Nomadismo e interdisciplinariedad. La maquina nomádica: el movimiento como forma de resistencia. (Parte II) | MODESTA DI PAOLA

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En los años ochenta el nomadismo empieza a hallarse en el mundo de las ideas filosóficas. Una de las primeras elaboraciones nos llega de Gilles Deleuze y Felix Guattari que en el Tratado de nomadología: La Máquina de guerra[1], utilizan los conceptos nomadismo, máquina de guerra y micropolítica de las fronteras para analizar la sociedad contemporánea. A partir de las ideas del antropólogo francés Pierre Clastres, los dos filósofos convierten lo “nomádico” en propensión a la resistencia típica de las sociedades primitivas. Una de las principales contribuciones de Pierre Clastres a la antropología fue su crítica a la visión evolucionista según la cual las sociedades estatales o jerárquicas están más desarrolladas que las sociedades primitivas. El postulado evolucionista ha considerado la vida comunitaria de los grupos tribales como un estadio precedente a la sedentariedad y, por lo tanto, a la construcción de las estructuras urbanas que más tarde se han convertido en las actuales metrópolis del progreso. Para Clastres lo que dio lugar a las metrópolis, en realidad, no fue el paso del nomadismo al sedentarismo, como se había sostenido hasta entonces, sino: “la revolución política, esa aparición misteriosa, irreversible, mortal para las sociedades primitivas que conocemos con el nombre de Estado”.[2] Clastres define  las sociedades primitivas “sociedades sin Estado”. Éstas son por esencia igualitarias y rechazan la aparición de un órgano de poder.

Esta nueva visión de la sociedad nómada primitiva, sin jerarquías ni poderes políticos centrales hará que el  concepto de “nomadismo”  se desarrolle en un territorio absolutamente nuevo, el territorio de la “resistencia”. En este contexto, el nomadismo se convierte en un impulso antitético a la forma-Estado, en la medida en que lo móvil tiende a quedarse fuera del control panóptico que caracteriza a la ciudad moderna. Para Deleuze y Guattari una de las tareas fundamentales del Estado es la de “estriar el espacio”, es decir,  marcar los límites del territorio y controlar las emigraciones, los actos disidentes, las pequeñas rebeliones. Podríamos imaginarnos el territorio descrito por los dos filósofos como el campo de confrontación entre dos fuerzas contrapuestas y antagónicas: una es la del aparato del Estado -que intenta a toda costa estriar el espacio y limitarlo; la otra es la máquina de guerra nómada -que se mueve por un espacio abierto y liso.

Al proceso de captura de flujos de todo tipo (de poblaciones, de mercancías, capitales, etc.), los nómadas responden adaptando las condiciones a la constitución de una “máquina de guerra” capaz de moverse en el “espacio liso”. Se contraponen a las normas que regulan la circulación y el movimiento. Sin embargo para los autores, el Estado es transformador y capturador, descompone y recompone el movimiento, va de lo liso a lo estriado y engaña produciendo un espacio liso virtual. Aquí es donde Deleuze y Guattari, recuerdan la teoría del neonomadismo de Paul Virilio al servicio de una máquina de guerra todavía más inquietante.[3] Este nuevo nomadismo acompaña a una máquina de guerra mundial cuya organización desborda los aparatos del Estado y está presente en complejos energéticos, militares-industriales, multinacionales.[4]

Deleuze y Guattari retoman la interesante tesis de Virilio para recordar que el espacio liso, nómada, puede ser trazado y ocupado por la organización del poder. Por lo tanto, no sólo el mar, el desierto, la estepa y el aire (las geografías de lo liso por excelencia), son los lugares de una confrontación entre lo liso y lo estriado, también lo son las ciudades, con sus flujos, circulaciones, circuitos y conjuntos arquitectónicos.[5]

Aquí, es evidente la analogía con la analítica foucaultiana que individua una macro física del poder, con su propensión a la estabilización y jerarquización de los flujos y una microfísica de los poderes que se abre a nuevas posibilidades de resistencia. Para Foucault, el poder nunca se localiza en una categoría abstracta que lo detenta (como por ejemplo en Marx, a nivel de clases sociales o del Estado), sino que se articula en una organización reticular, es decir, microfísica, que se extiende en todas las direcciones locales y elementales de las estructuras sociales y económicas.[6]

Sin embargo la lucha de los nómadas cambia, la resistencia se desplaza y la vida reconstruye sus desafíos, afronta nuevos obstáculos, inventa nuevos aspectos, modifica a los adversarios. Como Foucault, Michel de Certeau percibe también un movimiento de micro resistencias que generan micro libertades. Para Certeau, el saber científico tiende a organizar la legibilidad del mundo de modo similar al poder político, por medio de lenguajes artificiales. A éstos, en cambio, el cuerpo social responde por medio de la imprevisibilidad y la creatividad de los actos cotidianos, desestabilizando y desorientando la organización panóptica. Certeau, de hecho, compara al consumidor de cualquier forma textual (urbanística, industrial, comercial o televisiva) con un viajador nómada que anda creativamente en territorios que no posee.[7]

En un contexto explícitamente político, para los filósofos Toni Negri y Michael Hardt la movilidad constituye todavía un nivel espontáneo de lucha. Y de hecho, la movilidad salvaje, la nueva horda nómada[8] y las migraciones de masas han contribuido a la implosión del sistema. Se trata de la multitud contra el Imperio.

