Retóricas de los Medios (dis)Locativos: Agitando las Fronteras l MARISA GÓMEZ

 

La movilidad y la localización se han convertido en paradigmas indiscutibles del actual entorno tecno-informacional. La combinación de ambos paradigmas se encarna hoy en día en smart phones, tablets y otros dispositivos portátiles que integran sistemas de posicionamiento con todo tipo de aplicaciones de funciones diversas (prácticas,  comerciales, lúdicas, estéticas, educativas, etc.). Estos dispositivos no sólo han permitido la interconexión de espacios físicos en un entorno globalizado o la creciente hibridación de éstos con las redes digitales de información – redefiniendo las prácticas sociales y las políticas del lugar – sino que también han abierto las puertas a ciertos cuestionamientos y desplazamientos de las concepciones de nociones como lugar, localización, territorio (con sus des- y re-territorializaciones), espacio público, espacio privado o frontera.

Dentro de estos cuestionamientos y desplazamientos, se enmarca la paradoja de que cuanto más peso adquiere el paradigma de la localización, mayor es nuestra des-localización y más peso adquieren también los procesos de des-territorialización. Ya discutí algunos aspectos de esta paradoja en otro artículo, poniendo énfasis en la dimensión re-localizadora y re-territorializadora de los Medios Locativos, tanto en el plano teórico como en el ámbito de la práctica artística. En esta ocasión, mi propósito es centrarme en la otra cara de esta paradoja, en la condición (dis)locativa de los Medios Locativos y en los modos en que se ha abordado en dos proyectos artísticos: Transborder Inmigrant Tool (TBT) del Electronic Disturbance Theater (EDT) 2.0 y b.a.n.g.lab (en desarrollo desde 2007) y Border Bumping, de Julian Oliver (2012). Aunque ambos proyectos construyen retóricas de los medios (dis)locativos totalmente diferentes en objetivos, enfoques y reflexiones de fondo, comparten no sólo el interés por estas dinámicas, sino también por la frontera como punto de partida, realidad a cuestionar y espacio de acción.

 

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Transborder Inmigrant Tool (Herramienta para inmigrantes transfronterizos) es un proyecto impulsado por Ricardo Domínguez, co-fundador de Electronic Disturbance Theater, en colaboración con Amy Sara Carroll, Micha Cárdenas, Elle Mehrmand y Brett Stalbaum. Se trata de una propuesta de hacktivismo y fomento de la desobediencia civil que – siguiendo los pasos de proyectos anteriores de Domínguez, como Zapatista Tactical Floodnet – redirige el poder de los medios electrónicos a los ciudadanos, en este caso, a aquellos implicados en los conflictos de la frontera entre México y EEUU. En palabras de EDT,

“la frontera entre EEUU y México se ha movido entre lo virtual y lo demasiado real desde antes del nacimiento de ambos estados-nación. Esto ha permitido trazar y etiquetar un amplio archivo de movimientos sospechosos a través de la frontera – específicamente anclados a cuerpos de inmigrantes moviéndose hacia el norte, mientras que los cuerpos de inmigrantes que se mueven hacia el sur son muchos menos. El peligro de moverse hacia el norte a través de esta frontera no es una cuestión política, sino de geografía vertiginosa. Cientos de personas han muerto cruzando la frontera México/EEUU por no ser capaces de decir dónde están en relación a dónde estaban y qué dirección deben seguir para llegar a salvo a su destino. Ahora, con el surgimiento de múltiples sistemas de información geo-espacial distribuida (como Google Earth), GPS (sistema de posicionamiento global) y el desarrollo del algoritmo Virtual Hiker del artista Brett Stalbaum, es posible desarrollar herramientas transfronterizas para inmigrantes que puedan ser implementadas y distribuidas en teléfonos móviles. Esto permitirá una nueva geografía virtual que defina nuevos caminos y rutas potencialmente más seguras a través de este desierto de lo real”[1].

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Vista de la interfaz de “Transborder Immigrant Tool” sobre el terreno.

