Abrir una página en blanco | VICTOR DA ROSA

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(…) y todas las palabras deben apagarse.
Mallarmé

Cualquier cosa escrita disimula otra – y todo proceso extremo debe soportar el movimiento para un segundo espacio: la apertura de un silencio. Alain Badiou inicia su ensayo sobre Mallarmé justamente con la siguiente afirmación: “Mallarmé indica sin rodeos que su método y su lógica son precisamente aquello de lo que el poema inscribe la carencia, o el “callar”. Así el poema es ‘escritura cifrada’ [chiffration]”. Tal procedimiento, después, será llevado a las más variadas consecuencias. Con la elipse, existe una línea invisible y probablemente imprevisible que corre cerca, otra escritura, pero que, por tanto, permanece abierta. Es cuando la literatura se vuelve número; desata una constelación. El paroxismo estará en la pagina en blanco, opaca: muerta.

Inmediatamente Badiou profundiza en su propia constelación que se mueve en torno al silencio de Mallarmé – desvanecer, sustraer, aislar: desaparecer. “Ahora, la sustracción se refiere a la muerte”, escribe Badiou. “La primera imagen: el naufragio de la sirena. De hecho, de la sirena ahogada, desaparecida, quedan sobre el agua solamente sus cabellos blancos. La segunda imagen, sin embargo, es todo: niebla, espuma”. En una palabra, Badiou quiere construir la idea de que el poema, apagando la escena para sugerir solamente su ausencia, o reconstruyendo el acontecimiento a través de su propia falta, nombra el nombre. Navío y sirena, tachados, desde el inicio, están perdidos. El acento ocurre en la ausencia.

Es en el marco de esta posición de lectura es en el que Badiou escribe lo que considera el método de Mallarmé: habrá aún – y lo extremo está en eso – una segunda indecisión. En la medida en que la escritura se refiere a la sirena ya en tanto que desaparición, entonces la presencia de la sirena solamente puede ser puesta en duda. Siendo una sirena, además, qué será un naufragio? Habrá, por tanto, para Badiou, una segunda anulación. “Así, el segundo término evanescente se inscribe en la carencia del primero, carencia radical por referirse no ya al término (el navío), sino a su desaparición (el naufragio, el navío)”, escribe el critico.” En resumen, si hay un espejo, habrá también una escritura que habla apenas de sí misma – o de su falta.

Así, el blanco. En sus apuntes sobre el libro, Mallarmé no se cansa de hacer volver una imagen que se convierte quizás en el mayor fantasma de su escritura: la pagina vacía. Se trata entonces de un dispositivo de literatura inmaterial, es decir, sin peso. En una carta de 1892, por ejemplo, Mallarmé escribe sobre el libro de otro escritor: “Gracias, querido poeta, por estas páginas, en las que incluso el blanco final es precioso; pues la ensoñación las continúa largamente.” En otra correspondencia, ahora de 1866 – casi treinta años antes, por tanto – Mallarmé escribe a su editor: “Yo desearía unos caracteres bastante apretados, que se adaptaran a la condensación del verso, pero también aire entre los versos, espacio, a fin de que se destaquen bien los unos de los otros, lo que es necesario incluso con su condensación.”

La metáfora del aire está repleta de desdoblamientos. Marcel Duchamp, a su vez, en 1919, obsequia a su hermana y al reciente marido de ésta con un readymade, digamos, bastante literario. Por carta, de Buenos Aires a Paris, no sin ironía, Duchamp les sugiere que cuelguen un libro de geometría en el balcón del piso para que el viento, al hojearlo, fuese pasando y quizás rasgando sus paginas. La inflexión es evidente – la forma de la geometría e incluso la forma del libro, compactas, se deshacen. Si la literatura moderna, que reposa de modo fundamental sobre el concepto de autoría, presupone la estabilidad documental – en líneas generales, el libro – entonces el juego pasa a constituirse en el interior de los propios mecanismos que definen lo literario. Tal libro, de hecho, jamás fue visto. Calvin Tomkins, biógrafo de Duchamp, escribe que existe apenas el registro de una fotografía hecha por la propia hermana; es aire, por tanto, es polvo y desaparición.”

Por otro lado, aún, hay un poema de Mallarmé titulado justamente “Petit air”, un poema evanescente, por cierto, cómo muchos otros: ciel, oiseau – y que Augusto de Campos traduce en portugués por “Pequena Ária” [en castellano “Pequeña Aria”], enfatizando más la relación con la música y menos con el aire. De cualquier modo, en manos de Mallarmé se vuelve tal vez el espacio privilegiado de la escritura virgen y desnuda – o el resumen de tantas superficies vacías que también retornan en sus poemas. En “Brise Marine”, quizá uno de sus poemas de mayor impacto, nada ilumina – “ni la clarté deserte de ma lampe” – la hoja vacía y su ansia. Ya en “Salut”, es posible imaginar la desesperación del escritor ante la dificultad del primer verso: “Rien, cette écume, vierge vers”.

La pagina en blanco, en fin, es el mayor testigo de esterilidad de Mallarmé: el poema inacabado, la producción intensa pero mínima. El poeta, como se sabe, permanecía un verano entero alterando media docena de versos – hasta el límite de la recusación, hasta el encuentro con un “arte de recusaciones”, como quiere Augusto de Campos, según Valéry. En su Carta sobre Mallarmé, Valery acentúa una relación entre recusa y ética: “El rigor de las recusaciones, la cantidad de soluciones que son rechazadas, las posibilidades que el escritor se prohíbe, manifiestan la naturaleza de los escrúpulos, lo grado de consciencia (…) Es en ese punto en el que la literatura alcanza el dominio de la ética.” La pagina en blanco encuentra así un enlace fuerte de lo político con lo estético en la literatura de Mallarmé.

En pocas palabras, después de Mallarmé, la escritura debe encontrar su salida inevitable, su mayor inflexión, así, en el acto de se volver contra sí misma; o, lo que es casi lo mismo, en el acto de lanzarse hacia fuera de sí. De hecho, la construcción de una escritura vaga, indeterminada, inaprensible – y podríamos, en vano, multiplicar los términos: blanca, vacía, estéril – organiza quizá su espacio más extremo en la imagen de una pagina en blanco. Desesperación de todo comienzo; destrucción de cualquier fin. En este punto es posible establecer un lugar de indecisión entre escritura e imagen. Los libros, tal vez así, serán espejos.

BADIOU, Alain. O método de Mallarmé: subtracción e illamento. Tradução: Emilio Araúxo. Santiago de Compostela: Amastra, 2004, p. 5.

Idem, p 90-91.

TOMKINS, Calvin. Duchamp – uma biografia. Tradução: Maria Thereza de Rezende Costa. São Paulo: Cosac & Naify, 2004, p. 238.

CAMPOS, A. de, PIGNATARI, Décio e CAMPOS, Haroldo de. Mallarmé. São Paulo: Editora Perspectiva, 1991.

VALERY. Carta sobre Mallarmé. Apud: CAMPOS, Augusto de. Via Linguagem. São Paulo: Cia das Letras, 1987, p. 14.