Telepresencia entre dos siglos: De la utopía a la realidad (virtual) | MARISA GÒMEZ

Dislocation of Intimacy. Vista Interior. 

Dentro del amplio abanico de posibilidades que las tecnologías actuales nos ofrecen para experimentar la realidad de nuevas maneras, la Telepresencia ha sido una de las fórmulas más populares que los artistas del siglo XXI han adoptado para reflexionar sobre las relaciones entre el sujeto, el espacio, el tiempo, la cultura y las nuevas tecnologías.

Podríamos definir las prácticas de Telepresencia -en función de la propia etimología de la palabra y simplificando mucho- como aquellas que transportan a un individuo de un espacio físico a otro, a menudo a través de una conexión de telecomunicaciones. Es, literalmente, una forma de presencia a distancia, es decir, una forma de presencia virtual.

Para que esta experiencia de presencia virtual -tal como la entendemos en el contexto de la cultura digital- pueda darse, serán fundamentales dos elementos: por un lado, la percepción visual en Tiempo Real a través de la distancia espacial -a través de cámaras digitales- y, por otro, la posibilidad de manipular ese espacio físico o los elementos contenidos en él, es decir, la Teleacción o acción a distancia, en definitiva, la Interactividad -dada en la mayoría de los casos por el uso de dispositivos robóticos. Esta combinación de tecnologías permite materializar la acción ordenada por el usuario a través de su interacción con una interfaz y visualizarla al mismo tiempo. Mediante todos estos dispositivos, el usuario que participa de una experiencia de Teleacción puede “hacerse presente” en otro espacio, superando virtualmente sus barreras físicas. Es decir, la Teleacción sería una condición para la Telepresencia, ya que esta paradógica forma de presencia “ausente” se manisfiesta en la acción.

Proyecto de Telectroscope.

Una de las obras pioneras en este campo es Telegarden, de Ken Goldberg, quien en 1994 creaba un dispositivo consistente en un brazo robótico que, controlado on-line, llevaba a cabo las labores de cuidado de un jardín según las órdenes del usuario. Estos elementos físicos estaban situados en el Ars Electronica Center de Linz (Austria), pero las acciones sobre ellos podían proceder de cualquier punto del planeta. Aquí se plantea abiertamente la cuestión de la eliminación de las barreras espaciales y temporales, pero también una reflexión sobre los límites del espacio común y el colaboracionismo. Otra pieza de Goldberg que reflexiona sobre estos mismos aspectos es Dislocation of Intimacy (www.dislocation.net), en la que los participantes pueden encender y apagar luces en el interior de una caja. Así, se presenta como una instalción en la que los “presentes” pueden observar las sobras creadas por estas luces en el espacio real en que se encuentra.

En función de estos ejemplos, si nos centramos en la cuestión de la aliminación de las barreras físicas del espacio, ¿no es, acaso, la Telepresencia la máxima expresión de la “compresión espacio-temporal” del mundo de la que hablaba David Harvey en La Condición de la Posmodernidad? La Telepresencia sería así la culminación de una contracción espacio-temporal del mundo que viene desarrollándose progresivamente desde que, a mediados del siglo XIX, los medios de tansporte y comunicación a distancia comenzaran un proceso de aceleración de los procesos vitales.

Pero estos medios no iniciaron sólo una aceleración real de los ritmos sociales, sino también una fascinación por la velocidad y sus posibilidades que se convirtieron en un auténtico espíritu de época y que estimularon la imaginación de sus contemporáneos.

Así, mientras Verne soñaba en 1873 con abarcar el mundo en 80 días -una posibilidad inspirada en un horario de viaje publicado en 1870 trascompltarse el Canal de Suez, el ferrocarril transcontinental americano y el Trans-Indio– otros visionarios soñaban ya con experimentar una verdadera contracción espacio-temporal basada en la experiencia visual, con una forma de verdadera Telepresencia -más próxima a nuestra concepción de Telepresencia que a aquella permitida por el teléfono o el telégrafo.