La imprevisibilidad de las multitudes es para Michel Maffesoli[9] ejemplo de recuperación de un arcaico impulso que conduce a la huída. Mediante la metáfora del nomadismo, el autor reactualiza las discusiones delineadas por Negri y Hardt sobre el valor de grupos y comportamientos sociales basados en el desplazamiento, la fuga, el desarraigo y la movilidad como formas antitéticas a la forma-Estado, en la medida en que lo móvil tiende a quedar fuera del “panóptico” y del “confinamiento domiciliario” que caracteriza a la ciudad moderna. La vida errante propia de los nómadas, al favorecer los encuentros y expresar un ideal comunitario, se lee por Maffesoli como la manifestación del deseo de romper el confinamiento que caracterizó a la modernidad (en sus diferentes facetas: domicilio, familia nuclear, profesión e identidad) impidiendo a las personas vivir sus múltiples potencialidades. Lejos del lugar común del individualista nato, el nómada de la era de Internet es una figura gregaria, abierta a formar bandas, tribus, comunidades y otras formas de socialización no estatal. En contra de los diagnósticos más habituales, Maffesoli sostiene que el individualismo es una forma básica de reclusión sedentaria, una prisión exacerbada por la modernidad cuyos muros están siendo erosionados por vías subterráneas de escape, túneles de evasión  minoritarios primero y  masivos después.

La navegación libre por Internet, el comportamiento de las muchedumbres en los centros comerciales, el éxodo y, en general, los medios por los que el individuo expresa un nuevo deseo de libertad muestran la resistencia del hombre contemporáneo a confinarse en un solo domicilio, una sola profesión, un núcleo familiar determinado o una identidad sexual.

El nomadismo proclamado por Maffesoli presenta una modalidad preformativa de la existencia que lleva a recorridos por experiencias cognitivas y a la producción de nuevos horizontes semánticos, lugar de hibridaciones culturales. Recordando las prácticas new age, los melting pont étnicos, las síntesis tecnorgánica y la metáfora del cyborg, Maffesoli define las modalidades relacionales de un nuevo concepto de nomadismo que se amplía en este nuevo milenio: el nomadismo global.

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[1] Deleuze, G., Guattari, F., Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, (traducción; José Vázquez Pérez), Edición Pre-textos, Valencia 1997.

[2] Clastres, P., La sociedad contra el Estado, Monte Avila Editores, Caracas 1978, p. 177.

[3] Virilio, P., Vitesse et politique, Galiée, París 1977. Citado por Deleuze y Guattari, en ob. cit., en nota 58, p. 429.

[4] Deleuze y Guattari, ob. cit., p. 391.

[5] Virilio, Deleuze y Guattari, retoman el tema del control del movimiento directamente de las estructuras panópticas definidas por Michel Foucault como “espacios cerrados, recortados, vigilados en todos sus puntos, en las que los individuos están insertos en un lugar fijo y en los que los menores movimientos se hallan controlados”; en su libro Vigilar y castigar, Siglo XXI de España Editores, Madrid 1982, p. 201

[6] Véase Foucault, M., Microfísica del poder (traducción de Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría), La Piqueta, Edymión, Madrid 1992.

[7] Véase Certeau de, M., L’invenzione del quotidiano, Edizioni Lavoro, Roma 2001, pág. 245.

[8] Los autores para delinear el poder de la nueva horda nómada capaz de contraponerse al Imperio, retoman un fragmento de Friedrich Nietzsche, The Will to Power, trad. Walter Kauman y R. J. Hollingdale, Nueva York, Vintage, 1968, p. 465, n. 868, noviembre de 1887 – marzo de 1888 (Ed. Cast..: En torno a la voluntad de poder, Barcelona, Planeta – De Agostini, 1986), “Problema: ¿dónde están los bárbaros del siglo XIX? Evidentemente, aparecerán y se consolidarán sólo después de tremendas crisis socialistas”, en Hardt, M., Negri, A., ob., cit., pág. 202. El mismo pensamiento de Nietzsche, que se desarrolla a lo largo de un recorrido que va hacia una concepción prospectivista de la verdad, ha sido definido “nómada” en un reciente ensayo de Alberto Giovanni Biuso titulado Nomadismo e benedizione, DG editore, Trapani 2006, p. 6.

[9] Véase Maffesoli, M., Del nomadismo per una sociología dell’erranza, Edizione Consumo, comunicazione, Innovazione, Milano 2000. Sociólogo y reconocido intelectual francés, Michel Maffesoli pasó la mayor parte de su vida estudiando las corrientes subterráneas e invisibles de la sociedad, vaticina el advenimiento de un nuevo grupo, el de las tribus -término al que dio nuevo significado en 1988 con la publicación de su libro El tiempo de las tribus. El declinamiento del individualismo en las sociedades de mas, Icaria, Barcelona 1990- y el hombre nómada. La tribu como nueva categoría sociológica se extendió rápidamente en los medios académicos y se incorporó al lenguaje cotidiano como palabra de moda. A pocos meses de su nueva publicación, parece que también el término nómada vaya a incorporarse a un nuevo concepto que intenta rediseñar las complejidades y las transformaciones de nuestro tiempo.