? ¿Quién  afirma que Turquía es Europa?”[5]

Deniz Gul, Who are these people?, 2006

El trabajo de Deniz Gul quiere demostrar cómo una imagen sin texto, sin una historia que la acompaña y sin preguntas, puede vehicular una información incompleta, y al mismo tiempo quiere mostrar la complejidad y la pluralidad intrínseca de cada imagen.

La cuestión sobre qué es “lo turco” forma parte de una larga tradición visual que comprende siglos de movilidad territorial y de choques y diálogos con otras realidades geopolíticas a lo largo de toda la historia. Desde los vestigios del Imperio bizantino, la sucesiva expansión y grandeza del Imperio Otomano, hasta los procesos actuales de modernización e internacionalización del país, pasando por la importante fase de transformaciones y reformas llevadas a cabo por Mustafa Kemal Atatürk. Esta peculiar relación con el territorio y con las fronteras es también clave en relación a la propia identidad turca y al imaginario que se construye alrededor de ella. Come expresa Ferhat Kentel, profesor de la Bilgi University: “Los territorios y la historia sobre los que la nación turca cree asentarse son móviles y frágiles al máximo. Las fronteras se mueven desde Asia Central a Anatolia, a los Balcanes, a las puertas de Viena; seguidamente retroceden, aún más atrás; vuelven a desplegarse hacia el Este, por Asia Central; de nuevo dan media vuelta; tantean de nuevo las puertas de Europa (Unión Europea), para retroceder de nuevo… la mirada vaga por aquí, luego por allá… Desplazamientos sin cesar, mapas y fronteras nunca fijas”.[6] La historia de Turquía ha pasado por una larga serie de conquistas y derrotas territoriales, y el discurso nacionalista, según Kentel, produce: “un “turco desterritorializado” que busca su territorio pero que vive también bajo la amenaza permanente de perderlo”.[7]

Esta interesante definición del “turco desterritorializado” ha caracterizado hasta hace poco una imagen de incertidumbre y de débiles equilibrios que, si por un lado sigue todavía en pie, por otro se está transformando radicalmente.

En esta transformación radical juega un rol fundamental la propia ciudad de Estambul, poderoso lugar de multiplicidades capaz de dar un rumbo nuevo a la historia de toda Turquía.

Dos acontecimientos clave – junto a una política central turca enfocada a un mayor protagonismo global – son los que han empujado un cambio de imagen y de percepción: 1) un vigoroso proceso de modernización cultural a través de inversiones privadas en arte y creatividad contemporánea; 2) la capitalidad cultural europea de Estambul en el 2010.

Si en 2008 el profesor Kentel comentaba: “El movimiento de péndulo entre la humillación y el orgullo que vive la identidad turca media es la consecuencia de una “transformación de una gran sociedad en una pequeña sociedad” o de la socialización de este saber”,[8] lo que parece hacerse paso hoy es una sensación claramente distinta, una visión neo-otomana consciente del potencial cultural y geopolítico de Turquía.

El vídeo oficial de “Estambul 2010. Capital Europea de la Cultura”[9] ejemplifica de manera magistral esa imagen de ciudad in-between, orgullosa del propio patrimonio histórico y cultural, y al mismo tiempo abocada a un futuro de modernización y de apertura internacional. El vídeo presenta un recorrido de imágenes que van desde las mezquitas hasta los rascacielos, haciendo hincapié en la diversidad de personas y de arquitecturas que habitan la ciudad y, sobre todo, destacando el proceso de modernización e innovación al que está sometida. Gracias a su posición geopolítica e intercultural extraordinaria, Estambul guía el desarrollo del país hacia un crecimiento económico y de influencia política cada vez más determinante para los equilibrios internacionales. Paradójicamente, si por un lado la elección de “Estambul 2010” evidencia el reconocimiento de esta ciudad como elemento clave de la cultura europea y fortalece el proceso de adhesión de Turquía a la UE; por otro, el apoyo y la confianza de los turcos hacia este mismo proceso está decididamente disminuyendo. Una Europa desacreditada a nivel político y económico va evidentemente perdiendo su ascendiente sobre Turquía. Gular Sabanci, una de las más poderosas mujeres de negocios del entero planeta, declara que “pronto será Europa la que necesite a Turquía y no lo contrario”.[10]

