TV/ARTS/TV ¡Más allá de la pantalla! Entrevista con Valentina Valentini | HERMAN BASHIRON MENDOLICCHIO

 

 

 

Antoni Muntadas, Personal/Public, 1981. Courtesy- Artist collection.

La relación es a primera vista peliaguda. En la exposición presentada en las salas del Arts Santa Mònica de Barcelona – en el comienzo de este otoño de 2010 – se vuelve a pensar, se reflexiona y se elaboran nuevos interrogantes sobre la relación, compleja y controvertida, entre Arte y Televisión. TV / ARTS / TV es un recorrido multi-direccional que comienza en los años 60 y llega hasta nuestros días: obras que ahora forman parte de la historia del arte y experimentaciones actuales de jóvenes artistas e investigadores a caballo entre el arte y las nuevas tecnologías, componen y dan vida a un proyecto que ofrece múltiples puntos de vista sobre el medium televisivo. Un proyecto que, como ha subrayado la comisaria, Valentina Valentini, es una investigación, una indagación, una interrogación que surge de “un deseo, una necesidad y una instancia de conocimiento”. Desde los primeros entusiasmos a las primeras desconfianzas; desde las ilusiones causadas por los dispositivos electrónicos a la crítica hacia el uso instrumental y comercial del medium; desde las utopías de transformación a la irrupción del vídeo; desde el oscuro poder del “espectáculo televisivo” a las numerosas estrategias de contra-información… el tema Arte y Televisión parece ofrecer múltiples reflexiones.

La exposición, la investigación realizada y el discurso teórico que se encuentra detrás de ella, representan precisamente esta doble naturaleza y esta relación ambigua entre la televisión y las artes. Esta influencia de una sobre las otras, y viceversa, que es a veces inspiración y otras corrupción.

La ambivalencia hacia el medio de comunicación de masas, ya sea la televisión de ayer o el Internet de hoy en día, parece ser el sentimiento más común y difundido.

Las artes – en especial el vídeo – en esta relación de poder impar, han lanzado, de todas maneras, su asalto y han puesto de relieve las ambigüedades del sistema de producción y consumo de la televisión.

Lamentablemente queda la realidad de generaciones influenciadas por el modelo televisivo, de apariencia y superficialidad, al cual el arte, en sus múltiples declinaciones, consigue contraponer alternativas importantes e iluminantes, pero todavía demasiado débiles.

Una reflexión sobre el medium y sus funciones, en esta época “en la que todos estamos tirando el televisor fuera de casa”, es necesaria y obligatoria. De la exposición, de las obras y de las diversas consideraciones que se generan a partir de este tema fascinante, he hablado directamente con Valentina Valentini, comisaria de TV / ARTS / TV al Santa Mònica, a quien agradezco su disponibilidad.

 

 

Martin Parr, HOME SWEET HOME SERIES, 1979. © Martin Parr/Magnum Photos/ Galeria Contrasto and Forma

 

 

 

Herman Bashiron Mendolicchio: Arte y Televisión: ¿Una relación peligrosa y contradictoria?

