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Esta programación (*) a modo de ensayo quiere reflexionar sobre algunos de las realidades más preocupantes de nuestro tiempo, en concreto la experiencia del conflicto con el poder y la inminencia de un enfrentamiento aún mayor. Un conflicto que sobrepasa el ámbito de lo político para afectar a la noción misma de civilización y cuyo origen parece emanar de la propia interioridad del ser humano.

 

Es así como planteamos, a través de una serie de proyecciones, una mirada más allá de la inmediatez de los recientes acontecimientos, de la lógica de acción-reacción, o de la persistente noción del otro como negativo. Para intentar ganar una distancia que permita la reflexión.

 

Esta mirada la proponemos a través de un doble núcleo de la programación: La Commune de Peter Watkins, y El Mahabharata de Peter Brook. Contextualizados con una serie de documentales y documentos que reflejan la contemporaneidad de esta situación.

 

La Commune, propone una mirada al conflicto contemporáneo, más allá del olvido político. Una reflexión desde la distancia histórica sobre un acontecimiento clave como fue la existencia y extinción de La Comuna de París 1871, y a la vez un radical cuestionamiento de la realidad social de nuestros días y de su representación mediática, ya que la obra está interpretada por personas que exponen su situación actual en el París del 1999.

 

Proyectamos esta película en 3 fragmentos, cada uno de ellos irá seguido de un debate conducido por los integrantes del colectivo Rebond pour La Commune; nacido a partir de la experiencia de realizar este film.

 

El Mahabharata de Peter Brook, propone sobre el conflicto no ya una mirada histórica, sino fuera de la historia, fuera del tiempo lineal, para entrar en el tiempo mítico del constante retorno, de la tensión dialéctica entre el olvido y el recuerdo de la verdadera naturaleza humana. Un conflicto que el Mahabharata presenta en diferentes niveles, relacionados con: lo político (poder), la civilización, la supervivencia de la vida sobre la Tierra, y simultáneamente como expresión de la batalla interior que se libra en el seno de cada ser humano.

 

La proyección de esta obra en 3 partes, irá precedida por los fragmentos de una conversación con Jean-Claude Carrière, guionista y adaptador teatral del Mahabharata de Brook, que grabamos en París, a fin de tratar las claves de esta obra en relación a las nociones de conflicto y olvido.

 

 

Esta historia trata de ti.

 

La programación se inicia siguiendo el curso del Mahabharata, un inmenso poema, que fluye como un gran río, con una riqueza inagotable que desafía todo análisis estructural, temático, histórico o psicológico. Sus puertas se abren constantemente a otras puertas que conducen a otras. No es posible encerrarlo. Las capas de sub-textos, a veces contradictorias, siguen a otras y se entretejen sin perder el tema central. El tema es una amenaza: vivimos en un tiempo de destrucción – todo apunta en la misma dirección. ¿Puede evitarse esta destrucción?. (1)

 

Ante esta situación el Mahabharata nos propone, ya en su primeras lineas, un viaje interior, un viaje de conocimiento, de transformación.

¿De qué trata el poema?

– Trata de ti. Es la historia de tu raza, de cómo nacieron y crecieron tus antepasados, y de cómo estalló una gran guerra. Es la història poètica de la humanidad, y si la escuchas con atención al final serás una persona diferente.(2)

 

La ilusión del poder.

 

Progresivamente el relato nos adentra en el enfrentamiento entre dos grupos: los Pandava y los Kaurava. Un enfrentamiento que toma la forma de un conflicto por el poder, pero que nace de una concepción casi opuesta de la vida. Con todos los matices y ambivalencias, observamos como los Pandava actúan teniendo como referencia la búsqueda y el cumplimiento del dharma, mientras que los Kaurava parecen guiarse únicamente por el deseo y el miedo: deseo de poseer el poder, miedo de perderlo, para ello no reparan en utilizar todos los medios, sin admitir límite alguno, mientras cuentan con la complicidad de sus padres: un rey ciego y una reina que voluntariamente cubre sus ojos con un velo.

 

Se juega entonces una partida de dados, una forma de representar y eludir momentáneamente el conflicto directo y a la vez una estratagema. La partida está trucada, el juego del poder es un juego amañado. El resultado solo puede ser uno: la derrota y la pérdida de todos los bienes, incluida la libertad. Por delante queda el exilio y la guerra.

