Centro Multimedia. Una Mirada Bajo Cuatro Interrupciones* | LILIANA QUINTERO ÁLVAREZ ICAZA

La relación entre lo humano y la tecnología ha suscitadouna revolución antropológica y nos ofrece un nuevo ambiente social que se relaciona con los efectos de las tecnologías sobre nuestra vida.

Diana Domingues

 

La reflexión sobre la correlación entre el arte y la tecnología parece cada vez más cercana; se manifiesta como una necesidad de la época, pero en 1994 en el contexto mexicano, resultaba un tanto excepcional y se insertaba en el terreno de lo novedoso. Bajo este carácter excepcional surgió el Centro Multimedia, espacio dedicado a la experimentación e investigación del vínculo que se genera entre el arte y las prácticas artístico–culturales; fundado por Andrea Di Castro con la intención de explorar las posibilidades de la innovación tecnológica frente al terreno estético. Así dio inicio un ambicioso proyecto que llenaba dos carencias en el contexto nacional: por un lado la experimentación y reflexión de la tecnología en el terreno artístico; y por otro, la exploración en la didáctica de la misma para ingresarla en el terreno de la enseñanza y la conservación. El espacio quedó inserto en el contexto del Centro Nacional de las Artes, ya que se conjugaba con el ánimo interdisciplinario que se gestaba en dicho lugar.

El espíritu inicial del Centro estuvo marcado por la innovación tecnológica, por la fascinación derivada de experimentar con la tecnología, enfatizando en el análisis de la experiencia frente a los cambios que generaban los nuevos dispositivos, para regresar así, sobre la pregunta: ¿Cómo es que la tecnología transforma nuestra vida cotidiana? Quizá no hay una respuesta sencilla, pero el Centro intentó abrir terrenos, siguiendo a Derrick de Kerckhove, hacia una nueva “cartografía sensorial”[1].

El Centro Multimedia estaba dividido en un principio en cinco talleres: Gráfica digital, Audio, Imágenes en movimiento, Sistemas interactivos y Realidad virtual. Sin olvidar el área de Publicaciones electrónicas. Posteriormente se insertó el Taller de Interfases electrónicas / Robótica. El propósito de Andrea Di Castro era “desmitificar la tecnología. Es decir que la tecnología se vea como una herramienta más. Porque lo importante no reside en sí en la tecnología, sino en la forma en que la utilizamos. Y esto es un discurso de suma importancia si consideramos que se trata de la comunidad artística”[2].

La apuesta fue brindar posibilidades a los artistas para que experimentaran con los dispositivos tecnológicos de punta. Pero desde un país que es principalmente consumidor y manufacturero en el terreno de la tecnología, ¿cómo iba a recibir un proyecto que prometía mantenerlo en la vanguardia del arte tecnológico?

Al transitar los años, y tras la salida de di Castro, de manera paradójica el Centro Multimedia fue dejando la tecnología de punta. Mientras el contexto mexicano se preparaba para la parafernalia tecnológica, este mismo era testigo de la obsolescencia y tuvo que irse adaptando a los cambios políticos y presupuestales.

Todos los talleres tomaron iniciativas de exploración. El taller de Sistemas interactivos y Publicaciones electrónicas se fusionaron, en aras de hallar una experimentación en el ámbito del diseño y las interfases gráficas.

Pero aún era imposible recuperar aquél espíritu de innovación.

El hardware se volvió prescindible y la mirada del Centro, bajo la dirección de Alejandra Gilling, giró hacia una búsqueda de sentido frente a un panorama un tanto desolador. Se decidió formar un Taller de Investigación teórica documental, para iniciar búsquedas filosóficas, que pudieran aclarar la agitada y rápida ráfaga de artistas que habían iniciado un camino en el terreno del arte electrónico–digital. La intención era aproximarse al problema de la tecnología desde una perspectiva reflexiva; ya que en México es escasa la tradición de reflexionar en torno al problema de la tecnología y su relación con el arte. Por lo tanto, se partió de la idea de generar proyectos de investigación que abordaran cuestiones contemporáneas, pero que se encontraran en el umbral de los debates actuales, tanto en la filosofía como en el arte. Y de alguna manera relacionar los vínculos y reconciliaciones que se están gestando en los dos discursos, reformulando así, la vieja idea de las “ciencias humanas” para llegar a una visión humanista de la tecnología.