La familia Sabanci, además de tener negocios en prácticamente todos los sectores económicos de Turquía, invierte también en arte y cultura; de hecho la Universidad y el Museo Sabanci están entre las estructuras privadas de mayor prestigio de Estambul. Como ya se había comentado anteriormente, el proceso de modernización de Estambul – otro acontecimiento clave en términos de cambio de imagen – se debe esencialmente a una importante inversión de fondos privados en el campo del arte y de la cultura.

El nacimiento y la difusión de centros de arte y cultura como el “Istanbul Modern[11] o la “Santralistambul”;[12] los espacios expositivos de “Arter[13], “Salt[14] o el “Akbank Sanat”,[15] la propagación de espacios creativos independientes; el reconocimiento y la afirmación de la “Bienal de Estambul[16] o la feria de arte contemporáneo “Contemporary Istanbul[17] han cambiado radicalmente la geografía cultural contemporánea de la ciudad, convirtiéndola en pocos años en uno de los focos artísticos principales a nivel global. La imagen y las políticas visuales de Estambul se han alimentado y se alimentan mucho de este proceso.

Istanbul Modern

Uno de los trabajos de investigación que más información aportan para entender las diferentes dinámicas que han caracterizado la evolución de las políticas culturales en la ciudad del Bósforo, es el que ha realizado Montse Romaní.

El proyecto de la investigadora y comisaria catalana, Cronotopías del Arte, enmarcado en el programa de intercambio entre los centros de producción artísticas Can Xalant (Mataró/España) y Platform Garanti (Estambul/Turquía), se ha enfocado sobre las temáticas de producción y representación cultural y artística en Estambul desde 1987, año de la primera Bienal de Estambul, hasta 2010, año de su capitalidad cultural europea. Una investigación profunda y atenta ha llevado Montse Romaní a entrevistar a más de veinte personas procedentes de distintas disciplinas vinculadas a las temáticas sociales y culturales de la ciudad del Bósforo. De estos encuentros nace una geografía de la complejidad en la que gravitan temas como las relaciones entre Turquía y Unión Europea; las políticas del sector público y del sector privado; las estrategias espaciales; la existencia de espacios autónomos e independientes; la cuestión del imaginario, etc.

Entre la bibliografía especializada recopilada por Romaní, quiero citar un fragmento que reflexiona justamente sobre el proceso de modernización turca a través de las inversiones privadas: “El sector privado siempre ha sido uno de los principales patrocinadores artísticos, puesto que el estado turco no invierte en arte. Sin embargo, últimamente por todo Estambul afloran museos de arte con nombres de grandes familias: el Istanbul Modern, dirigido por la familia Eczacibasis; el Pera Museum, dirigido por la familia Koç; el Sabanci Museum, dirigido por la familia Sabanci; el Project4L, dirigido por Can Elgiz, y el más reciente, el Santralistanbul, impulsado por Oguz Özerden, también fundador de la Universidad de Bilgi de Estambul. La familia Koç anunció que financiaría la Bienal de Estambul durante los próximos diez años. Existen rumores que afirman que la cantidad contratada no es suficiente para un evento de tal magnitud, pero así son las cosas. Las grandes familias quieren usar el arte como herramienta de relaciones públicas y construcción de marca para que sus nombres se vean más asociados a la cultura. Con su Bienal, que atrae a más de 3.000 artistas profesionales extranjeros en su jornada inaugural, Estambul se ha convertido en uno de los puntos de interés más atractivos del turismo cultural internacional. (…) todas estas prósperas familias, a través de sus inversiones, quieren dar la imagen de que están al lado de la “modernización” de Turquía”.[18]

