Going Gangnam Style | MONSERRAT PIS

 

Cuando Psy lanzó al mercado su hit Gangnam Style probablemente no podía imaginarse que se convertiría en un fenómeno mundial replicado y versionado hasta la saciedad. Menos todavía podía figurarse que su coreografía paródica y absurda acabaría abanderando una protesta contra la falta de libertad de expresión y la restricción de los derechos humanos. La aldea global tiene un retorcido sentido del humor.

A finales de octubre de 2012, el artista y activista chino Ai Wei Wei colgaba su propia versión de Gangnam Style bailando ante la cámara con unas esposas. A través del nuevo montaje criticaba su situación y la represión encubierta ejercida por las autoridades chinas contra cualquier disidencia. En cuestión de horas el vídeo dio la vuelta al mundo y rápidamente el gobierno del gigante asiático se encargó de vetar el acceso al mismo desde dentro del país.

Las reacciones no se hicieron esperar.

Nos encontramos en una reconocida institución museística estadounidense. Es media mañana del jueves 15 de noviembre y todos los empleados reciben al mismo tiempo un e-mail de parte del director del museo. Lo firma Anish Kapoor desde su estudio londinense, y en él se invita a quien lo desee a acudir esa misma tarde para participar en una nueva versión de Gangnam Style en apoyo a Ai y como denuncia de su situación, y de tantas otras en las que la libertad de expresión de los individuos se encuentra amenazada.

No cabe duda de que resulta inviable cruzarse el charco para aparecer en Londres en apenas unas horas, de modo que Kapoor sugiere a quien no pueda estar físicamente que envíe sus propios vídeos para incorporarlos al montaje final.

Enseguida se organiza una vertiginosa cadena de e-mails dentro del museo, y en un tiempo récord la respuesta es abrumadora. Casi todo el mundo quiere participar. Cada departamento hace inventario de lo que puede aportar: una cámara de vídeo, altavoces, empleados metidos a bailarines y, por supuesto, gafas de sol. De pronto, el rodaje se ha convertido en algo inminente. La maquinaria se ha puesto en marcha y parece haber adquirido vida propia. Se fija un punto de encuentro y los trabajadores disponibles se presentan dispuestos a mover las caderas por una buena causa. La grabación dura un par de horas y el montaje está listo ese mismo día.

Menos de una semana más tarde el vídeo de Kapoor comienza a invadir las redes sociales bajo los auspicios de Amnistía Internacional. El guante está lanzado. Como dicen desde el Guggenheim de Nueva York: We’ve got your back.

Continuará…?