“Tocar” la Música. Laboratorio de Escultura Sonora Baschet (I Parte) | BARBARA SANSONE

II Parte

Son extraños, vistosos, hechos de cartón, láminas de aluminio, barras de vidrio, sutiles varillas de metal. Son bellos a la vista, pero sobre todo dan ganas de tocarlos. La ambigüedad del verbo “tocar”, entre entrar en contacto y hacer sonar un instrumento, parece inspirada por ellos. Basta rozarlos con los dedos apenas húmedos para que emitan magníficos sonidos, de esos que los instrumentos tradicionales sólo podrían igualar tras años de dura práctica. Se trata de Cristal Baschet y de otras obras de los hermanos François  y Bernard Baschet.

Martí Ruids y François Baschet. Foto de Roseta Marí.

 

Las investigaciones de los Baschet empezaron a principios de los años 50 y rápidamente los convirtieron en pioneros de la escultura sonora, además de muy reclamados entre músicos, compositores, directores experimentales como Jean Cocteau y museos de vanguardia como el MOMA, dirigido entonces por Alfred Barr. La idea derivó de la guitarra hinchable que se construyó François para poder transportarla cómodamente en sus numerosos viajes. El hecho de que sonase tan bien le llevó a interrogarse sobre el funcionamiento de los instrumentos musicales y, junto a su hermano Bernard, a desarrollar la tecnología de los instrumentos acústicos y de alta impedancia.

Superando la clasificación de los instrumentos musicales en familias, los dos hermanos se centraron en los principios físicos comunes que permiten a los instrumentos generar sus sonidos. Así descubrieron que todos los instrumentos se basan en la vibración, la energía y la amplificación. Todo lo demás puede atribuirse a la fantasía del luthier. La fantasía a ellos nunca les ha faltado. Y ha estado siempre acompañada del deseo de difundir sus propios descubrimientos y de ponerlos al disposición de todos, especialmente niños y discapacitados, renunciando al paraíso de gloria que el mundo de arte les ofrecía. Durante sus largas vidas siempre se han mantenido fieles a lo único que daría sentido a la existencia: hacer felices a los demás.

Martí Ruids, Andreu Ubach y Pepe Martínez  en el Laboratorio Baschet

Y no sólo parece que lo consigan, sino que consiguen también contagiar esta generosidad a los demás. Así lo demuestra el Laboratorio de Escultura Sonora Baschet, un pequeño milagro en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona (UB) creado para documentar, continuar y difundir el trabajo y los principios de los hermanos franceses. Después de haber visto a François Baschet y a los miembros del Metaludic Baschet Ensemble (Martí Ruids, Jordi Casadevall, Andreu Ubach y Pepe Martínez) en acción durante un concierto participativo celebrado en el ámbito de la exposición que les dedicó el Museo de la Música de Barcelona el pasado 2011, nos encontramos con ellos en el Laboratorio.

Barbara Sansone: Habladme de lo que hacéis aquí en el Laboratorio…

Martí Ruids: El proyecto del Laboratorio partió de Josep Cerdá, escultor y catedrático extremadamente activo que tiene una visión muy clara sobre cual debería ser la función de la Facultad de Bellas Artes y que continuamente intenta generar proyectos y oportunidades para sus estudiantes. Aquí abrió una fundición, un laboratorio de trabajo de la piedra, ha creado un ambiente activo y vital de los que no siempre se encuentran en una universidad. Cerdá siempre se ha interesado por el sonido y las estructuras resonantes, y como escultor se preocupa de la relación de las obras con el ambiente que nos rodea, colaborando con su mujer, arquitecta y paisajista.

En la Facultad de Bellas Artes ha creado un nuevo curso llamado “Laboratorio del Caos”, en el que es posible hablar de cualquier cosa, sobre todo de aquello que no está claramente categorizado en ninguna disciplina (caos, fractales, aleatoriedad, polipoesía, arte sonoro, instalaciones, escucha, etc.), en el que propone grabar paisajes sonoros, “mirar” el ambiente más con los oídos que con los ojos y en el que habla de personajes particulares, entre los que están los hermanos Baschet.

