El Fotoperiodismo como acto pedagógico radical | SAMUEL RODRÍGUEZ

“El problema no es que la gente recuerde por medio de fotografías, sino que tan sólo recuerda las fotografías.”

Susan Sontag

Fragmento de Ante el dolor de los demás

 

El título de este artículo resume mi obsesión, como educador y como fotógrafo. Y el artículo en sí intentará resumir mi tesis sobre la inseparabilidad entre fotografía, pedagogía y radicalidad. Hace 10 años que empecé a pensar sobre ello y aquí os  resumo sobre este pensamiento.

En 1999  nació  mi interés en lo que actualmente conocemos como “fotografía documental”, es decir,  contar historias a través de una colección de imágenes fijas. El interés por este tipo de fotografía nacía a raíz de un primer viaje a Hebrón, Palestina, el verano de ese  mismo año, tan solo unos meses antes de iniciar mi primer curso en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UAB. Allí conocí por mí mismo el significado de la humillación, la que diariamente  imponían (y siguen imponiendo) los colonos israelíes  de la ciudad vieja de Hebrón sobre los residentes Palestinos. Esa realidad, ese día a día, me desconcertó, me trastornó y me obsesionó durante años. Creí que eso se tenía que denunciar, que se tenía que tomar partido del lado de las víctimas, y creí que se podía hacer con imágenes. Desde la absolutamente ninguna experiencia en la fotografía, fotografié con una Minolta focus free de 35mm sin zoom, (de 3.200 PTA de valor (unos 20 EUR),  todo aquello que me sorprendía: un jeep militar, una alambrada que separaba palestinos de colono israelíes,  los vehículos de la misión TIPH, los niños que jugaban en la calle, los tenderos, la mezquita de Abraham… Tenía 20 años recién cumplidos, no había salido de España y en mi primera incursión fuera de casa me topé con una realidad que, una vez reveladas a la vuelta del viaje, las imágenes tomadas con mi humilde y simple  cámara me ayudaron a comprender. Fotografié a un  ritmo  que en aquél tiempo a mi me pareció  frenético: 6 rollos en 30 días, es decir, 216 fotografías en todo el viaje, unas 7 (SIETE !!!) por jornada.

A la vuelta de mi viaje inicié mis estudios en Pedagogía y rápidamente encontré entre la educación y el fotoperiodismo una vinculación directa. Poco a poco esa conexión se convirtió en el  leitmotiv de mi pensamiento educativo y fotográfico. Entiendo la acción fotográfica documental, y especialmente la que se produce en zona de conflicto o situaciones de violencia, como un acto pedagógico de primer orden, radical y vital. La educación es experiencia, amor, memoria, testimonio y respeto, y creo exactamente lo mismo para la fotografía documental.

La frase de Susan Sontag que abre este escrito la aplico sobre la fotografía documental, me ayuda a reflexionar que mientras la fotografía permanezca en el recuerdo solo como fotografía, como icono, y no como experiencia o texto (experiencia de transmitir la realidad del testimonio, igual que hace el texto) no conseguiremos que sirva para que Auschwitz no se repita. Esta frase es un extracto de la reflexión “Que Auschwitz no se repita debería de ser la primera premisa en la Educación” que me dio a conocer mi maestro en Filosofía de la Educación el profesor  Joan-Carles Mèlich. Yo cambio la última palabra, Educación, por Fotografía (fotoperiodismo, fotografía documental…)

La frase del profesor Mèlich hay que encuadrarla en un contexto simbólico, no histórico. Es decir, entendamos Auschwitz como símbolo del mal radical del hombre hacia el hombre. Inaceptable. Incompatible con la vida y, por tanto, con la educación, con el amor. Y exactamente igual de incompatibles son todas las violencias del hombre para el hombre.

La fotografía como documento, como constructora de memoria colectiva, tiene un papel fundamental en que no se repita Auschwitz, ningún Auschwitz, ni el histórico ni el simbólico. Hay varias decenas de ejemplos de violencia extrema sobre el hombre por el hombre actualmente por desgracia. No creo que haga falta que ponga aquí los ejemplos.  Será iluso  pensar que un reportaje puede acabar con una Guerra!,  con el apartheid en Palestina,  con las violaciones como arma o con los falsos positivos en Colombia… Pero tenemos que fotografiar pensando que si, que fotografiamos para mostrar, para dar voz al testimonio, y para ayudar a que cese su sufrimiento, la violencia que lo causa y para que quienes ejecutan esa violencia sean procesados. Si, para todo eso.

Fotografiar pensando que la historia de la/las personas que fotografiamos, (únicos testigos verdaderos de lo que acontece, testimonios verdaderos de la historia que sucede y documentamos) ayudará a un mejor entendimiento y respeto sobre nuestro Mundo. Fotografiar sabiendo que lo que fotografiamos no nos pertenece, y que incluso la imagen misma nunca nos acabará de pertenecer del todo. Fotografiar con humildad.

La fotografía, como la educación, no se puede realizar para nuestro ego (no seria fotoperiodismo, seria  fotoegoísmo), se tiene que realizar por compromiso, compromiso con el relato del testimonio, compromiso por un Mundo sin violencia.

Mientras no eduquemos para entender la fotografía como herramienta transmisora de la experiencia y del testimonio, correremos el riesgo de que las imágenes pierdan su verdadero significado y que lo que en ellas se denuncia, se vuelva a repetir. Por eso creo que está tan unido el potencial que encuentro en la fotografía documental al que para mi tiene la educación. Considero que comparten principios y potencialidades.

No entiendo fotoperiodismo sin intencionalidad. No  concibo la neutralidad o la objetividad en el trabajo que la fotografía documental tiene que llevar a cabo. Creo en fotografiar como en un acto de solidariad y  respeto para con el otro que sufre. Del mismo modo que no  miramos, educamos o amamos de forma objetiva, no podemos fotografiar de esa forma.  Seamos o no consciente de ello, la intencionalidad siempre existe en los trabajos fotoperiodísticos, ya sean para reforzar el ego del fotógrafo… o para dar voz al testimonio.

Así pues,  El fotoperiodismo como pedagogía radical no es más que la intencionalidad pedagógica en la Fotografía Documental que tiene por objetivo difundir el testimonio a través del texto que significan las imágenes y  los rostros que nos muestra. El tándem fotoperiodismo y buen periodismo unidos a la educación basada en la experiencia, el respeto, la memoria y la lucha contra la barbarie  harán de nuestro Mundo un Mundo más justo. Más radical por ir a la raíz del problema,  menos egoísta y más poético.

Actualmente, las obras de Gervasio Sánchez, Walter Astrada y Ricardo García Vilanova,  por ejemplo, las entiendo como actos de pedagogía radical contra  el olvido, contra la barbarie, contra la violencia. Ellos, los fotógrafos, no son los protagonistas, son los observadores que dan espacio, voz y ponen rostro a los testimonios verdaderos, las víctimas, y hacen que, (parafraseando de nuevo a Susan Sontag) la gente recuerde las historias  que recogen sus  fotografías… y no que recuerden “fotografías”.

Por último me gustaría dejaros con la frase siguiente:

 

Solo si soy desertor soy fiel. Soy tú cuando soy yo.

Paul Celan

Marzo de 2011