O bagulho é louco, truta[1]: breve declaración sobre pixação en São Paulo | VICTOR DA ROSA

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La primera reacción ante una invasión de “pixadores”, sea de quien sea la reacción, parece ser siempre la misma: eso no es arte, como si 1) alguien pudiese determinar con tanta autoridad lo que es el arte y como si 2) la idea de arte continuase suponiendo tanta diferencia. El arte, de hecho, no es mucho más que una idea. Siendo una idea, no hay ninguna esencia que la constituye. Como mucho, hay una tradición. ¿Se trata de una idea mejor que las otras, tal vez? ¿Quien lo puede decir? Como acostumbra a decir un amigo: “bien, por lo menos es una idea que no mató a tanta gente”.

Después, con la categorización de que la “pixação” no es arte, algunos argumentos (algunos adjetivos, en realidad) se repiten de modo simétrico es vandalismo, barbarie, agresión, es feo, bajo, sucio, probablemente tirando a la basura toda la obra de Duchamp, Oiticica, Benjamin, citando sólo los más aceptados.

Estos días otro amigo – de hecho, un artista que admiro mucho – vino a decirme que arte es un proceso de civilización. Sugerí una de las tesis de Benjamin: No hay documento de cultura que no sea, al mismo tiempo, documento de barbarie. No se puede olvidar, tampoco, la performance de Hélio Oiticica llevando a sus amigos de la favela del Rio de Janeiro para invadir el Salón – un Museo, de hecho – para el que había sido seleccionado. Inevitable recordar, en fin, a Duchamp escribiendo que la Monalisa es medio travesti, en el fondo – Elle a chaud au cul, o sea, “Ella tiene el culo caliente”. Por último, la definición de vandalismo no deja de ser ambigua y, por tanto, hasta incluso positiva, fuerte: destrucción de los monumentos.

Estos días encontré un fragmento de Pixo, aqui, documental sobre la “pixação” en la ciudad de São Paulo. Después encontré un material de Fantástico, un programa televisivo de la mayor emisora brasileña, la rede Globo, aqui, que se interesó por el asunto después de la última Bienal – que estuvo marcada, como ya se sabe, por la invasión de diversos “pixadores” en uno de sus pisos vacíos, siendo probablemente la performance más vigorosa de todo el evento, sin cualquier ironía (basta recordar, por ejemplo, el texto que Paulo Herkenhoff escribe en el periódico Folha de São Paulo, aqui, manifestándose sobre el encarcelamiento de una de las “pixadoras”). Después supe que Cripta, “pixador” que aparece en el documental y en el programa de Fantástico, y que se define como un “ex-pixador” – posición, por cierto, cuanto menos, muy curiosa, pues el ex permite la aparición de Cripta fuera de la ilegalidad, incluso manteniendo el “pixador” en el nombre (permite, en rigor, que Cripta pueda dar entrevista para la Globo) – supe que Cripta recientemente participó de la exposición Né Dans La Rue en la Fondation Cartier de arte contemporáneo, aqui y aqui, en Paris.

(Una curiosidad: en el programa de Fantástico, los periodistas criminalizan y estigmatizan a los “pixadores” sin ningún pudor; después de la exposición en la Fondation Cartier, a través de la columna de Renata Simões, a través del G1, portal de la misma institución, la materia pasa a ser mucho más respetuosa)

El asunto, de primera, por mover tanta discusión, acaba interesando a cualquier persona interesada en arte. Es innegable la existencia de un punctum, desde mi punto de vista. Basta pasar los ojos por dos minutos de estas imágenes. Los tres chicos escalando el edifico hasta el décimo piso, en el principio de Pixo, es una performance convincente, como mínimo. La velocidad con que invadieron el edificio de la Bienal, después, es digna de quien tiene la experiencia de la ciudad. La elegancia con que otro chico invade una sala de exposición de USP, “pixa” el trabajo de una alumna – que llora locamente, llamando al chico de hijo de puta diversas veces – y es expulsado quieto, sin ningún alarde, tampoco deja de ser paradójico.

La singularidad de la “pixação” me parece conectada con una relación entre escritura y espacio urbano, esencialmente. Diferente de la escritura tradicional, digamos, no hay comodidad en el cuerpo de aquel que “pixa”, sea por su posición de ilegalidad en la ciudad o por la postura corporal mismo – es fundamental recordar que existe cierta competencia entre “pixadores” por la “pixação” en lugares difíciles, principalmente los edificios altos. Cada “pixador” tiene su marca, su trazo, y cada uno debe desarrollar esta marca de modo que se destacaque en medio de una ciudad extremamente veloz y poblada de otras imágenes. En fin, la escritura de la “pixação” nada comunica, es solamente el vestigio de que un cuerpo intruso pasó por allí – sus códigos son incluso ilegibles para el otro, ofensivos, absolutamente auto-referenciales.

Después – y aquí yo puedo correr el riesgo de ser parcial sin tanto conocimiento de causa y sin material propio – me parece que el discurso de los “pixadores” es mucho más coherente y consistente que la serie de conceptos precarios que lo cercan. Cripta, en su declaración en la película, tiene la noción exacta de lo que es gesto y anarquismo cuando diferencia “grafite” y “pixação”, por ejemplo, diciendo: pixação es ilegal en sí misma y la esencia esta en eso. Si fuese autorizada, nadie lo estaría haciendo. La cosa está prohibida. Pixobomb dice: la “pixação” trae una máscara. Y un tercero: la ciudad se vuelve un cuaderno de caligrafía.

José Campos de Oliveira, funcionario de la Universidad de Sao Paulo (USP), por otro lado, dice algo como, ante del pasaje de diversos “pixadores” en la Universidad: donde están los colores que nos alegran cada día? – tal vez sugiriendo que la historia del arte es, de hecho, la historia de la felicidad. Liliane, especialista en arte de calle, según la misma Rede Globo, también dice: el arte de verdad no tiene que ver con invasión de patrimonio ajeno, eso es vandalismo. La agresividad es el punto negativo en esta manifestación. Falta pedir a la chica: la señorita podría empezar diciéndonos lo que es arte de verdad, entonces.

Después del impacto que Cripta causó en Paris, tal vez la chica haya cambiado de opinión, de otra manera. Entonces sugiero que la desconfianza sea general, también, hasta porque la “pixação” es “pixação” solamente porque pasa en la calle. Su diferencia en relación al “grafitti” está en eso: en la relación de la escritura con el propio espacio urbano. Es decir, la “pixação” no puede vivir sin el riesgo, sin verticalidad. Si es arte o no, poco importa. Para mi, la única cuestión que importa es que el “bagulho é louco”.

[1] El texto lleva el título de una expresión idiomática sin una traducción posible. Se trata de una expresión usada por los “pixadores”, o sea, la gente que pixa la ciudad. La definición de pixação está muy asociada con São Paulo, que es una ciudad visualmente tomada de pixações y se utiliza para identificar de la acción de escribir con spray en el espacio urbano. La diferencia entre pixação y grafitti es discutida a partir del concepto no solo estético sino también de actitud. Esta cuestión es justamente la planteada en el documental del cual habla el texto. Así fue creado el verbo “pixar”, para designar esta acción y a partir de ahí el sustantivo “pixador” para quien la practica. “O bagulho é louco, truta” es una expresión, se puede decir, que significa algo como “la cosa está muy loca, tío.”