Al encontrarse inmerso en una búsqueda distinta y al enfrentarse al vertiginoso cambio tecnológico, el Centro se dio cuenta que quizá la respuesta no estaba en el hardware. De esta forma, abrió senderos a la exploración del software, ya que como afirma Lev Manovich “el software está también detrás del mundo sólido en el que vivimos”[3].

Por otro lado se fortaleció una experimentación interdisciplinaria. La tarea en algunos casos, se sostenía principalmente por la exploración tecnológica para hallar herramientas creativas que pudieran servir como artefactos lúdicos. En otros casos la idea sirvió como sustento, mientras que la exploración tecnológica parecía débil. A manera de ensayo y error, de experiencia y repetición, se generaron un cúmulo de proyectos y senderos fértiles en los que se hacía evidente el proceso: el camino resultó un equilibrio entre la teoría y la práctica.

En este periodo, se dio inicio a la búsqueda de artistas jóvenes[4] que estaban ansiosos por probar nuevos caminos por el árido, pero fascinante mundo de las tecnologías de la información. De la misma manera se abrieron espacios para indagar con recursos electrónicos low tech.

A la partida de Alejandra Gilling, el Centro ya tenía un camino claro, el rastreo no era a partir de la tecnología de punta, se había iniciado un proceso de investigación y experimentación sobre las diversas posibilidades que brindaba la tecnología desde otros terrenos.

El Centro estaba bajo la coordinación de Tania Aedo (2002). En este periodo se apostó por una nueva idea: la tecnología es más que una herramienta. Se construyeron caminos orientados hacia la complejidad, el azar como fuente de inspiración. Se consolidaron cuatro programas[5]: Programa de Investigación y Experimentación Media Lab, que dicta las directrices conceptuales y de experimentación tecnológica; Programa de formación en arte y tecnología, el cual surgió a partir de la necesidad de difundir el conocimiento acumulado en el Centro y es el vínculo con las comunidades, grupos que trabajan o están interesados en la teoría y práctica de las artes electrónicas y el videoarte; Programa de divulgación, que incluye el Festival Internacional de Artes Electrónicas y Video Transitio_MX[6], este programa es una herramienta para difundir y tener contacto con diversos públicos. El Festival Transitio, de alguna manera, funciona como un reto y un escenario para fomentar y divulgar la creación y con ello insertar a México en el circuito internacional de festivales de artes y medios. El último es el Programa de residencias y apoyo a la producción e investigación en arte y medios, el fomento a la producción artística y la actividad permanente de intercambios y residencias artísticas con distintas instituciones tanto nacionales como internacionales.

Descubrir encuentros interdisciplinarios provocó la ruptura de límites entre los talleres. La forma de trabajo se construyó a manera de laboratorio, la experimentación de interfases permitió construir un diálogo entre la máquina y el usuario, pero también comunicó diferentes aspectos en los que cada uno de los integrantes de los talleres realizaban un proyecto en común. Como menciona Tania Aedo “la interfaz ha sido definida como la piel de la información; el punto de contacto entre la tecnología digital y el entendimiento humano[7].

En los últimos años, bajo la coordinación de Cuauhtémoc Sentíes, se ha encontrado una postura clara frente al software libre, ya que ha permitido encontrar soluciones creativas. La búsqueda primordial ha sido salir de procesos endogámicos, que muchas veces son necesarios para generar conocimiento, pero en este caso se decidió abrir los discursos y compartiros a manera de asesorías a un nuevo público. En este periodo, la tecnología ya no se percibe como extrañamiento, así que la intención del Centro es pensar y poner en práctica otros usos.

