Traslaciones de Los olvidados a El ángel exterminador | G. DESIREE GASCA P.

Siempre me he sentido atraído, en la vida como en mis películas, por las cosas que se repiten. No sé por qué, no trato de explicarlo.
Luis Buñuel
Mi último suspiro

Luis Buñuel, autor considerado como director “clásico”, hizo de su trabajo una obra maestra, arte en el más estricto de los sentidos, porque ha aguantado la embestida generacional mediante el temple y el mando artístico y estético con el que caracterizó cada una de sus películas. Los trabajos de Buñuel tienen el sentido del humor irreverente, del humor negro, corrosivo, de evidenciar lo que no vemos pero en lo que estamos sumergidos, su visión era diferente y cuyo objetivo era estallar una bomba ante todos los modelos sociales, religiosos y culturales. Rompe con el modelo fílmico-narrativo y la concepción de tiempo-espacio es borrada de sus obras permitiéndole al espectador el apropiamiento de la historia.

El presente trabajo acerca de Luís Buñuel se propone realizar un análisis comparativo que entre dos de sus obras: Los olvidado y El ángel exterminador, plasman desde la intencionalidad del autor y la acción una singular percepción del mundo real e imaginario intemporal en que las se sociedades retozan, esto es, desde la concreción cinematográfica. En adelante me propongo hacer una distinción entre los marcos ideológicos que conlleva el intento-autor y los marcos culturales que nos ofrecen las dos obras analizadas, como manifestaciones artísticas que nos traducen un mundo reconfigurado de valores y de ideas, de sentido. Aquí la obra no posee un valor mediante la desarticulación escénica, sino que es a través de las situaciones y del horizonte cultural mediante el que realizaré un análisis dialéctico en el que Los olvidados, como grupo social marginado ocupa el espacio de la tesis en lucha opositiva al valor antitético desde el que la burguesía es retratada en El ángel exterminador; es decir, la sugestiva provocación de Los olvidados frente a la formalización y la lucha social que llevan a cabo los burgueses por preservar valores aparentes de civilidad. Tal idea o movimiento al que se ve sujeta la sociedad occidental presenta carencias que dan lugar a una oposición o antítesis, que genera un conflicto interno. Como resultado de este conflicto que Buñuel capta en estas dos películas, sea desde la pobreza de Los olvidados o desde la “riqueza” que aparece estática en la burguesía de El ángel exterminador; en un tercer punto de vista, una síntesis que supera el conflicto conciliando en un plano superior la verdad contenida en la tesis y la antítesis, llegando a la condición humana de aquellos que se ven inmersos en un horizonte de cultura o experiencia histórica. Esta síntesis se convierte en una nueva tesis que genera otra antítesis, dando lugar a una nueva síntesis, conformándose así el proceso de desarrollo intelectual o histórico. Hegel pensaba que el propio espíritu absoluto -es decir, la suma total de la realidad-, se desarrolla por este camino hacia un fin último o una meta más alta1

La lucha opositiva violenta la realidad como escenario y espacio en el que se encuentran estos dos sectores. Sociedad es entonces, una colectividad, estructurada en campos definidos de actuación en los que se regulan los procesos de pertenencia, adaptación, participación, comportamiento, autoridad, burocracia, conflicto y otros; es el conflicto en donde encontramos la máxima expresión de interactividad por encima de clases y sectores determinados por una condición económica, que permea o modifica los modos de relación entre sujetos, por lo que prevalece la condición humana, que en estas dos obras de Buñuel nos es posible de esclarecer mediante personajes emblemáticos que simbolizan sus relaciones a través de acciones que los determinan, que los construyen y que los modifican de acuerdo a la crítica social que Luis Buñuel logra traducir en cada una de las situaciones en las que se ven envueltos.

No de lado esta la necesidad de buscar las sugerentes conclusiones a las que nos traslada cada una de estas películas: qué concluye el autor y qué el espectador: ¿Qué elementos sociales y culturales, de carácter explicativo nos ofrecen ambas películas?, ¿Desde que marcos críticos nuestro director traduce expresiones histórico-sociales, que conlleva como valor radicalizado, la expresión fílmica en el espectador? De entrada, no es difícil concensar que dos obras, quizá a primera impresión diametralmente opuestas, nos permitan delinear el perfil ideológico de su director; so pretexto, este análisis ha intentado buscar los elementos permisivos de esa lucha opositiva para llegar a una exposición que redimensione el valor que Buñuel atribuye a las acciones humanas en medio de situaciones, y que como elementos aparejados nos traducen el valor preeminente de esa condición humana y mundana del hombre que Buñuel tanto buscó explorar mediante su producción fílmica.