Vista de la Instalación de Paul St. George

Así, a finales del siglo XIX, el inventor británico Alexander Stanhope St George ideó un proyecto llamado Telectroscope con el que pretendía crear un “dispositivo de supresión de la ausencia”. Según un artículo publicado en The New York Post el 29 de marzo de 1877, sería un dispositivo colosal que “permitiría que las personas y comerciantes de ciudades tan distantes entre sí como Calcuta, Liverpool, Paris, Pekín; se vieran cara a cara”. Para lograrlo, sería necesario cavar un túnel por debajo del mar y, a través de un poderoso artefacto óptico que aprovecharía la reflectividad del selenio, se transmitirían las imágenes por tubos que se desplegarían por el túnel submarino. A pesar de las dificultades y lo estrambótico del proyecto, en 1890 el inventor empezó a cavar el túnel, aunque, obviamente, no pudo llegar a terminarlo.

A ojos del siglo XXI, cuando estas experiencias pertenecen a la vida cotidiana de los habitantes del mundo global occidental y cuando las experiencias de Telepresencia van -como hemos visto en los ejemplos de Goldberg- mucho más allá de la simple comunicación “cara a cara”, el proyecto de St. George parece absolutamente disparatado. Sin embargo, nos sirve como reflejo de un deseo consciente de materializar la conciencia de ubicuidad que surgiría de los medios de transporte y comunicación y que sólo se lograría plenamente con el desarrollo de la imagen electrónica y sobre todo con el desarrollo de Internet.

Si podemos establecer un puente teórico entre la idea de Telepresencia digital y el espíritu de época decimonónico, el artista británico Paul St. George -bisnieto del inventor que conoció el proyecto a través de sus propios diarios- ha establecido un puente real entre una utopía del pasado y nuestra realidad cotidiana llevando a cabo este proyecto en una instalación que ha estado en funcionamiento en Londres y Nueva York desde el pasado 22 de Mayo hasta el 16 de Junio. En ella, con tecnologías actuales -una cámara HD, conexión a Internet y una pantalla encapsulada dentro de una escenografía que emula estéticamente un artilugio decimnonónico- reproduce el efecto óptico y la experiencia que debía generar el invento original.

Más allá de lo poético que encierra la idea de este artista, como realización y materialización del sueño de su propio antepasado, podríamos decir que -a nivel técnico- este tipo de experiencia se halla en el nivel más básico de las posibilidades de Telepresencia que permite hoy por hoy la tecnología. En tanto que experiencia, podríamos tenerla en nuestra propia casa con una simple cámara web. Sin embargo, la propia historia del proyecto y la ubicación física de los dispositivos en Londres y Nueva York, refuerzan mucho más la conciencia de contracción espacio-temporal, de eliminación de las distancias físicas, que la simple comunicación como práctica cotidiana.

Nos encontramos ante la idea de McLuhan de cómo las prácticas artísticas pueden contribuir a la reflexión sobre las consecuencias del propio medio. En este caso, sobre cómo el medio ha transformado el sueño en realidad, y cómo la realidad ha transformado nuestra concepción del mundo.

Vista de la Instalación de Paul St. George

Kak, E., El Arte de la Telepresencia en Internet en Gianetti, C. (ed)., Ars Telemática. Telecomunicación, Internet y Ciberespacio, Barcelona, L’Angelot, 1998. Pág. Cabe recordar al respecto que en la telepresencia en ningún momento el individuo es transportado realmente a otro espacio, sino que lo son sus acciones.

Cabría señalar que al entender la Telepresencia como una forma de presencia virtual, se hace necesario ampliar su definición más allá de los espacios físicos. Así, la Telepresencia haría referencia también a la posibilidad de “hacerse presente” en el espacio virtual, en ese Cibierespacio en el que la Sociedad Red de Castells desarrolla -desde hace poco más de una década- su doble vida, tanto a través de las experiencias cotidianas como de experiencias tecnológica y estéticamente más elaboradas -ampliamente impulsadas también desde el ámbito artístico- como la Realidad Virtual.

Tribe, Reena, pág. 64.

Kern, S., Culture of Time and Space: 1880-1918, Harvard University Press, 2003, pág. 211-215.

http://tiscali.co.uk/telectroscope/ y http://www.juliangallo.com.ar/2008/06/telectroscope-telepresencia-en-el-siglo-xix/, consultadas el 16/0672008.