Yo, que soy un músico autodidacta, me ofrecí a enseñar a editar las grabaciones y de ahí, a través de varias sinergias, montamos el laboratorio de Arte Sonoro, que es una extensión del Laboratorio del Caos. En sus inicios organizamos en el Centro de Cultura Contemporánea (CCCB) varias jornadas sobre “Paisajes Sonoros de Cataluña” que sirvieron para poner en contacto a diversas personas que se ocupaban del tema y para poner en común medios y capacidades. Desde entonces el Laboratorio ha seguido creciendo y proponiendo nuevos cursos y actividades en la Facultad, recogiendo la participación y el interés de muchos alumnos.

BS: En efecto, la música según como se haga, se puede considerar un arte plástico…

MR: Si. Por ejemplo en Tokio el Conservatorio y la Facultad de Bellas artes se fundieron en una única universidad transdisciplinar que da mucho espacio tanto a los nuevos medios como a los temas más contemporáneos. Y, de hecho, las ideas de John Cage fueron asimiladas más rápidamente por la gente de “diversas” artes que por quienes se ocupaban de la música en un sentido más académico. Aquí muchos entran con una idea de arte y después descubren un espacio para el sonido digital (grabado, reproducido, manipulado) y el acústico (el trabajo sobre los instrumentos de los Baschet completa el aspecto intangible del sonido). Cada año, entre los que participan en los cursos que organizamos, siempre hay alguien que se queda a formar parte del Laboratorio.

Cristal Trombón, donación al Museo de la Música. Foto de Vicent Matamoros

BS: ¿Y cómo entrasteis en contacto con François Baschet?

MR: Estamos trabajando en una radio colaborativa con Radio Evoluciò, un canal no mainstream interesado en hacer divulgación científica en el ámbito de la música. La idea es crear un programa que permita introducir a la investigación a los estudiantes interesados en ella. Los temas giran entorno al sonido y la escucha, con la intención de conocer personajes de cualquier procedencia o disciplina y de entrevistarlos para saber a qué se dedican y cómo lo hacen, y así hacer crecer el Laboratorio de forma rizomática. La relación con François Baschet nació así, buscando contenidos para el programa. Él vive en Barcelona desde hace algunos años y acogió con mucho entusiasmo nuestra propuesta. La experiencia que empezamos con él nos ha permitido enriquecer el Laboratorio con una componente ligada a la fisicidad del sonido, un factor que atrae mucho a los estudiantes que tienden hacia una relación táctil con el arte.

BS: ¿Cómo conociste a Andreu Ubach?

MR: Andreu es percusionista y desde hace años colabora con François. Gracias a su ayuda surgió el proyecto de recoger toda la documentación de los instrumentos Baschet (fotos, dibujos, esquemas, medidas, grabaciones, detalles técnicos, patentes) en una base de datos libremente consultable por todo aquel a quien le interese. François es un entusiasta de las licencias Creative Commons y quiere tener esta información a disposición de todo el mundo.

BS: Bien, porque actualmente la información en línea está un poco dispersa entre varios sitios no siempre cómodos de navegar…

MR: Es verdad. Por eso por hemos creado un blog donde vamos publicando vídeos y otros materiales. Cuando conocimos a Fraçois, la primera idea que se nos ocurrió fue precisamente recoger y ordenar la documentación en un corpus digital recogido en una sola web, y contamos con la colaboración de Uli Zinke y Ana Sánchez Bonet, que están trabajando en Francia en la redacción de un catálogo detallado sobre el trabajo de los Baschet. Por tanto, estamos intentado coordinar a todos los protagonistas de la historia, incluyendo a Michel Deneuve, el “cristalista” por excelencia, y a Frèderic Bousquet, el actual constructor de los instrumentos pedagógicos que se usan con niños y discapacitados. Retomando el espíritu de los Baschet, que no siempre ha sido respetado por las generaciones posteriores, nuestra intención es crear un espacio de difusión y puesta en común de estos conocimientos y de colaboración e intercambio con todos los que decidan utilizarlos.

BS: ¿La exposición en el Museo de la Música de Barcelona fue una iniciativa de este laboratorio?

MR: En parte fue una idea de Miquel Calvet, profesor de física que hace años dirigió un trabajo interdisciplinar de investigación sobre la construcción de estos instrumentos junto a docentes de artes plásticas y de música; un estudio empírico de análisis del sonido y de los materiales con la participación del propio François. Desde hace años, Miquel quería organizar una exposición en el Museo de la Musica y aquí confluyeron las voluntades de los colaboradores catalanes de los Baschet y del actual director del museo, Oriol Rossinyol, que en los años 80 había trabajado con sus instrumentos pedagógicos.

La mayor parte de las obras expuestas procedían de la Fundación Baschet. Otras era de François o de Bernard y los instrumentos pedagógicos nos los facilitó Frédéric Bousquet. Tamién había un prototipo del Kit Multitambrico realizado aquí en el Labratorio y un Cristal construido por Miquel Calvet con sus estudiantes del IES de Castellar del Vallès.

Cristal Trombón, donación al Museo de la Música. Foto de Vicent Maramoros

BS: ¿Bernard estuvo implicado en todo esto?

MR: Sí, claro. Pero en un momento dado de su vida empezó a dedicarse sobre todo a las aplicaciones pedagógicas y a la musicoterapia. Los caminos de los dos hermanos se separaron. Bernard se casó, se centró en la familia y se quedó en París; François sin embargo ha querido una vida más aventurera, ha viajado por todo el mundo, ha dirigido laboratorios por todas partes, ha conocido artistas y pensadores. Fue a la Exposición Universal de Osaka de 1970, combatió en la II Guerra Mundial y persiguió nazis en Argentina. Aunque parece que François se centró más en la escultura sonora, su trabajo no ha sido menos pedagógico que el de Bernard.

Cuando fuimos a ver a Bernard a París y le explicamos lo que estábamos haciendo, pareció contento. Con motivo de la exposición los dos hermanos se reencontraron después de mucho tiempo (ahora Bernard tiene 93 años y François 91). Bernard nos abrió su archivo, que afortunadamente – será porque es ingeniero – está mucho más ordenado que el de François.

Metalúdic Baschet Ensemble. Jordi Casadevall, Pepe Martínez, Martí Ruids y Andreu Ubach. Convent de San Agustí, 2011

BS: Venimos de un concierto altamente participativo. Sin embargo este aspecto no ha estado claramente anunciado. Es una pena que el museo no haya destacado la importancia de un formato tan innovador, de esos que hoy hacen tanta falta…

MR: …y que es el tipo de formato que siempre usó François. A finales de los 50 hacía estas cosas en el MOMA y desde entonces las exposiciones han empezado a pasar del don’t touch al please play. François quiere que el público pueda tocar y hacer sonar sus instrumentos en cualquier momento, no sólo mirarlos. Pero en los museos no dejan hacerlo si no hay alguien que vigila.

En mi opinión, si se rompe cualquier, cosa después se arregla. Es una filosofía que privilegio sobre la de poner grandes distancias entre el público y la obra. Por ponerte un ejemplo, la exposición coincide con otra en museo de Arte Contemporáneo de Chicago con obras de Tanguy y los hermanos Baschet y sólo se pueden tocar ciertos días, cuando están vigiladas. Ya se las está tratando como obras históricas que deben conservarse. Nosotros razonamos de otra forma porque construimos estos instrumentos y preferimos que lo pueda tocar quien quiera. Aún así, el museo ha estado muy satisfecho de los laboratorios realizados en el contexto de la exposición, con niños o discapacitados, porque obviamente les interesa ser más interactivos, acercarse más al público, ofrecer actividades y no sólo poner las obras en vitrinas.

