El sueño escrito | VICTOR DA ROSA

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Man Ray, Black and White, 1926

1,

Hay un momento cuando tenemos sueño – cuando ya tenemos los ojos cerrados, en silencio, pero aún en el umbral de un estado lúcido – hay un exacto momento en que la imagen de repente deriva. Entonces sólo hay tiempo para pensar – el ultimo enunciado, tal vez: ahora en fin me duermo. En este momento perdemos el control de nuestra memoria: las imágenes pasan como si estuviesen delante de nuestros ojos, alrededor – dentro – y nada podemos hacer contra esto: ninguna se retiene o se organiza. Es un momento en que todo se queda en suspenso, se hace vago e imprevisible. Es así el comienzo de un escrito.

2,

La primeras páginas – las primeras líneas de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, son así interminables. El escritor echa mano de todos los recursos posibles para estirar la sintaxis – sobretodo punto y coma. El narrador tiene sueño – duerme, oscila. La escritura poco a poco pierde el vínculo con los objetos que están a su alrededor, pierde las referencias estables: primera persona se confunde con tercera, pasado con presente, ruidos con memoria. El escenario entero entonces pasa a dormitar – “(…) o sono em que estavam mergulhados os móveis, o quarto, aquele todo do qual eu não era mais que uma parte mínima e em cuja insensibilidade logo tornava a integrar-me”. Y en otro momento: “Depois começava a parecer-me inteligível”. Todo gira: se suspende. A veces el narrador abre los ojos e intenta retomar el hilo de las cosas, el tiempo; inútil. En este momento el narrador no se reconoce ni a si mismo – y ni tiempo, espacio, cuerpo, nada. La escritura es entonces un cansancio.

3,

Si la escrita es propiamente el resultado de un enfrentamiento, entonces debe tener también el ritmo y la fuerza de un cansancio – por tanto, pienso también en un límite: en lo lento. Para Roland Barthes, tener sueño – y no el sueño, que nos instroduce en lo simbólico y da una narrativa (aún que sea una narrativa delirante) al vacío – tener sueño es neutro. En otras palabras: tener sueño engaña el paradigma, no produce ninguna forma: no afirma. Barthes llega a hablar entonces de una utopía del “tener sueño” (que puede ser una utopia del silencio y mismo del amor) – o sea: el hecho de tener sueño en cuanto gasto incondicional, dispendio de tiempo, indiferencia, entumecimiento, pura donación. Nada se retiene, por tanto: nada se estabiliza más.

4,

Hay una fotografía de Man Ray, Blanco y Negro (1926), en la que una mujer aparece con su rostro sobre una mesa: los ojos cerrados (parece que duerme, pero no) – y coge una máscara africana. Leo esta imagen como la escenificación delicada en el umbral de un sueño: la máscara como si fuese una imagen ausente. El título a su vez marca la duplicidad de un imaginario, o el pasaje de un estado a otro. El sueño interior es visible así en la superficie de este segundo rostro: mágico.

5,

En el documental de Bebeto Arantes sobre João Cabral de Melo Neto, hecho ya en el fin de su vida, el poeta justifica su aparente falta de interés por la música con la siguiente declaración – y todo esto es dicho con muchas pausas, hesitaciones, cansancio: “Eu sou um sujeito com tendência pra sonolência, compreende? De forma que enquanto muita gente procura dormir, meu esforço é pra acordar. E a música me faz dormir. O flamenco me faz acordar.” En otro momento del mismo documental, una crítica de Barcelona afirma: “Cabral teve uma vida de sombras e uma obra de luzes. Eu o vi uma única vez e tinha sombra em seu olhar. Estou segura de que escrevia para se salvar”.

João Cabral tiene una relación quizá más paradójica con el sueño. Su primer libro, de 1941, se llama Pedra do Sono y en el Segundo poema de esta serie – un poema sobre los ojos, además – aparece en este verso, en este deseo: “Os olhos ainda estão muito lúcidos”. Si fuera posible pensar en la presencia de una lucidez siempre atribuída a João Cabral, subrayo también la palabra “aún” como marca de algo que oscila – aunque resista. De hecho, las imágenes más recurrentes del libro están conectadas a una dificultad de ver claramente: nube, noche, sueño, olvido – y estas recurrencias parecen hablarnos justamente de lo velado, de algo que jamás se aprehende en el todo. Ya en el “Poema de desintoxicação”, aparece esta referencia al sueño apuntando hacia el sujeto mismo que enuncia: “sou o vulto longínquo / de um homem dormindo”.

Uno de los versos parece esclarecedor de esta dicción del poema: “vozes sem cabeça”. Otro poema tematiza así esta vos: “Dentro da noite ao meu lado / grandes contemplações silenciosas; / dentro da noite, dentro do sonho / onde os espaços e o silêncio se confundem”. La hesitación entre “tener sueño” y la vigilia es constante. Si la poesía debe ser, para João Cabral, un modo de escribir el sueño -entonces tal vez sea también, por otro lado, como el flamenco, un modo de salvarse de él: un modo de permanecer despierto. La somnolencia existe, es cierto, pero aparece como fantasma, atravesada: aún.

6,

Giorgio Agamben identifica en una expropiación de la experiencia – que mueve parte de la subjetividad contemporánea – la posibilidad de una defensa preventiva contra cierta experiencia guiada y manipulada. En este movimiento, entonces, la apatía del sueño puede constituirse en cuanto una potencia política. Eso permite imaginar, aún – más allá de un sueño escrito – también un procedimiento de lectura: o de un lector somnoliento – que lee y aprehende con atención flotante, entendimiento vago: sin responsabilidad con el sentido. Se trata de una lectura, aún – poco productiva.

7,

En Un hombre que duerme, novela del francés Georges Perec, el sueño aparece cómo posibilidad de desaparición, anonimato. Dormir es desaparecer, es perder espesura: el hombre que duerme es un hombre vacío. En las primeras páginas, del mismo modo que Proust, después de cerrar los ojos – en una incómoda segunda persona, sin embargo – el narrador de Perec describe sombras. “Assim que você fecha os olhos, a aventura do sono começa”, se inicia el romance. Y después, en una unica frase que ocupa las dos primeras paginas – el personaje, al final somos nosostros: “À penumbra familiar do quarto, volume escuro cortado por detalhes, onde sua memória identifica sem dificuldade os caminhos que você mil vezes percorreu, retraçando-os a partir do quadrado opaco da janela (…)”, llevando también al lector – en la medida en que la escritura se vuelve más abstracta, menos palpable – a un estado constante de inercia, levedad. Escribir el sueño es hacerse ausente, por tanto, invisible, indiferente: fuerte.

Bibliografía

PROUST, Marcel. No caminho de Swann. Trad. Mário Quintana. São Paulo: Globo, 2006.

BARTHES, Roland Barthes. O neutro. Trad. Ivone Castilho Benedetti. São Paulo: Martins Fontes, 2003.

PEREC, George. Um homem que dorme. Trad. Dalva Laredo Diniz. Rio de Janeiro: Nova Fronteira, 1988.

AGAMBEN, Giorgio. Infância e história: Destruição da experiência e origem da história. Tradução. Henrique Burigo. Belo Horizonte: UFMG, 2004.

MELO NETO, João Cabral. Pedra do sono. In: Obras completas. Rio de Janeiro: Nova Aguilar, 1994.