Conclusiones

Consciente de un mundo cada vez más multipolar, donde la influencia de Occidente y de Europa menguan frente a un evidente resurgimiento económico, político y cultural de Oriente, Turquía parece haber encontrado un camino autónomo gracias al cual – sin dejar de lado el objetivo y el esfuerzo para abrir la puerta de la Unión Europea – vive un gran momento de desarrollo económico y de buenas relaciones internacionales que le abren un camino incluso más proficuo y seguro que al lado de Europa y que le confieren además un papel de protagonista y no de subordinado. Ciertamente la postura bipolar de Turquía – la metáfora visual de puente entre Oriente y Occidente – favorece mucho esta estrategia de autonomía e independencia. Como se podía leer en El País el día 4/03/2011: “Los acontecimientos de Oriente Próximo y el norte de África atraen la atención de todos sobre la importancia de una Turquía que puede comunicarse con Oriente y Occidente, con el Norte y el Sur, que conoce de verdad a sus vecinos”, se jactaba el lunes en Hanóver el primer ministro Recep Tayyip Erdogan ante la canciller alemana, Angela Merkel. “Espero que el populismo no condicione nuestro ingreso y que se imponga una política a largo plazo. Podemos aportar mucho a Europa”.[19]

Estambul, como en el pasado, es la cuna de este renacimiento moderno turco. Lo demuestra su excelente capacidad de crear una imagen de pluralidad y de multiplicidad; como la de crear un mensaje de perfecta complementariedad entre el patrimonio visual de un pasado vivo, la representación de un presente dinámico y una visión de futuro abierto e intercultural. Hay muchas Estambul, capaces cada una de perseguir objetivos distintos y de establecer diálogos entre imaginarios diversos.


[1] M. Zeynep Dadak, “Transistanbul: Imaging the “Multicultural” City”. In: G. Carole Woodall (Ed.) ArteEast Quarterly: Alternative Perspectives on Turkey’s Cinematic Landscape. Web-Magazine. October 2006. La traducción de la cita es del autor. Online: http://arteeast.org/pages/artenews/Oct-2006/10/

[3] Comentario 3, Uxue. En: Intxausti, Aurora, “Un nuevo arte para Estambul”, El País, 26/07/2010. Online: http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/nuevo/arte/Estambul/elpten/20100726elpepirdv_6/Tes

[4] Chambers, Iain. Mediterranean crossings: the politics of an interrupted modernity. Duke University Press, 2008. Pág. 13. La traducción de la cita es del autor.

[5] Gul, Deniz, “Who are these People?”, En: VV.AA. Going Public ’06. Atlante Mediterraneo. Silvana Editoriale. Milano, 2006. Pág. 38. La traducción de la cita es del autor.

[6] Kentel, Ferhat, “Reconstrucciones nacionalistas frente a la desaparición de las fronteras”. EN: Revista CIDOB d’Afers Internacionals, núm. 82-83. Fronteras: Transitoriedad y dinámicas interculturales. Fundació CIDOB. Barcelona, septiembre 2008. Pág. 138.

[7] Ibidem, pág. 138.

[8] Ibidem, Pág. 144.

[10] Mian, G. Marzio. “La carica delle neo-ottomane”. Reportaje en Io Donna, suplemento de Il Corriere Della Sera. 25/08/2010. La traducción de la cita es del autor. Online: http://www.corriere.it/esteri/10_agosto_25/Mian-la-carica-delle-neo-ottomane_a2c6b8a6-b050-11df-817a-00144f02aabe.shtml

[18] Övül Dormusoglu, Never that Contemporary and Private Before: Questions of Cultural Policy Development in the Context of the Istanbul Biennial 2007. En: VV.AA. Centri/Fugacions. Catálogo de la exposición. Ed. Ajuntament de Barcelona / ICUB, 2009. Pág. 66.

[19] Sanz, Juan Carlos. “Turquía airea el éxito de su modelo”. Artículo en: El País, 4/03/2011. Online: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Turquia/airea/exito/modelo/elpepiint/20110304elpepiint_12/Tes

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Bibliografía: