El rapto del deseo. Desear como el otro o desear por el otro | HERMAN BASHIRON MENDOLICCHIO

 

Rogelio López Cuenca, (de la serie El Paraíso es de los Extraños).

 

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Quieren ser como nosotros! Así – muchas veces y con muchas otras expresiones parecidas – se han definido y banalizado aspiraciones, sueños y fantasías de numerosas poblaciones, individuos y culturas que se hallan más allá de la frontera conceptual de Occidente.

Uno de los casos más recientes de interpretación (mal)pilotada o de ceguera occidental-céntrica, ocurrió en el momento más álgido de las sublevaciones del pasado invierno en el norte de África – la multitudinaria concentración en plaza Tahrir y la caída de Hosni Mubarak en Egipto el día 11 de febrero de 2011. A partir de este acontecimiento histórico y de portada internacional han surgido toda una serie de reflexiones – en el flujo indistinto de la crítica amateur – cuyo foco central, simplista y más inmediato ha sido propiamente el refrán: quieren ser como nosotros!

La espontánea y deliberada convicción de que todos desean, quieren y anhelan lo que la sociedad occidental propone y dispone es, desafortunadamente, otra de aquellas perturbaciones – junto al estrés, a la ansiedad, etc. – propias de la modernidad “global”.

Detrás de estas actitudes, de esta persuasión, se esconde el dogma de la existencia de parámetros universales, el esquema cerrado de lógicas binarias y la persistencia de discursos hegemónicos. De allí procede el uso de la ilustración como etapa histórica de demarcación cultural y como frontera de progreso que desborda los límites europeos y se ostenta como parámetro universal; de allí la lógica binaria entre bien y mal, riqueza y pobreza, justo y equivocado, libre o sumiso, democrático o tirano.

En esta persuasión se esconde también la incapacidad de ver la multiplicidad del mundo; de reconocer la imposibilidad de agotar la experiencia; la incapacidad de reconocer la fragilidad de nuestra percepción y conocimiento frente a la magnitud del ser humano.

El proceso de comunicación, producción y representación del deseo responde, no cabe duda, también a cuestiones de carácter político.

Se pueden reconocer numerosas y diferentes formas de representación del deseo. La imagen y los imaginarios se moldean para lograr objetivos distintos:

 

–  La producción de deseo como imposición del canon occidental: véase las narrativas de la supuesta autonomía e independencia, la condición femenina, las libertades individuales, las cuestiones de género y de sexualidad, la emancipación, etc.; argumentos que se convierten a menudo en un caballo de Troya para llevar a cabo proyectos de colonización.

–  La incitación al deseo de ser como “nosotros” como herramienta colonizadora del pensamiento.

 

En estos procesos la imagen juega un rol fundamental como dispensadora/provocadora de deseos. En relación a la construcción de la identidad y del deseo del otro, cabe mencionar un trabajo de investigación – el Paraíso es de los Extraños – llevado a cabo por el artista español Rogelio López Cuenca. La persistencia de ciertos estereotipos y la mitología del enfrentamiento Oriente/Occidente, se dibuja y se edifica a través de numerosas imágenes de prensa y publicidad que Rogelio López Cuenca identifica y archiva con escrupulosa atención. Como se puede leer en el texto del proyecto, a través de las palabras del sociólogo y filósofo tunecino Abdelwahab Boudhiba: “Para los occidentales, el pensamiento occidental es el pensamiento, y el mundo occidental es el mundo. El colonizador da por descontado que la modernidad del colonizado no existe. La modernidad del colonizador es la auténtica, en nombre de la universalidad de la civilización, del devenir humano y de la razón. Modernizarse es occidentalizarse: europeizarse.”[1]

A través del poder de las imágenes se lleva a cabo un proceso de reducción a una única realidad que absorbe y controla también los deseos. Una realidad que se convierte – como bien expresa Toni Serra/Abu Ali – en una des_Realidad. Como él mismo indica: “Así encontramos un cuestionamiento de la realidad de carácter directamente político: constatación de la expansión de una realidad dominante que amenaza el tejido de realidades otras, que amenaza con borrar saberes, paisajes, personas, modos de vida, afectos… Como si mil bibliotecas de Alejandría, inscritas aún en la vida cotidiana de las personas, en sus haceres, en sus lugares, estuviesen ya quemando de nuevo”.[2]

El rapto del deseo como promoción de esa realidad universal se realiza habitualmente a través de una estética y de un lenguaje progresista, de éxito, de desarrollo y crecimiento perpetuo. Un modelo de fuerza, libertad y triunfo que incita y provoca esa construcción de estereotipos y esa lógica binaria entre moderno/arcaico y civilizado/atrasado. Una estética del deseo que empuja hacia dinámicas de placer y de consumo.

La economía y la maquinaría turística dirigen también el deseo de ser y estar. El turismo contemporáneo ocupa el lugar de lo sagrado, crea nuevas rutas de peregrinaje y se transforma en una máquina de homogeneización global. En este contexto es interesante citar el proyecto fotográfico y editorial de Ahmad Hosni, Go down Moses,[3] donde se reflexiona sobre cómo el turismo hace del Sinaí hoy lo que había hecho Moisés antes: posicionarlo en el mapa internacional. Se pasa de la mitología sagrada a la profanidad de la economía turística.

El turismo y el consumo se convierten en herramientas hegemónicas, el control y la representación de los deseos en instrumento y estrategia colonial.

Sería interesante ampliar y profundizar la investigación sobre la origen de la manipulación del deseo del otro, y analizar sus recónditas razones. Desde la pintura y la fotografía de carácter orientalista hasta el lenguaje más actual de la prensa y de la publicidad, el mundo de las artes y de la imagen nos podrían proporcionar una larga serie de ejemplos interesantes.

Desde las escenas de ensueño de Harén y odaliscas hasta la invención instrumental de la bloguera siria Amina,[4] hay una parte de mundo occidental que proyecta constantemente sus deseos y sus fantasías sobre ese eterno otro oriental.

Si por un lado esa proyección responde a una pereza y a una falta de esfuerzo tanto en el conocimiento del otro, así como en la tarea de perseguir deseos – como expresa Boris Groys: “Hay una idea falsa en Occidente y es que la vida está llena de deseos. Pero si de verdad a alguien lo liberas de sus obligaciones, se va a dormir”[5] – por el otro lado se trata de una deliberada manipulación con fines instrumentales.

El rapto del deseo es, en fin, la última instancia, la última pretensión del mecanismo colonial; una sutil arma política de dominio cultural.

 

* Texto publicado en roots§routes. Periodico Trimestrale/Quarterly Magazine, Anno I, n.3, luglio-settembre 2011


[2] Toni Serra, des_Realidad, 2011. Online: http://www.al-barzaj.org/2011/06/desrealidad.html

[3] Consultar la publicación online: http://thewhiteboard.info/page/go-down-moses

[4] La historia de la falsa bloguera disidente y lesbiana siria. Detrás de su blog estaba un hombre estadounidense. http://electronicintifada.net/tags/amina-arraf

[5] Rojo, José Andrés, “El consumo es hoy la gran ideología” – Entrevista con Boris Groys. En: El País, 26/07/2008. Online: http://www.elpais.com/articulo/narrativa/consumo/hoy/gran/ideologia/elpepuculbab/20080726elpbabnar_1/Tes