Valentina Valentini: Siempre ha existido cierta desconfianza, al menos como forma de prejuicio, por parte del arte en relación a la televisión, así como ha habido cierta desconfianza al principio de los años 70 por parte de muchos artistas visuales hacia las nuevas tecnologías y el vídeo en particular. No sólo por parte de los artistas visuales, sino también del Cine. Umberto Eco, en Apocalípticos e integrados, fotografió una situación con respecto a los medios de comunicación y las nuevas tecnologías que se prolongó durante muchos años. La situación quizás ha cambiado en los años 80. Podemos decir que una especie de repulsión instintiva y prejudicial es normal. Sin embargo, cuando comencé a trabajar en esta investigación – la exposición es el resultado de un proyecto de investigación, no sólo una selección de obras y artistas – me di cuenta de que no siempre fue así. Si volvemos a leer los manifiestos de Nam June Paik en los años 69-70, de Fluxus en los 68-69, de Richard Serra y, sobre todo, muchos artistas americanos o incluso el Manifesto Sulla Televisione de Lucio Fontana, que es del año 52, podemos notar que la televisión, en algunos artistas, ha alimentado una utopía de cambio. El manifiesto de Fontana, por ejemplo, fue firmado por un número de artistas que veían en la televisión la oportunidad de transformar la relación entre el espectador y el arte. Si pensamos en una experiencia como la de Gerry Schum en Alemania en el 68, cuando dijo: “¿por qué todavía hay que ir a visitar las exposiciones en las galerías? Tenemos la televisión, pues hacemos de la televisión una galería virtual”. En esa ocasión Schum encargó a una veintena de artistas internacionales una serie de obras concebidas específicamente para la pantalla del televisor. O aún la idea creada por algunos artistas en Estados Unidos que consiguieron gestionar unos canales televisivos con programas de artistas entre los 70 y los 80. Si releemos la historia del arte a través de esta relación y esta perspectiva descubrimos, y todavía habría trabajo que hacer, un montón de revistas de los Estados Unidos con artículos en los que se afirmaba: haz tú mismo tu TV, cómprate una cámara ligera, etc.; y a partir de estos ejemplos se han creado una serie de prácticas alternativas que van desde la contra-información a la community tv, de la cable tv y el vídeo de artista a la televisión inteligente. Se trata de prácticas que reflexionaban sobre cómo conseguir penetrar en el sistema para crear agujeros en la red.

 

HBM: La TV se puede definir como un medio controvertido dominado por intereses comerciales y publicidad. ¿Esta exposición la quiere rescatar?

VV: Por supuesto que no! La televisión, como aparato y como sistema, ha estado siempre en contra de los artistas. Si se han abierto unos espacios, han sido unos  espacios, unos paréntesis, fugaces y provisionales. Si pensamos en cuántos artistas en Italia, por ejemplo, han tenido un encargo por parte de la televisión, son muy pocos y la mayoría de las veces sus obras no fueron tampoco transmitidas. Channal Four en Gran Bretaña es quizá el único que se destaca porque ha impulsado una serie de directores, entre cine y vídeo, transmitiendo sus obras. Pero la mayor parte de las veces, en Alemania, en España, etc., son verdaderamente raros los espacios de apertura por parte de la televisión. Los artistas han estado siempre fuera de la programación televisiva. Así que aquí no se rescata la TV como sistema y aparato de producción comercial, ya sea público o privado, se rescata, se vuelve a pensar o se invita e repensar, el medium y cuales utopías, esperanzas, experiencias ha alimentado también a través de la experimentación y la producción de obras de vídeo. El vídeo ha sido la conciencia, el espejo, apuntado hacia la televisión. El vídeo ha parodiado el género, ha saqueado la televisión, ha usado su archivo para crear obras diferentes, la scratch television, etc. y en este sentido, la televisión como imaginario y como sistema de producción y fruición, ha suscitado un pensamiento interesante.

La televisión representaba el uso doméstico y con este uso doméstico se habría podido hacer de todo. Algún artista dijo: “Podemos dejar entrar el museo, el arte, la galería en casa”. Al mismo tiempo, la televisión representaba la condición espectatorial, o sea “yo que miro”. Vito Acconci, Judith Barry, entre otros, han escrito ensayos sobre el espectador y el consumidor televisivo. Estas reflexiones, alimentadas por la televisión, es importante rehacerlas hoy en un momento en que todos estamos tirando el televisor fuera de casa.

 

 

 

 

Wolf Vostell, Radar Alarm, 1969. Courtesy- Mercedes Guardado Olivenza Vostell, Malpartida, Cáceres

HBM: ¿Cuáles son las influencias recíprocas entre el arte y la televisión?