 

En nuestros días este juego amañado toma formas y nombres que a menudo enmascaran su finalidad: crear una realidad a medida de los intereses privados de unos pocos. Como en el caso del llamado libre comercio, supuestamente una partida justa en el juego de la economía, pero que por la desigualdad de sus participantes y la no reciprocidad de las reglas, entraña una voluntad de supremacía. Otros disimulan algo tan evidente como el carácter corporativo y empresarial de algunas redes sociales y de muchas herramientas virtuales que apenas ocultan su reverso de control. Así habitamos una realidad de las apariencias: aparentemente escogemos, aparentemente nos comunicamos, aparentemente estamos a salvo, gracias a un espeso entramado de dispositivos sociales. Pero, inadvertidamente cada día, al cumplir el ritual de sometimiento en el que se ha convertido el trabajo, el sistema educativo, sanitario, la cultura y el ocio, firmamos un contrato silencioso:

 

Acepto la competitividad como base de nuestro sistema, aunque soy consciente de que este funcionamiento engendra frustración y cólera a la inmensa mayoría de los perdedores. Acepto que me humillen o me exploten a condición de que se me permita humillar o explotar a otro que ocupe un lugar inferior en la pirámide social (…)

Acepto que en nombre de la paz, el primer gasto de los Estados sea el de defensa (…) Acepto que se me presenten noticias negativas y aterradoras del mundo todos los días, para que así pueda apreciar hasta qué punto nuestra situación es normal. (3)

 

Obviamente, no firmar el contrato comporta diversas y crecientes formas de exclusión. Ante esta situación, la protesta puede conducirse sin problemas por los canales de la apariencia, renunciando a toda acción transformadora. Sin embargo, si quiere hacerse real será estigmatizada como sectaria, agresiva y violenta, con independencia de los medios y fines que elija..

 

Del poder, el documental de Zaván, se centra precisamente en este aspecto, el momento en el que el poder muestra su verdadera naturaleza más allá de los bellos nombres con los que vela y legitima su ejercicio. Ese momento desvelado del poder se da cuando recurre a la violencia de la represión. Génova, 2001, cientos de miles de manifestantes protestan en las calles. No es un hecho aislado, antes la protesta ha mostrado su fuerza creciente en Seatle 1999, en Praga 2000 y empieza a representar una posibilidad de cambio… Las autoridades blindan la ciudad, vallan barrios enteros, suspenden el tratado de Schengen, para proteger la reunión de los ocho jefes de Estado más poderosos. Según fuentes de los sindicatos policiales, se plantea deliberadamente un escenario de violencia extrema contra los manifestantes, sin excluir la posibilidad de alguna muerte (4). La violencia policial se desata, se golpea a todo el mundo, empiezan a caer los heridos, cientos, algunos en estado de coma, la situación deriva rápidamente en una encerrona para los manifestantes, hasta constituir según Amnistía Internacional “la mayor violación de derechos humanos en la historia de Italia desde la segunda guerra mundial”. Carlo Giuliani cae muerto por dos disparos en la cabeza, posteriormente el comisario enjuiciado fue absuelto. Esta muerte, lejos de frenar la violencia policial, parece estimularla y darle su verdadero sentido, la represión continúa con toda su fuerza durante los días siguientes. Del poder, nos muestra este acontecimiento a partir de un entramado de grabaciones, en su mayor parte material de archivo filmado por los propios activistas con medios no profesionales. La mirada que nos propone, es a menudo una mirada silenciosa, imágenes sin sonido, como observadas a través de una distancia que paradójicamente acerca y permite ver más allá del velo de la imagen-noticia, dejando espacio para la ecuanimidad. Una ecuanimidad que lejos de suavizar la denuncia, la acrecienta en su gravedad. Lo que vimos se pareció mucho a los métodos de las dictaduras sudamericanas de los setenta, recuerda el diputado alemán Hans-Christian Ströbele.(5)

 

El 27 de mayo de 2011, la policía intentó desalojar de Plaza Catalunya (Barcelona) el campamento de ciudadanos que estaban ejerciendo su derecho de reunión en un espacio público.

Se produjo, en nuestra ciudad uno de los episodios de brutalidad policial mejor documentados de la historia reciente. También fue histórico por la efectiva, ejemplar y contundente respuesta no violenta de los manifestantes.

Después de que los ciudadanos agredidos presentasen una denuncia por la violencia policial, el juez decidió archivar el proceso, sin ni siquiera escuchar a las y los querellantes. El archivo de la denuncia deja en una gravísima situación de indefensión a la totalidad de la ciudadanía.