El método dialéctico es un sistema filosófico que se basa en que el movimiento, proceso o progreso, es el resultado del conflicto entre opuestos. En este caso, Los olvidados y El ángel exterminador, nos dan la posibilidad de re-dinamizar las relaciones progresivas que consciente o inconscientemente podemos extraer de una suerte de crítica social, crítica en tanto que un retrato que busca objetivar las maneras en que cada uno de los grupos y sujetos se integran a un sistema social que hace de la contradicción un principio de irresolución constante, en tanto que fatalidad, en tanto que incertidumbre, en tanto que determinación, en tanto que “círculos viciosos intrínfugos”. Si para Hegel la realidad se entiende como lo absoluto desdoblándose por la vía dialéctica en un proceso de autoevolución, para Buñuel son los escenarios o espacios los que determinan aquellos modos de relación de los que depende la socialización o el modo en que interactúan los seres humanos. En este proceso, lo absoluto se muestra tanto en la naturaleza como en la historia de la humanidad. La naturaleza es el pensamiento absoluto, o ser, que se objetiva a sí mismo bajo una apariencia material.2

El conocimiento de la realidad esbozada a lo largo de la película Los olvidados, nos lleva a mostrar cuales son los tipos de relaciones que se entretejen entre el cine como actividad cultural y la filosofía surrealista como teoría del pensamiento humano. Ambas vertientes constituyen una “actividad intelectual” que Buñuel resignifica tanto en el nivel de interpretación que la obra fílmica expresa, como en la intencionalidad que conlleva la acción de los personajes. No hay valores indeterminados; y si bien es cierto que sobre cargar de lógica una obra con tintes surrealistas determina la estructuración de la misma, son las situaciones descritas/narradas las que en realidad traducen al espacio urbano como escenario social. Mientras que por el otro lado en El ángel exterminador la relación con la realidad va más a allá de ella misma, es decir, como suele suceder en las películas de Buñuel, incluye todo lo que es partiendo de las intenciones de nuestro autor-director; intenciones que son solo una muestra de lo que es el mismo ser humano bajo las ropas más finas o despojado de todas las normas y reglas aprendidas culturalmente para la convivencia y aceptación en un estatus social

Traslaciones

Las traslaciones son el modelo de análisis que, como ya expliqué, por medio de la dialéctica utilizo para la comparación entre las dos películas. Entiendo por traslación el movimiento de situaciones que el director nos ofrece a lo largo de su producción cinematográfica, pero siendo más concreta me enfocaré únicamente en las dos películas.

El mensaje positivo dentro de Los olvidados se encuentra al principio de la misma, cuando el narrador advierte al espectador que la película esta basada en hechos reales, no es optimista y deja la solución del problema a las fuerzas progresivas de la sociedad.3 He contemplado a este film desde una perspectiva general, no dejando de lado a los personajes, pero si conduciéndome a la serie de elementos particulares que se describen en hechos, situaciones y escenarios, que se mueven e interactúan en medio de lo que se podría definir como una realidad tensada en la verdad y la mentira. Aunque mejor sería decir, en la imaginación como elemento constitutivo que es capaz de describir las acciones de personajes situados en la pobreza y la miseria, como productos de una vida permeada por factores de integración y exclusión, de normatividad y anarquía, de orden y progreso; de antípodas en todos los sentidos.

La contradicción y la paradoja van apareciendo a través de la exclusión de ciertos sectores sociales, de tal suerte que la perversidad del hombre no es una vertiente dual; no hay una constancia de la maldad ni de la bondad. Lo profundo de la situación nos revela un decadentismo social o civilizatorio al que los sujetos se ven encaminados por lo incongruente y desafortunados de las situaciones; la violencia, la anarquía develan una rebarbarización integral de lo colectivo. La economía y las clases sociales parecieran no tener importancia real en la llegada del hombre a este empobrecimiento espiritual porque todas la reglas no dichas, pero si sabidas, que permiten la interacción de los sujetos en la socio-cultura se evaporizan a la más mínima presión dejando al descubierto la “naturaleza humana” de lo irracional.

En El ángel exterminador, Buñuel expone de manera singular una crítica de la experiencia burguesa que lleva una carga de signos impresos al estilo decimonónico, yendo del paroxismo a lo estático de las situaciones; hay una dilación constante entre el pesimismo y la fatalidad. En esta exposición fílmica la originalidad está en la descripción patética de un cuadro burgués que expone descarnadamente la conducta primitiva, natural y espontánea a la que se puede enfrentar el hombre desprovisto no sólo de su libertad, sino también de los valores materiales que implica el vivir en una sociedad moderna sujeta a la normalización como valor fundamental civilizatorio.

A través de las formas burguesas, Buñuel trastoca la subjetividad de las formas de esta clase social atrapada en sus propios códigos, en su dinámica; en su abstracción de lo real los burgueses deslegitiman su espacio de acción, pero sobretodo evaden lo real por lo ficticio, por lo aparente. Para ejemplificar lo anterior me permitiré citar un comentario de Carlos Fuentes publicado en la Revista Siempre! en junio de 1962.