VV: En el principio este proyecto – que es sobre la televisión y las artes en plural – incluía también una investigación sobre el teatro y el cine. Como la televisión ha estimulado una producción – llámense alternativa, transgresiva, de parodia, crítica – de artistas que han utilizado las nuevas tecnologías; pero también de cómo la televisión ha modelado unos lenguajes. En el teatro, y también en el cine, no podemos no medir, entender y evaluar cómo algunos espectáculos están profundamente moldeados por el dispositivo televisivo. Pueden ser varios géneros de programas, puede ser el tipo de recitación coloquial, puede ser aquella forma de dirigirse directamente al espectador que es propia del presentador televisivo. En cada caso hay muchos elementos que nos hacen entender cómo el lenguaje de la televisión ha influido, moldeado, corrompido, otros lenguajes.

 

HBM: Tomando el título de una obra de Antoni Muntadas: ¿video is television?

VV: Podríamos hacer una colección de lemas sobre la televisión, desde Bill Viola a Muntadas. En el período conceptual el título era la obra. Está claro que en el período en el que Muntadas realiza ese vídeo, está afirmando la diferencia principal entre la TV, subyugada y comercializada, y la práctica artística que utiliza el dispositivo electrónico, pero que es completamente diversa porque lo orienta en contra de la televisión y porque trabaja en oposición a los que son los mecanismos y las convenciones televisivas. Así que la de Muntadas es una interrogativa retórica con respuesta negativa.

 

HBM: Entre el Arte y la TV lo que hallamos en común es la imagen. Gary Hill ha hablado de la “imagen como virus.” La imagen es el centro de la comunicación y la TV su primer propulsor. Manipulación, distracción, ilusión, “espectáculo de lo cotidiano”: ¿cómo y qué contrapone el Arte a estos efectos devastadores de la imagen?

VV: Pensamos en un artista como Bill Viola, que está presente en esta exposición sólo con el vídeo Reverse Television. Bill Viola ralentiza las imágenes. Los artistas tienen numerosas y diferentes estrategias. La más común y la más difundida es la de ralentizar la imagen. Si la TV acelera, el artista ralentiza y muestra la imagen. Si la TV subordina la palabra a la imagen, el vídeo – pensamos en Gary Hill – o no pone la palabra y exalta la imagen, a través también de la imagen sonora, o exalta la palabra con las didascalias, al igual que Godard. Si la TV es el flujo indistinto, el vídeo es la estratificación y el espesor de las imágenes. Si la TV es principio, culminación y final, el vídeo es la ruptura de esta modalidad narrativa, por lo tanto el espectador está llamado a encontrar un recorrido entre imágenes que ya no tienen la linealidad ni de la TV ni del cine. Ya no hay más flujo unidireccional, sino que se ha invertido por completo el concepto de arriba, abajo, derecha, izquierda. La imagen se convierte en un mosaico. Las estrategias, diseñadas por el arte y  el vídeo, son verdaderamente muchas. Pensemos, por ejemplo, a un grupo británico de los años 80, Gorilla Tapes, que cuando Thatcher llegó al poder tomaron los informativos y modificaron completamente las noticias, a través de un montaje, haciendo que parecieran muy distintas respecto al mensaje original de la TV.

 

HBM: Una exposición que mira al pasado y al futuro. Desde la arqueología de lo analógico hasta la era digital. ¿Cómo has construido este camino curatorial?

VV: En primer lugar hay que decir que yo trabajo estudiando, realizando unas investigaciones, y no indicando cuales son los artistas que están de moda, que están en el mercado o que son mis amigos. En cuanto a la historia, para mí es un elemento fundamental de la investigación. Pero yo estoy interesada en la historia, como dice Foucault, donde se producen rupturas, en la cual no hay hechos consecuenciales o todos los hechos tal como nos los han enseñados en malos libros de historia. Hay una historia en la que hay agujeros negros. La historia que me gusta es la que plantea unas preguntas, unos saltos.