 

El exilio.

 

Las formas de exilio son muchas, algunas ni siquiera comportan un desplazamiento físico en el espacio, pero si la travesía de un período del que se desconocen los verdaderos límites.

 

El Mahabharata nos plantea el exilio como un periodo de extrema dureza, en el que la muerte está siempre presente. Y a la vez el descubrimiento de su reverso: salir de la parcela de poder que se detenta, ser desterrado de la ciudad para vivir en la naturaleza representa, también, recuperar un contacto directo con la vida, adentrarse en la búsqueda del conocimiento y del cuestionamiento radical de la realidad.

 

Un cuestionamiento que pone a la propia vida en juego. Como en la escena en la que el Dharma, bajo la forma de un lago, interroga a los hermanos desterrados.

 

¿Qué es más rápido que el viento?. El pensamiento.

¿Qué podría cubrir a la tierra?. La oscuridad.

Dime un ejemplo de desgracia. La ignorancia.

De veneno. El deseo.

Un ejemplo de derrota. La victoria

¿Cual es el motivo del mundo?. El amor.

¿Qué es tu opuesto?. Yo mismo.

¿Qué es la locura?. Nuestro camino olvidado.

¿Y la rebelión?, ¿por qué se rebelan los hombres? Para encontrar la belleza, sea en la vida o en la muerte.

¿Y qué es inevitable para todos nosotros?. La Felicidad

¿Y cual es la mayor maravilla?. Que cada día, la muerte golpea y vivimos como si pensáramos que somos inmortales.(6)

 

Es la concepción dualista de la realidad, entre otras, la que aquí se pone en juego desde su misma raíz: el opuesto nace de uno mismo. Es precisamente de ese pliegue o corte, del que emerge la noción o la ilusión de alteridad. Olvidar su origen es condición sine qua non para el ejercicio del poder: posesión, ilegalización, y explotación, de lo otro. Alteridad que atrapa incluso a aquellos que se instalan en el reverso de esa ilusión.

 

No adentrarse en el dualismo, o bien recordar su origen, implica también reconocer la ambivalencia de toda experiencia: la victoria es una forma de derrota, la realidad es real e irreal al mismo tiempo,…

 

Existe también una ambivalencia de la naturaleza y los movimientos sociales. A través del análisis de ciertos árboles y plantas que contienen tanto elementos productivos como destructivos, se podría también cuestionar ciertas tendencias políticas que reducen el discurso a una dicotomía entre el bien y el mal.(7)

 

El lamento de la tierra

 

Pero a la vez, ese juego manipulado del que nos hablaba el Mahabharata tiene también una lectura más allá del enfrentamiento por el poder; una lectura más amplia que nos plantea directamente no el triunfo de unos sobre otros, sino la supervivencia de la humanidad y de la vida sobre la tierra.

 

He oído el lamento de la tierra. ¿Y qué dice?. Dice: Los hombres se han vuelto arrogantes, cada día me producen nuevas heridas y son más y más numerosos. Son violentos, se dejan llevar por pensamientos de conquista. Los hombres imprudentes me pisotean. Me estremezco y me pregunto ¿qué harán después?.(8)

 

Esta violencia sobre la naturaleza no había alcanzado nunca una intensidad y extensión similar a la del capitalismo global, para el cual la naturaleza es pura alteridad.

 

Soluciones Locales para un Désorden Global, de Coline Serrau, se centra en un aspecto concreto y decisivo de esta violencia: aquella que ejerce la -nunca mejor llamada- agrícultura de explotación intensiva, sobre la tierra, sobre los agricultores, los productos y sus consumidores. Nos recuerda que su origen está estrechamente relacionado con la tecnología militar y sobre todo con una concepción de la agricultura como guerra y conquista. Agricultores artesanales de diferentes países: Ucrania, Francia, Marruecos, Burkina Faso, India, Brasil, nos hablan del carácter femenino de la tierra y de su trabajo, de su capacidad de generar comunidad y conocimiento, frente a una concepción machista que la ve únicamente como una fuente de explotación y provecho a corto plazo, como un mero soporte físico para los productos químicos de fertilización, herbicidas, pesticidas,…

 

La tierra queda como un campo de experimentación genética guiada únicamente por la búsqueda del beneficio inmediato, en el que la tecnología juega un papel de utopía siniestra capaz de ocultar virtualmente los cada vez más numerosos desiertos de tierras empobrecidas, o simplemente envenenadas.