El ángel exterminador parte de la más universal de las preguntas para radicalizarla, nunca en la alegría mixtificadora, aunque si a través de una poderosa simbología, en la experiencia particular de cada espectador frente al terror irracional que la más racional de las preguntas provoca [..] ¿Por qué no cruzamos el umbral? […] nadie encontrará una respuesta dogmática en El ángel exterminador. Sólo encontrará la muestra objetiva de la oposición entre la pregunta de la razón y la irracionalidad […] lo extraordinario es que, si los personajes de la película son inconscientes de su irracionalidad, el espectador deja de serlo.4

Carlos Fuentes acierta en la manera en que Buñuel objetiva la lucha entre la coherencia y la contradicción que son capaces de violentar la realidad tanto de lo público como de lo privado. Lo objetivo como experiencia adquiere un valor unidimensional en el sujeto, en el sujeto porque niega un principio de colectividad. La locura es colectiva, la neurosis es social; de lo subjetivo se logra la redimensión de un mundo de relaciones que reinterpretan visiones particulares del mundo en el mundo frente a la realidad como un núcleo total universalizador que unifica realidades subalternas. Vuelvo a citar a Carlos Fuentes:

El cedazo artístico de Buñuel permite a cada espectador verse del otro lado del umbral, incapaz de traspasar. Gracias a la mediación artística nos vemos como no somos capaces de vernos en la vida diaria; proyectado objetivamente, encerrados en la sala. Tal es el terror que engendra esta obra, el terror de vernos en otros.5

Esa mediación artística describe un universo oscuramente estético, lo grotesco esta en lo velado, y el pudor por guardar las formas de lo aparente reflejan lo público en lo privado. El mundo burgués que retrata Buñuel impone sus propias normas, pues es una pared de cristal, ¿invisible?. La delgada línea que aparta a los personajes del paraíso artificial que puede ser la libertad.

Como bien se describe, Los olvidados y El ángel exterminador no son filmes moralizantes; sin embargo, articulan una serie de principios basados en una realidad cruenta con reglas: la sociedad contemporánea atrapada, pareciera sin salida, en sus propias vacilaciones, en sus estatismos pesimistas, en las contradicciones internas que sugiere una suerte de determinación supratemporal e inconsciente. En este sentido, se da una ruptura con aquellas concepciones “clásicas” que describen maniqueamente la dinámica de lo real. La existencia implica la contradicción como factor o condición de posibilidad, de incertidumbre, de movimiento. No sólo son los personajes los que determinan su accionar humano, sino que también la situación en la que se hayan inscritos dicta formas de actuar y da contenido a las acciones individuales. Orteguianamente hombre y circunstancia actúan constantemente en lo que podríamos llamar el transcurrir de la existencia humana.

Con la interpretación de este análisis comparativo, buscó en cierto sentido contra poner cada una de las traslaciones que Buñuel ofrece para explicar los códigos internos no sólo de la obra, sino de vidas que bien podrían corresponder a lo real; esa correspondencia siempre se conecta con los valores que la sociedad y la cultura nos ofrecen. Dentro de los códigos expuestos hay una lectura dialéctica que reinterpreta la condición humana como problema en la sistematización de las relaciones en comunidad o en sociedad. Las experiencias de los distintos personajes interactúan en una gran experiencia que subordina distintos eventos, la miseria humana, el patetismo, el caos, la desolación, la desesperanza, la intolerancia, la lascividad y el absurdo, integran ese universo surreal que con humor negro y corrosivo no se fragmentan en maniqueísmos, sino que se transforma en crítica social de aquellos “círculos viciosos” de los que pareciéramos no querer y por ende salir. La exposición de dos experiencias aparentemente disímbolas sería capaz de atenuar las dinámicas radicalizadas en el ámbito social. Para Buñuel parece no haber diferencias sociales porque la condición humana prevalece por sobre las formas adquiridas que irrumpen distintas experiencias, que en tanto que individuales excluyen toda coherencia moral.

En el escenario los personajes de ambos filmes van entramando una presencia que describe la miseria humana, en apariencia carente de orden pero que simboliza un proceso de descomposición social. En su totalidad, la conjunción de estas obras bien pueden darnos aquello que Buñuel siempre buscó en sus películas, la universalidad. La apuesta por la universalidad, por el absoluto, principalmente por la generación del 27, podría ser de ahí la gran influencia de Rafael Alberti, lo único que permite la libertad absoluta es el surrealismo, desde el inconsciente.

1 Ver Hegel Enciclopedia de las ciencias filosóficas, México, Juan Pablos Editor, 1974.

2 Cfr. Hegel. G. W. F. Fenomenología del espíritu, México, Fondo de Cultura Económica, 1997.

3 Buñuel, Luis y Alcoriza, Luis. Los olvidados. (Guión fílmico). México. Ediciones Era. 1980. (Cine Club Era) p.19

4 Ibidem, Comentario que ofrece García Riera extraído de la revista Siempre! en la sección “La cultura en México” escrita por Carlos Fuentes. 13 de junio de 1962

5 Ibidem.

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