10 razones para desconfiar de un arte que se opone al capital | RAFAEL PINILLA

  1. El fenómeno de la Creative Class (Richard Florida) Además de que la categoría de clase -y su corolario: la conciencia de clase- resulta inadecuada para englobar a una multitud heterogénea en cuanto a sus supuestos “intereses”, nos parece una vulgarización propia del pensamiento liberal del (por ahora en suspenso) potencial del sujeto revolucionario.
  2. Romanticismo Político. Carl Schmitt ya supo detectar en su época en que se había convertido la política para una generación de cultivadores de ego que “vivía” el compromiso político (en nuestro contexto un arte supuestamente combativo que se opone al capital) a un nivel puramente estetizante. Politización despolitizada.
  3. Espacios de visibilidad. Nada que decir que no se haya dicho ya: ¿cómo creernos a un arte crítico-combativo que se sigue exhibiendo en los lugares habituales de consumo artístico? Alan Badiou en su tesis nº 15: “Más vale no hacer nada que trabajar formalmente en la visibilidad de lo que existe para el Imperio”.
  4. Mutación de los AIE (Althusser) No hay que concebir los Aparatos Ideológicos del Estado como un fenómeno “restringido”; la institución-arte y su desterritorialización juega un papel significativo en la mutación de unos aparatos ideológicos -por definición “antirepresivos”- difusos y sin un centro o lugar localizable. Ni que decir tiene que el arte crítico también retroalimenta este aparataje.
  5. El nuevo espíritu del capitalismo (Boltanski-Chiapello). Lejos -muy lejos- queda el viejo ethos protestante que describió Weber como fundamento del primer capitalismo. Para más información de cómo se las ingenia la “vanguardia” empresarial véase: www.disonancias.com
  6. Efectos colaterales del arte -sea o no crítico. La lista es larga: inflación (saturación del mercado), gubernamentabilidad (en sentido foucaltiano), gentrificación (desplazamiento de sectores económicamente desfavorecidos) Sin olvidar, claro está, la estafa (ideológica), el chantaje (se debe consumir arte), y la mala literatura (¿es necesario enumerar ejemplos?)
  7. Déficit teórico. Arriesgamos en esta afirmación con todo lo que ello implica. El arte, cuando reflexiona sobre el papel del capital se tiende a mantener en una superficialidad que no pasa de la observación suigéneris de las consecuencias de un modelo económico o de una crítica pseudorevolucionaria que se pretende anticapitalista. La economía (esa gran desconocida) acaba quedando reducida a los desmanes de los especuladores y explotadores de nuestras miserables existencias.
  8. Déficit práctico. Volvemos a arriesgar (y aquí no tiene porque existir contradicción con el punto anterior) Mucha literatura previsible (marxismo, posestructuralismo, poscolonilaismo) que sólo convence a los iniciados y a sus aplicados aprendices. Urge, entonces, repensar lo que se entiende por acción crítica -más allá de la soft revolution de la que habla Zizek; o con sus mismas palabras: todos hemos leído a Marx; falta repetir a Lenin.
  9. Sólo un cortocircuito radical puede desestabilizar el sistema (cfr. 11-S) La pregunta que viene a colación es: ¿puede contribuir el arte a cortocircuitar el sistema? Stockhausen -a lo Marinetti- ante la catástrofe del WTC: “la más grande obra de arte jamás hecha”. Se cancelan los conciertos del compositor y en pocos días se recuperan las bolsas. Sobran los comentarios.
  10. El tiburón de Hirst. Gana la banca.