 

Así, el proyecto consiste en el desarrollo de un software para móviles de bajo coste, sencillos de usar y en los que resulta fácil instalar nuevos componentes; un software basado en una interfaz simple e icónica – en la práctica una brújula – que permita a los inmigrantes orientarse y localizar depósitos de agua, fuentes o refugios que faciliten su travesía por el desierto y eviten el elevado número de muertos en este trayecto. A través de funcionalidades como la vibración al acercarse a estos puntos señalados, el software permite a los inmigrantes centrarse en el entorno, sin necesidad de mirar constantemente la pantalla. Más allá de lo práctico, la herramienta se desarrolla con un fuerte componente estético, que trata de convertir tanto la experiencia de cruzar la frontera, con toda su carga simbólica, como el uso de la propia herramienta en un gesto poético. Subvirtiendo la asociación entre la frontera México/EEUU con la desorientación, la insolación la falta de agua, se busca materializar “las posibilidades del GPS en tanto que sistema de posicionamiento global (Global Positioning System), pero también como lo que en otro contexto Laura Borrás Castanyer y Juan B. Gutiérrez llamaron sistema poético global (Global Poetic System)”[2]. Así, TBT incluye poemas grabados que apelan al estado psíquico, con palabras de ánimo o bienvenida que, escritos por Amy S. Carroll bajo la filosofía de que “la poesía no es un lujo”, tratan de convertir el proyecto en un experimento de “walking art”.

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Más allá de su fuerte carga crítica – quizás reforzada por el hecho de “asumir” el contexto de esta frontera sin tratar de eliminar la realidad de la inmigración, sino de mejorarla desde el prisma de los derechos humanos – y de la polémica surgida entorno al proyecto[3], BTB es, sin duda, una herramienta para la re-localización, para construir nuevos vínculos informacionales con un territorio físico concreto en el que gracias los medios. Sin embargo, los autores lo definen específicamente como un proyecto dislocativo, como un proyecto que funciona en sí mismo con un medio dislocativo. ¿Dónde radica esta condición? Precisamente en el gesto poético: por un lado, TBT subvierte la función y el contexto de uso de los medios electrónicos, dislocándolos/deslocalizándolos (dislocate) del entorno urbano y sociocultural al que normalmente se asocian, y por otro, disloca/deslocaliza el propio acto de cruzar la frontera al convertirla en una experiencia estética.

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“Border Bumping”, Julian Oliver, 2012

 

Border Bumping (“Golpeando” las fronteras), por su parte, es un proyecto realizado por Julian Oliver – con la colaboración de Till Nagel, Christopher Pietsch y Chris Pinchen en distintas fases y aspectos del mismo – en el marco del progrma Mobile Republic 2012, organizado por el festival Abandon Normal Devices, en el que se pusieron en ruta cinco caravanas interactivas asignadas a cinco artistas para que desarrollan en ellas un proyecto libre creando, en conjunto, un particular espacio social.

La caravana de Oliver se convirtió en una oficina de “cartografía móvil”, dedicada a recolectar y mapear los datos de la infraestructura de telecomunicaciones cuando los usuarios cruzan las fronteras, mostrando esta infraestructura como un elemento disruptivo que desafía la integridad de las fronteras nacionales. Como puede leerse en la web del proyecto:

“Cuando atravesamos fronteras, nuestros dispositivos móviles saltan de red en red a través de territorios vecinos, a menudo antes o después de que nosotros mismos hayamos llegado. Estos momentos, de nuestro dispositivo operando en un territorio mientras nuestro cuerpo continúa en otro, pueden verse como productores de un nuevo y contradictorio terreno de acción”[4].

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Caravana de Mobile Republic para “Border Bumping”

 

Así, el artista ha desarrollado un aplicación gratuita para smartphone a través de la que se recogen datos de localización y de los receptores cuando estos dispositivos cruzan las fronteras nacionales en tren, coche, autobús, barco o a pie. Dichos datos, que reflejan la disfunción entre la presencia física y la localización de las redes de comunicación, se transmiten al servidor central del proyecto en el momento en que se cruza la frontera y se representan en un mapa en el que ésta – línea imaginaria tanto en el propio terreno como en la representación simbólica del mismo – se desplaza y adquiere una nueva localización. A medida que tanto la caravana – viajando primero por el Reino Unido y después por la Unión Europea – y los usuarios envían datos al servidor, las fronteras nacionales se redibujan y los límites territoriales que asumimos como reales se deforman para generar un nuevo mapa político, pero también cultural.