Esta exposición quiere ser una interrogación en la que hay el sentido de la historia dentro. Luego, al haber encontrado un artista joven como Iván Marino, ha salido esta idea de construir un debate sobre el papel de la televisión en el futuro y en este siglo. El proyecto ha nacido durante el proceso, no desde una idea preconcebida o una ideología, sino por la necesidad de interrogación y de interrogarse que surgió durante la operación. Desde un deseo, una necesidad y una instancia de conocimiento.

 

 

Vito Acconci, Virtual Intelligent Mask, 1993

HBM: En la exposición hay una obra dedicada a Dan Graham. ¿En qué consiste este homenaje?

VV: Dan Graham es un artista estadounidense que ha trabajado extensamente en la televisión, que ha hecho algunas reflexiones sobre el papel de la televisión y el vídeo y sobre el vídeo visto como un espejo, como una ventana entre el interior y el exterior. Me parecía simbólicamente importante ponerlo al centro de esta exposición. Production/Reception es una obra que nunca se realizó. No se había realizado debido a problemas económicos, porque en el 76 realizar este trabajo significaba establecer una televisión por cable en un estudio televisivo y en una familia durante mucho tiempo y enviar las grabaciones, día y noche, en un tercer canal. Se trata de una obra didáctica, ilustrativa de la especulación y la investigación del artista: es decir, por un lado, vemos cómo se confecciona la información y por el otro cómo se consume; y conscientes de una cosa y de la otra  podemos mezclar los canales. Le había pedido a Dan Graham si quería realizar este proyecto aquí y ahora y durante un par de meses tuvimos la ilusión de que esta idea podía seguir adelante. Luego se retiró y prefirió dejar su proyecto irrealizado. Así, le pedí a dos artistas, Canecapovolto e Iván Marino, que reelaborasen el proyecto y, en este sentido, se ha convertido en un homenaje a Dan Graham.

 

HBM: Se va desde el entusiasmo hacia el medio televisivo, a la crítica. Según tu opinión, ¿pasará lo mismo con Internet y con las nuevas herramientas audiovisuales?

VV: Es que ya pasó. Cuando apareció, Internet parecía reavivar las mismas ilusiones que habían creado y provocado los dispositivos electrónicos, la cámara ligera, etc. Ilusiones tales como: la democracia, que todos podemos hacer información, la creatividad al alcance de tus manos, el acceso…

Internet es también ambivalente. Hay experiencias como la community TV, donde hay unos artistas híbridos que dan tareas a los usuarios de sus sitios: hacer una foto, cantar una canción, escribir un diario, etc… después los usuarios que han respondido a estas tareas depositan todo en el sitio y el artista lo recoge y lo transforma a su manera. Hay varios ejemplos de este tipo de arte “relacional” entre comillas…que son muy ambiguos.

 

Wolf Vostell, Die Winde, 1981. Courtesy- Mercedes Guardado Olivenza Vostell, Malpartida, Cáceres

 

HBM: ¿Así que finalmente prevalecerá la crítica y la desconfianza?

VV: No es sólo una cuestión de desconfianza. De eso ya se habló con Benjamin. Benjamin, que fue uno de los primeros teóricos de los medios de comunicación de masas, siempre ha tenido un pensamiento ambivalente. El Cine y la fotografía acercan la obra, pero destruyen el aura. En el momento en el que la dimensión expositiva deja fuera la dimensión ritual, hay una pérdida. Para decirlo en términos banales, en esta ambivalencia hay, al mismo tiempo, una pérdida y un beneficio. La comunicación del cine, por ejemplo, va a afectar directamente al espectador, que se convierte en su blanco, como quería Eisenstein con el montaje de atracciones. Todo esto va a manipular un mecanismo que es igualmente importante, que es el del cum templum, el de la contemplación, en el que soy yo el que establece los tiempos en que miro, descifro y doy sentido a algo.

En cualquier caso, son los propios dispositivos tecnológicos los que contienen este carácter dual, esta doble naturaleza. No son ni positivos ni negativos, ni apocalípticos ni integrados.

 

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