A pesar de las distintas miradas, enfoques y presupuestos, el eje del Centro Multimedia depende del equipo de trabajo, no sólo el que labora actualmente, sino todos los que han formado parte de él, ya que se ha convertido en una especie de inteligencia colectiva, cuyos límites van más allá de la institución. Abrir terrenos interdisciplinarios ha permitido construir un carácter híbrido: los ingenieros retoman las poéticas de sentido en su labor creativa, los artistas muestran un interés por desentrañar la caja negra, los teóricos han permitido ser contagiados por la movilidad de los medios y los diseñadores exploran posibilidades que transitan en el medio del arte y la tecnología. De la misma manera que Marcos Novac, el Centro intenta salir de la frialdad de la pura herramienta, porque “la mayor tarea no sería imponerle la ciencia a la poesía, sino restaurar la poesía en la ciencia”[8].

La idea es y ha sido hallar un nuevo campo problemático que permita ir descubriendo discursos propios, aquellos que fomenten la comprensión de los impactos del fenómeno de la tecnología desde una perspectiva teórico–práctica.

El futuro del Centro no es fácil de advertir, por un lado el marco político lo hace frágil, pero por otro lado es imposible no escuchar su trayectoria. Quince años transitados han dejado huella, han construido un legado en el ámbito de la formación, de la reflexión y experimentación en la relación arte–tecnología. A la vez es un momento de comenzar a cimentar, de hacer un ejercicio de reflexión para volver a mirar aciertos, errores y con ello localizar búsquedas. La intención es mantener la resonancia con otras voces[9]; el desarrollo de proyectos artísticos y de herramientas creativas[10]; la intervención del discurso filosófico para generar fisuras[11]; el apoyo a la producción e investigación en el vínculo arte tecnología[12]; la experimentación con el cruce de fronteras[13]. El objetivo es que el diseño sea un ejercicio artístico[14], divulgar el conocimiento especializado[15]; y principalmente mantener un espacio fértil en el campo de la experimentación y reflexión, en el que el arte active y sirva de provocación para revertir, aunque sea de manera metafórica, la instrumentalidad de la tecnología. Sin embargo, también es necesario estar abiertos a su complejidad y su naturaleza móvil.

En este sentido estaremos proporcionando interacciones complejas entre lo orgánico y lo inorgánico, lo natural y lo artificial, lo real y lo virtual. Los artistas están aceptando la propuesta de Duchamp: poner el arte más cerca de la vida. Más allá de la imaginación, de la creatividad y de los niveles estéticos, hay una gran cantidad de implicaciones sociales con estas nuevas relaciones y actitudes. El gran reto para los artistas es proponer la vida como podría ser[16].

 

Centro Multimedia – Centro Nacional de las Artes: http://cmm.cenart.gob.mx/

*El presente texto pertenece al Proyecto ready Media del Laboratorio de Arte Alameda de México

Agradezco las atinadas correcciones y comentarios de Martha María Gutiérrez, Minerva Hernández, Omar Sánchez, Cuauhtémoc Sentíes y Amanda Lemus

 

 

Notas

[1] Derrick de Kerckhove, “Remapping sensoriale nella rella realtá” en Pier Luigi Capucci (ed.), Il corpo tecnologico, L´influenza delle technologie sul corpo e sulle facolta Bolonia: Baskerville, 1994 apud Diana Domingues, “Interfaces y vida en el ciberarte. Soñando el cuerpo en la era posbiológica: animal y lo humano” en Tania Aedo y Liliana Quintero (eds.), Tekhné, México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2004, p. 38.

[2] Raúl Godínez Cortés, “La misión del Centro Multimedia es desmitificar a la tecnología”, ipn Ciencia, Arte: Cultura (Nueva época), 3 (1995), p. 57.

[3] Marta García Quiñones y David Ranz, “Creo que definitivamente estamos al principio”. Entrevista con Lev Manovich, www.zerom3.net [24 de mayo de 2010].