 

Y de nuevo en el trasfondo encontramos, como en el Mahabharata, la complicidad de un rey ciego y una reina que cubre sus ojos con un velo. En este caso, la ceguera y el partidismo de unos gobiernos dominados por los lazos de sangre con las grandes corporaciones: cientos de especies vegetales, variedades frutales, etc..son excluidas de los catálogos de semillas autorizadas, y su cultivo o comercialización deviene ilegal, mientras que nuevas especies transgénicas, cuyo impacto en el medio ambiente y la salud apenas ha sido verificado, son rápidamente aprobadas.

 

En un proceso paralelo al de la realidad política, el poder llega al extremo de ilegalizar la realidad, con la pretensión última de substituirla. Una concepción que parece emanar de aquella visión de Antonin Artaud que escribió en 1947,: Hay que, por todos los medios de la actividad viable, reemplazar la naturaleza dondequiera que pueda ser reemplazada (…) para alcanzar por fin el reino de todos los falsos productos fabricados, de todos los innobles sucedáneos sintéticos, donde la hermosa, la legítima naturaleza no tendrá nada qué hacer, y deberá ceder su lugar de una vez por todas y vergonzosamente a los triunfales productos de la sustitución.(9)

 

Pero el documental de Coline Serrau no quiere detenerse en el catastrofismo. Da la voz a campesinos, filósofos y economistas que están experimentando nuevas alternativas, y denunciando las causas y estrategias de la actual crisis ecológica y política. Pierre Rabhi, Claude y Lydia Bourguignon, los trabajadores sin tierra de Brasil, Kokopelli y Vandana Shiva en la India, Antoniets en Ucrania … La serie de entrevistas demuestra que hay opciones, que una alternativa posible está ya dándose, respondiendo con elementos concretos a los retos ecológicos y, en general, a la crisis de la civilización, que actualmente atravesamos.(10)

 

La guerra.

 

En el silencio sepulcral del alba, a las 5:29:45 la zona montañosa de la Jornada del Muerto fue sumergida en el gigantesco flash de una luz intensa, que el hombre sólo había visto en las estrellas. Julius Robert Oppenheimer, el llamado padre de la bomba atómica por su participación en el Proyecto Manhattan, escribe: Sabemos que el mundo nunca más volverá a ser el mismo, unos pocos rieron, otros lloraron, la mayoría permaneció en silencio. Recuerdo esas líneas del Baghavad Gita, dentro del Mahabharata, en las que Vishnu dice: “ahora me he convertido en la Muerte, la destructora de los mundos. (11)

 

En 1965 Peter Watkins realiza The War Game (La Bombe), sobre lo efectos de un ataque nuclear al Reino Unido. Al ver el film los responsables de la BBC, que había producido el film, quedan horrorizados ante su contundencia realista y política. Watkins denuncia con toda la crudeza el crimen contra la humanidad que representa la escalada nuclear, y lo irrisorio de las medidas de protección con las que se pretende tranquilizar a la población. Los datos provenientes de las explosiones atómicas en Japón o de los bombardeos masivos sobre Alemania (al final de la Segunda Guerra Mundial) dan una medida, a pequeña escala, de la magnitud del desastre. Al escenario inmediato de la explosión se añade la tragedia de la represión y el control policial de una población mayoritariamente abandonada a su suerte. La BBC saltándose todos sus códigos internos, y tras consultar con altos cargos del Gobierno, decide bloquear durante 20 años su difusión televisiva. Lo mismo sucede con su siguiente film, una alegoría política que denuncia la represión político-polícial en los EE.UU durante el periodo Nixon. Punishment Park (1970) apenas dura 4 días tras su estreno en New York, y jamás llegó a emitirse por televisión en ese país.

