Félix Fenéon y la invención de twitter | VICTOR DA ROSA

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Paul Signac, Portrait of Félix Fenéon, 1890

El imaginario de twitter – red social en la que los usuarios pueden, en cualquier momento, enviar mensajes de máximo 140 caracteres a sus seguidores – no es nada nuevo. Tal imaginario, de entrada, aparece ligado a una serie de cuestiones que acaban relacionando la escritura con la métrica, el límite, la medida. De cualquier modo, el cúmulo de opiniones que ven en twitter algo como el atributo de la superficialidad, según enunciados y valores siempre discutibles – como el de que no existe interés en la propia superficialidad, inclusive – deben apagar una historia.

El crítico Félix Fenéon, interlocutor de escritores como Paul Valéry y André Gide, pero también de pintores más radicales del siglo XIX, como los divisionistas – después más conocidos como puntillistas -, acusado de pequeños ataques realizados en los cafés más burgueses de Paris, encarna aquello que Michel Foucault llama, más de cincuenta años después, periodista extremo, radical. Félix Feneón, a partir de 1906, entre otras actividades, mantiene una columna de fait-divers en el periódico francés Le Matin – el espacio más bajo de un periódico, digamos (y tal vez también el más literario) – que recibe el título sugestivo de “Nouvelles en trois lignes”.

Existe una ambigüedad, y debo comenzar con ella – tal vez hasta una paradoja. El significante “nouvelle” – que, en castellano, puede ser traducido por “noticia” o incluso “novela” (es posible encontrar las dos referencias) – ya sugiere una duda sobre lo que es ficción o no. De hecho, el estatuto discursivo de la noticia, dentro de la expectativa de una representación o de un efecto de representación, hace oposición directa a lo que entendemos por novela, género ficticio. En la medida en que los dos dispositivos se aproximan, entonces, se vuelve difícil saber bajo que posición ha sido escrito el texto.

“Una loca en la ciudad de Puéchabon, la Sra. Bautiol, née Hérail, despertó a sus suegros a golpes de martillo”, escribe Félix Fenéon en su columna. O también: “Fue en la bolera que la apoplejía derrumbó el Sr. André, 75 años, de Levallois. Tiró una bola que aún rodaba cuando él dejó de existir.” Lo que existe de recurso ficcional en los fragmentos de Fenéon, en principio, está ligado a la velocidad de su texto. Es como si la medida sugiriese un estilo de escritura – o tal vez se trate incluso de una imposición. Pero el humor que surge directamente de la brevedad, por otro lado, se relaciona de modo definitivo con el carácter noticioso de la escena. Es decir, de algún modo acreditamos que la escena descrita aconteció. En fin, todo se relaciona de modo muy polémico con cualquier cosa que se entienda por representación.

Después, existe una extrema unidad de la escritura en estos fragmentos de Félix Fenéon – aquella misma unidad que confiere al haiku un aspecto clásico, cerrado. En rigor, es lo que nos permite leer tales fragmentos después de cien años sin ningún sentimiento de pérdida. Y en eso podemos afirmar que el carácter noticioso de la escena es también una especie de fraude, es falso. En fin, el texto no depende de ningún elemento exterior a él. No hay ninguna noticia, al final.

En la introducción de su bello ensayo sobre Picasso, en el que busca retirar al artista de un lugar sacralizado del modernismo para reubicarlo en el campo de la mercancía – léase: en lo bajo – la crítica norte-americana Rosalind Krauss, justamente, utiliza como punto de partida los textos de Félix Fenéon. Para Krauss, además de la velocidad – y vale decir que, salvo engaño, ningún fragmento del escritor sobrepasa los 140 caracteres permitidos en twitter – hay un trazo en estos fragmentos que interesa como contra-lectura de la improbable transparencia modernista, a saber: una opacidad narrativa, la pérdida del comentario – en fin, cierta traición al proceso comunicativo mismo.

La escritora argentina Pola Oloixorac, en una interesante reflexión sobre el papel de twitter en países con circulación restringida de información, como Irán y China, sugiere que la grandeza de la Web está conectada con una pregunta inherentemente política: que estás haciendo? Por otro lado, uno de los intereses del twitter está en la posibilidad de crear perfiles falsos, sea de famosos o de anónimos. El límite entre lo que se verifica o no se verifica fuera de twitter es siempre movedizo. Tampoco es poca la diseminación de información falsa que aparece para confundir a los lectores más ingenuos, digamos. Desde el punto de vista político – sea una política de la escritura o de la información – se trata de uno de los medios más versátiles que Internet ha sido capaz de crear.

Es verdad que cada usuario utiliza twitter del modo que considera más válido, oportuno, pero existe una indecisión que parece cada vez más difícil de negar: donde empieza la ficción? – donde termina? Al mismo tiempo, estas preguntas, desde mi punto de vista, son una especie de armadillas inútiles. Me gusta pensar, al final, que se trata de una literatura imprestable. Entrar en la red de twitter requiere el abandono mismo de la dicotomía que separa noticia y novela.


Félix Fenéon