[4] Muchos de los artistas que ahora se encuentran en la escena de las artes electrónicas–digitales han colaborado de manera directa o indirecta con el Centro.

[5] De alguna manera estos programas, excepto el Festival Transitio_MX, se encontraban desde el inicio del Centro Multimedia, sólo que en este periodo se sistematizaron y se nombraron como tal. El programa de Formación se heredó de los cursos que se impartían a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, pero fue muy importante el pasar de los años ya que permitió realmente generar un equipo especializado capaz de brindar asesorías específicas.

[6] El Festival Transitio formó parte del Centro Multimedia en el año 2005, ya que anteriormente era el festival Vidarte.

[7] Tania Aedo, “La interfaz, una de las membranas difusas entre el arte, la tecnología y la ciencia” en Interdisciplina, México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2004, p. 253.

[8] Marcos Novak, “Arquitecturas líquidas en el ciber espacio”, ipn Ciencia, Arte: Cultura (Nueva época), 15 (1997), p.11.

[9] En el que a lo largo de los años han dado conferencias seminarios, charlas y asesorías, personalidades como: Javier Covarrubias, Alberto Gutiérrez Chong, Ariel Guzik, Derrick de Kerckhove, Manuel De Landa, Fernando Broncano, José Luis Brea, Marina Grzinic, Claudia Giannetti, Platoniq, Laura Baigorri, Gunalan Nadarajan, Ana María Martínez de la Escalera, Mercedes Garzón, David Cuartielles, Daniel Andújar, Marcel. Lí Antúnez, Orlan, Andreas Brockman, Bill Viola, entre muchos otros.

[10] Se han realizado un sin número de proyectos artísticos, didácticos y herramientas creativas como: Monte Albán, el escenario inteligente para bailarines, Monte Alban, Interfaz midi Arredondo-Escuer, Complexión Robusta, Mi casa es tu casa, Tonalpohualli, El lugar donde habitan las palabras, U energía interna, Flor, Y/O, Belleza, Natura, Sujeto, In silico, Prêt à porter, Autarky, entre otros.

[11] Se ha realizado un sin número de seminarios, talleres y conferencias sobre filosofía de la tecnología, Pensamiento contemporáneo y nuevas tecnologías, Introducción al pensamiento de Gilles Deleuze, El pensamiento de Manuel De Landa, entre otros.

[12] Se han apoyado a artistas e investigadores como Arcángel Constantini, Gilberto Esparza, Marcela Armas, Karla Jasso, Fran Ilich, Javier Toscano, Gerando García de la Garza, Iván Abreu, Rogelio Sosa, Manuel Rocha, Esthel Vogrig, Amanda Gutiérrez, Mariana Delagado, José Luis Oliva, Gerardo Suter, Fernando González Gortázar, Mariana Dellekamp, Patricia Lagarde, Maurycy Gomuliki, Roberto Morales, entre otros.

[13] Se realizó el primer evento de artes escénicas aéreo de Kalispherion, la intervención sonora de la Torre de Investigaciones del Cenart, Infierno en la torre, la lucha de robots en el marco de Net@ Works, entre otros.

[14] Siempre se ha apostado por una imagen inteligente y creativa, se han realizado proyectos interdisciplinarios en los que la imagen es muy relevante tales como: Artificial, .Doc, Mapas conceptuales. Arte, pensamiento, tecnología. También se ha trabajado la imagen con una integración desde un carácter de laboratorio y se refleja en la imagen de los festivales Transitio, en la página y en todos los proyectos de difusión del Centro.

[15] Se realizó la primera página en español sobre arte electrónico Undo, así como la investigación teórico documental .Doc, entre muchos otros proyectos.

[16] Diana Domingues, “Interfaces y vida en el ciberarte. Soñando el cuerpo en la era posbiológica: animal y lo humano” en Tania Aedo y Liliana Quinero, Tekhné, México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2004 p. 64.