Arquitecturas Invisibles: Junya Ishigami en la Barbican Art Gallery | MARISA GÓMEZ

28/06 – 16/11/2011

No ver para creer… este es el secreto de la instalación Architecture as Air del arquitecto japonés Junya Ishigami.

Se trata de una reelaboración de la pieza con la que Ishigami ganó el año pasado el León  de Oro de la 12 Bienal de Arquitectura de Venecia. Adaptada esta vez al espacio de la Curve Gallery de la Barbican Art Gallery (Londres), se trata de una estructura tan delicada y transparente que a penas puede verse.

Architecture as Air recorre todo el espacio central de la galería. Las paredes totalmente blancas del espacio y el brillo de la iluminación hacen que, desde fuera, resulten mucho más visibles los cordones de seguridad que la separan del público que la propia pieza.

Al acceder a la galería, me piden que me saque los zapatos. “El bolso también tiene que dejarlo. Podría rozar la pieza y destruirla”. Descartando –a partir de lo poco que sabía entonces sobre la obra de Ishigmai- que se tratase del algún tipo de performance basada en “El traje nuevo del emperador”, recojo los folletos informativos y accedo al espacio.

Reticente a leer nada acerca de la pieza antes de sacar alguna conclusión por mí misma, comienzo el recorrido. Efectivamente, ahí está. Se trata de una serie de finísimas y altas columnas –no superan el grosor de una gota de lluvia, como señala su autor- que parecen flotar en el aire mientras sostienen una serie de vigas igualmente finas.

“¿Puede saberse cómo se sostienen?” Me resisto a mirar el folleto con el alzado de la instalación. Ni rastro de sujeciones al techo –que parece lo más lógico. Intuyo cierta estructura de anclajes en el suelo, pero sigo sin ver nada.

A punto de rendirme y buscar la explicación en el esquema del alzado, el vigilante de sala –sin mediar palabra- me da la respuesta desde el otro lado del pasillo que conforma la instalación. Sobre el fondo que me proporciona su ropa negra, consigo ver las extremadamente finas líneas que configuran la estructura y que, a modo de contrafuertes anclados al suelo, mantienen en pie las columnas. El vigilante se da cuenta, sonríe y se muestra colaborador, quedándose quieto para ayudarme en mi tarea de intentar ver lo invisible. “Así es… ¿Ves cómo funciona?”.

Ahora sí, miro el folleto. En realidad, se trata de docenas de cables de acero que recorren las columnas en toda su altura y que terminan anclados al suelo únicamente por cuatro puntos, formando un armazón que recuerda a una tienda de campaña. La instalación que cubre los ochenta metros del espacio pesa apenas trescientos gramos.

De camino a la salida, mientras me pongo los zapatos, pienso en “La Arquitectura de Cristal” de Scheebart, en Mies Van de Rohe y Buckminster-Fuller… Quizás inspirado por ellos, Ishigami ha creado una nueva arquitectura ilusionista en la que la transparencia se ha convertido en invisibilidad, en la que los límites entre la arquitectura y su entorno han quedado completamente eliminados. Eso sí, no es arquitectura para ser vivida, sino para ser contemplada –o, mejor dicho, intuida.

Al salir al exterior, miro la Barbican en todo su “brutalismo”. Sin ánimo de comparar lo incomparable, después de tanta ligereza y transparencia, no puedo evitar sentirme como frente a una fortaleza medieval. “Los muros parecen pesar diez veces más que cuando entré”, pienso justo antes de perderla de vista. .