Laboratorio pedagógico con los instrumentos de los hermanos Baschet

BS: ¿Por qué estos instrumentos funcionan tan bien con los discapacitados?

MR: Algunos de ellos se proyectan específicamente con esta función. En todos los casos están construidos de forma que sean accesibles y no susciten visualmente el temor que  normalmente inspiran los instrumentos tradicionales. Por otro lado, las percusiones melódicas en general funcionan siempre bien con los discapacitados, por el gesto que requieren para hacerlas sonar, pero también por la riqueza del sonido que producen, que capta la atención y estimula la curiosidad.

Con el Cristal quería ofrecer un sonido rico, de calidad, con el mínimo esfuerzo. Con un violín, por ejemplo, tienes que tocar mucho antes de lograr obtener un buen sonido, mientras que con estos instrumentos cualquiera, aunque se aun principiante, puede producir un sonido bonito y limpio. La respuesta es también física, táctil: cuando los tocas notas como vibran, el feedback entre tu acción y la respuesta del instrumento la percibes en los dedos. Adviertes si la nota es fuerte, larga, si va in crescendo. Este aspecto es interesante tanto para los músicos como para quienes no han tocado nunca. Los autistas, que no se relacionan con el mundo exterior, con estos instrumentos empiezan a notar que aquello que hacen tiene consecuencias sobre el ambiente y después de varios días comienzan a divertirse.

BS: Además de los instrumentos, François ha creado también esculturas sonoras y los llamados “molinos”…

MR: Sí. Y también animalitos sonoros que revelan un gran sentido del humor. Piensa que el laboratorio de François he encontrado perritos, elefantes o conejos hechos con restos de lata. En su libro Las Esculturas Sonoras nos explica los principios de la acústica de forma muy comprensible y se pueden ver también obras realizadas por sus alumnos, que formalmente son muy diferentes, pero que funcionan con los mismos principios. Hay una donde el sonido se activa con las burbujas del agua, por ejemplo. Y luego están los instrumentos hinchables: los primeros Cristal eran todos inflables, se tocaban en vertical y estaba llenos de esas varillas que generan armónicos por simpatía. Después, con el tiempo pasaron a ser de conos y láminas de acero. Pero para mí las partes hinchables tienen un potencial escultórico muy interesante que me gustaría estudiar.

Hace un tiempo, Jordi Casadevall fue a Japón a conocer a los Geinoh Yamashirogumi, que son expertos en todas las músicas tradicionales del mundo y descubrieron que los gamelan producen el efecto llamado hipersónica, sonidos entorno a los 10000Hz, que no se pueden oír pero que probablemente nos afectan ya que parece ser que tienen la misma frecuencia que nuestra sistema nervioso. Y ahora están interesados en estudiar si estos instrumentos producen ese efecto.

Mataludic Baschet Ensemble. Jordi Casadevall, Pepe Martínez, Martí Ruids y Andreu Ubach. Convent de Sant Agustí, 2011

Como ves, el potencial de estos instrumentos de los Baschet es infinito y estas son las cosas que queremos activar en nuestro Laboratorio. Entre otras cosas, estamos formando una cooperativa “metaludica” de músicos y luthieres que tengan un espacio común en el que trabajar y donde poner acoger a todos los que quieran venir a tocar y escuchar. La idea, por ejemplo, es abrir las puertas un día a la semana y hacer una orquesta abierta tipo gamelan.

Más información en:

http://www.tallerbaschet.tk/

http://francois.baschet.free.fr/

http://www.baschet.org/

http://www.structuresonore.eu/

http://www.micheldeneuve.com/

Exposición temporal “Esculturas Sonoras. Los instrumentos Baschet”

Toccare la Musica – Laboratorio de Scultura Sonora Baschet

Barbara Sansone

Originalmente publicado en Digimag 67, Septiembre 2011:

http://www.digicult.it/digimag/article.asp?id=2135

Versión en inglés: http://www.digicult.it/digimag/article.asp?id=2149

Digicult: http://digicult.it/