Osama Esid y el paradigma orientalista | HERMAN BASHIRON

El arte, en cuanto transmisor de sensaciones e imágenes, juega, como nunca, un papel fundamental en la sociedad contemporánea visual. Imágenes, símbolos visuales, iconos de cualquier tipología, forma y tamaño, publicidades y propaganda, carteles, anuncios y proclamas, fotografías y videos, rodean nuestra cotidianidad, construyen nuevas formas de comunicaciones y se han vuelto medios extraordinariamente poderosos que plasman y vehiculan ideas, discursos, pensamientos.

El lenguaje del arte contemporáneo puede llegar a profundizar sobre los aspectos y las facetas más complejas de la realidad; permite ampliar horizontes, construir relaciones nuevas, estimular la reflexión.

Gracias también a los avances de las nuevas tecnologías, que permiten una difusión de obras y conceptos increíblemente extensa y rápida, el arte puede dar un paso importante hacia el desarrollo del diálogo intercultural, puede sin duda sensibilizar el conocimiento y la comprensión, aliviar el miedo y la desconfianza que a menudo se tiene hacia lo diferente y lo desconocido, puede devolver un aura de “normalidad” a gente y lugares que muy a menudo nos los presentan y describen como muy ajenos y lejanos.

Sin embargo, para desarrollar estos procesos, hay que tener mucha atención y no hay que olvidar que el arte también puede ser sujeto al prejuicio y a los estereotipos.

Uno de los paradigmas más evidentes en este sentido lo representa el así llamado arte orientalista.

En el caso de la fotografía orientalista normalmente se buscaba representar escenas construidas con anterioridad. En las intenciones de los fotógrafos no estaba la de capturar los instantes irrepetibles de la realidad sino se respondía más bien a un imaginario propio que la mayoría de las veces les llevaba a elegir no sólo los protagonistas de las imágenes sino también sus posturas y la manera de vestir.

Uno de los ejemplos más claros e inmediatos de arte contemporáneo que se contrapone resueltamente a esa mirada orientalista y que al mismo tiempo refleja esa lógica comunicativa que mencioné anteriormente, es el trabajo del fotógrafo sirio Osama Esid. En su obra “juegos de representaciones; el experimento egipcio” Esid compone cuadros contradictorios y paradójicos en los que hombres y mujeres contemporáneos posan en escenas típicamente orientalistas o con telones de fondo que representan paisajes exóticos de oasis con palmeras.

En dos de las series de fotografías que componen los “juegos de representaciones”, o sea Orientalismo y Nostalgia y Trabajadores de El Cairo, Esid cuestiona los estereotipos clásicos que envuelven al Oriente considerado todavía misterioso y exótico; el fotógrafo sirio se interroga sobre la mirada externa, la mirada otra, que imagina y representa al oriental, en este caso concreto a la sociedad árabe de Egipto, de una manera todavía vinculada al concepto orientalista.

Como afirma Gema Martín Muñoz: “El Orientalismo se forjó en comunión con la concepción colonial y enraizó una representación del “otro” árabe y musulmán unívoca, convencional e irreal. El orientalismo científico puso al servicio de la empresa “civilizacional” colonial las disciplinas de la sociología, la antropología social y la arqueología, avalando las concepciones comunitaristas, primitivistas y culturalistas de las sociedades sometidas a la dominación. Y el orientalismo esteticista y adorador de lo exótico representó una imagen fantasiosa, edulcorada y sensual de un “Oriente” que sólo respondía a los deseos de Occidente. Es interesante de señalar que el pensamiento de la descolonización que abanderó la nueva izquierda europea puso en cuestión los fines de dominación política y económica de la empresa colonial, pero nunca cuestionó el principio de la superioridad cultural ni el orientalismo que engendró. Esa representación e imaginario han pervivido hasta la actualidad. Osama Esid hace un impresionante juego de representaciones con ese orientalismo, nos lo devuelve desde su propia arabidad y nos lo presenta como un espejo desde donde nos plantea multitud de cuestiones, interrogantes. Nos representa a nosotros mismos desde el “otro”. Todo un ejercicio de creación, reflexión y debate”.