 

Sus siguientes trabajos vuelven a sufrir la marginalización mediática. La combinación de un lenguaje cinematográfico directo e innovador, su valentía y radicalidad en el tratamiento de los temas supera en mucho el margen de tolerancia de la industria audiovisual. Finalmente, en 1999 decide realizar -con la producción del Canal Arte- La Commune (París 1871). Watkins concibe su rodaje y montaje en abierta disidencia con lo que acertadamente llama la Monoforma: una gramática que la industria audiovisual cinematográfica y televisiva impone a todos sus productos, justificándola con criterios supuestamente objetivos y técnicos: audiencia, visibilidad, programación,…La Monoforma no solo predefine lo que el público está capacitado para ver y los contenidos que le interesan, sino con que tipo de mirada debe verlos. Una mirada secuestrada bajo los efectos de la sobre-estimulación visual, resultado de un bombardeo ultra-rápido de imágenes, efectos de sonidos, voces, música, alternancia frenética de planos, y movimientos,…La Monoforma en todas sus variedades está basada en la convicción de que el público es inmaduro, que necesita formas previsibles de representación para “engancharlo”; es decir, manipularlo. Por eso muchos profesionales se sienten cómodos con la Monoforma: su velocidad, su montaje impactante y la escasez de tiempo/espacio garantizan que los espectadores no puedan reflexionar acerca de lo que está sucediendo. (12)

 

El film La Commune representa una radical disidencia con la Monoforma. Opta por el blanco y negro, una duración cercana a las 6 horas, un montaje de planos largos, y pausados, ausencia de banda sonora, interpelaciones directas a la cámara,…El resultado, lejos de ser el monumento fetichista que Canal Arte hubiese aceptado sin problemas, se convierte por su contenido, montaje y vivencia colectiva del rodaje, en una experiencia que cuestiona no sólo el olvido histórico, sino el papel de los propio media en la construcción de la realidad.

 

El rodaje de La Commune, en la nave de una antigua fábrica, involucra a más de 200 personas. La mayor parte no son actores profesionales, sino ciudadanos que aceptan participar en este proyecto sobre un acontecimiento histórico del que la mayoría desconoce los detalles, y se sitúan en el film según sus preferencias y afinidades políticas, de tal manera que historia (1871) y realidad contemporánea (1999) están en constante diálogo. El rodaje, en si mismo, comporta una experiencia revolucionaria que afecta profundamente a muchos de los que en él participaron. Durante esta experiencia no sólo descubren una parte olvidada de su propia historia, que el sistema educativo francés trata con disimulo, sino que viven su radical actualidad. Así vemos a colectivos de trabajadores, mujeres, migrantes y sin papeles, debatir sobre sus condiciones actuales de trabajo, sobre la enseñanza, los medios de comunicación,…al mismo tiempo que interpretan su lucha en las barricadas de aquel Paris del 1871, donde asisten atónitos a la muerte de sus antecesores, la masacre olvidada de más de 40 mil personas.

 

Estamos atravesando un periodo sombrío en la historia de la humanidad, en el que la combinación del cinismo posmoderno (que elimina el pensamiento crítico y humanista del sistema educativo); la creciente avaricia generada por la sociedad de consumo; la catástrofe humana, económica y ecológica que se manifiesta en forma de globalización; el aumento masivo del sufrimiento y la explotación de la población del llamado tercer mundo; y la adormecedora conformidad y normalización provocados por la audiovisualización sistemática del planeta han formado, de forma sinérgica, un mundo en el que la ética, la moral, la colectividad humana y el compromiso (con todo lo que no sea oportunismo) se consideran “anticuados”. El despilfarro y la explotación económica se han convertido en lo habitual, hasta tal punto que se lo inculcamos a los niños. En un mundo como este, los acontecimientos de la primavera del 1871 en París representaron (y aún representan) la idea del compromiso con una lucha por un mundo mejor, y la necesidad de algún tipo de utopía social colectiva – tan necesaria ahora como el aire que respiramos. De ahí surgió la idea de hacer una película que mostrara este compromiso. (13)

 

La Commune, lejos de la épica, abre también una reflexión sobre las dificultades de la experiencia revolucionaria: el renacimiento en su seno de las viejas estructuras de poder o la tendencia de los medios alternativos de reproducir los standares mediáticos, etc… Michel Foucault en El espíritu de un mundo sin espíritu, parafraseando a un manifestante, recuerda que no basta con un cambio político, ni económico, debe producirse un derrumbe del esquema de valores que ha construido esa realidad y por encima de todo tenemos que cambiar nosotros. Nuestra manera de ser, de relacionarnos con los otros, con las cosas, con la naturaleza, con la eternidad, debe cambiar totalmente. Sólo será realmente una verdadera revolución si se da este cambio radical en nuestra experiencia.(14)

 

A lo largo del año 2011, de Túnez a Toronto, de El Cairo a Barcelona, el mundo ve aparecer la emergencia de movimientos descentralizados y autónomos de protesta. Si estas insurrecciones populares nos enseñan algo, es que las revoluciones no son acontecimientos aislados, que concluyan con el derrocamiento de un gobierno o la toma del poder, sino procesos complejos que comparten objetivos comunes (15). Así vemos el fracaso de las barreras mediáticas, policiales y culturales que se han construido entre los pueblos, todas estas protestas comparten algo en común: el deseo de libertad y de una vida digna, el rechazo a una desrealidad que nos oculta y secuestra la vida.

