Ciberpoesía y perversión | LOLA MIRALLES

Hace unos días, con este artículo entre manos y después de haber hecho una ponencia sobre ciberpoesía en España para un congreso en Oxford, sufrí una tremenda decepción. Las teorías sobre los diversos personajes o avatares creados, según yo, para interactuar con sus acólitos en el muro de facebook por el poeta Camilo de Ory –mi principal objeto de estudio en este tema— se derrumbaron poco a poco ante mis ojos en tan sólo unas horas. Ni Calímaco de Cirene, ni Ildelfonso Ximenez Andrada –y lo peor–, ni Herminia Amiga resultaron ser personajes creados por De Ory. Herminia, había sido creada por alguien que frecuenta el muro de Camilo de Ory —y cuyo nombre no voy a desvelar— como una artimaña publicitaria para lanzar el pasado 28 de julio una revista electrónica en la que participan, bajo pseudónimo, varios de los nombres que frecuentan dicho muro –y que tampoco voy a desvelar.

 

"Herminia, la revista de la mujer moderna y sostenible", obra colectiva y anónima. www.herminia.es

Pasada la decepción y como efecto de la resiliencia que, en mayor o menor medida, nos hace recoger los pedazos del ego que todos arrastramos,  me llevé a mí misma a corroborar la idea que llevo largamente rumiando, de que  la ciberpoesía o ciber-creación en general es, sin remedio, una obra colectiva y en proceso.

Con el fin de darle una explicación a las transformaciones que a partir del siglo XIX asume la novela en Latinoamérica, en  Misplaced Ideas (Verso 1992), Roberto Schwartz, sirviéndose de los parámetros “forma” –o la estructura de la novela en sí– y “contenido” –la peripecia y  el contexto– habla de cómo la novela en Europa es un género nacido para enmarcar un contenido particular europeo.  Al reubicar la forma de la novela europea en Latinoamérica, y encontrarse ésta con un contenido diferente, propio del continente, ha de dar lugar, necesariamente a una forma diferente, apropiada y concreta.[1]

Al adaptar la literatura y, en particular, la poesía a un medio diferente hay una transformación perversa del contenido, así como de la forma, donde el texto evoluciona revolviéndose contra el autor individual. Un medio (Internet) da lugar a una nueva forma, un nuevo contenido y una nueva interacción de los participantes en el acto de comunicación, en que la audiencia no es mera receptora, sino parte activa en la creación.

Hay varias denominaciones para la creación literaria cuyo medio es Internet: poesía digital, ciberpoesía, y los términos en inglés e-literature o e-poetry. Asimismo, existen diversos tipos de texto que se han ido desarrollando en los últimos años, desde el hipertexto, en que el lector elige hacia dónde ir en la narración, hasta la poesía visual o los micropoemas. En cuanto a los tweets o estados de facebook, y debido a la brevedad que éstos requieren, vemos cómo han retomado marcos que vienen de la tradición: los epigramas (latinos), los conceptos (del conceptismo barroco) o los aforismos y greguerías. Formatos todos ellos que buscan transmitir un contenido múltiple y ambiguo con escasas palabras.

Dejando de lado las discusiones sobre terminología, lo verdaderamente interesante de este medio es la manera en que propicia un foro interactivo donde el lector decide, si quiere, participar y convertirse en autor, pudiendo el concepto de ciberpoesía transformarse en texto en red producido por el baile promiscuo y perverso del autor-legión a que apunta Samuel Armistead al referirse a la Épica.

Si suponemos la historia de la manifestación lírica como una sucesión cíclica de oralidad y escritura, tal y como se nos ha planteado tradicionalmente, en que épocas de un mayor predominio de la literatura siguen a periodos de oralitura[2], podríamos discernir que, paradójicamente, vivimos un momento de oralidad escrita en Internet. Es escrita por razones obvias, pero también es oral, por la rapidez con que llega el mensaje, podría decirse que casi con la misma simultaneidad que el acto de habla; y por la interacción que se produce entre sus participantes. La literatura propiamente escrita está asociada con las élites, mientras que la oralitura es una creación comunitaria, obra del mencionado autor-legión.

La ciberpoesía, como la oralitura, viaja con rapidez y facilidad, así como las leyendas trasatlánticas de ida y vuelta que se fueron refundiendo a lo largo de los siglos entre América y Europa. Y la palabra poética, a veces en un contexto transmedia, se convierte en un instrumento de liberación del ser creativo. Creación en red, obra en proceso y el “todos conectados” confluyendo caóticamente en una Poética de Resistencia.

En estos tiempos de ciberactivismo y movimientos sociales que tienden hacia una red dichosa de personas conectadas,  y donde se promueve ampliamente la idea de cambiar el mundo empezando por una misma, nutriendo la creatividad y la alegría, cabe preguntarse si son “géneros” como la ciberpoesía los que contribuirán a la revolución global.

El filósofo francés Michel Onfray promueve a través de sus escritos un hedonismo humanista, en que toda búsqueda de placer es lícita, siempre y cuando no se dañe a los demás y en que el objetivo del ser humano debería ser fomentar la felicidad propia a partir de hacer lo posible para inducir la felicidad ajena, propiciando el crecimiento de una red de personas felices que se retroalimenten y que contribuyan a hacer más grande dicha red. En su reivindicación del epicureísmo hedonista (Teoría del cuerpo enamorado, p. 145) Onfray concede un papel primordial a los poetas en la propagación de tal filosofía:

“Pero la vida del epicureísmo desborda la célula entrópica sectaria para dispersarse y producir efectos en la realidad romana –donde me gusta ver el nacimiento de un epicureísmo hedonista que renueva, reformula, reactiva y hasta reemplaza al viejo epicureísmo ascético—. Los filósofos especialistas, los émulos parasitarios desaparecen tras un largo trabajo de especulación, dejando lugar a los verdaderos actores de la filosofía: los individuos reales y vivientes, imbuidos de pensamiento más que de doctrinas, poetas y artistas, escritores y dramaturgos, comediantes y artesanos, hombres y mujeres del común tocados, en fin, polos efectos de una palabra lanzada siglos antes”.

Y es, efectivamente, el carpe diem de Horacio la máxima que con más fuerza ha llegado a nuestros días. Son los poetas y artistas quienes dan lugar a la recuperación y expansión del epicureísmo hedonista, “imbuidos de pensamiento más que de  doctrinas”. En Internet la poesía y la filosofía que se oculta tras ésta se convierten en una práctica diaria, en un acto cotidiano que tiene lugar simultáneamente en la gran ágora global de la red donde ingeniosos e-pigramas viajan y se transforman pervirtiendo de forma subversiva el pensamiento único.

 


[1] No quisiera obviar el hecho de que formas que podrían encuadrarse en la definición de novela ya existían como géneros tradicionales indígenas, por ejemplo en la tradición zapoteca (Víctor de la Cruz, La flor de la palabra).

[2] Término acuñado por el escritor mapuche Elicura Chihuialaf.