La caravana no es sólo un espacio de trabajo en el que pueden consultarse los archivos del proyecto, que incluyen la identificación y mapeo de receptores ocultos y no documentados por las compañías telefónicas a través de una antena situada en el vehículo, sino también un lugar deslocalizado de recepción, producción, exhibición y experimentación con los datos, con el territorio y con las formas tradicionales mediante las que lo definimos.

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Mapa de fronteras, Border Bumping

 

Nos encontramos en este caso con una obra que pone de relieve el carácter dislocativo de los Medios Locativos en un doble sentido: por un lado, como una reflexión crítica acerca de la naturaleza arbitraria e imaginaria de la fronteras, las desvincula de su localización geográfica política y socialmente consensuada, provocando la deslocalización de uno de nuestros máximos referentes a la hora de definir nuestra posición física en el territorio global. Por otro lado, la recogida de los datos sobre el terreno y su articulación en tiempo real en un servidor y un mapa que refleja la propia dislocación de las infraestructuras de comunicación y la “realidad”, constituye una suerte de tele-cartografía, un modo de cartografiar el terreno localizados en él, pero deslocalizando los datos en el propio flujo de las redes de comunicación.

En el Headmap Manifesto, publicado en 1999 y considerado como declaración pionera del movimiento de los Medios Locativos, su autor, Ben Russel afirmaba:

“… lo que una vez fue de dominio exclusivo de constructores, arquitectos e ingenieros está ahora en manos de todo el mundo: la habilidad de dar forma y organizar el mundo real y el espacio real. Los límites, las fronteras y los espacios reales ahora se vuelven plásticos y maleables, lo estatal deviene fragmentado y global…”[5]

Mientras que estas afirmaciones parecen materializarse en Border Bumping, donde el concepto de frontera se perfila entorno al conflicto entre el espacio real y el virtual, TBT parece recordarnos que las fronteras entre naciones todavía existen y funcionan como territorios de conflicto y control social. Su simultánea presencia y desdibujamiento en la era de la información es lo que las convierte, como concepto y como realidad, en foco de atención en el contexto del arte actual, como ya he discutido también a propósito del libro Of Bridges and Borders. Tanto el proyecto de Oliver como el de EDT 2.0/ b.a.n.g.lab plantean una aproximación a la frontera a través de las posibilidades críticas y estéticas que ofrecen los Medios Locativos en particular, especialmente, a partir de esa habilidad para otorgar a cualquier ciudadano el poder de reconfigurarla. Sin embargo, estos proyectos son en sí mismos una reflexión sobre los medios locativos como herramientas dis-locativas y, vistos en conjunto, reflejan modos diferentes de entender, expresar, construir y concebir las dinámicas entre localización y deslocalización. Así, mientras TBT apela a un sentido metafórico de lo dis-locativo en relación a la naturaleza del medio y al significado cultural asociado a una experiencia en una localización particular, Border Bumping se remite a la noción más literal de frontera, y explora el poder de los medios para deslocalizarla en el territorio, en el mapa y en el imaginario social. Ya sea en un sentido en otro, parece evidente que los Medios Locativos pueden resultar en proyectos dis-locativos, convirtiéndose así en una potente herramienta para subvertir y “agitar” las fronteras, ya sea en el plano geográfico, cultural, político o simbólico.

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[3] Los artistas fueron acusados por el gobierno de hacer un uso irresponsable de la tecnología y fueron investigados por congresistas republicanos, por la oficina de ciber-crímenes del FBI y por la Universidad de California, en la que el propio Rodríguez es profesor. La perspectiva del propio autor sobre la polémica, sus raíces y su evolución puede leerse en la entrevista que le hizo recientemente Lella Nadir.

[5] El texto completo del Headmap Manifesto de Russel puede descargarse completo aquí.