 

Horas antes de morir, Dimitris pagó el alquiler del apartamento donde vivía, solo. Luego cogió el metro hasta Sintagma y se pegó un tiro, con una nota en el bolsillo: Me llamo Dimitris Christoulas soy un jubilado. No puedo vivir en estas condiciones. Me niego a buscar comida en la basura. Por eso he decidido poner fin a mi vida (…)Creo que los jóvenes sin futuro algún día cogerán las armas y en la plaza Sintagma de Atenas, (la misma donde terminó con su vida), colgarán a los que traicionaron este país. (16) 4 de Abril 2012

 

En el relato del Mahabharata, el camino de la guerra se hace inevitable cuando los que detentan el poder, deciden no conceder ni siquiera el espacio de un aguja a los desterrados. Cuando las condiciones para la vida son negadas. Cuando la ilusión del poder posee y ciega a aquellos que creen ser sus dueños.

– ¿Se ha hecho todo lo posible para evitar la guerra?. ¿Absolutamente todo?. ¿Puede ser evitada?.

– Puedo decirte que no podrás elegir entre la paz y la guerra.

– ¿Cual será mi elección?

– Entre una guerra u otra.

– Esta otra guerra, ¿dónde tendrá lugar?. ¿En un campo de batalla o en mi corazón?.

– No veo la diferencia.(17)

 

 

No es casual recordar ahora una vieja historia persa en la que Peter Brook basó un espectáculo(18): 30 pájaros oyen un día hablar del Simurgh, para unos esta misteriosa palabra significa el Poder mismo, para otros es la Verdad olvidada, no saben exactamente…pero se sienten irresistiblemente atraídos, como en la oscuridad las mariposas nocturnas lo son por la luz de una vela. Así que deciden iniciar este largo y difícil viaje a través de la oscuridad, sin duración precisa, lleno de peligros y encuentros, en el que atraviesan los valles de la duda y del amor, de la separación, el asombro y la muerte,… para descubrir al final de ese camino que Simurgh es ellos mismos. (Simurgh en persa significa 30 pájaros)

 

 

abu ali

 

 

Nota:

del Olvido, y lo que esta palabra evoca, ha sido posible gracias a la inspiración de Jean-Claude Carrière. Igualmente tenemos que agradecer muy especialmente la colaboración y las ideas de Patrick Watkins y de Toni Cots.

(*) PDF programación en: http://www.desrealitat.org/2012/04/oblit.html

  1. The Great History of Mankind, Jean-Claude Carrière, 1989.
  2. El Mahabharata. En versión de Peter Brook y Jean-Claude Carrière, 1989.
  3. El Contrato, Anónimo en la Red, 2003.
  4. El Atropello de Génova, Rafael Poch, 2012.
  5. Ibid 4
  6. Ibid 2
  7. de la intervención de Alfred Decker Urban Rhizomes en del Olvido.
  8. Para acabar con el juicio de Dios, Antonin Artaud, 1947.
  9. Solutions Locales pour un Désordre Global, Coline Serreau, Francia, 2009.
  10. Julius Robert Oppenheimer. http://en.wikipedia.org/wiki/J._Robert_Oppenheimer
  11. Peter Watkins. http://blogs.macba.cat/peterwatkins

  12. Peter Watkins. http://pwatkins.mnsi.net/commune.htm

  13. Peter Watkins. http://blogs.macba.cat/peterwatkins

  14. The Spirit of a World without Spirit, Michel Foucault, 1979.
  15. de la intervención de Jerome Roos en del Olvido. www.roarmag.org
  16. Dimitris Christoulas, La nota íntegra puede leerse en http://es.wikipedia.org/wiki/Dimitris_Christoulas
  17. Ibid 2
  18. Mantiq al Tayr, El Lenguaje de los pájaros o La conferencia de los pájaros Farid-ud din Attar, Persia S XI.

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