La obra de Osama Esid refleja entonces ese concepto del arte como herramienta de diálogo intercultural; sus fotografías consiguen generar un debate sobre la representación del otro, sobre la creación de estereotipos y prejuicios y sobre los diferentes lenguajes que se utilizan para definir las culturas; más allá de todo esto, la obra de Esid desarrolla también una reflexión intracultural, interrogándose asimismo sobre como han penetrado las representaciones y las fantasías occidentales en el mismo Oriente y de cómo el oriental, a la vez, las ha asumido y reinterpretado: “es justamente sobre la presunción negativa de ese concepto de Orientalismo sobre lo que se interroga Osama Esid. Independientemente del discurso imperialista del cual nace ¿no hay nada positivo en él? Para Osama Esid, esa imagen de Oriente construida por Occidente también penetró y ha penetrado en Oriente. “La fantasía de lo oriental existe en los dos lados” y aún más lejos, y aquí es donde se centra la motivación y la inspiración de Esid, se puede indagar en un estereotipo para crear nuevas lecturas usando su lenguaje de manera más positiva y constructiva sin etiquetar una cultura”.

Cuestionar la esencia y el valor del estereotipo como forma de aproximación a las culturas otras, como uno de los primeros pasos del encuentro entre Oriente y Occidente, está entonces a la base del trabajo fotográfico de Osama Esid.

Como explica la arabista Patricia Almarcegui: “La clave es conocer cómo y cuándo los tipos y motivos se conforman como estereotipos. Lo que en principio surge como una curiositas por conocer las costumbres orientales y, más tarde, una necesidad de aproximarse a las denominadas construcciones culturales se hereda en un momento determinado sin ningún tipo de interrogación y se fija como estereotipo o idea aceptada comúnmente por una sociedad con carácter inmutable. El recorrido debe centrarse en época moderna y contemporánea, cuando surge la necesidad de conocer a Oriente, no ya para crear una imagen antagonista amparada en el extrañamiento del Otro como en la Edad Media, ni la aproximación filosófica de la misma época, sino con la pasión por el conocimiento que caracteriza a la época ilustrada. De forma paradójica, los métodos enciclopédicos y objetivos que defiende recrean una imagen detallada y minuciosa de Oriente que, por esta razón, se erige como verdadera y se fija hasta nuestros días. Esid la retoma y la sitúa en las visiones del XIX, cuando Oriente se convierte en el centro de proyección de los deseos y las ansiedades de los europeos que buscan un espacio en el que situar sus emociones. Su trabajo no sólo reproduce los métodos y formas de tal siglo, cámara clásica de gran formato con lentes de época, pigmentos azules, amarillos y rojos mezclados de forma única para cada foto, revelado sobre gelatina plateada con negativos de placa de cristal, sino que utiliza los conceptos recurrentes de XIX, como la nostalgia, el teatro y la ilusión. La primera como reflejo de los álbumes de foto familiares. La segunda como fondo y composición de las estatuas vivientes que acicala para sus retratos. Y la tercera como simulacro de lo que ya no existe, la ilusión de volver al espacio perdido de sus fotos.”

En el discurso teórico que se intenta elaborar en este articulo, el trabajo de Osama Esid se inserta como un perfecto trait d’union entre el llamado arte orientalista, en el que se reproducían y representaban escenas que respondían a estereotipos y prejuicios intrínsecos y atávicos, y un nuevo modelo de arte contemporáneo, en el que se desarrolla una conciencia crítica y más atenta a captar los diferentes pliegues de la realidad actual y las múltiples facetas de las culturas.
Entre la ficción de las escenas antiguas al estilo orientalista y la realidad de los personajes, como los trabajadores que están retratados en el actitud y con las herramientas cotidianas de sus oficios, Osama Esid demuestra la fuerza comunicativa del arte.

En las series Orientalismo y Nostalgia y Trabajadores de El Cairo, se desarrolla un diálogo entre seres humanos, paisajes, objetos y decorados, entre pasado y presente, entre mentira y realidad.

Bibliografía

VV.AA. Osama Esid, Juego de representaciones; el experimento egipcio. Catalogo de la exposición. Casa Árabe, Madrid, 2008.

En línea: http://www.casaarabe-ieam.es/~archivos/cordoba/jaen/catalogo.pdf

http://www.masasam.com/Osama%20Esid.htm